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lunes, 13 de junio de 2011

PEDRITO Y OJOSNEGROS






La noche del viernes iba por el cauce habitual hasta que llegó Pedrito y la desbordó.

Es un chico alto, desgarbado, con una fea dentadura en el lugar donde nosotros tenemos los labios y él la sonrisa, que no paró de sonreír durante la escasa media hora que terremoteó nuestro bar. Su corazón andará por los once años de bombeo, pero su cabeza se quedó en unos cuantos menos. Y de ahí ya no se moverá.

Me lo presentó su tío, un nuevo cliente que no es santo de mi devoción, precisamente:

- Kufisto...te presento a mi sobrino Pedrito, mi ojito derecho -dijo mientras le pasaba el brazo por los hombros.
- Hola, Pedrito, aquí un amigo -y le tendí la mano.

Me miró sin fijeza, como si yo no fuera nada del otro mundo, como luz que nada puede mirar porque lo suyo es hacer de ver, sonriendo de tal manera que era para preguntarse si la boca está para sonreír antes que para comer y beber. Le echó varios vistazos a su tío y otros tantos a mi mano: "¡dale la mano a Kufisto, como un hombre!". Pedrito tendió blandamente la suya y yo la estreché suavemente; "¡así se hace, Pedrito!" gritó su tío estallando en una nerviosa carcajada de ojos brillantitos. Y enseguida se marchó como un relámpago para continuar jugando con sus primos pequeños y los amigos de estos.

- Es un buen chico...
- Lo es, Paco, lo es...

Nos miramos un instante que no olvidaré.

Los chicos corrían y gritaban. Pedrito era la estrella. Todos estaban pendientes de él, ¡Pedrito esto! ¡Pedrito lo otro!, y Pedrito como un pollo sin cabeza, sonriendo, yendo torpemente de un lado a otro...Acabó pasándose a la barra, "¡Pedrito se ha pasado con Kufisto! ¡Pedrito está con el camarero!" Y él sonriendo, parado junto a la cafetera sin saber qué hacer, excitado, mirándolo todo, tal vez preguntándose cual era el siguiente paso para que sus amigos siguieran riéndose, siendo felices con él. Me acerqué y le pasé mi brazo por sus hombros, "¿todo bien Pedrito?", el chaval me echó un sonriente vistazo y no se movió, estaba más pendiente de las reacciones de sus amigos. "¿Quieres unas patatas fritas?", volvió a echarme un vistazo y no dijo nada. Pasé a la cocina y puse unas pocas en un trozo de papel, "toma, para ti" Entró su madre, "sal de ahí, hijo"; salió obediente, sonriendo  triunfal. Había conseguido algo: nada menos que unas patatas fritas. Sus amigos le vitorearon. Su madre me pagó su descafeinado y el café de su marido:

- ¿Y las patatas?
- No, por favor...Invita la casa.

Sólo he visto esos ojos de cansancio en las caras de los padres de estos niños.


La noche del sábado marchaba bastante bien. Llevo toda la vida en el negocio y jamás sé con certeza cuando puede saltar la liebre: noches que esperas hacer un duro y te comes los mocos y noches que no esperas nada y llenas las alforjas. Esta fue una de ellas.

A eso de las tres de la mañana pasó una gorda feísima, nauseabunda, a vender lotería del jueves:

- ¿Quieres un décimo? -me preguntó
- No
- ¿Puedo ofrecérsela a los clientes?
- Bueno

Al menos fue educada, eso la salvó. Yo arrastraba una resaca descomunal y tenía el garito lleno, poniendo copas a diestro y siniestros. En esas andaba, tirando unas cañas despistadas, cuando me dí cuenta que una niña de unos 7 años estaba mirando desde la puerta como caía el chorro de cerveza en la copa de cristal. Se encontraba junto a dos parejas que había atendido un poco antes, así que pensé que una de ellas serían sus padres; le hice una mueca que pretendía ser graciosa, ella me miró sin cambiar el gesto y siguió observando como caía la cerveza.

De vez en cuando le echaba un vistazo y veía como Ojosnegros seguía pendiente de mi trabajo: grandes vasos llenos de cubitos de hielo y líquidos de diferentes colores. Es bonito si se ve desde fuera y tienes siete años. A mí me pasaba igual. Ojosnegros no se movía de la puerta. Pensé que sus padres no deberían estar ahí, con esa criatura, a esas horas, la música a toda hostia y el personal comenzando a pasarse de copas, pero...pensar no es hacer y cada uno sabe lo que tiene que hacer con sus hijos. Así que allá cada cual.

En un momento de calma chicha salí a fumarme un pito. Al pasar junto a Ojosnegros le hice una carantoña. Tenía tal carita de sueño que daba lástima. Mientras estaba fumándomelo junto a unos colegas ví salir a la gorda de la lotería y ofrecérsela a la gente de la terraza.

Detrás de ella salió Ojosnegros. Era su madre. No me lo podía creer..."Pero hijadeputa -pensé- ¿como tienes los santos cojones de ir vendiendo lotería por los bares de copas con tu hija arrastras? ¿no tienes otro momento?". Vi que le quedaba muy poca y fui hacia ella, "dame uno", "tres con cincuenta", "toma cuatro, no me devuelvas nada" Volví a acariciar el pelo de Ojosnegros, que me miró como si estuviera cansada de verme por primera vez, y allí la dejé, durmiéndose de pie junto a su madre.


Y es que la Genética es un Misterio de los Gordos.


Que se lo digan a Pedrito y a Ojosnegros.

9 comentarios:

  1. Ya iba siendo hora que hicieras algo. Que escribieras, quiero decir.

    Ha estado bien lo de mi tocayo y la niña.

    Realmente si uno se para a imaginar puede deducir la novela tan triste que esa niña escribirá cuando tenga 30 años. Pero luego pienso que más pena me debería dar yo, que no tuve una infancia como la de ella y no tengo nada que enseñar a nadie. Quizá esa niña sí tenga mucho que enseñarnos el día de mañana.

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  4. En uno de los bares que hace tiempo era habitual en las rondas, trabajaba un hombre de estos que arrastran una cara mitad entre casancio, mitad entre amargura. Nos llevábamos bien, luego se separó y como el bar era del suegro, desapareció del mapa.

    El caso es que este hombre tenía un hijo que como dices tiene menos años en la cabeza que en el cuerpo, con una peculiaridad: el chaval a pesar de tener 16 años, solo estaba a gusto con crios, es como si no quisiera crecer. El problema es que las rabietas (de niño) que se cogía, a menudo tenían un estallido violento. El hombre nos contaba las putadas que les hacía y la verdad que tela, tela y tela.

    Cuando tuvimos a los dos crios, en especial con la primera, durante el embarazo de la mujer, me venía a la cabeza de vez en cuando el caso de ese conocido, y la verdad me entraba cagalera, tembleque y algún escalofrio. Encima tuvimos un susto importante con la cria, pero al final resulto ser falsa alarma: jamás he pasado tanto miedo como el día en el que nos iban a dar los resultados de una prueba.

    La genética puede ser muy cabrona, pero como tantas cosas, solo nos damos cuenta cuando nos cae encima con todo el peso de la madre naturaleza, que a veces no parece tan sabia.

    Y es que el mito del buen salvaje, de la pachamama y de Avatar, son traslaciones de nuestros deseos; paridas. La realidad es mucho más cruda y miserable.

    La vida es un puto milagro, es la negación del universo.


    pd: perdón por las entradas repetidas, estamos de lunes y he tenido boda en los madriles, estoy descojonado todavia.

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  5. Bueeeeno!!!! Kufisto is back!!!! Bien por ti!!!
    Ni te imaginas lo que he echado de menos tus textos!!!

    Este es de una gran sensibilidad (con una mirada entrenada en el detalle y muy bien escrito); nada sensiblero, sin condescendencia o empalago.

    Perdona que no comente el contenido. Me es difícil.

    Gracias, Kufisto; es un regalo para este lunes!

    Un abrazo,

    R

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  6. Buenas, Kufisto
    Ya iba siendo hora de saber algo de ti!
    Esto de los genética es algo complicado, sí... yo, con los padres que tengo, no he sacado ninguno de ellos!
    Dicen que los buenos genes se saltan una generación... y a mi me tocó verlos pasar, de lejos.
    Un saludo.

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  7. Lo siento por Pedrito, de todas las cartas posibles, le ha tocado una mano bastante mierdera.
    Aun asi, en compañia de esos chavales, al menos sabes que no te la van a clavar. No se me quita de la cabeza una frase que leí hace no mucho: "Un hombre debe rezar por ser estúpido o tener el corazón de piedra"
    Perra vida, y encantado por tu retorno.

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  8. Buen relato Kufisto.
    Y pienso como tú de los simpson, mi preferido es el de la fiesta en casa de Burns,de las primeras temporadas.

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  9. Gracias, Anónimo, buen capítulo ese que dices, creo recordar que terminan con el doctor Marvin Monroe, sacudiéndose descargas a diestro y siniestro...

    Un saludo

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