martes, 1 de noviembre de 2011

AL HOYO





Noviembre siempre fue el peor mes para los bares: los días son más cortos y las noches más largas, se va el calor y llega el frío de verdad, la gente se desanima cuando la oscuridad reina, se encierra en sus casas con su calefacción, su frigorífico y su familia y deja las relaciones públicas para el fin de semana, cuando saben que el resto hará lo mismo, cuando quedarse en el hogar resulta algo poco menos que extravagante. Es una convención natural: si a las seis de la tarde es de noche y hace frío no existe otro sitio mejor que tu casa. Y no te digo nada si llueve...

Es ahora cuando las moscas no salen de los bares, las moscas de bar, se entiende, a las otras ya les irá dando matarile el general Invierno. Bendito sea.

Las moscas de bar son solitarias, como todas, con la diferencia de que en lugar de alimentarse de basura lo hacen con alcohol, pero beber con la sola compañía de tus cuatro paredes es como comerse una mierda para uno solo: no mola; por lo que salen al encuentro de otras como ellas, cosa que les resulta bastante fácil, únicamente hay que dar con un luminoso y una puerta abierta, hoy en día las únicas puertas que nunca están cerradas son las de los bares, ni las iglesias tienen más tiempo las suyas abiertas, muy mal tienes que estar para no ser bien recibido, cosas de la competencia y la crisis. Hoy las confesiones más sinceras se hacen en las barras de los bares. Los curas lo hacen en la penumbra, en silencio, con todos los santos del cielo mirándote, incluso Jesucristo dicen que anda por allí...es normal que la gente se acojone y suelte las cuatro obviedades imprescindibles para salir del paso cuanto antes, demasiada sobriedad para decir la verdad de lo que te pasa, mejor en el bar, con luz y ruido de fondo, a un tipo que conoces y con San Alcohol como Espíritu Santo, no hay otro como él para hacer soltar la lengua, no hay lengua de fuego más efectiva que la que vive en las botellas de colores de los bares.

Así que ahí volveremos a estar nosotros, escuchando los verdaderos problemas de la gente aunque no tengamos casilla en la declaración de la Renta, "mis orejas por tu hígado", y en algunas ocasiones, pocas, también el corazón. La mosca de bar adora noviembre porque después viene diciembre. Y ése es su frente ruso: nada puede acabar con ella, nada, menos la Navidad.

Una mosca de bar puede soportarlo todo, hasta un pepinazo atómico, hay estudios sobre ello, pero antes de pasar el frío Rubicón que vuelva a traerle algo de luz y calor a sus vidas debe enfrentarse con su más feroz enemigo, con ése que año tras año se empeña en hacerle ver espejos curvados en lugar de rostros, con ése al que sus cada vez más menguadas alas les resulta imposible superar ni aunque fueran capaces de elevarla a la cumbre más alta, un adversario tan formidable que provoca en la mosca de bar el deseo de ser un oso de la montaña para hibernar durante ese mes y no te enterarse de nada, aunque allí arriba sólo estuviera acompañado por la nieve y el frío, a fin de cuentas no sería tan diferente como aquí abajo...pero no hay frío más helador para la mosca de bar que ver su memoria en los ojos de los demás, les resulta casi pornográfico, se ven completamente desnudos, ni San Alcohol puede echarles una mano, es más, les arranca la piel de cuajo, abre sus costillas dejando a la intemperie su corazón, porque también gasta de eso la mosca de bar, de hecho es su órgano más grande, lleva tanto tiempo sin sentir el latido de otro que tiene sus cinco sentidos puestos ahí, pero no les sirve de nada. Cuando se es una mosca de bar se deja de ser todo lo demás.

Y cuando la mosca de bar se da cuenta de que ya no puede dejar de serlo, cuando abandona toda esperanza, cuando acepta que ya sólo será una mosca de bar hasta su muerte, le entra un ataque de dignidad y toma la decisión de comer su ración de mierda entre sus cuatro paredes, sin aceptar ayuda ni compañía, no hay camino más corto para llegar a la Soberbia que la Deseperanza.


Mi más querida mosca de bar, una mosca de bar con grandes barbas, terminó de comerse su ración de mierda hace algunos años. Y lo hizo sin que por más que lo inténtaramos cenara con nosotros algo diferente a su menú habitual en esa noche en la que hasta el mismo Lucifer busca compañía para no echarse a llorar.


Porque ni para ése hay lugar en el Universo donde esconderse y no darse por enterado.


Es lo malo de ser todos hijos de un mismo Dios: que no hay manera de serlo de otra forma.


Cosa que, más que ningún otro, sabe la mosca de bar.


Y con ella pasa Dios esa noche.


Porque de no ser así no la verás más.

domingo, 30 de octubre de 2011

LAS MUJERES CON CUATRO OJOS





...y cuando ellas terminaron de hablar apagué el televisor, encendí el brasero, me tumbé en el sofá y poco después dormí una larga y pesada siesta. Tan larga y pesada que al despertar no recordaba ni el día que era. Cosas del exceso de garbanzos, pensé, siempre he sido muy bestia comiendo. Tampoco aprenderé a hacer eso de otra forma. Hasta que me "aprendan". Así aprendemos la mayoría: cuando no queda más remedio.

Aún tenía tiempo de sobra antes de ir a trabajar, podría haber navegado por la Red, fumarme unos cuantos cigarrillos, ver la tele, leer algo...pero tenía tal nube en la cabeza que decidí darme una ducha y largarme con el coche a un sitio tranquilo, a fin de cuentas la tarde se veía espléndida a través de la ventana, estaría mejor fuera que dentro, y es que sólo somos tontos para lo que queremos, para lo que no queremos.

Aparqué el coche, apagué la música, me hice un pito, salí afuera y me senté en un banco mientras miraba la ciudad lo suficientemente lejos como para hacerlo con cierta indiferencia. La distancia hace que todo pierda importancia. Lo suficientemente lejos para que no te encuentren y lo suficientemente cerca para no perderte.

A lo lejos se oían trompetas, por un momento pensé que quizá fuera la pareja de perroflautas que me encontré al llegar, estaban con su camión de mierda y su perro de mierda, los portones abiertos, apestaba sólo imaginarlo, así que me aparté todo lo que pude, no quiero nada con esa gente, no quiero nada con nadie que no quiere saber nada más que como colocarse sin moverse y que sólo corren cuando necesitan quedarse quietos. Y en silencio. Estúpidos.

Poco después llegó un coche con una pareja joven dentro, él conducía y ella hablaba lo suficientemente alto como para que pudiera oírla a pesar de que me encontraba a 50 metros. Pararon. Me vieron. Al menos él. "Vámonos a mi casa", imagino que le dijo porque ella empezó a ametrallarle al instante, "¿PARA ESTO ME HACES SALIR?...¿PARA ÉSTO ME SACAS DE MI CASA?, ¿NO DECÍAS QUE NOS ÍBAMOS A FUMAR UN PORRO? ¡HÁZTELO! ¡YO NO ME VOY A TU CASA! ¡ESTOY HARTA DE ESTAR ENCERRADA! ¡SI TE VAS A TU CASA DÉJAME EN CASA DE MIS PADRES! ¡ESTOY HARTA!...". El chico arrancó el coche, puso el ruido discotequero y se fueron. Sonreí. Yo también tenía que irme, subí al mío y regresé por el mismo sitio, los perroflautas se habían ido, nunca sabré si las trompetas eran suyas porque ya iba con las mías, las que me gustan, además que tampoco sonaban tan estupendas como para buscarlas. Y menos aún cuando por delante te esperan diez horas de trombones solistas y tubas solistos, las buenas orquestas se escuchan en los buenos teatros, en los bares están las pachangas, cada una haciendo la guerra por su cuenta, así suenan, como si estuvieran afinando los instrumentos, pero el problema es que nunca arrancan a tocar, siempre están afinando, o al menos creyéndolo, aunque lo único que hacen es desafinarlos cada vez más por sus ansias de sobresalir sobre el resto, así que en el corral de comedias que son los bares sólo se oye a quienes lo hacen mal, aunque de vez en cuando escuches una bella nota perdida entre la vorágine de ruidos, cosa que tampoco te valdrá de mucho, tú eres el director de la función y no puedes abandonarla a no ser que quieras que destrocen tu pequeño retablo de las maravillas, debes seguir con lo tuyo, dándoles más para que se crean mejores, viendo, oyendo y callando, únicamente de esta manera es posible dirigir una orquesta de aspirantes a borrach@s: anulándote, dejándoles que trago a trago se dirijan por su cuenta, ya se cansarán y se marcharán a las últimas titiriterías abiertas, allí donde el violín se toca con los dientes y la flauta con los pies, allí donde la memoria se queda en la puerta...entonces será tu momento para sacar a escena a Herbert von Aspirina y dejar que haga su trabajo para que vuelva a colocar tus neuronas en su sitio. No hay otro como él.


Al llegar a casa recordé a las mujeres que tienen dos ojos en la frente (von Aspirina estaba haciendo bien su trabajo, como de costumbre), escuché sus quebradas voces, ví sus lágrimas, lágrimas que tienen más años que vida disfrutaron sus hij@s, lágrimas que aún caerán de sus ojos cuando sólo queden las cuencas, lágrimas que pudrirán prematuramente la madera de sus ataúdes, lágrimas que fertilizarán la tierra que las acoja en su último viaje, lágrimas que ojalá y hagan crecer buenos frutos...


porque esa es la Lluvia de la Justicia, de la Memoria y de la Dignidad, la Santa Lluvia que no cae de las nubes, la Sagrada Lluvia que nace de la tierra donde muchos inocentes dieron su sangre para que nosotros podamos seguir dejando nuestra memoria a las puertas del último garito de la noche.


Una noche tan oscura que dará asco cuando miremos para atrás.


Ahora sé que no fueron los garbanzos.

viernes, 28 de octubre de 2011

¡A LAS BICICLETAS!




Pocas cosas hay que me pongan tan triste como oír el tañido a muerto de las campanas en una tarde fría y lluviosa.

Es algo que viene conmigo desde la infancia, primer y único avituallamiento que tendremos en nuestro camino, aunque somos tantos, hacemos la carretera tan estrecha y vamos tan rápido que muchos se quedan sin él y luego pasa lo que pasa: no es que quieran el de los otros, quieren que los otros estén como estuvieron ellos; aunque no saben que eso es imposible: nunca conseguirán que olvidemos una felicidad pasada, es como la huella de un elefante, de un gigante, así de grandes y profundos son los recuerdos de la niñez, que por mucha mierda que vayamos echándole encima jamás será tanta como para borrarla.

Creo que aquel sentimiento me viene de cuando se murió mi abuelo materno.

Era el día de los Santos Inocentes, estábamos de vacaciones navideñas y nuestra madre nos despertó, "¡levantaos que os llama el abuelo!", fuimos al teléfono, "¡os he comprado unas bicis!", nos volvimos locos, pero cuando estaba despidiéndose dijo que era una broma, que era el 28 de Diciembre, que éramos unos inocentes, y se reía, se reía mucho, al principio nos enfadamos, le dijimos tonto y eso, pero luego nos dió por reír, a nuestra madre también, todos reíamos...

Dos horas después volvieron a llamar. Era la abuela, la "yaya": el abuelo había muerto de un infarto. Mi madre empezó a llorar, nosotros también, ella se fue y se quedo una tía con nosotros. Yo tenía 9 años, mi madre 30 y mi abuelo 60. Todos demasiado jóvenes. La muerte casi siempre es una metepatas, una aguafiestas, pero aquella mañana, además, fue un poco bastante hija de la gran puta.

Ése fue mi primer contacto con la muerte, ahí me dí cuenta de que no era una cosa de las novelas o de las películas, donde sólo morían los malos, donde la muerte era justa; no, no lo era, y también era mala, estaba haciendo llorar a gente que nunca la había visto llorar, tenía que ser muy mala para lograr eso, me dí cuenta de que nunca más volvería a ver a mi abuelo y me sofoqué mucho, quizá también, en ese momento, sin darme cuenta, supe que también yo tendría que morir. Tal vez sea necesario despertar a la muerte para despertar a la vida. A la verdadera vida, a la que tienes que escribir tú, no leer de otros. Tal vez no. Seguro.

A partir de entonces cada vez que oía el lúgubre y monótono canto de las campanas me embargaba una fuerte sensación de tristeza, recuerdo que en algunas ocasiones echaba a correr todo lo rápido que podía para dejarlas de oír, sabía lo que significaban y no podía soportarlo, pero no conseguía silenciarlas, aunque me encerrara en mi cuarto las malditas campanas seguían en mi cabeza, el tono agudo y después el grave, hasta el infinito, parecía que se iban pero no, otra vez volvían a empezar, una y otra vez, hasta que al final paraban. También ellas.


Hoy no las he oído, aunque sí he visto al resto del reparto: nubes bajas, frío intenso, lluvia fina, débil, vieja...


Hoy el badajo de la campana han sido las miradas de los pocos otros que han pasado al bar, el silencio de sus bocas en las copas, la mano en la mejilla, el codo en la barra, el pie en la chambrana del taburete, parecía como si cada miembro de sus cuerpos buscaran un punto de apoyo, un lugar donde aferrarse para no caer, para seguir en el camino, para continuar dando pedales, no hay que pararse, no puedes pararte, las caídas ya no son como antes, que más que de huesos estabas hecho de goma, cada vez cuesta más, cada vez son más peligrosas, cada vez eres menos de goma y más de huesos, cada vez tu airbag está menos inflado, cada vez está más cerca el día en que suene tu campana,


pero hasta entonces...


¡HAY QUE SEGUIR DANDO PEDALES!


Y si también nos quitan la bici...seguiremos andando, aunque sea arrastras, no os va a ser tan fácil desembarazaros de nosotros.


Podréis quitarnos todo el avituallamiento que nos quede, pero lo mejor ya nos lo comimos, así que hala, comeros las putas sobras.


Pero no olvidéis que seguimos enteros. De una pieza. Y todavía quedan reservas de todo aquello.


¡De pie, coño!

miércoles, 26 de octubre de 2011

MI PRIMER CLÓN





Estaba lurkeando en el blog de unos amiguetes culés cuando me he visto y no me he reconocido.

- "¿Cómorrllll?"

Sí, ahí estaba yo, "kufisto dijo...", y a continuación un comentario malmetedor, dedojero, de ésos que estilaba cuando vivía un perpetuo día de año nuevo, aquella época en la que vomitaba por los dedos, cuando me odiaba tanto que tenía que odiar a todo el mundo si quería seguir respirando, el niño loco alemán era Bill Crosby a mi lao, en fin, cosas del desamor...

Pues sí, ahí estaba el viejo kufisto, de vuelta a las andadas, uno tras otro aparecían ante mis ojos post provocadores, hirientes, sarcásticos, escritos durante la noche de ayer y el día de hoy, "¿qué coño hice ayer?", si no recordaba mal no bebí ni gota, es más, me dormí antes de la medianoche por primera vez en un cuarto de siglo, desde que empezó el otoño arrastro un resfriado un poco cabrón, no consigo curarlo, y ayer en mi día de descanso me venció de tal manera como para hacer algo tan inusual, tan imposible para mí, como dormirme antes de que acabara el día. Luego me desperté a las dos y media y estuve toda la noche en vela, pero en fin, eso es otra historia, malditos pulmones...

No sé, últimamente la memoria no es mi fuerte, océanos mentales provocan que a veces no recuerde ni siquiera donde he dejado las llaves del coche cuando las tengo en mis manos, pero esto también es otra historia; aunque con las cosas importantes, con aquello que realmente pueda afectarme, los oceános se transforman en charcos, a fin de cuentas la memoria no es sino tu interés: si notas que el fuego te está quemando las pelotas no es necesario que nadie te recuerde que tienes que correr. Creo firmemente que cuando uno no recuerda algo es que ya no merece la pena ser recordado. Y lo mejor sería dejarlo en el limbo. Pero lo conveniente para uno casi siempre se contrapone al deseo de tus otros, así que para no enfadar a quienes te quieren te esfuerzas en recordar y cumplir con tus obligaciones. Vivir para otros es vivir contra tí.

Así que enseguida me he dado cuenta de que ése no era yo. Ése era mi primer clón.

Debo reconocer que el tipo se lo ha currado, algunos daban el pego, pero otros...el periquito enseñaba el piquito...y lo he pillado. Sé quién es.

La verdad es que resulta halagador que un completo desconocido se haga pasar por tí con el deseo de dañarte, eso significa que le importas, y si le importas a alguien es que estás vivo, hay muertos que les siguen importando a millones de personas, pero tambien hay millones de seres vivos que no le importan a nadie. Y es preferible ser odiado a ser invisible. Más aún cuando quien mal te quiere tiene un cierto nivel, no es un moco crudo, así resulta más reconfortante.

Resumiendo...he hecho acto de aparición en el blog señalado, les he dicho que ése kufisto no era el Kufisto y las cosas han vuelto a su ser, quizás hubiera sido mejor dejarlo correr, a ver donde habría llegado, las prisas no son buenas para nada, casi siempre que encontramos algo bueno deberíamos esperar un poco más antes de tomarlo, como cuando eras un crío y te comías esos sandwiches de nocilla, que te dejabas el bocao más gordo, el del centro, el más lleno de chocolate, para el final. Jamás se es más sabio que cuando se es niño: sólo haces lo que más te gusta. No hay otros.


Mientras leía a mi clón estaban pasando por la Sexta3 "La Cosa". En una de sus últimas secuencias al Barbas se le inflan los cojones y decide que para comprobar quien tiene el monstruo dentro hay que poner la sangre de cada uno al contacto del fuego.


En el caso mío y de mi primer clón no será necesario: aparte de la foto que me acompaña allá donde voy, bastará con que me pinchéis, a mi alias, digo, y él os redirigirá a mi perfil en mi blog, cosa que, por el momento, no creo pueda lograr mi Cosa.


Aunque a mi chica puede que la encuentre.


Lástima.


La quería sólo para mí.

lunes, 24 de octubre de 2011

TINTÍN





La mejor de todas es "La estrella misteriosa".

Aunque siempre haya sido bruguerón, rama mormón, he de reconocer que me he leído la práctica totalidad de sus aventuras, lo único que junto a algo de los dos galos colocados y píldoras sueltas de Peter Bagge, Robert Crumb y Vulleimin han sido mis contadas incursiones en el cómic extranjero.

Realmente no sé muy bien explicar el porqué, ya que para mí abrir un tebeo era hacerlo a la risa, eso era lo que buscaba, nada más, y Tintín y sus amigos carecen de ella casi por completo, exceptuando al capitán Haddock y al profesor Tornasol, y aún ellos lo único que te provocan es una sonrisa, no una carcajada, pero en fin...algo tendrá cuando me lo he pasado por la piedra.

Hergé era un gran dibujante, eso está claro, podría ser considerado el Antonio López de ese arte, concienzudo, detallista, hiperrealista, fotográfico. Es curioso que en un campo abonado a la fantasía, a la desmesura, uno de sus maestros más reconocidos sea alguien que en muy contadas ocasiones echó mano de ella. Para él la historia debía ser verosímil, sorprendente si se quiere pero plausible, a fin de cuentas se trataba de narrar una aventura y cualquiera que se precie necesita un margen a la imaginación, una "licencia comiquiana" si se quiere, a lo cinematográfico, pero sin hacer que salte la goma como, por ejemplo, los payasos de la Marvel, seres tan extraordinarios como ridículos por lo seriamente que se tomaban su "trabajo", algo muy propio de los yanquis, un pueblo que, por lo general, carece de sentido del humor, una cualidad que suele acompañar a quien ha sido importante y ahora recurre a ella como el zorro a las uvas. También ellos terminarán cayendo y empezarán a ver las uvas verdes por todos lados. Pero reirán más. El peso de la púrpura puede hacer de tu vida un coñazo.

Creo que el gran éxito de Tintín, su popularidad a nivel global (sino el zorrón de Spielberg no le hubiera hincado el colmillo), se debe a la ausencia de banderines de enganche: no presume de país, ni es proselitista en materia de religión, ni se pone del lado de unas ideas políticas (salvo, claro está, cuando la práctica totalidad de Europa era nazi y se manejaba con un brazo; tampoco vas a pedirle a un cuentista que sea Aquiles). Por esto, cualquier lector del mundo no se sentirá molesto al leer sus aventuras, cosa esencial hoy en día, más que crear adeptos lo que se busca es no hacer enemigos, y el joven periodista belga resulta ideal: en sus idas y venidas hay europeos buenos y malos, moros buenos y malos, negros buenos y malos, panchitos buenos y malos, chinos buenos y malos...estamos todos y ninguno destaca para bien o para mal, en todo caso nosotros, los europeos colonizadores, pero eso se da por descontado.

Ahora...hay un problema:

las mujeres.

Se ha escrito mucho sobre el papel (o más bien la falta de él) que ellas desempeñan en las aventuras de Tintín: que si es gay, que Hergé era un misógino, que si la férrea educación religioso que recibió es la culpable...la verdad es que choca bastante. Quitando a la petarda Castafiore no recuerdo un solo personaje femenino que merezca siquiera el nombre de secundario. Y esto es algo que hoy en día resulta inaceptable. Realmente, la gran curiosidad que tengo para ver la película es como se las ha arreglado el Mago Spielberg para corregir una tara tan descomunal, no imagino que haya sido capaz de dejar fuera del juego a más de la mitad de la población mundial, es como si a nosotros nos quisieran hacer tragar con, por ejemplo, no sé...¿"Candy" o algo así?. No, fijo que el Mago de Sión ha encontrado el modo de hacerlas entrar en la historia, aunque sea con calzador y a costa de los puristas, pero un tío como él no se habrá conformado con realizar la mejor versión posible, la habrá "mejorado", "adecuado" a nuestros tiempos, aunque tampoco puede decirse que Spielberg sea un amante de las mujeres, recordemos que, en palabras suyas, es un niño grande, al estilo de Jackson pero mucho más inteligente, y no hay niño al que le gusten las niñas.


"Las aventuras de Tintín: el secreto del unicornio" va a ser uno de los cuatro o cinco bombazos cinematográficos más grandes que podamos ver en nuestras vidas, de eso no tengo ninguna duda, y si detrás de la cámara está el Mago de Sión menos tengo de que será una gran película para echar un buen rato, aunque con el modo "Caution" en nuestras seseras, que ya sabemos lo que buscan las super-producciones de Jolibú, más aún que ganar pasta...ganar adeptos.


Así que paquete de tabaco, copazo de whisky, sofá y a encontrar el primer tueste en la Red.


- "¿Y Tintín qué? ¿Ya se ha echao novia?"
- "Me da que sí, abuelo, me da que sí..."


¿O saldrá del armario?


Uno ya no sabe que sería lo mejor.


Pero el Mago de Sión sí.


"¡¡¡ESA TOSTADORA...VAAAAAAAAMOSSSS!!!"

STANLEY EN SEPANG





Hará un par de semanas que ví un documental acerca de un volatinero francés que en 1974 cruzó sobre un cable de acero los 42 metros que separaban a las Torres Gemelas; 42 metros pueden ser una enormidad si debajo de ellos hay diez veces más, y es que, como todo en la vida, las cosas hay que medirlas por comparación.

El mismo hecho afrontado por dos personas diferentes puede resultar algo sublime o ridículo. En el caso anterior tenemos a un profesional del cual sabemos es capaz de afrontar ese riesgo aún cuando las posibilidades de fracaso son elevadas. Lo hace porque quiere, nada ni nadie le obliga, es un reto personal, una obsesión que le lleva a jugarse la vida sin razón alguna, pero al mismo tiempo, de su obsesión, de su "locura", crea algo hermoso, arte en estado puro, porque el arte verdadero no es sino algo completamante inútil y, aún así, maravilloso. Si un inconsciente sin la preparación adecuada hubiera intentado emularle no nos habría maravillado porque la muerte le habría echado la zarpa a las primeras de cambio: no es el resultado la principal motivación, sino el juego, el baile con alguien que perfectamente puede vencerte, la posibilidad de perder, cuanto más grande mejor, pero siempre con una puerta a la esperanza, no hay nada de bello en un suicida, no hay asombro en su muerte porque la quiere, es el juego lo que nos estímula, la posibilidad de perder. Pero también de ganar. Ahí radica su embrujo, en que no "vale" para nada y no podemos hacer otra cosa que admirarlo. Porque la admiración nace de nuestra incapacidad, se admira aquello que no se puede hacer, para bien o para mal, ¿sino de qué tanto interés en genocidas y seres de semejante calaña?, si te detienes a estudiarlos, a leer sus vidas, a ver sus actos es porque te interesan, seguramente para reafirmarte en tus ideas morales, para sentirte mejor por comparación bajo el prisma de tu moral, pero tu parte mala, esa que todos tenemos, te pica con la frase: "ese lo hace porque es capaz...¿y tú?". Tú no lo haces porque no puedes, lo primero, y porque no quieres, lo segundo. El camino principal para no hacer algo es preguntarse el porqué. Uno puede admirar lo perverso, somos nosotros quienes dotamos a la palabra de un sentido "bueno", pero los palabras sólo se significan en los diccionarios, la moneda de la vida siempre tendrá una cara y una cruz. Y ambas siempre formarán parte de la misma.

Recuerdo al coronel Kurtz-Brando divagar sobre lo que sería capaz de conseguir si dispusiera de unos cuantos soldados como aquellos que fueron capaces de arrancar los brazos vacunados de aquellos niños que ellos habían pinchado poco antes. Esos hombres, "llenos de amor, esposos y padres", habían sido capaces de obedecer sin rechistar esa macabra orden, y lo habían conseguido, no se habían echado atrás, porque habían antepuesto su "deber" a su "moral". Obedecían órdenes, punto. Ellos no estaban para preguntarse el porqué, ellos estaban para obedecer.

Si a mí, o a tí, nos dijeran "¡eh, tú! córtale el brazo a ese bebé..." no creo que fuéramos capaces de hacerlo aún a costa de nuestra propia muerte, y no seríamos capaces de hacerlo por una simple razón: porque no estaríamos entrenados para ello. No es que seamos mejores o peores, simplemente no podríamos seguir con nuestras vidas después de haber hecho algo así, nos resultaría imposible acallar a nuestra conciencia, y esa es la cárcel más segura de todas. Ergo, bien mirado, básicamente sería otro acto de egoísmo: nuestro Yo no podría soportar las consecuencias que nos acarrearia cometer esa acción, más que el hecho del daño causado, de lo que se deduce que ser egoísta puede muy bien significar ser humano. Ser humano es ser egoísta porque somos mortales. Sin la muerte todo carecería de sentido y nada sería "bueno" o "malo". Sin la muerte no podríamos entender la vida que vivimos. Sin muerte no hay vida. Hay que dormir para estar despierto.


Cuando al despertar esta mañana me he enterado de la muerte de Simoncelli me he llevado la lógica impresión, aún cuando todos sabíamos que el italiano era el José Tomás de los circuitos, pero la muerte es así, siempre sorprendente, se morirá Carrillo con 120 años y nos sorprenderá. Sorpresa ante lo inevitable, otra contradicción para la colección.

Pues bien, después de navegar durante un rato he encontrado el vídeo de la caída, estaba tomado al revés, supongo que razones de copyright, se les veía coger la curva a izquierdas en lugar de a derechas como realmente ha sido, a cámara lenta, impactante...Tras el horror de los primeros visionados (¿por qué vemos algo así? porque nos gusta) me he fijado en que Marco entraba en el plano a la manera que Kubrick filmó su Danubio Azul espacial, invadiendo la trayectoria de sus compañeros de igual manera que las diferentes máquinas espaciales hacían acto de aparición en aquella memorable secuencia, sin pedir permiso, como saludando al espectador, como el imbécil que salta detrás del entrevistado para que lo vea su mamá, "¡eh, que estoy aquí!"...pero donde Stanley pudo evitar el choque con su pericia en el laboratorio, Edwards y Rossi no han podido modificar su trayectoria, ellos estaban orbitando correctamente alrededor de Sepang, según las Leyes, pero el pobre Marco se ha salido de su órbita justo en el momento que sus amigos no podían hacer otra cosa que matarle. Una posibilidad entre muchas. Y le ha tocado.

Por esto a Kubrick le gustaba más filmar que vivir, porque detrás de la cámara nada escapaba a su control. No había ninguna posibilidad. Estaba muy bien entrenado y solo tenía que cortar y pegar si se equivocaba. O volverlo a rodar.

Pero la vida no es una película, y si lo es no es sino una estúpida Dogma de nórdicos neuróticos.


Éstos son los héroes de nuestros días, quienes se juegan todo lo que tienen para que los demás pasemos el rato, porque la muerte por televisión parece mucho menos de lo que es, de hecho nadie la necesita más para sobrevivir que la tele, es su pan, pan integral, "light", para nuestros enfermizos estómagos. Los soldados deseados por Kurtz para dominar el mundo convertidos en trágicos payasos de la tele; del superhombre al supermono. El mono ha vuelto a saltar por encima de nuestras cabezas y hemos vuelto a caernos de la cuerda. ¿Quién es hoy el Santo Impío? ¿Nos volverá a enterrar en el tronco hueco de un árbol o nos enseñará a vencer al mono de una maldita vez?.


Marco ha muerto haciendo lo que más le gustaba, estaba preparado, era bueno, pero hoy ha dado en caer por el único agujero que tenía la red


"Demasiado pronto..."


El trato nunca se cerró, nunca se cierra para nadie.


Ahí está la gracia.

jueves, 20 de octubre de 2011

JEVIS (II)






No todos estamos capacitados para vivir como Zaratustra, en la cueva de una montaña y sin más compañía que un águila y una serpiente; el ser humano necesita comunicarse, relacionarse, conocer gente afín, es decir, echar el rato. Normalmente uno intenta dar lo mejor de sí cuando está en contacto con otros, conocerse a uno mismo debe estar bien, pero resulta demasiado cansado e irritante, es mejor mascarear con los demás, resulta muchísimo más humano y llevadero.

Ahora es fácil, sólo tienes que conectarte y enseñar tu mejor cara, esconder lo que no te gusta y mostrar aquella parte de tí que piensas más gustará al resto. De esta manera conseguirás amigos. O al menos algo parecido, que es para lo que han inventado el juguetito: como cada vez estaremos más solos al menos así, teniendo 1.000 amigos en Facebook, seguiremos creyendo que somos personas y continuaremos tributando, que a fin de cuentas es lo único que nos diferencia de las máquinas a los ojos del Gran Titiritero.

En los ochenta la cosa era un poco más difícil, la jevintud estaba absolutamente marginada en los mass-media y si te gustaba el rollo era prácticamente imposible contactar con gente como tú; así que o te conformabas con rockear punteando tu guitarra española de cuatro cuerdas ante un millón de fans en la soledad de tu habitación, o...

te comprabas el Heavy-Rock.

Era una revista quincenal, aunque por nosotros ojalá y lo hubiera sido diaria, en la que aparte de la acostumbrada crítica musical (aunque más bien eran panegíricos, de tan pocos como éramos no era cuestión de joderla siendo tiquismiquis), fotografías, entrevistas y tal, lo mejor de todo era que tenía un gran desplegable central en el que por un lado aparecía alguno de nuestros héroes en sus mejores momentos, y por el otro se publicaban eseoeses de la peña en busca de amistad.

El 95 % de ellos eran cosa de hombres, más bien chicos, a las chicas no les gustaba el jevi, y menos los tíos feos que lo tocaban, así que aquello tenía toda la pinta de un campo de nabos casi sin hojas de donde asirlos para sacarlos de tan pelados como se reveleban.

La carta-tipo siempre empezaba con un saludo metalero, un aullido de reconocimiento, para continuar con una gran kagada sobre el lugar donde vivía, quejas sobre los mass-mierdas y su apartheid a nuestra música, y confesión de sus "dioses", esto es, sus grupos favoritos. Finalizaba con un ruego (que más era una súplica) para que el personal se carteara con él en la dirección adjuntada de su "choza", "cueva", "cárcel", "mazmorra...

Alguna vez escribía alguna tía, imagino que su cartero debía llevarle la correspondencia en un saco aparte, yo me carteé con varias, intercambiábamos fotos y tal, ruegos y preguntas, anhelos y sueños, era todo tan ingenuo, tan infantil...y es que nadie tiene más necesidad de amor que los monstruos, sólo hay que darles un caramelo del sabor que más les guste para que caigan deshechos a tus pies y te hagan como la Magdalena.

Nadie más sentimental que un jevi.

Y es que nadie quiere sentirse solo, tampoco rodeado, se trata de encontrar a alguien con quien estar sin tener ganas de ir al water.


A no ser que seas Zaratustra; pero mirad como acabó, que de tanto encerrarse en el water terminó por comerse su propia mierda.


Y tampoco es eso.