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domingo, 23 de junio de 2019

VOODOO PEOPLE

Alguien había escrito algo contra la crispación abogando por un poco de funk. Recordé una banda inglesa y coloqué su canción más famosa. Sí, sonaba de puta madre entre calada y calada. Y abrí una cerveza y el blog.

Demasiado tarde para salir a andar cuestas y demasiado pronto para meterse en la cama. El terrible verano manchego ha llegado puntual, dejando tan escaso margen como siempre. Hay quien asegura que es peor el calor húmedo y puede que sea verdad; pero yo no vivo allí en la orilla sino aquí, tierra adentro.

La última vez que vi el mar...¿cuando fue? Más de diez años seguro; y luego desde ahí para atrás pueden ser otros dos o tres más, o uno, o cuatro, ni idea...Ya no me acuerdo de todo eso. Sí, recuerdo el final, o el principio, según se mire, y de eso hace ya diez años y cuatro meses y pico (jamás os diré el día, hijos de puta). Así que la última vez que estuve en el mar fue hace diez años +N. No sé si estará bien formulado, seguro que no, pero se entiende. A veces me las he dado de haber podido ser un buen matemático cuando en realidad apenas llegué a estudiar nada más allá de la regla de tres y tal; cuando llegamos a los senos, cosenos y todo eso yo ya había decidido decantarme por las letras al año siguiente, el primer año clave en la vida de un estudiante. Y la verdad es que sin saberlo casi me encontraba en la recta final de mi vida estudiantil. Pero sí, sumando y restando, multiplicando y dividiendo, era un auténtico crack. Incluso las raíces cuadradas, un completo misterio para la mayoría de nosotros, se me daban bien por lo mucho que me gustaba hacerlas. Y esa facilidad aquí, en esta tierra adentro tan alejada por igual de todas las costas, era poco menos que un claro signo de inteligencia superior, cosa que te daba cierta ventaja entre la gente que no te interesaba y poca o ninguna entre quienes deseabas estar. La vida de un adolescente es un mar inquieto con laberínticos muros en lugar de olas.

Yo estaba sufriendo por mi gata mientras tiraba las cañas del mediodía. Cierto era que esta mañana se había despertado algo mejor pero seguía estando aturdida por la anestesia y las perrerías que le hicieron. Ayer no comió, ni bebió, ni maulló, ni me arañó ni nada. Estaba zombi total. Las muy zorras le habían cortado las uñas sin mi consentimiento, pero yo tenía tanta prisa y tanto calor que apenas reparé en ello cuando me lo dijeron mostrándome una bolsa con el poco pelo que le habían quitado como a modo de excusa tras indicarme que también la habían lavado. ¿Pero qué vas a lavar a un gato? Tuve diez años al que ella me regaló y jamás en la vida lo lavé. Un gato, esta gatita, se lavan solos, a lametazos, con su propia saliva. Tú les tocas un poco y en cuanto pueden se zafan de ti para limpiarse, como si tú no fueras más que un montón de mierda infecta, que con toda probabilidad es lo que eres. No hay bicho más limpio, no hay ser vivo más pulcro, que un simple gato. Se pasan media vigilia haciendo eso, ¿qué  coño vas a lavarle tú, listilla? ¿acaso crees que es un puto perro comemierdas, uno de esos que van oliendo los orines de los otros por las esquinas? Y sí se limpian el culo con la lengua es porque no les queda más remedio y porque con toda seguridad será la mejor forma de hacerlo. En fin, que les daba palo haberme cobrado 44 euros por quitarle cuatro pelos y decidieron recrearse por su cuenta. Por lo visto esta no es gata para raparla tal y como hice el año pasado en mi veterinaria habitual y bueno...que no se puede quedar para nada cuando uno está haciendo otra cosa.

Mi hermano no llegaba y yo ya llevaba una hora y media sufriendo por mi gata. A eso de las dos apareció y allí lo dejé con la palabra en la boca. "Enseguida vuelvo. Ponle tú la caña a Jesús"

Entré en el coche y lo menos estaba a 60 grados. Le di al contacto y llegué a casa poco menos que conduciendo el volante telepáticamente. Dos o tres me pitaron en sus respectivas preferencias de paso ante mi más absoluta indiferencia. Ni el dedo les saqué. Con el corazón en un puño aparqué el coche y subí en el ascensor sin dejar de mirar la frase "actos vandálicos" de una nota informativa que ahí lleva pegada algunos días.

- ¿Pancracia? -abrí la puerta sin oír su habitual maullido de bienvenida. No estaba esperándome como siempre. "Me cago en la puta..." Pero enseguida salió de la cocina, gruñéndome como todos los días de estos casi dos años de vida en común.
- ¡Ayayayay...me cago en la puta, Segismunda, qué alegría me das! -y la cogí en brazos y le acaricié la barriguilla, cosa que no rechazó con sus afiladas garras por estar desprovista de ellas gracias a esas malas perras.

Había bebido agua. La comida parecía casi intacta pero no le di importancia, ya lo haría. Lo importante es beber, hidratarse. La regla del 3, como le dije esta mañana a uno que quedó estupefacto ante mi sabiduría adquirida: "3 minutos sin respirar, 3 días sin beber, 3 semanas sin comer" Qué fácil es hacerse pasar por otro cuando no hay moros en la costa.

No hubiera podido perdonarme su muerte. Sí, no habría sido culpa directa mía pero casi, y tras la eterna duda que albergo sobre si no fui yo quien inconscientemente envenenó al gato que ella me regalara, esto hubiese sido casi una espoleta hacia la autodestrucción, o al menos una clara invitación a no ser nunca más responsable de nada ni de nadie. Y todo por una puta equivocación, por otra de mis jodidas ventoleras.

No fue fallo mío, no. Ellas me dijeron el día y la hora pero nada de que fuera sin comer ni beber desde la noche anterior. Es una subcontrata o subpollas que tengan a la que te redirigen cuando llamas para pedir cita en la peluquería. Tú las llamas y ellas te dicen el día y la hora, nada más. Y allí me presenté tal cual, como cualquier otro día en la vida de Paca. Y cuando ya iban a llevársela para adentro les dije:

- Oye, no le he quitado ni el pienso ni el agua por la noche
- ¿No se lo has quitado?
- No. Nada me dijeron -quien sabe, quizá en un año habían descubierto el sistema para hacerlo. Siempre están diciendo que descubren cosas y luego todo sigue igual o peor y si dices algo te responden que es que antes los controles eran más laxos y ahora todo se sabe antes y tal-
- Ahhh...

Y hablaron entre ellas, y pasaron adentro y al salir dijeron que me la llevara a casa porque no podía hacerse.

- Te vienes el viernes que viene, ¿vale?
- Vale
- Ya te llamamos para confirmar la hora. Y eso sí, le quitas el agua y la comida la noche anterior.

Aquello fue un jueves y dejé pasar el viernes. Del fin de semana no hay ni que hablar y el lunes era mi día de descanso y no ese día no tengo ganas de ninguna historia; así que el martes, en el intervalo de los primeros y los segundos desayunos de la bar, en un momento en el que andaba más o menos tranquilo, llamé para confirmar la hora, no sé por qué, porque yo soy de esa clase de gente que confía en la palabra de gente, a dos desperraos tengo a cuenta casi personal en el bar y ahí estamos, soy un buen tipo, pero coño, ya tengo 45 años y mi cornada tiene más trayectorias que la de Paquirri en un vídeo de rap, y en fin que a nadie le gusta sentirse demasiado idiota estando sobrio y yo qué sé, coño...

- ¿Hola? Sí, llamo para confirmar la hora de peluquería de mi gata para el viernes, sí...¿Su nombre? Sí, María Magdalena...Sí, sí, es un nombre curioso, sí...Espero...¿Como? ¿que no sabéis nada? Pero vamos a ver...Me dijistéis que este viernes, ESTE VIERNES, me la íbais a pelar...Nonono...espera, espera, espera... Eso fue lo que me dijistéis...No, el fallo fue vuestro por no haberme advertido del ayuno y tal, yo no tengo la obligación de recordar nada, podríais haber descubierto cualquier cosa para hacerlo sin eso, no...Yo no soy el especialista ni tengo una memoria de elefante ni recuerdo lo que bebí ayer...NONONO, nada de eso. La culpa es vuestra, déjate de hostias. ¿Qué? ¿que no te hable así? ¿y mi puta gata qué? Viene una ola de calor de tres pares de cojones y la pobre va a pasar las de Caín por vuestra culpa...¿qué? no...¿y entonces para cuando? ¡y una poca polla! ¿Sabes lo que te digo? que a la mierda. Hemos terminao. Y sabes que soy un buen cliente: allí la capé, que me cobrasteis casi trescientos euros, y le puse todas las malditas vacunas que dijistéis cuando era una cría..."Que si esto, que si lo otro, que si lo del más allá..." Yo no sé las que le pusistéis pero sí que eran a veinticinco pavos la tirada, me cago en Dios...¿Como? ¡A la mierda, coño!

Y me la llevé a la única veterinaria-peluquería Paco de mierda que vi en Internet.

Ya me mosqueó el tono poco profesional de la "telefonista" pero en fin...Justo el día del primer error en la veterinaria de confianza los llamé para pedir cita aún reservándome aquella carta del viernes siguiente en la mía de siempre. Tengo 45 años, ¿no?

- Sí, vente el martes que viene.

Y el lunes, ya más confiado, los llamé para decirle que mira, que me había surgido un imprevisto, que poco más o  menos yo era un pobre desgraciao que se comía los mocos y que me había llegado un pago imprevisto y tal, la ITV, el IBI, el ETS o algo así y que todo, todo, era imposible y que muchas gracias por las molestias que esperaba no les hubiese causado mayor perturbación que la mía.

La verdad es que me sorprendió un tanto la aparente ausencia de mala leche en la telefonista, soy terrible mintiendo, y bueno...Joder, pues está bien, ¿no? Buen rollo siempre. Una vez, cuando era joven, una tía me regaló un libro que se llamaba "Una queja es un regalo" Jamás lo leí.

Otra vez en fin...Que las llamé, me reconocieron y sin hacer preguntas me dieron cita para este sábado.

Pobrecica mía. Pobre gata mía. Sweet cat o´mine.

Esto ya va para largo y creo que ya dije que mi Sebastiana ya está bien. Con cuatro pelos menos pero bien. Por hacerle le hicieron hasta las "ingles brasileñas" como riéndose me dijo la puta nazi que me la entregó. 44 euros por un pelao inexistente dan para mucho, Mengela. Y además que es doncella y siempre lo será, no como tú, cacho puta.

Ya más tranquilo acabé el turno en el bar. Eran las cinco y cuarto de la tarde y no lo pensé mucho, no soy tan cabrón. Mi última abuela lleva una semana muriéndose y entre eso y salir a andar nuestras ridículas montañas para vosotros (auténticos himalayas para nosotros) decidí que no había nada distinto a hacer que lo de ayer.

Yo ya iba notando una cierta, muy manchega e insinuante sensación de que todo mi mundo pensaba que estaba comportándome como una mierda ante el hecho. Bien es cierto que uno de mis hermanos ha sido padre esta misma semana y todo se ha trastabillado un poco en el bar, teniendo una buena excusa para ello. Pero soy el mayor y el mayor tal y cual, y tú acuérdate, y tú tienes mucho que agradecer, y tú no te olvides de quien te sacaba las castañas del infierno cuando la del gato te dejó y yo qué sé...Nadie te dice nada pero tú sabes que te lo están diciendo.

Hoy no estaba mi tío el rockero. Decir mi tío el rockero ahora, en estos días, puede llevar a error. Ahora el rock no pinta una mierda pero en los ochenta lo era todo. Ahora él tiene más de sesenta y yo casi 46 y todo está casi escrito.

Echamos un buen rato. La yaya al final se durmió y pudimos hablar de nuestras cosas, del rock, de sus adorables hijas....Es igual que hace treinta años. Yo no, pero él sí, o eso me parece. Claro que con una historia tan prematuramente trágica como la suya no veo ni quiero imaginarme, ni mucho menos ponerme a contar, las circunstancias que le llevaron a quedarse congelado en el tiempo. Sigue siendo fácil estar con él aunque hayan pasado treinta años de todo aquello y de lo que todavía vino después.

La mujer de su hijo muerto hace tres años estaba sentada junto a la cama de mi yaya. Nunca quiso que la llamáramos abuela. La abuela era la otra, la de mi padre. Ella era demasiado joven como para aceptar lo de abuela, más aún cuando se quedó viuda antes de cumplir sus cincuenta años y yo de estrenar los nueve.

Ella iba a su marcha, cogió su marcha. Es decir...nada de puterío, eran principios de los ochenta y España entonces era de otra manera...Ella se metió en la religión, inexistente hasta ese momento. Se hizo acólita de una secta de esas aprobadas por la ICAR (creo que Comunión y Liberación) y allí montó la ola, viajes incluidos. Recuerdo el de JPII y aquel Totus Tuus, no sé qué año era pero sería por entonces. Vino con tela de mierdas de todo aquello. Las raras veces en las que íbamos a su casa era un no parar de rollos bíblicos y tal. Claro que al lado vivía su hija con mi tío el rockero y pocos años después ya imagináis donde acabó vuestro colega Kufisto.

Se convirtió en una exaltada. Hasta sus hijas, y por mil antiguas razones más (al menos en el caso de mi madre), pasaron de ella y sus paranoias. Aquí todo el mundo creía en Dios mientras no tocara los cojones. ¿Quien no cree cuando es padre, o madre? Hace poco, antes de ayer, escuche a un negro decir que antes de ser padre no temía a nada y después de serlo estaba aterrado.

Nos criamos con la otra abuela, con el otro abuelo, con el único que nos quedaba. Sólo íbamos a casa de la yaya. a su barrio, en circunstancias muy especiales y casi recuerdo que obligadas, como para limpiar conciencias ajenas. Pero eran cosas muy puntuales, aunque jamás olvidaré oír en la radio el gol de Zamora en El Molinón. Aquella tarde llegué a casa pidiéndoles por favor a mis padres que me dejaran ver el resumen de Estudio Estadio. Accedieron, pero me dormí antes de verlo y estuve unos cuantos días muy cabreado conmigo mismo y con quienes no me despertaron.

- ¿Me vais a despertar si me duermo?
- Que síii...Tranquilízate, Kufisto
- Si me duermo me despertáis. Jurádmelo.
- Sí
- Hemos ganao la Liga...
- Sí, la habéis ganado
- Sí, por Arconada...Yo soy como Arconada

Yo era como Arconada.


La yaya estaba atada a la cama como ayer, como todos los días desde que está allí, en el hospital, en ese sitio donde he visto morir a todos mis seres queridos. Ninguno, ninguno, ha muerto en su puta cama. Todos allí, en el hospital. Al menos ella está sola en la habitación. Quizá tenga compañía si aguanta hasta mañana. Todo el mundo sabe que se muere y parece estar dándole un margen de tiempo para hacerlo.


- Levántame -decía sin reconocer a nadie
- ¿Qué?
- Que me levantes -susurraba
- No puedo
- Quítame esto
-¿El qué?
- Quítamelas -se refería a las ataduras con las que las atan a la cama para que no se quitan las vías- Levántame.
- No puedo hacer eso, yaya
- Quítamelas. Levántame.


La mujer del hermano de mi madre miraba la escena como si la hubiese oído ochenta veces.


- No puedo hacer eso, yaya. Eso sólo puede hacerlo la doctora.
- Levántame
- No puedo

Tenía su mano izquierda agarrada desde que llegué. Estaba un poco más caliente que el día anterior. Le toqué las piernas y era lo mismo. Había más calor en su cuerpo, en su sangre, en lo poco que le que de vida.

- Levántame -decía una y otra vez- Levántame...
- ¿Para qué?
- Levántame
- No puedes, yaya
- Levántame

Poco a poco accionamos el sistema hidráulico de la cama hasta dejarla casi sentada.

- Levántame
- Ya no hay más, yaya. Y tanto seguro que no le hace bien a tu espalda.

Y la bajamos un poco después.

- Levántame...levántame...levántame...
- Yaya, no puedes levantarte...Vas a hacerte daño
- Levántame, levántame...Ampárame
- Te amparamos, yaya, te amparamos...
- Levántame, por favor, levántame...


Llevaba una hora allí. Ayer fue hora pico. No he pasado tanto tiempo ni con mi padre cuando estaba muriéndose. Soy incapaz de pasar más de cinco minutos en un hospital.


- Creo que voy a irme -dije después de una hora tras ver que no había manera de que se tranquilizara. Hasta puse Tele5 por ver si dejaba de hacer por levantarse.


- Levántame -dijo por setecientas vez mientras yo seguía cogiendo su manita- Levántame, por favor, levántame...
- No puedo, yaya, no puedo...Me voy


- Tú eres una buena persona -dijo mirándome
- ¿Yo?
- Sí, eres una buena persona


Y me quedé media hora más cogiéndole la mano y haciéndole caricias.


- Me voy, yaya.
- Eres una buena persona


Y lo dijo como si en ese momento me reconociera. Y en ese instante fue como volver a mi padre en la última tarde que lo vi.


Andaba escribiendo esto cuando mi madre me llamó. Estaba a punto de irse para pasar otra noche allí y en fin, todo se sabe. Después de cinco días de aparente dejadez, su primogénito hacía por cuidar de la madre de ella como jamás lo había hecho con su marido, mi héroe total. Yo, Kufisto, quien de sus cinco hijos se pone más enfermo a la hora de visitar un hospital, ahí estaba, con la yaya, con la abuela que salvo en contadas ocasiones lo fue para mi y menos pera ella.


- ¿Sabes, Kufisto? -me dijo una de las veces que íbamos a visitarla a la privada residencia dond ha pasado estos últimos tres años- Jamás en la vida he querido tanto a mi madre como ahora. Jamás. Con todo lo que me hizo sufrir...pero la ves ahora, tan débil, tan vieja...No sé, yo no sé hablar como tú, pero es ahora cuando más la quiero
- Ya, mama, ya...
- La quiero mucho...
- Ya...
- Con todo el daño que me hizo...


- ¿Sabes, mama? -le he respondido- Al irme la he visto igual que cuando papa se murió aquella noche, como rehaciéndose, como dejando un margen de un par de días más, al menos. Recuerdo que él, drogado de morfina como estaba,  tras darle un beso me dijo: "¡Ahí va ese tío!" ¡Y lo dijo sonriendo con aquella sonrisa que tenía, reconociéndome, joder!
- Venga, Kufisto...
- Es verdad, joder...


- Te quiero, hermoso. No esperaba menos de ti.
- Venga, vale...Tengo que terminar de escribir esto.
- ¿El qué?
- Venga. Un beso, mama. Que pases buena noche.



Agustina ya está bien. En cierto sentido es bastante mejor que el gato de ella. El muy hijo de puta no me dejaba escribir, siempre andaba por la mesa y tenía que sacarlo del salón para seguir escribiendo. Esta, Petronila, no, esta va a su aire y cuando ve que me lío se va a sus cosas. Y están perfectas, que lo he visto.



Dentro de un mes tendrá las uñas en todo su esplendor. Podrá volver a arañar lo poco que Suerte dejó sin hacer en los sofás y escalar hasta el techo en las putas cortinas del ventanal que da a la calle. Es un espectáculo cuando atinas a ver como lo hace. Qué fuerza. Qué agilidad.


Y luego, cuando se ve arriba del todo y que tú la estas mirando, hace como que llora por no saber como bajar.


Y al final, viendo que tú estás ahí aunque no quieras echarle una mano, baja a trompicones y sacude la cabeza tras el último agarre que la deja en el suelo.




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