"Buenas,
Pepitoacojonado, por favor, ¿podrías decirme las gestiones que has tenido que hacer para que te cambien la tarifa 3.2 a 3.1?. Tengo el gas con..."
Me reí. Me reí con ganas. Agarré el teléfono y me lo llevé a cagar para no perderlas; ya no basta con la memoria, de hecho creo que nunca me ha bastado para nada.
Pepitoacojonado, por favor...¡¡¡JAJAJAJJAJAJ!!!
Lo miré tres o cuatro veces más, me limpié el culo y finalmente decidí que sí iba a salir a devolver la película de la biblioteca. Unas buenas risas obran milagros.
Había despertado temprano, pero viendo que el sol sigue sin aparecer pensé que sería mejor emplear la mañana en quitarme de en medio algunas compras y pagos, siempre tan enojosos. Fui al banco, saqué 300 euros y ya andando me dirigí a la cercana oficina de correos para pagar el recibo del gas. Apenas había gente esperando, tampoco mucha detrás del mostrador, sólo una para ser exactos, que las otras tres o cuatro llegaron poco después. Me fijé que todas eran mujeres, charos como dicen por ahí; ninguna valía dos duros y pasé siquiera de imaginar nada. Miré mi recibo y lo leí sin entender nada, como siempre. Únicamente estaba claro el número que tenía que estarlo: 249.
Me tocó la vieja bruja de siempre, la que ya estaba cuando llegué, y le di el papel. "Esto no va", dijo tras un par de intentos. Se levantó y fue hacia el otro extremo, a una mesa donde yacía una de las que acababa de llegar. Volví la mirada hacia la ventanilla de la paquetería y vi atendiéndola a una cuarentona con cara de desayunar Prozac. No tardó en volver la otra, hablando en alto, como ya justificándose porque el otro ordenador no funcionara. "Se jodió el asunto" pensé. Otra vez pasó el código de mi recibo por su pistolita y otra vez no hubo respuesta. Estaba tan caído como sus tetas.
- Pues no va...no sé qué le pasa
- Ya, bueno...ojalá no fuera nunca
- Pásate un poco más tarde
- Sí, claro. Adiós.
Estaba en la sección de frutería cuando dos de ellos felicitaron discretamente a un tercero por su cumpleaños, es lunes y los supervisores están dando mucha caña, que me lo cuenta el carnicero, un tipo que se pone hasta las cejas y más allá cuando consigue un día de descanso. Eché un vistazo al interfecto, un caraflán como otro cualquiera, "¿35, no?, "sí", "esta noche toca...", "a ver si me deja ella". Recordé el chiste del abuelo y su nieto y escogí tres buenos pimientos rojos.
Me desilusioné un tanto al no ver a mi colega en la carnicería, estaría en la sala de despiece, o puede que en el hospital con su tensión estratosférica, tal vez se haya ido de este jodido pueblo, quien sabe. A quien le importa.
El otro es un tío fuerte, con gafas, uno con cara de putero de club de carretera. No me gusta, yo tampoco le gusto, serán las "proyecciones" y tal. Mi mundo es una proyección. Mi mundo es como el ordenador de aquella vieja bruja.
Le pedí ternera, sin mirar el precio, yo no miro esas cosas.
- ¿Como la quieres?
- Para plancha. Que sea buena
- Voy a empezarte este...
Y le quitó el plástico a un hermoso y gran trozo de carne, "babilla, 12´95/kg"" vi después en el ticket.
Mientras lo partía en filetes, y por no aumentar la tensión con nuestro mutismo, le eché un vistazo a la vitrina. Y viendo las carcasas de pollo pensé en comprar alguna para hacer caldo.
- ¿Algo más?
- Sí...¿Eso vale para hacer caldo, no?
- Claro
- Es que la otra semana lo hice con manos de cerdo y huesos salados, de esos que tenéis ahí, en las cámaras, y joder...estuve tres días con la lengua que me sabía a sal.
- ¿Cuantos le echaste?
- Todos
Me miró como si fuera subnormal.
- Emmm...¿y le pasaste agua primero?
- ¿A qué?
- A los huesos salados"
- "No"
Se ajustó las gafas.
- Ehhh...tienes que pasarlos antes por un chorro de agua, para quitarle el sobrante..."
- Ahhh
- ¿Y cuanto caldo hiciste?
- Un par de litros
- ¿Un par de litros?
- Sí, un poco más
- ¿Y no te subió la tensión?
- Nnno...Estaba bueno, pero un poco fuerte. Al día siguiente casi que había que partirlo con cuchillo y tenedor
Si hubiera sido el otro le habría confesado que el lunes pasado todavía andaba escalando la montaña en cuyo abismo me sumí el viernes anterior, y que cuanto más te alejas de él menos quieres que tu cuerpo te lo recuerde, bastante son todos los demás, pero esta vez no fue hasta la noche del miércoles, o puede que la del jueves. Casi fue mi K-2.
Pero bueno, un puño de sal no es nada si lo comparamos con según qué cosas.
Me dio algunos consejos, me recomendó mitades para mis cantidades y que me olvidara de los huesos salados; o que sólo le echara uno, no cuatro. Y pasado por el grifo. No es mal tío. Cosas de la supervisión.
Vi a uno de estos apuntando en su bloc delante de los embutidos mientras me dirigía a la cola vacía. Era un chico joven, trajeado y narigudo, pálido y con gafas, muy delgado y con el mentón hacia dentro, la típica cara de cabrón, la típica cara de a ver a quien me jodo hoy sin que se dé cuenta.
Ya en casa lo coloqué todo y miré por la ventana: el cielo estaba tan uniformemente gris como si nunca hubiera sido azul. Hace meses que no lo veo, puede que llore cuando vuelva hacerlo; como el sábado viendo 2001. La dejé en el intermedio. Estaba empezando a aburrirme y me dio miedo.
Comí a las doce, me inflé. El tupper de judías de madre y un filetaco de ternera, dura y correosa. Me acordé de aquella revelación que me hizo un "restaurador": "Kufisto, la carne, esta carne, mejor cuanto peor pinta tenga" Necesita cámara para estar en su punto. La buena carne debe llevar muerta el tiempo suficiente. En caso contrario es igual de mala que la mala.
Un rato después estaba durmiendo en el sofá, junto al infernal brasero y mi gato. Desperté con los huevos a punto de ebullición, me hice un pito delante del ordenador y me lo fumé mirando gilipolleces, tonterías. Volvía a tumbarme, ya con el brasero apagado, y pensé que todo está perdido cuando abres los ojos. Así que me quedé otro buen rato con los ojos cerrados. Después los abrí sin querer, vi el cielo y me fui a la cama. Tenía frío.
Otra vez dormí, otra vez desperté y otra vez cerré los ojos. Al final me levanté decidido a no salir de aquí, a pasar el día tirado de un lado a otro, fumando delante del ordenador y leyendo gilipolleces. Después de todo, el sol lleva meses haciendo algo parecido.
Pero en una de esas vi lo de pepitoacojonado...
Y tuve que cagar una buena mierda y salir un rato a la calle.
Afuera no había nadie ni nada que valiera más de media hora.
Y la Biblioteca que conocí ya no me vale ni para leer el ABC.
Pasé a su viejo water, me limpié las huellas que los pies habían dejado en el culo, me rulé un cigarrillo y fumándolo regresé a casa.
Todo sigue como siempre.
Sólo queda escribir sobre ello.
Una y otra vez.
Una y otra vez.







