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jueves, 20 de octubre de 2011

JEVIS (II)






No todos estamos capacitados para vivir como Zaratustra, en la cueva de una montaña y sin más compañía que un águila y una serpiente; el ser humano necesita comunicarse, relacionarse, conocer gente afín, es decir, echar el rato. Normalmente uno intenta dar lo mejor de sí cuando está en contacto con otros, conocerse a uno mismo debe estar bien, pero resulta demasiado cansado e irritante, es mejor mascarear con los demás, resulta muchísimo más humano y llevadero.

Ahora es fácil, sólo tienes que conectarte y enseñar tu mejor cara, esconder lo que no te gusta y mostrar aquella parte de tí que piensas más gustará al resto. De esta manera conseguirás amigos. O al menos algo parecido, que es para lo que han inventado el juguetito: como cada vez estaremos más solos al menos así, teniendo 1.000 amigos en Facebook, seguiremos creyendo que somos personas y continuaremos tributando, que a fin de cuentas es lo único que nos diferencia de las máquinas a los ojos del Gran Titiritero.

En los ochenta la cosa era un poco más difícil, la jevintud estaba absolutamente marginada en los mass-media y si te gustaba el rollo era prácticamente imposible contactar con gente como tú; así que o te conformabas con rockear punteando tu guitarra española de cuatro cuerdas ante un millón de fans en la soledad de tu habitación, o...

te comprabas el Heavy-Rock.

Era una revista quincenal, aunque por nosotros ojalá y lo hubiera sido diaria, en la que aparte de la acostumbrada crítica musical (aunque más bien eran panegíricos, de tan pocos como éramos no era cuestión de joderla siendo tiquismiquis), fotografías, entrevistas y tal, lo mejor de todo era que tenía un gran desplegable central en el que por un lado aparecía alguno de nuestros héroes en sus mejores momentos, y por el otro se publicaban eseoeses de la peña en busca de amistad.

El 95 % de ellos eran cosa de hombres, más bien chicos, a las chicas no les gustaba el jevi, y menos los tíos feos que lo tocaban, así que aquello tenía toda la pinta de un campo de nabos casi sin hojas de donde asirlos para sacarlos de tan pelados como se reveleban.

La carta-tipo siempre empezaba con un saludo metalero, un aullido de reconocimiento, para continuar con una gran kagada sobre el lugar donde vivía, quejas sobre los mass-mierdas y su apartheid a nuestra música, y confesión de sus "dioses", esto es, sus grupos favoritos. Finalizaba con un ruego (que más era una súplica) para que el personal se carteara con él en la dirección adjuntada de su "choza", "cueva", "cárcel", "mazmorra...

Alguna vez escribía alguna tía, imagino que su cartero debía llevarle la correspondencia en un saco aparte, yo me carteé con varias, intercambiábamos fotos y tal, ruegos y preguntas, anhelos y sueños, era todo tan ingenuo, tan infantil...y es que nadie tiene más necesidad de amor que los monstruos, sólo hay que darles un caramelo del sabor que más les guste para que caigan deshechos a tus pies y te hagan como la Magdalena.

Nadie más sentimental que un jevi.

Y es que nadie quiere sentirse solo, tampoco rodeado, se trata de encontrar a alguien con quien estar sin tener ganas de ir al water.


A no ser que seas Zaratustra; pero mirad como acabó, que de tanto encerrarse en el water terminó por comerse su propia mierda.


Y tampoco es eso.

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