jueves, 30 de mayo de 2013

NÚMELO OCHO...BUUURRRP




Uno no puede irse a la cama inmediatamente después de escuchar dos veces seguidas el Preludio y Lieberstod de Tristán e Isolda, por no hablar de la coda en forma de vídeo del segundo tema en la voz de Birgit Nilsson: no creo que exista una versión mejor. Eché la lágrima y me fui a acostar, todavía podía verse la luz del sol. Abrí el tomo del profesor Tragacanto y no tardé cinco minutos en cerrarlo, lo habré leído más de diez veces. Y no es que me guste mucho, sino que no me disgusta nada.

Pero anoche tuve que levantarme a fumar un cigarrillo, llevaba unas cuantas sin hacerlo, no sé...alguna hay que cierro los ojos sin apenas creer que se haya ido todo un día. Después los abro, veo la oscuridad y vuelvo a cerrarlos antes de echar números de todos los que he gastado así, sin darme cuenta. Es de locos abrir los ojos cuando estás a oscuras y solo en la cama.

Realmente no tenía ningún motivo especial para buscar esa música, había sido un día como cualquier otro, solamente se trataba de hacer algo de tiempo hasta que llegara su noche, que si no es bueno vivir en ella tampoco debe serlo dormir antes que desaparezca la luz del sol, está yéndome bien desde que mis horas son las suyas, poco más o menos, aunque bien, lo que se dice bien...a ratos. Y siempre cuando las paso a mi manera. Pero recordé que la semana pasada se cumplió el bicentenario del nacimiento de Wagner, y también me acordé que esa mañana me perdí Todas las mañanas del mundo, sólo oí el resumen final, lo suficiente para enterarme de la efeméride y del especial que le habían dedicado. Pinché el podcast, me tumbé en el sofá y escuché su música mientras veía como la pared iba dejando de ser blanca.

No esperé hasta el final, salí después que llegaran al Tristán del principio y entré en Youtube, lo busqué y encontré uno dirigido por Karajan. Y he de decir que algo tienen todas las aguas que fueron bendecidas. Casi siempre.

Y también digo que no conozco música más fuera de nuestro tiempo que la de este hombre.

Me dormí un poco más tarde de lo que va siendo habitual y desperté un poco antes, incluso que el sol, que ya le queda menos para su gran día, aunque más es nuestro que suyo, claro, ya me dirás tú si le importa un huevo a él, como si no fuera suficiente con mantener flotando a su alrededor a toda su tropa, pero somos como fuimos, y si la Tierra ahora no es el centro de todo no es cosa que cambie mucho nada que nos importe demasiado: quien mide, manda.

Universo infinito y nosotros ná más que midiendo y pesando. O alguien miente o está equivocado.

Hay despertares en los que enseguida caes que no van a ir derechos, como si tus días se cocinaran en el sueño y se sirvieran durante la vigilia. Creo que eran los samuráis quienes vivían para dormir bien. Y lo primero que hacían al despertar era meditar sobre su muerte.

Bueno, yo encendí un cigarrillo y miré el ordenador. No es la mejor forma de empezar el nuevo día, pero alguno hay en el que basta cualquier cosa para hacer lo que no tienes que hacer, como por ejemplo...no me acuerdo.

Y todo ha transcurrido bajo la primera impresión, que si en ocasiones falla, otras acierta, y en fin, todo es impresionante, tan impresionante que se te quitan las ganas de compartir impresiones, que no por mil veces sentidas dejan de serlo, al contrario, que nada es si no se repite, cuanto más mejor, una y otra vez, lo suficiente para tener forma y fondo. Al menos para mis ojos.

A dormir, que hoy ya está tó visto.

lunes, 27 de mayo de 2013

EL HORROR ESTÁ EN EL VIENTO




"¿Pero qué cojones estás haciendo?" me dije al darme cuenta que no había hecho otra cosa durante la última hora, la que llevaba andando de la mañana dominical. Intenté fijarme un poco en la canción, Since I´ve been loving you, una de mis favoritas, pero ni por esas. La fantasía que me sorbía el seso tardó 0´2 en darle un pescozón, ni el arrebatador punteo de Jimmy ni los desgarradores alaridos finales de Robert pudieron con ella.

"Y si entonces él me dice esto yo le respondo así...o no, mejor así, tranquilo...Y si busca el apoyo de sus palmeros yo pasando de ellos, mirándole a él, nada más que a él, sí...esa el clave...sí...Y hablando con calma, socráticamente...por mucho que se crea es otro majagranzas, sí...Sí...MAJAGRANZAS...¿qué me has dicho?, majagranzas...Seguro que no sabe lo que significa, jajaja...ya estoy viéndole con las venas hinchadas, la mirada asesina, con deseo de saltarse la barra, pero es tan viejo a pesar de cuidarse tanto...¿Y si lo intenta?, ¿le dejo hacer o le estampo una botella en la cabeza?...casi mejor dejarle, que viniera la policía, meterle un buen puro, sacarle las perras, tiene demasiadas...¡Oh, síiii...!...Responder a sus previsibles insultos describiendo su cara, tienes la boca demasiado grande para ser una buena persona...Y esa nariz...como de buitre, que más parece estar para olerse que para oler...Qué bueno, sí..."

Todo por seis euros y una pastilla de la alergia.

El viernes me hizo un simpa, no le di mucha importancia, más bien ninguna, se los cobraré cuando venga dentro de dos meses, que esa es su frecuencia desde que estoy yo por las mañanas

- "¿Qué te debo?" dirá con displicencia
- "Tanto, más seis euros de la última vez que viniste"

Supongo que hará algún comentario chorra, responderé con cara de tonterías las justas y si terquea...Me saltaré la barra y le arrancaré el corazón. Sólo soy socrático cuando estoy drogado. Sócrates fue un mal decadente desde el momento en que prefirió la plaza de cualquiera a la casa de su mujer.

Y mal decaído estuve todo el día, malditas pastillas, ¡como las odio!...Es para replantearse si conviene dejar de estornudar para estar poco menos que lobotomizado. Sí, vivir estornudando es un infierno, pero hacerlo como si estuvieras muerto es una estupidez. Nuestra medicina tiene más de carnicería que de sanadora.

De ella estuve hablando en la soledad de la incipiente tarde con una extraña pareja, gente que nunca pude soportar pero que ahora no evito cuando vienen a nuestro bar, me recuerdan a la pareja de viejos de La semilla del diablo, aunque con un par de décadas menos. Es curioso...¿me habrán hechizado?

Fumé de sus cigarrillos apoyado en una mesa de la terraza, ellos estaban sentados junto a la fachada, resguardados por el toldo de la intermitente lluvia, esa que de vez de en cuando caía sobre mi cabeza, "está poniéndose feo" dije, "sí -contestaron-, viene tormenta" Pero sólo llegó cuando se fueron. Antes me regalaron unos cuantos consejos naturales. Como le dijo él a ella: "¿Como era eso...más sabe el cura por...?", "Más sabe el diablo por viejo que por diablo"

Él mira como si nada deseara más que verlo otra vez y ella como si nada deseara más que hacerlo otra vez.

Vino la tormenta y salí a verla con el ciego fumador, aunque no tardó en sumarse un elemento indeseable, un chico joven con semblante de vicioso que acompañaba a una parejita de pijos tontos. No me gustan un pelo quienes hablan de una cosa y miran de otra.

Poco duró el granizo, algo más la lluvia, a ratos fuerte y otros débil, como a arreones, como los cobardes.

Llegó un tipo bestial, embrutecido, uno que no ha aprendido nada, y lo hizo junto a su mujer y su insoportable hijita, un ser demoníaco por maleducada, y durante una hora tuve que tragarme a estos y a aquellos. Tu tiempo no es el del reloj. El buen tiempo no necesita relojes.

Todos se fueron y otros vinieron que casi los hicieron mejores; dos pre-jubilados de edad medio borrachos, domingueros, gente de dinero, dinerillo, el uno me entró malamente, quizá no fuera para tanto, pero ganas tuve de saltarme la barra y arrancarle el corazón, no se dio cuenta, yo tampoco mucho más, pasó al water y salió bastante más tarde de lo necesario, el otro permanecía callado, mirando a cualquier parte que no tuviera ojos, como pensando en lo que iba a seguir contándole a su amigo, siempre está con lo mismo, con el amor, dice estar enamorado de una petarda que no me valdría ni para una noche de resaca, una cuarentona sin sustancia alguna, "...pero sigo queriendo a mi mujer..."

¡Pero qué ridículos son todos estos que viven como si la vida fuera una serie de Telecinco!

He amanecido siguiendo uno de aquellos consejos naturales, uno que ya utilicé durante algún tiempo, ya sólo me fío de lo que me fié, pero la cosa alérgica estaba en todo su esplendor, otra pastilla...Es el puto viento quien remueve toda la mierda del mundo: dos meses he estado tan campante, paseando entre el veneno, y no he necesitado nada. Pero es llegar él y soliviantar todo lo que tiene que seguir dormido. Al menos para mi. ¿Qué importa lo demás si sólo quieres estar tumbado?

Una carta certificada del ayuntamiento estaba esperándome en Correos, y mientras iba para allá he pensado en continuar dándole plantón, seguro que no era ningún premio, pero no he tenido tiempo para decidirme cuando ya estaba dentro, detrás de una tía que parecía la gallina Caponata y que de vez en cuando se volvía para ver si estaba mirándole el culo, algo que finalmente he hecho a la cuarta o quinta vez, era una pena de culo, enseguida le ha tocado.

Mientras esperaba me he dado cuenta de quienes recogían la correspondencia en sus apartados de correos, sobretodo de un viejo que debe ser un Rey Mago, le he visto partir sonriente y estaba a punto de pensar algo cuando me han llamado.

La vieja gafillera del culo gordo se ha pasado de lista, siempre que me ve es por lo mismo, y casi me han dado ganas de saltarme el mostrador y arrancarle el corazón, pero por no verla menear su asqueroso culo en busca de la mala nueva he mirado hacia uno que estaba sentado pasando cartas y mierdas de esas por un lector de esos, uno de los que certifican que sí, que es bueno, que lleva el número de la bestia, estaba como ordenándolas o lo que sea para lo que ha opositado.

No tendrá ni treinta años y ya tiene cara de haberlos pasado todos sentado sobre esa silla, sin moverse ni para afeitarse ni peinarse, ya no digo pelarse. A su lado Robert Smith es El Fary...¡Ay, Dios! ¿pero como puede uno presentarse en el trabajo como si lo hiciera ante el espejo de su cuarto de baño?

Me han dado ganas de decirle algo, me he quitado hasta los auriculares para verlo mejor, pero enseguida ha vuelto la otra, "firma aquí, tu nombre ahí, tu DNI...", "ya, ya..." Y pensar la ilusión que me hizo al ser fichado de niño...La vida está del revés.    

Como yo, que me tienen medio gilipollas para que no estornude.

Maldito viento.

Y lo peor es que no tiene corazón que arrancar.

Con lo a gusto que debe quedarse uno...

viernes, 24 de mayo de 2013

THE VERY BEST...




Lo peor que puede pasarle a quien ha vivido como la Iglesia manda es llegar a la prórroga convencido de que ha sido gracias a un milagro.

No sé si son del Opus, o de los Kikos, o de los Legionarios, o de quien sean, pero de otros son, fijo. Y sabiendo su edad me decanto por los primeros.

Siempre fueron igual de raros, de suyos, que se dice por aquí, aunque una cosa es ir a tu aire y otra estar seguro que no hay otro como el tuyo.

Creo que son dos sus hijos; creo no, son, que estudiaron conmigo en los curas...Bueno, sólo él y con mi hermano, que entonces la cosa estaba segregada: las monjas por su lao y los monjes por los demás. Aunque recuerdo haber jugado una vez al Saboteur en su casa. Una, que no hubo más visitas sorpresa. Después de todo no era más que el hijo de su camarero, "industrial" ponía mi padre en la hoja donde cada año renovábamos la plaza escolar, cosa que no me gustaba, creo que alguna vez le pregunté el porqué no ponía camarero, no sé si hubo respuesta...Un pequeño pecadillo venial. Y en puridad muy puridada lo era: teníamos a Manolo. Pero mi viejo, como mi abuelo, siempre ha creído en Dios a pesar de no haber pisado más que por obligación la que llaman su casa. Y eran tan diferentes como el día y la noche. Como lo soy yo de mi padre.

Son de la misma quinta, se conocen desde siempre, casi en plan Overlook, como se conoce en los pueblos, y tal vez sea por eso que de tanto verse, de tanto no perderse de vista, hasta la presunta amistad tiene un aire malsano, como de caserón que ya más desea dejar de soportar durante un rato a algunos de sus inquilinos que recibir a otros nuevos: siempre será menos malo lo mismo que lo extraño. Cosas de la tierra de don Quijote...y Sancho Panza.

Aquí todavía se cree mucho en Dios, no tanto en la Iglesia y en sus diferentes guijarros, aunque menos en estos: aquí todavía no se cree mucho en quienes quieren pasarse de rosca. Pero se soportan porque son del agrado del amo de la botella. Cosas de verla casi vacía.

Hará unos cinco o siete años, ¿o diez?, (no lo sé con seguridad, que desde que cumplí los veinte todo ha pasado como si no) que el hombre de la pareja sufrió una enfermedad de esas que arramblan con el 80 % de quienes caen en ella, y digo ochenta por no decir noventa, o noventa y cinco, que no me acuerdo de otro que se haya escapado, y si fue así era porque tenía la mitad de años y se la pillaron a tiempo, y tal...La de gente que se me ha ido para siempre siendo mejores y mucho más jóvenes. Lorena no llegó a los treinta...

Este la superó con la ayuda del dinero y de Dios, y si antes te miraban como un periscopio desde entonces lo hacen como si fueran en helicóptero, como ese de aquella peli de Romero, la de los zombis, sí...

Pero hay que tomar tierra para repostar, que ni los cobetes llegan al cielo ni uno va a ser arrebatado antes de tiempo, todo está escrito menos lo que vas escribiendo, y entonces viene al bar y mea con la puerta abierta...

- "¿Te has fijado en que mea con la puerta abierta?"
- "Sí...le he visto alguna vez"

Supongo que vivir como la Iglesia manda es hacerlo sin cerrojos. Imagino que nunca los habrá habido en su casa, esa en la que estuve una vez cuando era niño y tuve la sensación de sobrar: perdí la partida y me fui a la mía.

La misma que no tuvo más cerrojo que el del water hasta que nuestros viejos pusieron uno en su habitación cuando ya teníamos la edad suficiente como para pillarlos de marrón. Y fue con sentido, pues vinieron dos más. Poco después, todos creciendo, sólo faltó ponerle uno a la nevera. Y cuando los dos mayores nos bajamos a la planta baja...aquello fue Fort Knox.

Bueno, la vida no deja de ser un chiste, y los dos hijos de este santo varón no dejan de serlo de este perro mundo, y sé de más de uno que se folló a la niña de sus ojos y me dijo que era más puta que la Gran Puta, y ahora está casada con un lamparillas con pinta de opusino, que nadie como padre, y el otro anda misioneando a una que mira como si la vida fuera un perpetuo Carnaval, y a mi lo disfraces como que no. Prefiero los cerrojos.

Los mismos que echaba al principio de estar en mi casa.

"¡Pero Kufisto...si estás solo!"
"Ahhh...síiii..."

Ahora sólo los pongo cuando estoy fuera. Como siempre.

Y al dormir, que si uno lo hace solo no sobra ninguna ayuda.

A pesar de los pesares...creo que siempre les he gustado.




MEJOR UNA VIDA TRANQUILA QUE NORMAL




- "Yo no podría estar con una pareja de derechas, de verdad os lo digo..."

Bueno, habría que verla si un George Clooney le tirara los tejos, que todos sentenciamos no sin saber de la misa la mitad, ni siquiera si tenemos el libro del derecho o del revés, a fin de cuentas sólo hay que repetir lo que otro dice para no ser expulsado, o murmurar si no lo entiendes, o callar, que uno callado más parece por exceso que por defecto si lo hace bien, pero llevar la contraria por ser incapaz...Como que no vale.

Es una mujer que está a punto de cerrarse las puertas de salida por voluntad propia, en el caso de que esto siga siendo posible en un mundo que huye del silencio como si fuera la muerte; está con un tío de su misma edad e ideología, pero él la lleva de otra manera, no parece darle tanta importancia, al menos no como para sacar el tema una madrugada de domingo, no son horas ni sitios, pero hay mujeres a las que esto no les importa: es como si permanentemente tuvieran que ajustar cuentas con el pasado que no pudo elegir, mejor si alguien las oye. Y por ajustárselas, sigue viviendo dentro de ellas.

Recuerdo que otra noche la oí hablar del tema sexual con la chica de la otra pareja, ellos estaban de fútbol y tal, acababan de conocerse, pero al fijarme más en el como que en lo que decía me di cuenta de que ahí había una cierta impostura, como si ella misma siguiera creyendo que no son temas para una señorita, como si los rescoldos de aquella educación y costumbres no hubieran sido totalmente limpiados por más lejías y detergentes que haya usado, que ya se sabe que siempre mienten, llevan décadas haciéndolo, "¡aún más blanco!", nada lo está la segunda vez. Y las bacterias sobreviven en el espacio exterior, ¡qué no harán con la lejía Conejo!

Por eso la clave de todo está en la educación que reciben quienes vienen detrás de nosotros. Y por esto los que quieren mandar sin la posibilidad de perderlo todo en el intento prefieren controlar esa parcela antes que tener ejército propio. Incluso que televisión.

A nosotros, los que nacimos cuando Franco se estaba muriendo, ya nos importó poco el tema político, así que ahora, viendo a los que vienen, ni os cuento. Y si alguna vez parece otra cosa es más por no quedarse fuera que por gusto de lo que hay dentro. Afuera están los padres, los enemigos naturales cuando la tuya está en el proceso de cocción a la forma que le dieron. Tiempo, proporción y temperatura. Siempre contesto a quienes me preguntan que para hacer un buen arroz sólo necesitas un reloj, matemáticas básicas y conocer el fuego donde vas a cocinarlo.

Si nuestra norma fue el pasotismo no significa que no hubiera excepciones, claro, pero tengo la sensación que más era porque no podían ser como todos queríamos ser, es decir, populares, de esos que con toda facilidad se llevaban a la chica más guapa que hubiera sin necesidad de haber leído nada, de seguir a un determinado grupo musical o de saber algo de cine del bueno. Para ellos, para los elegidos, eso era tan sencillo como casi nada para el resto. Uno se sale del camino principal porque no lleva el calzado adecuado. Eso es todo.

Pero hay quienes terminan creyendo que el nuevo es el bueno, al menos para ellos, y siendo así puede que también lo sea para los demás, que lo natural deja de serlo cuando el no puedo pasa a significar no es bueno.

A uno de estos, un amigo mío, un profesor, le descubrieron una rara enfermedad hace unos meses. No es que sea mortal, pero sí crónica. Y de las molestas; no tanto por el dolor sino por las precauciones a tomar para no sufrirlo: muchas horas en el hospital cada pocos días.

Al principio se lo tomó bastante bien, es un tío muy animoso, y no hay subidón comparable al sentir como se va el dolor, que llegó jodido a Urgencias, y si enseguida le comunicaron el motivo no lo hicieron de tal manera que le afectara demasiado, que las cosas malas hay que decirlas poco a poco, y las buenas casi que también. Crónico, pero controlable, vida normal...y todo lo demás.

En fin, que cada vez lo veo menos animoso y más preocupado, ni la mitad de la vida y ya con el freno de mano y una marcha metía. Y no es que haya sido un destroyer, al contrario, está muy concienciado de todo y casi que de todos, y lo más curioso es que llevaba un año sin fumar, ahora ha vuelto aunque no debe, pero le hace más bien que mal, como esas embarazadas a las que un buen doctor les dice que mejor se echen tres pitos diarios que estar al borde de la taquicardia.

No sé porqué salen esas cosas, ni puta idea...pero no puede ser bueno estar todo el tiempo intentando demostrar a todos que todo lo que sabían está equivocado. O casi.

Nietzsche probó de todo para curar su mal.

No supo dejarlo a tiempo, como tantos otros.

Hay señales en todos los caminos...

Pero a veces tu música suena tan bien que es como si estuvieran en arameo.


Muy bueno lo nuevo de Sabbath:



 



miércoles, 22 de mayo de 2013

EBASTEL. BIEN FORTE




Si mañana amaneciera un segundo sol en el cielo muchos creerían que el fin del mundo por fin habría llegado, que no son pocos quienes lo desean, más por ansia de venganza que ninguna otra cosa: con todo el miedo que le tienen a la muerte, no es tanto como el deseo de que nadie pueda ser feliz. Aquello que más les mata no es su fin, no, ni que siga existiendo la vida cuando ellos ya no estén...sino que, pese a todo, continúe siendo posible la felicidad. Aunque sólo sea a ratos.

Pero imaginad que tras el descontrol inicial la cosa se estabilizara, es decir, que no fuera a más, simplemente se trataría de otro sol, hay planetas que tienen tres, sólo sería cuestión de acostumbrarse, uno no puede luchar contra una estrella, hay que dejarla.

Pasado el suficiente tiempo (que lo hay de sobra) y las necesarias generaciones terminaría viéndose como algo normal, natural, algo a lo que ya estaría acostumbrado el hombre del año 5000, o lo que sea que llegue allí. Puede que incluso se le ocultara que una vez hubo un sólo sol, ¿para qué necesitaría saber eso? Sólo unos pocos quieren saber, la mayoría se conforma con repetir.

La tranquilidad nace de la costumbre. Por esto la Tradición pierde su importancia al perder las formas: si no la ves, es que ya no está. Es más, ¿estuvo alguna vez?

Si no se puede ver lo que ofreces, al menos vístelo bien. No hay que olvidar que más comemos por los ojos que por la boca.

Llevaba unos días un tanto preocupado, parecía como si esta primavera la alergia se hubiera olvidado de mi por primera vez desde que más o menos tengo uso razón, que uno ya tiene el suficiente pasado a cuestas como para mosquearse por cualquier cambio, aunque aparentemente sea para bien. Como dice el dicho, las gallinas que se van, por las que entran.

Por ejemplo, tengo un bulto detrás del lóbulo de mi oreja izquierda. Pues bien, hace tanto que está ahí (casi ni me acuerdo si no estuvo alguna vez) que me olería a cuerno si no lo encontrara una tarde de estas en las que salgo a la puerta del bar para quemar el enésimo cigarrillo mientras miro como lo nuevo está como siempre. Sólo cambia el fondo, pero yo sólo veo la forma.

No es nada, un abceso de grasa, eso fue lo que dijo mi médico (¿o era médica?) una tarde de hace muchos años en la que fui para cualquier otra cosa, "te lo pueden quitar, sí...pero si no te molesta, déjalo estar" Y lo dejé, aunque de otra en otra lo espachurro cuando empieza a supurar, pero siempre queda algo. No es malo, no me molesta, nunca he pensado ponerme pendientes y no se ve, ¿qué mas da? Pero hubo una chica que se dio cuenta, "¿me dejas que te lo explote?", la muy puta disfrutaba haciéndolo, sentada sobre mi espalda le clavaba las uñas, a pelo, "¡¡¡HALAAA!!!", casi podía verle la cara, los labios mordidos, los ojos apretados, era muy joven y tenía unas piernas que ya las hubiera querido como brazos el Tyson de sus buenos tiempos...qué tía. Pero jamás pudo dejarlo seco. Bien está mientras esté allí.

Sabéis que gusto de pasear por el campo, o más exactamente por sus aledaños, en la periferia de la ciudad, entre el cielo y el suelo, que dirían los Mecano, por siempre moñas: dentro cuando hay pocos y fuera cuando hay algunos.

El caso es que tanta agua ha caído durante estos meses de atrás que nuestra Mancha parece Asturias de tan verde como está, de verdad, nunca la había visto así, y sin haberlo hecho afirmo que es aún más hermosa que Murcia, por muchos especiales pro-caspa y para la casta que financien sus políticos...

No había llegado la primavera cuando ya empezaron con las advertencias, "este año será terrible para los alérgicos", pero yo seguí a mi marcha, me gusta hacerla sin ayuda de nadie hasta donde puedo, y aún así casi prefiero dejar de hacer que seguir haciendo. Casi.

Nacieron esas florecillas que nada valen porque sobran, esas que no necesitan ningún cuidado para ponerse a bailar a la luz del sol de la mañana, de la tarde y de la noche, que todo es sol, y eso que sólo hay uno, de momento, y yo iba paseando junto a ellas, mirándolas entre las malas hierbas que ningún daño me han hecho nunca, y pasaron los días y las semanas y empecé a oler el aroma de aquellas, que los fumadores también olemos lo que hay que oler, y no dejaba de maravillarme que pudiera hacerlo sin llorar, ni estornudar, ni dar a luz mocos, para que luego digan...

Todo ha cambiado esta mañana. Ha sido despertarme después de ¡9! horas de sueño (es lo que tiene la vida tranquila) cuando me he dado cuenta de que la primavera ha llegado para mi ahora que está empezando a recoger sus bártulos, o poniendo sus últimos, mejor, que nada que merezca alguna pena no lo es sino le sirve a quien viene después.

He cogido una pirula perdida antes de salir a caminar, "por si...", aunque ya estaba claro que no iba a haber tutía. Lo malo ha sido que no era una de las mías, sino de la vieja, una dexatavegil (por cierto, una de mis entradas más leídas, aunque más me temo por el título que por otra cosa), una pastillita diminuta, rosita, pero  conocí a alguno que se comió un cuartillo de ajo color de rosa y vio al diablo en el asiento de atrás, "...arrancakufisto..." me dijo mientras intentaba calmarle, "¿Qué?", "¡¡¡QUE ARRANQUES!!!¿¿¿NO LO VES AHÍ DETRÁS???"

Las mías son otras, pero a falta de pan buenas son tortas para embrutecerte.

En fin, que sí, que pá dentro a los tres minutos de estar fuera...

Viendo que iba a ser imposible hacer lo normal he decidido coger el coche y perder la poca mañana que me quedaba en ir al banco, al menos así me quitaba algo malo para cuando esté bien, he ingresado lo justo (¡¡¡NI UN DURO DE MÁS, AMIGOS, NI UN DURO DE MÁS!!! Al menos que sean ellos los que por una vez paguen a los ladrones que quieran quitarnos el calcetín bajo el colchón) y me he ido a casa.

Y un rato después, al bar.

No digo que haya estado como esa tarde de mi primavera que le di tres caladas a un chino de caballo, ya os lo conté, eso fue diferente, era como dormir despierto, demasiado bueno para ser verdad, y no me gusta la mentira, y no estoy seguro que aquella me guste mucho más, pero esto...esto ha sido dormirte vivo, que no es lo mismo.

Al menos sé que no me ha dejado, que ha vuelto y eso, que más voy queriéndolo de cualquier cosa que no, que sigan habiendo chamizos si ya no van a haber castillos.

Lo que no te mata te hace más fuerte...porque no te ha matado.

Así que re-bienvenida, pero mis armas de mañana serán más adecuadas.

Y seguro que sólo por el nombre con el que voy a bautizar esto serás más conocida, ya que no celebrada.

Aunque para mi sea de lo mejor.


Son buenos estos japos...


martes, 21 de mayo de 2013

NO SÉ SI HABRÁ OTRA VEZ PARA MI




A veces es mejor mostrar y callar.

Un poco de músicaaaa...:



Y ya está hecho.

lunes, 20 de mayo de 2013

LA LEY DE LOS FUERTES




Abrieron la primera justo enfrente de nuestro Gran Hotel, uno que lleva cerrado desde primeros de año, cubrieron con placas metálicas a puertas y ventanales en previsión de lo que pudiera pasar, aunque no tardaron ni cero coma en ser pintarrajeadas por nuestra chavalería, que ya hay que ser tonto para gastarse el dinero que le sableas a papa en esas cosas, y más aún si lo haces sobre una superficie ondulada, que ya me dirás tú qué coño puedes pintar sobre las olas, pero en fin, esto es lo que tenemos y estos serán los que paguen nuestras pensiones y todo eso.

La calle es una de las principales del pueblo, adyacente a nuestra Gran Vía, esa que ya casi tiene tantos locales vacíos como ocupados, aunque peor está la cosa en esta de la que os hablo: todo cerrado menos un bareto al que le quedan cuatro días y la frutería abierta por los moros.

No recuerdo que había antes de que llegaran ellos, a pesar de pasar por allí casi a diario. Si estoy dentro del pueblo sólo tengo oídos para mi música. Y piernas.

Pero una mañana crucé el paso ce cebra para no abandonar al sol y casi me cegó el resplandor de las naranjas perfectamente apiladas detrás del escaparate, me gusta el naranja, sería mi color de no existir el verde, pero lo mejor de todo es que estas venían con algunas de sus hojas, miel sobre hojuelas, que si no la he probado sé que quiere decir algo bueno, aunque bien pensando es un tanto estúpido tener por bueno algo que no conoces, así que no sé...mejor galletas María con Nocilla.

De tal manera llamaron mi atención que me quité hasta los auriculares, algo que sólo me pasa cuando lo hago por una tienda de animales donde los perritos apoyan sus patitas delanteras sobre el cristal mientras te miran como pidiéndote por favor que los saques de allí y los gatitos se entretienen con tiritas de papel si no están durmiendo, siempre me voy con una sonrisa. Tanto me gustaron aquellas naranjas que decidí entrar para llevarme unos cuantos kilos, y eso que todavía me quedaba casi media hora de trayecto, pero no fue esto lo que me echó para atrás sino ver que estaba lleno de marujas, es decir, seis o siete, que la tienda es poco más que una de esas soluciones habitacionales, y sólo de pensar en codearme con esas tías bestiales se me quitaron las ganas de naranjas, así que me fui para casa, pillé el coche y se las compré a los franceses. Al menos allí disfrutas de un cierto espacio vital y no tienes porqué hablar ni oír a nadie.

Un domingo, a eso de las ocho de la mañana, vi que tenían abierto y pasé, no había más que una vieja y el moro con bigotes.

- "Buenos días"
- "Buenos días, senior..."
- "¿Tienes alcachofas?"
- "Sí, mire, allí están"

Esquivé a la vieja que estaba toqueteando las manzanas a pelo, como si en alguna de ellas hubiera algo que no fuera manzana, algo como no sé, ¿un vale por cincuenta años menos?, me puse un guante de plástico y escogí unas cuantas, el moro me cobró cuatro perras y se despidió de mi con una gran sonrisa y un que tenga un buen día, senior...

He vuelto alguna otra vez, cambian de moro, el producto está bien y los precios no sé, que yo no me fijo en eso cuando compro, mis gustos son sencillos, pero se ve que deben ser bajos, no hay género pasado para colocar a algún despistado, como en una de esas detodalavida, una del terreno, donde me la metieron todo lo que pudieron y más la primera y última vez que fui.

Hará cosa de un mes que cerró una tienda de muebles que había en mi calle, el dueño o encargado era uno de mi edad, un caraflán con el que sólo he cruzado un hola, ¿qué vas a tomar? un día que se pasó por nuestro negocio poco antes de cerrar el suyo, me quedé a cuadros, ya casi estaba convencido de que nos iríamos a nuestras respectivas tumbas sin habernos dirigido la palabra a pesar de vernos centenares de veces.

Y no hace una semana que vi pegada una cartulina verde en el escaparate de su ex-tienda: Próxima inauguración de Frutería. Miré dentro y vi a unos cuantos moros yendo de acá para alá.

La han abierto hoy, me he dado cuenta al regresar a casa después de un corto paseo a causa de mi mala cabeza, ni siquiera he tenido tiempo para echar las primitivas, todavía no eran las diez, y a muchos españoles les gusta abrir tarde y cerrar pronto, décadas de sopa boba dejan su sello, aunque ahora que recuerdo...sí, han adelantado su horario a las nueve y media, que el asunto va estando jodido hasta para los castillos en el aire, el Deporte Nacional.

He comido por lo que no cené anoche y después me he dedicado durante una hora a enviar por el Wasap fotos cachondas, no han tenido demasiado eco, hoy es lunes, que se jodan. Y finalmente el cocido ha conseguido despertar a mi sueño, no sin que ofreciera una cierta resistencia el gilipollas que que se jugó todos sus ahorros (2600 neuros) a que el Madrí sería campeón de Copa: en tres días ha recibido más visitas que yo en tres años.

Hacía feo cuando he vuelto a abrir los ojos con el último sueño extraño dentro de mi cabeza. Se ha puesto a llover y poco después a granizar, me he levantado del sofá para mirar por la ventana, el gato también, y he visto como un grupo de niños del colegio de enfrente estaban haciendo lo mismo que yo, que no todos los días se ven caer piedras del cielo. Aunque su existencia sea menor que la de un mosquito. Al menos en esa forma.

Como el móvil estaba quedándose sin batería y sólo puedo recargarlo en el ordenador he decidido leer algo en papel, el día no parecía dar para más, y he cogido uno de Baroja, "La lucha por la vida", dos páginas después he añorado el último hilo de Burbuja que estaba leyendo, uno que pedía ayuda para defenderse de los gitanos. Y ya no sabía si comer otra vez o qué.

Finalmente ha llegado la hora necesaria y me he ido a hacer unos mandaos. Ya no llovía y se empezaba a ver el sol, que ciertas cosas en ciertos días es mejor verlas que sentirlas.

He tenido suerte de encontrarme la farmacia abierta, pues esta es de las que nunca estás seguro, estaba el mismo tío triste de siempre, pero esta vez acompañado por su mujer, una reciente cincuentona que las veces que la he encontrado me mira como si quisiera algo, aunque bien puede ser que sean cosas mías, no sé, el caso es que le voy a tirar los trastos como llegue a verla sola, cosa que me extraña bastante. Ha vuelto a pasarse adentro y su marido me ha servido el bicarbonato: casi cinco euros. Los franceses te lo venden a uno y medio.

Una vez validada mi mala suerte he continuado el camino hasta la tienda de golosinas, una que regenta uno de los tipos más estiraos que he conocido en mi vida, pero también vende pan, y como hoy tengo hambre me hace falta algo más que las tostadas integrales, estoy dejándolo, tanto pan embrutece el entendimiento. Solía comprárselo, lo suficiente como para que se animara a visitar nuestro bar una vez cada dos o tres meses para tomarse un cortao, "¿te queda pan?", "no", "vale, adiós" Y he tenido la sensación del que sufre una pequeña venganza. Quizá estuviera abierta esa panadería que atiende una vieja y su cuarentón hijo, ese que parece fantasear con cuerdas y cuchillos, pero no. Ya no son horas para según quién. O quienes.

"¿Venderán pan los moros?" al menos la otra sí lo hace, de muchas clases, ¡hasta se ponen un guante de plástico para cogerlo!

La puerta estaba abierta pero no lo parecía del todo, era como si aún estuvieran dando los últimos retoques que haya que darle a una frutería. Un moro con bigotes estaba justo a la entrada con una bolsa, su empañolada mujer y su hijo, uno pequeño, he asomado la cabeza y he preguntado por lo mío, olía más que a cuquillo, el moro comprador que se iba me ha mirado como miran los moros a los hijos de los vaticanistasegundos, pero el vendedor no, ha sacado la mejor de sus sonrisas americanas y me ha dicho que sí, el otro se ha despedido a lo moro y este le ha respondido algo parecido mientras me alcanzaba el pan.

- "¿Cuanto es?"
- "Treinta y cinco céntimos, senior..."
- "¿Treinta y cinco?"
- "Sí, senior, aquí todo más barato"
- "Vale, gracias"
- "Hasta luego, senior"
- "Hasta luego"

Y después de dejar el material en casa he salido a andar un rato. La tarde estaba limpiándose de las nubes de la mañana.

Iba paseando cerca de la salvaje maleza que rodea al ambulatorio cuando me he acordado de los chinos de Marqués de Vadillo, de algunos de ellos, unos que en dos semanas le dieron la vuelta como a un calcetín a un enorme local que estaba a la entrada de ese barrio ¿madrileño?, fue digno de ver, hubo un domingo que regresábamos medio pedos a las once de la noche y ahí estaba un ejército de chinos trabajando, arriba y abajo, adentro y afuera, sin hablar, sólo se escuchaban las cosas que manipulaban, increíble, parecían de otro planeta, o al menos de otro género diferente al nuestro, aunque ni son extraterrestres ni dejan de ser humanos: sólo son de otro manera. También me he acordado del rumanoide que lleva el único 24 horas que merece tal nombre, los otros no llegan ni a doce, está junto a uno de los peores tugurios, me acuerdo que una noche de diario estábamos allí pedos perdidos, ya eran las cuatro o las cinco, la hez de la hez, y nos dio el hambre negra y fuimos a su tienda a comprarle pizzas y demás basura congelada, le dijimos que se viniera con nosotros pero pasó y siguió allí, en su sitio, esperando...Por no hablar de aquella madrugada de domingo navideño que nos quedamos sin hielo y fui a comprárselo viendo que el de la leyenda local ya había cerrado, "verás como el del rumano está abierto" me dije. Efectivamente: y a la mitad de precio. Y me ayudó a cargar los sacos en el coche.

Y viendo todas esas hierbas que dicen malas he pensado que lo serán, pero también que son mucho más fuertes que las otras: sólo las detiene el cemento. Y apenas necesitan más que caer donde sea y que llueva un poco.

He estado a punto de pisar un caracol, hacía años que no veía uno vivo, estaba arrastrándose por las baldosas en dirección a su Amazonas, puede que el temporal de la media tarde lo hubiera expulsado, pero ya se había ido y él se afanaba por regresar, cosa complicada a ese ritmo y en ese sitio...Lo he cogido no sin cierto asco y con cuidado lo he lanzado donde supongo que quería estar.

Y lo primero que me ha venido a la cabeza después de sacudirme las manos ha sido si no lo fuera mejor haberlo depositado con cuidado. Como si alguien que vive con la casa a cuestas esté en las tontás de quienes han dormido calentitos desde que nacieron.

Casi como sus padres.

Aunque no como sus abuelos.