martes, 14 de enero de 2014
AUTOPISTA HACIA ALGO
Fue bajarme del coche y las nubes empezaron a chispear como si yo fuera un grifo de agua corriendo. Pero sólo estaba empezando a caminar, tanto que aún no había tenido tiempo para taparme los oídos. Miré hacia arriba, hacia el cielo cubierto, y viendo sus malas ideas de diferentes tonos oscuros recordé la gran bandeja del festín de Saló. Regresé sobre mis pocos pasos y me pareció increíble haber llegado tan lejos.
Por un momento pensé en ir a casa a por el paraguas, pero enseguida deseché tan tonta idea. Y no sé como, sin venir a cuento, determiné que era el indicado para ir hasta Tomelloso: hacía cinco años que no salía del radio del pueblo.
Apenas había entrado en la carretera cuando quité Radio Clásica (hay música para andar y música para correr, que diría Salomón) y metí a los Beatles que ya estaban dentro, cosa de la que ya empiezo a estar un poco cansado; de hecho, mientras iba con ellos hacia la casa de mis padres para celebrar la última noche del último año muerto, decidí que ya había sido suficiente, que ya iba siendo hora de cambiar de onda, pero...me olvidé. Bueno, no, no me olvidé: volví a dejarlo estar. Los brindis todavía estaban demasiado frescos.
A veces uno encuentra el porqué cuando ya tiene la misma importancia que el último condón de la orgía; pero no por ello deja de ser curioso como los motivos mueven a tus actos tal que si no fueras más que un trozo de madera del retablo de maese Pedro sin Quijote alguno entre la concurrencia.
- ¿Cuantos kilómetros tiene tu coche? -me preguntó mi padre el otro día.
- Veinticinco mil y pico -le respondí. Precisamente esa mañana le había echado el ojo bueno.
- Joder...-contestó como si le hubiera pedido un chupito de avellana sin alcohol.
"Cinco mil en cinco años...mil por año...menos de tres al día...hostia puta...ni mi abuela"
Casi nunca me han gustado los coches, pero cuando los conduzco en una carretera abierta son como la cuarta copa. Ya más la tercera. O la segunda. Según lo que lleve en el estómago. Pero el pie derecho, si no te pide la imposible sexta, todavía anda cómodo con su quinta.
Miré el reloj cuando vi la desviación del regreso.
Y me pareció increíble que ya estuviera tan cerca.
Sonaba Algo
El cielo estaba tan lleno de mierda que parecía a punto de reventar.
jueves, 9 de enero de 2014
LO PRIMERO ES UNA PÉRTIGA NUEVA
- Bueno, hasta aquí hemos llegado. Se acabó -me dije al dejar sobre el cenicero la mitad del primer cigarrillo del día, hasta arriba de ellos y de pieles de plátano.
Y es que me había despertado con el pecho dolorido, aunque no tanto como ayer, que parecía como si alguien estuviera friendo mis pulmones, algo horroroso, de verdad; ¿pero qué podría haber esperado después de haber echado el absurdo lunes que eché? Con todo y con eso encendí uno nada más levantarme de una cama que más había sido esa noche la de Dorothy de camino a Oz, aunque no vi enanos al despertar. Sólo me hubiera faltado eso.
Como será el vicio, qué poder tendrá la adicción, que aún tan malo no dejé de fumar durante el día, aunque algo menos. Tampoco mucho más. Y con la inevitable compañía de tres o cuatro ibuprofenos vadeé un día más de esta puta vida.
Pero hoy, ya con los niveles regresando a la normalidad, el pecho al baño María, tras un sueño algo menos movido y mientras estrenaba el nuevo día ante el Ordenador y el Espíritu de la Nicotina, ha sido como si el Ausente me hablara y me dijera: Ya es suficiente, Kufisto...Ya es suficiente...
Una vez en la ducha, bajo el agua, lo he visto todo tan claro que era imposible verlo de otra manera. Y así, al tiempo que me enjabonaba ligeramente las pelotas, he tomado la firme determinación de dejar el tabaco; aunque decir firme determinación es quedarme tan corto como político ante aquellos atentados. No: lo mío era algo impenetrable sin todavía haber habido lugar para recibir el impacto de una mariposa. Sería cuestión de ir por la vida con un chorro de agua sobre la cabeza. Y que se joda a quien le salpique.
Acabando el desayuno he decidido tirar a la basura no sólo el tabaco, sino todo lo demás. He cogido una bolsa grande y la he medio llenado con decenas y decenas de botes de Marlboro, los guardaba para dárselos a mi antigua asistenta, su hijo los coleccionaba no sé para qué; pero ya había pasado más de un año y todavía no había encontrado el momento de llevárselos, que yo para encontrar uno con según qué cosas soy peor que la conjunción entre Plutón y Mercurio, tanto que al final iban a acabar donde deben acabar las cosas vacías: en el vertedero.
Ya puesto, casi desatado, bolsón en mano, se la he echado a las boquillas, al papel, a los cantes que dormían el sueño de los descuidados sobre la mesa, a las hebras de tabaco caídas ante del combate, a la ceniza pesada, tanto que ya la dejas caer en cualquier parte, a los cartoncillos que mantienen firme el papel, a sus cajas vacías, al plástico seco de algodón, veneno sobre veneno, joder, "qué asco, me cago en su puta madre" Por último he reparado en los mecheros, esos seres demoníacos, y cogiéndolos como si fuera a exprimirlos ya iba a tirarlos cuando me he acordado de mi hermano pequeño y su perpetua carestía de ellos. "Pues para él" No me ha hecho mucha gracia la idea de ayudar en lo malo a alguien que quiero, pero me ha podido mi sentido de la utilidad, o mi temor a perder para siempre lo que estuvo conmigo, como si de esa forma, estando juntos aunque sea para nada, esta todavía parezca lo bastante lejana, lo suficientemente impensable como para darle una oportunidad. Y como de lo malo saca lo que puedas, esta idea ha traído a mi cabeza el recuerdo del peor: la botella de whisky. "Esta, para el bar" Que se la beban otros.
Y de esta manera, como un don Quijote en su primera salida, un poco más tarde, he salido a la calle a lomos de mi Kalos y con mis dos más fieros briareos en sus respectivas alforjas.
Lo primero ha sido determinar donde iba a deshacerme de él, pues sino un cuerpo mutilado sí era algo lo bastante grande como para llamar la atención de cualquiera, y yo todavía no tenía los nervios muy en su sitio como para aguantar algún comentario del tipo "no son horas" o por el estilo, algo que nunca me ha pasado, pero no era hoy el día para abrir el melón. De esta manera, y viendo que hacía una buena mañana y tenía algo de tiempo para pasearla, he pensado que lo mejor sería tirar la basura en un contenedor de las afueras que me aprestaba a andar.
Pasa a veces que uno mira pero no ve; y según quien, más es la regla que la excepción. Yo no sé mi lugar dentro de ese baremo pero de fijo que no muy arriba. Digo esto porque al llegar a mi destino me he dado cuenta de que carecía de un sólo contenedor en el que desembarazarme de toda la mierda que llevaba conmigo. "Años paseando por aquí y no he sido capaz de caer en ello" Tampoco era cosa de difícil solución, únicamente había que ir hacia el otro lado de la avenida, alcanzar la siguiente rotonda y girar a la izquierda, nada más, además que era ideal, apartado de miradas indiscretas. Pero ya era tal mi asqueo por la compañía que he estado a punto de dejarlo de cualquier manera, como pasa cuando uno al fin decide desembarazarse de algo que lleva mucho tiempo con él, que es como si así fueran a desaparecer todos tus problemas: de golpe. Y cuanto antes mejor.
Finalmente he llegado al contenedor y sólo me ha faltado escupirle o darle una patada al lanzarle mi carga.
Después he dado un paseo escuchando Radio Clásica, pensando en recuperar los ejercicios con el saco de boxeo ("¿tengo vendas? creo que sí...esta noche lo miro y mañana empiezo"), en olvidarme del pitido nocturno, en regenerar todo lo degenerado y volver a sentirme bien, que no es sino sentirse fuerte. En esas iba, absolutamente convencido, cuando he dado en desear que me asaltaran ganas de fumar un cigarrillo para decirle que no. Con todas las dos letras. Y de esta manera, como si ya todo estuviera hecho, me he ido al bar casi que dando palmas.
A eso de las doce, a la hora de mi primer cigarrillo allí, he tenido ganas de comer algo, lo que por otra parte no era nada anormal, es a la que almuerzo después de preparar el guiso del día; lo he hecho como de costumbre y he pillado un chicle de nicotina por si las moscas, chicles que también habían estado a punto de acompañar a lo demás, cosa que hubieran hecho de haberme acordado de ellos en ese momento de euforia. Pero tuvieron suerte. Y yo, ¡ay!, también.
Una hora más tarde ya me había comido casi que lo del día.
- Enseguida vengo -he dicho cogiendo abrigo y llaves. Nadie sabía que había empezado a dejar de fumar.
Hacía años que no conducía así por el pueblo. Podría haber ido al estanco y comprarlo allí. Pero no. Tenía que volver para rescatarlo.
Ahí estaba mi bolsa, pero ya no sola; hay una nave para animales en las cercanías y ya se habían deshecho de algún material. No pasaba nada, solamente había que aguantar la respiración y coger la mía, perfectamente cerrada. Pero al ir a echarle mano se ha roto al rozar unos ladrillos. Y se ha desparramado todo entre la mierda. "¡OHHH, NOOO...!" No podía alcanzarlos, no a todos, casi a ninguno, y yo buscaba uno entre cincuenta. "¡OHHH...DIOSSS!" Por un momento he pensado en dejarlo estar y resignarme a visitar el estanco, y no por el dinero, me la sopla, pero me había jodido tanto la cosa, me había parecido tan de chiste, que por mis cojones no me iba de allí sin mi tabaco. Y me he encaminado hacia la tienda de animales a ver si tenían una pala o algo así para dejarme. Yo, que no paso a un bar ni para pedir un vaso de agua, ahora me veía pidiendo algo absurdo en un sitio que no conocía de nada.
Había un chico negro en la entrada, uno de los que van vendiendo cosas por ahí, lo conozco, como él a mi.
- Eh...Kufito
- Holaaa
Estaba con quien parecía el jefe, llenando unos sacos o algo así. Cada uno se gana la vida como puede.
- Ehhh...sí, mira -he empezado a decirle al tipo, un tío pelón, fuerte y tuerto de un ojo- Venía a ver si puedes dejarme una pala o algo así...He tirado antes una cosa al contenedor y ahora me he dado cuenta de que me hace falta.
Me ha mirado con el bueno, "vale", y le ha hecho una seña a una tipa que no ha dicho ni mú, puede que fuera extranjera, o quizá muda, pero no ha tardado en volver con una hermosa pala.
- Estupendo...Enseguida vuelvo -Y he salido disparado a revolver la mierda.
Claro que no ha sido tarea fácil, tenía que mantener abierta la compuerta con uno de mis pies mientras bregaba con la jodida pala, tan familiar para mi como un maldito corno inglés; pero poco a poco lo estaba consiguiendo, ya había descartado unos cuantos cuando he sentido una voz.
- Dale bien, con fuerza.
Era él, el tuerto, el tío de la pala. Como un rayo ha cruzado por mi mente la imagen de Dustin Hoffman en aquel pueblucho galés. Y le he dado con más fuerza, ya liberado de hacer peso en la barra de pie.
- ¿Por qué no lo vuelcas?
Hostia nooo...ya lo había pensado antes. ¡Pero como iba a volcar un jodido contenedor por una lata de tabaco! Soy Kufisto, coño, ahora te lo explicará el negro. Ojalá no lo entiendas.
- No, si ya va, ya va...¡MIRA! ¡ESTE ES! -enterito, sin empezar...
- Yo dejé de fumar. A pelo. Me machacaba dos paquetes diarios
- Ya, ya...Muchas gracias
He dejado por imposible recuperar los librillos de papel, para eso hubiera tenido que volcarlo y ya tenía lo principal, incluso las boquillas.
"Menos veinticinco, quizá esté abierto el estanco..."
Sí, lo estaba. He aparcado como mi abuela cuando se sacó el carné a la 25ª vez.
- Hola, dos librillos de Smoking. Del corto.
Y mientras la chica los buscaba le he preguntado al chico si tendrían una tapa de sobra para mi lata, "la he perdido" Tenía a ese tipo encima de mi, un señorito capullo revolviendo en la basura por su tabaco, estaba oliendo a jena, ¡como coño iba a acordarme!
Y me han dado una. Soy buen cliente.
Sin mover el coche me he rulado uno.
Y ahora voy a comer algo, que ya va siendo su hora.
Pero Johnnie Walker se ha quedado en su destino final. Ese sí.
Primero la A.
Y después la B.
Sí.
Ese el orden correcto.
martes, 7 de enero de 2014
NO SON LOS TOROS PARA DORMIR CON LOS GATOS
- ¡¡¡EEEHHH...!!!
- ¡Ahhh...joder!
Y pasé al de tíos.
La vieja estaba jiñando en el de minusválidos, el del centro, sin echar el cerrojo; fue rápida, no pude ni abrir un cuarto de puerta. "Increíble -pensé- ¿como lo habrá hecho?" La de entrada estaba abierta, así que poco ruido pude hacer en esos dos metros; y soy de los que las abren como si no hubiera nadie detrás. Más aún en el cementerio.
Me fui hacia la izquierda, pasé de pasar al inodoro acerrojado y meé en los de pie, a la buena de Dios; pero a veces son preferibles las habitaciones sin cerrojos: sobretodo si no son los tuyos. Mañanas hubieron que me dejaron huella para una semana. En la boca. De espejo. Las peores de las visibles.
Con todo, apunté hacia los pelos que otros como aquella se habían dejado, salía con fuerza, y no es cuestión de ir desperdiciándola, tampoco de esconderla; además que resulta hermoso barrer la cochambre cuando todavía tienes la escoba entre las manos, sino impoluta, sí a medio gastar, que es como mejor rinden las cosas.
Salí, la otra todavía estaba plantando su semilla, cosas de mujeres. Si hubieran sido ellas las inventoras del ajedrez todavía andaríamos jugando con el reloj de arena. O un silo de ella. O un desierto de arena, pena...
El rincón de los gatos estaba como ahora lo está la fuerza de aquel ciclón, es decir, ninguno, y mirándolos olvidé visitar los huesos de mis muertos, no creo que se mosqueen, no creo que se acuerden, no creo que allí haya lugar para esas otras cosas. No creo que haya lugar para nada más que sentirte un poco más vivo.
El tipo de Radio Clásica empezó a decir gilipolleces, era demasiado temprano, así que me pasé a Stairway to Heaven, hacía siglos que no la escuchaba de corrido, pero no hay como que alguien que respetas te diga que está cogiéndole el punto a algo tuyo como para volver sobre ello para no perderlo, que lo perderás, pero mientras tanto...qué bien suena.
Llegué a casa y cogí el coche, fui al hiper y pillé granadas y manzanas, naranjas y pinchos morunos, chorizos y morcillas.De regreso a casa paré en el bar, cerrado, y dejé sus cosas. La puerta estaba abierta, "¿no cierras?" le dije a mi padre, "sí...ahora..." Todavía se acuerda, cada vez le cuesta más perdonar mis paranoias.
Dejé toda la mierda colocada en el maldito frigorífico y me fui para mi puta casa, Abrí la botella de vino que acababa de secuestrar y empecé a bebérmela mientras escribía algo. Eran las once y media.
Bueno, mi tío llegaría a las doce, tenía un cierto margen, tal que ayer cuando le gané una partida a un israelita mientras me hacía unos spaguettis con atún, ¡qué gusto me dio!, y eso que estaba perdido en el medio juego y mi reloj ná más que tic-tac, tic-tac...jódete, cabrón. Me gusta ganarles a los putos israelies; seguro que tengo un score favorable. Lo doy todo contra ellos.
Abrí la botella de vino, los ibéricos de oferta y el último puro del frigo. Y buscando algo que olvidara mi última cagada retomé aquella de la vieja, una de las congeladas, como puede acabar esta, aunque va a ser que no.
Estaba dándole forma al primer párrafo cuando llegó quien ya no esperaba, que es lo que pasa cuando tratas con gente seria, de derechas, puntual...Ya eran y veinte y casi me había bebido la botella, "ojalá no venga ya"; puedo aguantar un mes más con la puerta como la de Occidente, sólo es necesario tener un cacho de hierro en el suelo para que no se cierre, me cago en la puta, que casi me vuelvo loco cuando la vi cerrada, como aquella vez con aquella golfa rumana...
Pero llegó; es lo que pasa con los de derechas, que siempre llegan aunque sea tarde.
- ¿Kufisto?
- Tío
- Ábreme
- Voy
Y bajé. Llevo ocho años aquí y todavía no sé como tienen que llamarme. O, mejor dicho, no sé como explicarlo. Y al principio venían, sí...pero ni entonces sabía.
Yo ya estaba medio pedo, el puro colgando, "tu hijo estaba fumándose un puro a las doce...", no creo, me la sopla, soy un escritor y tengo que inspirarme...mierda puros de mierda...
- Dame los tornillos, Kufisto
Milagrosamente los encontré sobre un cenicero donde guardo...ná. Milagro.
Me serví otro vaso de vino mientras intentaba darle forma a la cagada de aquella vieja.
- Bueno...voy a por la cerradura...¿estás fumándote un puro?
- Sí...es que acabo de comer un poco...Ahora echamos un pincho
- Sssi, bueno...ahora vengo
Fuese, vino y equivocóse, que también les pasa a los hijos de los divisionarios azules, aunque más fue por el mierda crío que por él, claro, que se llevó la cerradura: "Así" Y se la dieron del revés.
- Me cago en su puta madre...bueno, me voy otra vez pallá
Aproveché el tiempo machacando la botella, escribiendo: "¿descripción del water de tíos o pispás? ¿olor de la mierda de la vieja o pispás? recorta, Kufisto, cabrón, recorta..."
Finalmente, en medio, arregló la cerradura; hoy ya podré dormir solo otra vez, como mejor se duerme, digan lo que digan, claro que yo soy más de Bertín, no de ese locón, y ni os cuento de Julio, es mi ídolo, pero una vez se lo oí decir a Bértin Osbourn, como le llamamos entre los colegas: "sí, ya...pero después cada uno a su cama" Palabra de follador. Y no es que me folle a este cabrón, no, pero es sentirlo, ronroneando así, echo un puto ovillo, y como que parece tal que te cagaras en dios al moverte, no sé...Un gato que duerme es como un tabernáculo con el manto echado.
Partí un poco del ibérico que acababa de comprar y ya había empezado y abrí dos cervezas, nos sentamos junto al ordenador y mantuvimos una agradable charla, de las que se quedarán, tampoco hemos tenido tantas, de hecho sólo me acuerdo de otra y fue hace un trillón de años luz. Después se fue a por su mujer, la de la eterna sonrisa que a punto estuvo de apagarse cuando empezó a morir este último verano, y yo me quedé dándole un poco más a esta historia y hasta los gavilanes de la Estacada, un vino que ya no me sabe igual que antes. ¿Pero qué lo hace?
Atrancado ya no me acuerdo donde, lo intenté con un poco de Johnnie, otro qué facilón, pero viendo que no progresaba más que como un progre determiné dejarlo y echar a andar, que es cosa buena siempre y cuando te funcionen los pies, y si no también, que no sólo de pan vive el hombre y tampoco la vida ha de ser pluscuamperfecta: ¿que te duele? te jodes, pero andas. Ya llegará el día en que ni te duela ni andes.
Con todo, no tardé mucho en regresar para mis costumbres, costumbres que ya van dos meses que dejaron de serlo; pero más fue porque iba un tanto afectado que por otra cosa. Soy como los toros bravos que se crecen con el dolor; pero esa pesadez, ese picotazo de veterinario comprado por el apoderado...te puede. Tanto que pensé en llamar a un colega para la puntilla, pero en el último momento recordé mi naturaleza y decidí que lo mejor era comer algo y descansar un poco, que ser de corazón bravo no significa tener cabeza de bolo. Eso para los toros de Domecq.
A eso de las seis y pico, en la que ahora es la hora loca de los gatos, viendo que se iba el sol y yo no hacía más que derramarme en gilipolleces sin fin, en discusiones que me la soplan más que el puto Louis Armstrong a su mierda-trompeta, determiné hacer la tercera salida del día que ya iba a ser noche, otra vez, como esta mañana cuando me desperté. Qué ganas tengo de que llegue Mayo...aunque marzo ya va estando bien.
Diez minutos y otra vez el dolor, otra vez el pisar mal, otra vez andando en la memoria, que es como no se tiene que andar: no es tanto que el caminante haga el camino, sino que el camino no te haga recordar tu caminar.
Pasé, no lo olvidé pero tampoco le hice mucho caso; hay días que es mejor vivirlos como si no hubieran muchos más. Y caminé lo que siempre he caminado. A veces es mejor joderse que joder.
Ahora estoy aquí, sentado, rematando esto, todavía vestido de romano, todavía con mis cosas de escribir, mis pinchazos, mis pastillas azules, ¿o eran las rojas?...Qué más da.
Mañana será otro día, sí...
Y todavía estaré aquí para contarlo.
Con mis cerrojos en orden, claro.
Que los del maldito cementerio no son cosa mía.
sábado, 4 de enero de 2014
¡¡¡VIENTOS!!!...¡¡¡VIENTOS!!!...
Es el viento.
O el sueño agitado.
O no andar el sol.
O las medicinas que anoche dejé.
Pero algo tiene que ser...
Cobró el que me esperaba; tampoco había habido tiempo para nadie más. Callé el último habiendo sido el primero. Y, entre medias tan corridas, apenas hubo nada. Yo a mi sitio y él al suyo. Logré que se diera cuenta de mi deseo de ignorarlo. Y así, de esta manera, pasamos el primer rato: yo picando ajos y él esperando las patatas salvajes que no llegaron.
Apenas había llegado al pimiento verde cuando me reconcomió la conciencia; pero nada dije: lo hice una vez y no he vuelto a hacerlo. Será porque estuvo bien. Y yo no suelo estarlo.
Poco a poco, como el tiempo, empezamos a volver a olvidar; tanto que al irse le dije hasta luego dos veces: así es como el padre sabe que su hijo está pidiéndole perdón. Así estamos. Así estáis. Así está el mundo.
Como una jodida película de Buñuel...
Salí a fumar y vi como todo seguía igual que esta mañana, igual que hace treinta años, cuando llegábamos a septiembre y su colegio, aquellos septiembres grises y fríos, lluviosos, oscuros, de campanas a muerto...Ahora son de otra manera, lucen como mayos, ya no abriles; no sé qué cojones está pasando con ellos. No sé qué coño está pasando. Sólo que pasan.
Fumé. Vi las últimas hojas muertas arrebatadas por el viento, yendo de un lado a otro sobre el suelo pegado al agua, como la última trampa. Miré si una se juntaba con algo, no me acuerdo que era, pero sí que no era otra hoja; estaban como bailando, tan cerca que hubieran podido olerse de haber tenido nariz. Pero no.
Tiré el pito a la pista de baile y entré adentro sin mirar donde había caído.
Comí algo, bebí un poco, pillé un taburete y me puse a hablar con quienes ya creen que no quieren ver, con los últimos de Misoginia, con la sentimental hez de la Red: la cárcel está en tus ojos.
Abrílos un poco después, no para muchos, la tarde estaba como me había levantado.
¿Hay algo que no esté cuando te levantas?
Me serví una copa, y leyendo a unos y viendo a otros fue como si en verdad fuera Kufisto: interesante.
¿Será que no me he afeitado hoy?...
Ahí estaba la gente. Tus amigos de la infancia, ahora tan lejanos como Plutón, tu rollete de la juventud, ahora tan lejano como un satélite de Plutón, tus desconocidos del día, tan estimulantes como el de hoy, tus colegas de ahora, tan fiables como un reloj de los negros, tus recientes clientes, tan vistos como los que estuvieron antes que ellos...Pero también estaba ella, tan ¿es posible?
Y entonces un mierda me pidió una canción de mierda, algo a lo que jamás se hubiera atrevido de no haber estado colocado: yo soy Kufisto, el que tira para atrás.
La busqué, me daba igual, me veía bien...Y entonces, al no encontrarla, les pregunté a ellas, que estaban a la vuelta.
- ¿Me dejas que pase?
- Claro
Y pasó. Y la estuvo buscando muy cerca de mi.
- ¿A ver esta?
La pinché.
- Nnnnno, no es la buena...¡pero bueno!
Y se rió tan bien que la puse.
Era horrorosa.
- Kufisto
- Dime
- Me pones al Barrio
- Claro
Y he puesto al puto Barrio.
Ha llegado mi hermano, he salido yo, ella estaba con el suyo junto al mierda y otro truño, no sé como irá el tema, me da igual...pero parece tan posible como esa isla de Houellebecq...
Ya vestido de sherpa, como me gusta, he visto que me miraba.
- Vaya día, ¿eh?
- Sí...
- ¡Te habrá gustao la sesión de Barrio!
- Jajaja...¡pero a ti no te gusta!
- No mucho
- Jajaja...
- Bueno, me voy...
A mitad del camino he pensado en pillar un litro de cerveza y escribir algo.
Johnnie tenía en casa.
Es el viento.
Y el sueño.
Y la noche.
Y el hielo
jueves, 19 de diciembre de 2013
LIGERA BORRASCA
Salí a pasear, borracho. Estaba lloviendo por primera vez en meses. No me importó. Enseguida vino el dolor a mi talón. Tampoco le hice caso. Pensé en entrar a alguno de los bares que fui encontrándome, pero no lo hice.
De vuelta a casa, al doblar otra esquina, me topé con ella; "perdón" nos dijimos y seguimos nuestros caminos. Pero nos habíamos reconocido. Ella volvió y me llamó por mi nombre; la oí debajo de mis auriculares; puede que la estuviera esperando.
Nos miramos a las ojos, bajo la débil lluvia de la fría noche, y me preguntó por como me iba. Yo también. Nos mentimos durante menos tiempo del que tardo en escribirlo. Cogió mis manos y me dijo que siempre me había portado bien con ella; la yonki, la que nadie quiere ya. Siempre y bien no es apenas nada para quienes casi siempre han estado bien. Sonreí, le di dos besos y le acaricié la mejilla. Vi lagrimillas en sus ojos. Nos separamos.
Un rato después me decidí a mirar hacia atrás. No vi a nadie. No vi a nadie que deseara encontrar.
Y pensé en ir a buscarla.
Pero regresé a casa.
Todavía llueve.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
DEAMBULANDO
- Hola, buenas -digo deslizando el papel.
- D5, en la primera planta" contesta una enfermera todavía joven pero demasiado rubia y un tanto bigotuda.
"D5 -pienso mientras subo las escaleras-, ese es el movimiento típico de las blancas para cerrar el centro en la India de Rey..." Me gustaba jugar esa línea cuando llevaba las negras, tan elástica, tan al filo...un tiempo perdido y estabas frito; después (tras una mala racha) me pasé a la Ben-Oni, todavía más movediza. Y allí sigo a pesar de que agarré otra que me condujo a mis catacumbas; en la vida he estado tan abajo de rating. Pero voy remontando y ahora estoy un poco mejor que al principio, aunque lejos de mi mejor momento. Creo que voy a regresar a la India de Rey.
Suele decirse que uno juega al ajedrez como es, y es verdad. Yo, de puertas para afuera, no debería sino abrir de dama con blancas y hacer el espejo con negras hasta donde me fuera posible; pero, sin embargo, hago todo lo contrario: abro de rey y respondo como un vaso roto. Es tan fácil cuando se trata de ajedrez...
Casi nadie responde a mi saludo.
No ha tardado en salir una muchacha alta, con gafas, fea y corpulenta, aunque no repulsiva.
- A ver...¿Luis Nosecuantos?
- Yo
- Pues ahora pasas...¿Antonia Nosequé?
- ¿Sí?
- Detrás...¿Pepe Palotes?
- ¿Uh?
- Detrás de Antonia...¿María Martillo?...
Y así siete u ocho.
- ¿Kufisto Benoni?
- Yep
- Detrás de Mari Carmen
Ya casi que me había olvidado...
- Ehhh...perdón, ¿Mari Carmen...? -he dicho al acabar el recuento.
- Sí, yo
- Ah, vale
"Me cago en la puta...y yo sin el teléfono" me he dicho al ver a los demás hurgando en los suyos.
Deberían ofrecer uno desechable cuando pasas a esos sitios. Aunque fuera de juguete:
"- Perdone, señor...¿lleva su teléfono?
- ¡Anda la hostia!...Lo he dejado cargando en casa...Como iba a llegar justo a la hora de la cita...
- Ya, pero vamos con retraso. Siéntese e intente no llamar la atención"
Bueno, soy de esa clase de personas que puede mirar una pared durante media hora aunque no estoy acostumbrado en hacerlo rodeado de gente...pero al quitarme el abrigo he visto El Aleph. Literal.
No recordaba que mientras había estado buscando la tarjeta sanitaria me había encontrado en su lugar aquel libro de Borges que saqué de la Biblioteca hace unas semanas, y oye, lo uno por lo otro, que seguro ya estaba a punto de sanción, que es cosa curiosa como buscando algo te encuentras otra parecida, y los dientes sanos son para cuando los tuyos también lo están, y en fin...
Sin dudarlo un segundo me he ido al primero, al Inmortal, el que más me gusta.
"D5 -pienso mientras subo las escaleras-, ese es el movimiento típico de las blancas para cerrar el centro en la India de Rey..." Me gustaba jugar esa línea cuando llevaba las negras, tan elástica, tan al filo...un tiempo perdido y estabas frito; después (tras una mala racha) me pasé a la Ben-Oni, todavía más movediza. Y allí sigo a pesar de que agarré otra que me condujo a mis catacumbas; en la vida he estado tan abajo de rating. Pero voy remontando y ahora estoy un poco mejor que al principio, aunque lejos de mi mejor momento. Creo que voy a regresar a la India de Rey.
Suele decirse que uno juega al ajedrez como es, y es verdad. Yo, de puertas para afuera, no debería sino abrir de dama con blancas y hacer el espejo con negras hasta donde me fuera posible; pero, sin embargo, hago todo lo contrario: abro de rey y respondo como un vaso roto. Es tan fácil cuando se trata de ajedrez...
Casi nadie responde a mi saludo.
No ha tardado en salir una muchacha alta, con gafas, fea y corpulenta, aunque no repulsiva.
- A ver...¿Luis Nosecuantos?
- Yo
- Pues ahora pasas...¿Antonia Nosequé?
- ¿Sí?
- Detrás...¿Pepe Palotes?
- ¿Uh?
- Detrás de Antonia...¿María Martillo?...
Y así siete u ocho.
- ¿Kufisto Benoni?
- Yep
- Detrás de Mari Carmen
Ya casi que me había olvidado...
- Ehhh...perdón, ¿Mari Carmen...? -he dicho al acabar el recuento.
- Sí, yo
- Ah, vale
"Me cago en la puta...y yo sin el teléfono" me he dicho al ver a los demás hurgando en los suyos.
Deberían ofrecer uno desechable cuando pasas a esos sitios. Aunque fuera de juguete:
"- Perdone, señor...¿lleva su teléfono?
- ¡Anda la hostia!...Lo he dejado cargando en casa...Como iba a llegar justo a la hora de la cita...
- Ya, pero vamos con retraso. Siéntese e intente no llamar la atención"
Bueno, soy de esa clase de personas que puede mirar una pared durante media hora aunque no estoy acostumbrado en hacerlo rodeado de gente...pero al quitarme el abrigo he visto El Aleph. Literal.
No recordaba que mientras había estado buscando la tarjeta sanitaria me había encontrado en su lugar aquel libro de Borges que saqué de la Biblioteca hace unas semanas, y oye, lo uno por lo otro, que seguro ya estaba a punto de sanción, que es cosa curiosa como buscando algo te encuentras otra parecida, y los dientes sanos son para cuando los tuyos también lo están, y en fin...
Sin dudarlo un segundo me he ido al primero, al Inmortal, el que más me gusta.
Al principio no sabía ni como ponerme, no estoy hecho para los ambulatorios; tampoco a leer sentado y menos aún en público. En verdad no sé si lo estoy para algo que no sea poner cervezas, vinos y copas, y esto también es cosa que jamás pensé pudiera hacer cuando todavía tenía esperanzas de ser otra cosa ..."Kufisto Benoni a los quince años leyendo a Hesse en la cocina del bar de su padre mientras espera las comandas"
- ¡UNA DE CALAMARES! - voceaba mi padre desde la barra- ¿has oído, Kufisto?, pasaba el viejo para asegurarse.
- Ehhh...sí - y entonces Siddharta tenía que esperar cinco minutejos. Aunque algún ojo le echaba durante el tiempo en el que se freían. Me traía loco lo de la apertura del tercero. El de la frente, claro.
- ¡UNA DE CALAMARES! - voceaba mi padre desde la barra- ¿has oído, Kufisto?, pasaba el viejo para asegurarse.
- Ehhh...sí - y entonces Siddharta tenía que esperar cinco minutejos. Aunque algún ojo le echaba durante el tiempo en el que se freían. Me traía loco lo de la apertura del tercero. El de la frente, claro.
Y esta tarde de reloj (que ya era noche de luz) un escritor ha conseguido que olvidara donde estaba hasta el punto de hacerle daño a la rubia embutida en cuero que junto a su marido (o lo que fuera) esperaba turno un par de butacas más allá sin dejar de atusarse la melena y estirar sus ajustados pantalones; quizá, seguro, esperando una mirada deseosa de ese tío raro con un libro en las manos que entró saludando y al que no le hice ni puto caso.
Que te jodan. Sólo durante un rato serías mejor que Borges.
¿El talón?
Bien.
Chapa y pintura.
lunes, 9 de diciembre de 2013
HOLOGRAMAS PÁ LOS POLLOS
Hay noches en las que uno tiene sus puertas mentales como las petardas de couché las de sus coños: abiertas. Pero si las de estas lo están permanentemente (no hay candado que valga contra la ambición, como bien sentenció Gordon Gekko ante aquella estúpida pregunta) no ocurre lo mismo con las mías que, sino blindadas, al menos gastan una contraseña cuyo número creo que he olvidado.
La noche del pasado viernes llegué a casa realmente cansado, puede que no lo estuviera tanto, pero enseguida te acostumbras a dejar de hacer algo mientras sepas que puedes volver a hacerlo cuando quieras, aunque de tanto no hacer termines por no recordar qué hacías, o al menos no sus beneficios frente a la inacción, tan cómoda y segura, tan cálida y acogedora como un sanatorio mental con televisión en lugar de pastillas multicolores: un poquito de suave música relajante, muy repetitiva, y ya puedes olvidarte del mundo. Uno menos.
Y otro día más decidí no salir a andar, ya van dos semanas, puto talón, aunque ayer por la mañana di un breve paseo después de fregar el bar; qué sol hacía...
Pero la noche no es el día, la noche es como la televisión o internet, algo para salir del paso, no para entrar en él; todo te cuesta más, o eso parece, que es como si nada valiera la pena cuando no hay luz, luz de la buena. Quizá por esto nos colocamos cuando falta: para hacer como si estuviera. Aunque no sea lo mismo la mentira que la verdad. No. Ya pueden decir misa negra.
Como lo mío con la televisión ya ha llegado a un punto tal que el que pueda yo tener con una muchacha de Kansas decidí buscar algo en Youtube, algo estrambótico pero no mucho, a mi manera, es decir: que por muy grande que sea la barbaridad lo hagan en pocos planos. Fijos, a poder ser. Y ya si es con una única iluminación, miel sobre hojuelas. Pan blanco, mejor, que a ciencia cierta no sé que son las hojuelas, que no hacemos más que hablar por hablar, o escribir por escribir, como loros mecánicos, El Blues del Loro Mecánico, por Gaylord Focker, ese hombre de nuestro tiempo.
Me decepcionó un tanto no encontrar nada nuevo de mi magufo favorito, David Icke, o si lo había no parecía muy estimulante, como una cena-coloquio en Barcelona donde hablaba y hablaba y comía y comía mientras un chico modernillo traducía sus enseñanzas al español, un sindiós, pero podría haber sido peor: imaginad que lo hubiera traducido al catalán con subtítulos en español. De todas formas, ¿como va a decir alguien algo interesante, siquiera brillante, mientras está comiendo? Además que yo acababa de hacerlo, y eso es como ponerte a ver porno después de echar un polvo. No sé, aquí hay algo que no funciona. Es como si el mundo estuviera empachado.
En vídeos relacionados vi un enlace de un tipo con pinta de raro, español, por más señas; enseguida lo reconocí, era el tío aquel del que hablan en algunos foros, un ex-vicealcalde de Sevilla, profesor universitario, compromisario del Betis y socialista, que lo dejó casi todo después de una iluminación. Y todo cuando estuvo al borde de la muerte por una negligencia médica, algo que, en sus palabras, jamás podrá agradecer al médico que se la infringió, pues fue esa experiencia extrema la que finalmente le dio la fuerza necesaria para cambiar radicalmente de vida.
Estuve a punto de cortarlo incluso antes de enterarme de todo eso, antes de que empezara a hablar. Y la razón fue que lo presentaba una cuarentona fea y delgaducha, catalana (la conferencia era en Lleida, como se empañaban todos en llamarla, hasta el andaluz protagonista), con evidentes síntomas de estar enamorada de él, tanto que daba vergüenza ajena, sentimiento casi tan doloroso como la propia, al menos para mi. La salvó que ya estaba apalancado en el sofá, con el pie en alto y la manta arremetida; en caso contrario, no lo hubiera dudado. Y me lo hubiera perdido, que es cosa de la que cada vez me doy más cuenta: hay que encontrar más que buscar.
Emilio Carrillo, que así se llama, es un hombre con gafas, calvo, de espesas y negras cejas, fibrado, que aparenta bastantes menos años de los que tiene, pues aunque no lo dijo sí lo dio a entender con su afirmación de que empezó a dar clase en 1981, experiencia que (unida a su actividad política) le ha servido para hablar más que correctamente en público: una hora entera estuvo haciéndolo sin parar ni para tomar un sorbo de agua. Al final tenía la comisura izquierda blanca, como los farloperos, pero como el plano estaba orientado hacia el perfil derecho casi que no daba tiempo a fijarte en ella lo suficiente como para olvidar lo que estaba diciendo, que esas también son cosas que pueden echar por tierra a cualquiera, ya esté diciéndote el secreto de la vida: "y el secreto de la vida es..." Y tú mirando el moco que tiene colgando.
Otra cosa fea, y esta desde el principio, era su empeño en el -os, -as, cosa que me saca de quicio, que me provoca mirar al pajarito, y uno está ya harto del jodido pajarraco, coño, échame la foto sin que me entere y déjame tranquilo, hostia puta. Pero al ser la cosa muy etérea, simbólica, pudiera decirse que soñada, era una fórmula que utilizó muy pocas veces, aunque para mi siempre sean demasiadas.
Básicamente, Carrillo dice que todo esto es un holograma, una ilusión de nuestra mente, un juego que de alguna manera aceptamos jugar, una simple plataforma hacia otras dimensiones que van alcanzándose con la muerte, que no existe, pues somos hijos de Dios (no lo dice así aunque no se corta en utilizar cierta terminología cristiana) y como tales somos inmortales, pensamiento que por sí solo basta para que hasta el burro agudice las orejas; burro que según él también es divino, al igual que las piedras y las flores, y cualquier cosa que exista: todo proviene del Padre (así lo dijo y me dejó bastante loco viniendo de él; puede que se le escapara) Pero su idea última, su idea abismal, que diría Zaratustra, es que todo lo que nos pasa es porque queremos que nos pase.
Y así empezó el coloquio posterior, con esa primera pregunta formulada por un parado de cuatro años; muy educadamente, eso sí, que esto es Cataluña, o Catalunya, sí, que aquí ni queriendo te puedes hacer el diferente, o no todo lo que quisieras: "¿estás diciéndome que yo quiero estar así?" A lo que llegado su turno de responder a las diferentes preguntas (buena táctica para enfriar la temperatura) le respondió afirmativamente, cosa que le dio la oportunidad de contar lo duro que es decir eso a los padres que han perdido algún hijo; tanto que alguna vez han estado a punto de partirle la cara.
El porqué esto es así ya no lo recuerdo, y aunque lo recordara no sabría decirlo. Ahí todo eran dimensiones extra-sensoriales, espíritu, vibraciones, matrices holográficas que se descomponen y cosas por el estilo, es decir, que no son para ti. Pero si todo eso lo vistes con la no-muerte, con la vida eterna, es más fácil que te hagan caso. Otro gallo cantara si después de todo eso dijera: "Sí, amigos y amigas, todo esto es así. Y una vez muerto no hay más" Entonces, probablemente, te partirían la cara hasta los que ahora se ponen por medio para evitarlo.
Finalmente terminó leyendo algo que había escrito ex-profeso para la ocasión, algo bastante malo; y así, aplaudido por casi todos y vuelto a besar por la enamorada anfitriona, acabó la conferencia. Me fijé en el barrido que hizo la cámara: los únicos que no aplaudían eran los de la última fila, aquel parado entre ellos. Pero el resto, mujeres en su mayoría y algún que otro viejo, parecían muy contentos. Y contentas.
La tarde siguiente, la del sábado, fue una verdadera locura en el bar, un no parar de poner cubalibres a diestro y siniestro. Y en esas andaba cuando me vino a la cabeza lo del holograma, lo de Matrix, lo de que todo eso era lo que quería cuando dos borrachos llegaron a sus mujeres que ya llevaban un rato en la barra, dos gorditas cuarentonas con pinta de zorras que pasaron de ellos como de comer mierda. Yo, entre flexiones y carreras, no hacía más que echarles el ojo de los tambaleantes que iban, tanto que parecía milagro no se les cayeran las cervezas que les habían pedido sus mujeres viendo el estado que se habían buscado; más aún cuando justo al lado se encontraban unos coleguillas que ya habían empezado a meterse la directa. No pasó nada, que es lo mejor que puede pasar cuando eres tú el que está detrás de la barra. Volví a acordarme del holograma a la cuarta o quinta vez que se acercó uno que me mira como si yo fuera juez de instrucción, no sé qué coño le pasa aparte de que parece tener una vida sexual al nivel del de las piedras pómez, no hace tanto que pasé uno de mis más engorrosos ratos de vergüenza ajena viéndole sonreír como un huelebragas a una cincuentona divorciada más mala que el baladre y más puta que María Martillo; sólo hacía eso, sonreírle como si fuera su madre, completamente borracho, la otra acabó por reírse en su cara y estuvo un rato jugando con él, hasta que llegó otro que prometía rabo duro. Tuve tiempo para ver como se retiraba hacia el salón no sin antes despedirse educadamente con la misma sonrisa. Ya a punto de irme, de escabullirme, me cogieron por banda en la puerta, "¡TÓMATE ALGO CON NOSOTROS, KUFISTO, CABRÓN!", "no, que mañana...", "¡AAAAHHH...ERES UN MIERDER!" Eran las siete y media de la tarde y ya iban como deberían estarlo a las de la mañana, si es que resulta necesario ponerse así. Y yo, que no me hace falta ni que me toquen las palmas y más cuando acabo de cruzar la meta a trescientos...me fui.
E hice lo mismo que la noche anterior, igual, pero esta vez era en Valencia, y no sé qué cojones pasa allí pero se oía ruido por todos lados, chicos corriendo y gritando, portazos, gente que llegaba tarde a la conferencia, siseos, micrófonos que no funcionaban...el pobre Emilio, un tanto desmejorado, parecía un poco incómodo, la verdad, tan acostumbrado al silencio y a la meditación. No sé en qué vibración fluirá Valencia, pero seguro que no es la mía. Probé en otra, en Granada, casi en su tierra, aunque seguro que se llevan a matar, que aquí nadie aguanta a nadie. Pero, ay Dios, cuando vi aparecer a la presentadora, micrófono en ristra...un par de barriles de cerveza de los que se pinchaban con el espadín vestida con algo que parecía un pijama.
- Hasta aquí hemos llegado, Emilio. La forma y el fondo, colega...La forma y el fondo.
Los catalanes tendrán sus cosas, pero al menos intentan hacerlas bien. Y mi madre, que pasó allí su más tierna infancia, no habla más que bien de ellos. Aunque, como decía Michael Corleone, los tiempos cambian, que no hace falta ser Agamenón para darse cuenta de eso.
Ancha es la puerta de la perdición y estrecha la de la salvación.
O algo así.
Yo, a mi rollo.
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