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martes, 30 de abril de 2013

PONLE UNA BAYETA




La noche que les vi por primera vez pensé que eran un par de borrachos desharrapados, "¡cómo no!, la coda perfecta para tal día..." me dije, que siempre hay sitio para lo malo cuando mal te va, parece como si nos oliéramos, así que ya iba a decirles que se marcharan en vista de que estábamos cerrando (y así era la verdad) cuando oí a mi tío llamarlos, "¿sois vosotros los de la desinfección?" Ellos eran.

Bueno, no es que esperara a Mr. Limpio (Mr. Propper, por entonces) pero una cosa es una cosa y...en fin, dejémoslo.

Eran como el dúo Sacapuntas, el uno apenas pasaba del metro y medio y el otro casi llegaba a los dos, aquel era el que hablaba y este el que callaba. Me recordó a Joselito, al pequeño ruiseñor, pero se ceñía más, mucho más, al del mercedes blanco que cantara Kiko Veneno, al jodío, vamos, al que estaba más acabao que la Falange, creo que acabó en la trena por algo de drojas, no sé si estará muerto, una vez vi una película suya, El pequeño coronel, puta vida...

Mi tío les invitó a tomar algo mientras yo terminaba de recoger y apañar la vajilla y demás para que estuvieran un tanto protegidas ante la tormenta tóxica que se avecinaba, y aunque Pepe Navarro andaba moneando con el Veneno y demás celebrities de este país, más miraba yo a la extraña pareja, y poco tardé en percatarme que el alto era un tanto más que tonto y el enano un politoxicómano de tres pares de cojones, no había más que verle los ojos brillantitos, aún más desquiciados que los de Marujita Díaz, y su movimiento continuo, era incapaz de quedarse quieto, todo lo contrario que el otro manolón, que parecía una estatua moderna de lo feo que era, como ese de "Trece asesinatos y medio", aquella peli yanqui ochentera de serie Z que era un descojone total, ese desgarbado nota que le birla las llaves al mamón del director haciéndole momios, que eso era de infarto, para morirte de la risa, claro que aún éramos menores de edad y fumábamos canutos como si fueran donettes...por cierto, el medio era una mosca:

- "¡¡¡PERO COMO VOY A SER YO EL ASESINO SI SOY INCAPAZ DE MATAR A UNA MOSCA!!!" le aullaba un inocente al estúpido comisario encargado de la investigación.

Y acto seguido se posaba una en la mesa y la reventaba de un manotazo.

- "Llevénselo"

JAJAJA...

Todavía me río al recordarlo...

- "Ya he terminao" les dije.

Echaron el último trago de sus copas y yo el primero de la mía, me serví otra y nos salimos para afuera, "no olvidéis nada, que después no podréis pasar" avisó el gremlin listo. Mi tío y yo nos sentamos en un banco a la fresca de julio, es decir, a sudar como un cerdo en lugar que un pollo, y nos dispusimos a contemplar el espectáculo, que bien mirado cualquier cosa lo es cuando se hace desde fuera.

¡Y ay cuando les vimos ponerse aquellas máscaras anti-gas de tienda de chinos, si por entonces las hubiera!

- "¡Jodeeerrrr!" dije
- "Madre de Dios" respondió mi tío

Eso era pá verlo.

Dejaron el bar como nube de Cthulhu.

Y quédese aquí que será lo mejor...

Me he acordado de estos porque hoy hemos tenido avería en la cafetera, y otra cosa no, pero un bar sin café es como el marido de la Hormigos, por lo que enseguida hemos llamado al técnico, que hoy es víspera de fiesta, pero en lugar de él han venido dos chicos jóvenes, apenas tendrían veinte años, muy nuevos, y estando yo con el arroz miraba como lo hacía mi padre con ellos, y si no hubiera sido porque era algo serio me hubiera reído, que si mi viejo no es ningún sieso con la juventud tampoco se fía de ella, es ley de edad, y más cuando no se trata de una tontería...

Resumiendo, que los chicos no han podido curarla en el sitio y se la han tenido que llevar, "pero esta tarde a primera hora aquí, ¿vale?" le ha dicho al más espabilao poniéndole la mano en el hombro, de buen rollo, padreando...

Y así ha sido, que todavía estaba recogiendo el aperitivo cuando han reaparecido.

Ya estaba solo, los he dejado a su marcha, marcha que parecía la de los 50 kilómetros, pero hoy tengo un buen día, estoy de buen humor por alguna desconocida razón, a veces pasa

- "Cortao, Kufisto"
- "Estamos de avería"

Tampoco han sido muchos, no son tiempos para esa palabra si no es para llevarla del brazo de hijosputas, ladrones, vividores y similares.

Finalmente la han puesto en marcha.

- "Es cosa del cuadro...del temporizador que está quemao -me ha dicho tímidamente-...la cafetera está bien, la hemos conectao a la corriente...tiene que llamar a un electricista, pero le vale para salir del paso..."
- "Ah, vale...muy bien" y me he puesto a colocar las tazas.

Y cuando llevaba dos me he fijado en el vaporizador, que parece como si padeciera de la próstata, y ya iba para un año. O más.

- "¿Y estooo...?"
- "¡Andá!"

Y después de una hora han conseguido arreglármelo, no sin que a la media les dijera que daba igual, que no se molestaran más, a lo que no he recibido respuesta.

Casi dos metiéndole mano, mas el tiempo que se lo hayan quitado a su comida, si es que han comido.

- "¿Queréis algo? ¿un café, una cerveza...?"
- "No, gracias, tenemos que irnos a otro sitio..."
- "Adiós, majos"
- "Adiós"

Pues bien...el jefe, su jefe, de tres veces que ha venido para tocar otras teclas más sonoras no tuvo los santos cojones de solucionar ese problemilla, "esto tal, esto pascual, esto...", y así se quedaba, echando la goteja, una bayeta abajo y asunto arreglao, que esto es España y tal...

Claro que él es un cincuentón, hip-hopero sin saberlo, que más se dedica a golfear que a lo supuestamente suyo, y el vicio, tanto como el dinero, necesita de tu tiempo, y él no está para perderlo arreglando gilipolleces solucionables con una bayeta, fregona si se desborda, y ni te cuento ahora que la esclavitud está de moda, "¿da café? pues a otra cosa", y a lucir collares, esclavas, anillos y pulseras de oro del que caga el moro entre putas estúpidas e imbéciles que se creen gallos cuando apenas pasan de capones gracias al Cialis, que la Viagra ya ni como placebo.

Pero son estos buenos tiempos para el hijoputerío, para abusar de la poca juventud que no quiere ser como la mayoría, para que por cuatro cuartos te saquen las castañas del fuego un par de mierdas que todavía tienen el suficiente amor propio como para intentarlo. Idiotas...

Siempre nos quedarán las bayetas cuando se vayan a Alemania.


lunes, 29 de abril de 2013

DÍA DE GACHAS




No sé porqué extraña e infantil razón pensaba cuando lo fui que las gachas eran almejas, cosa que se mantuvo en mi imaginación durante bastante tiempo, creo que hasta los doce o trece años que las probé por vez primera en casa de mis abuelos. Claro está que hubiera podido preguntar a mis mayores sobre su naturaleza, pero fui un chico que hacía pocas preguntas, tal vez de ver a mi hermano con ellas constantemente en su boca; y aún hoy sigo siendo prácticamente el mismo: no hago más que las estrictamente imprescindibles.

La verdad es que, bien mirada, nuestra familia tenía poco de manchega, aunque sólo fuera exteriormente, que las procesiones siempre irán por dentro y esto es lo que acaba contando si no aspiran otros aires, como es mi caso.

Quiero decir que en casa de mis padres jamás se cocinaron ni aquellas, ni los famosos duelos y quebrantos, ni las conocidas migas, ni ninguna otra cosa parecida y perteneciente a la culinaria local, será cosa de la juventud con la que mi madre empezó a serlo al tiempo que mujer, veintidos años, que si entonces no lo era tanto ahora pasaría por niña, o casi, a pesar de que con esa edad la mayoría de las de hoy son bachilleras, y aún licenciadas, en el arte de amar, aunque tengo para mi que no es tanto amor como cualquier otra cosa, pues sí innumerable son las palabras nuevas no menor es el número de aquellas que han sufrido vuelco, pero en fin, uno es como le criaron y no de ninguna otra manera.

Aparte lo de arriba tampoco concertábamos con el resto en algunas otras cosas de cierta importancia como para considerarte perteneciente a, antes que habitante de; como por ejemplo nuestra escasa presencia en misas, y sus celebraciones y duelos, no por no formar parte de su rebaño, sino más bien a causa del trabajo: el nuestro siempre fue más intenso cuando los demás celebraban algo. Era una especie de bula reservada a los hosteleros en el tiempo donde la Iglesia todavía regía las costumbres de los pueblos, cosa que ya ni aquí es.

Por el mismo motivo, tampoco fuimos cofrades del folklore local, de sus fiestas y danzas, aunque alguna foto  nos hicieron vestidos de mancheguitos, tan monos, claro que entonces seguíamos siendo poco más que muñecos. Recuerdo que durante esos días en los que las viejas ayudaban a sus hijas para vestir como Dios mandaba a sus nietos, nosotros atendíamos a muchos mientras bailaban o miraban con arrobo como lo hacían; y he de confesar que poco agrado guardo de aquello, pues pocas cosas peores para un camarero que cuando el bar se llena de no habituales y, por tanto, de tocapelotas. Y si hablamos de la música que se las removía, aunque sólo fuera meneando la canilla...No, tampoco. Nunca.

Manchego soy y así lo he querido más tiempo del que no, pero tanto pasaría por ello como si fuera canario, cosa que estuvo a punto de suceder, poco le faltó a mi madre para darme a luz y sombra durante un viaje que hicieron a aquellas felices islas, tan lejanas de España que viendo y oyendo a los suyos más parecen sudamericanos. Pero en la península viven vascos y andaluces y ya me dirás tú en qué se parecen los unos a los otros que no sea la pura fachada, y casi ni eso. España es un puzzle sin solución, y se acaban las ganas por encontrársela.

Pero volviendo al comienzo, que todo es círculo, digo que me gustaron a pesar de mis iniciales reticencias, esperaba encontrarme una concha en cualquier momento, y viéndome mi abuelo me enseñó a comerlas y, aunque ricas, no le llegaban al fondo de la olla de barro donde asaban el cordero con sus patatas, el mejor plato que he comido en mi vida y que, ¡ay!, ya no volveré a comer. Y es que las propiedades buenas o malas de todas las cosas lo son por comparación de la memoria: dale un Big Mac a uno acostumbrado a la mierda y pensará que es el maná. Y de allí no saldrá si no busca otra cosa. Siempre será más fácil igualar por abajo para conformar a los que ni tienen ni quieren alas. Ni sueñan con ellas.

Y fue que anoche me llamó mi madre para avisarme que hoy comían gachas de uno de mis hermanos en la casa familiar, día de descanso, pero como ando un tanto agarrado de pecho le dije que no, que atiborrarme de pan frito con pan cocido, mas grasa de gorrino por la vena, no era lo mejor para mi amado estómago, que si un poco más abajo de los pulmones no lo es tanto como para no sentirlos, que todo es uno y uno es todo, y tanto se puede uno dividir como este mundo ser justo, y hundida la uña del pie, tocado el resto, que ser sano por completo y mucho tiempo es quimera más grande que la deseada del Barcelona para dentro de dos días.

Salía de Correos hace un rato tras pagar un tributo más a los señores que nos mean aleccionándonos que es la penúltima lluvia del buen sol que está por llegar, cuando esquivando paraguas que ensombrecían caras no tan tristes como feas he pasado ante la única puerta que miro si veo que tengo que pasar junto a ella, no es la más hermosa pero fue la mía, la nuestra, durante mucho tiempo, y no es más que algo lo sea durante tanto como para nunca olvidarlo, aunque ya no sea ella quien te guarde de lo que te espera fuera; pero si el roce hace el cariño, el abrazo ni te cuento, y si guarda las huellas de discusiones y peleas, también lo hace de los besos y los buenos deseos, que no se trata tanto de borrar sin dejar rastro como de calibrar el qué hubo de bueno y qué de malo, y si algo lo sigues mirando sin tener una buena razón para dejar de hacerlo es porque no te hace mal, y siendo así ya está todo dicho.

Mejor gachas con los míos que spaghettis con el gato.

Que en la balanza que por dentro llevamos más pesa el corazón que el estómago.

El mío por lo menos.


domingo, 28 de abril de 2013

EL QUÉ Y EL PORQUÉ




En una secuencia de "Teléfono rojo..." vemos como George C. Scott discrepa del juicio presidencial referido a la absoluta pérdida del mismo por parte del general que ha ordenado atacar Rusia con bombas nucleares.

Scott (un general de primerísimo rango) desenvuelve otro chicle, se lo lleva a la boca y masticándolo responde que él no haría juicios de valor sin tener todos los datos en la mano, a lo que Sellers (el Presidente del Imperio del Bien) contesta que cuantos más necesita cuando toda un ala de bombarderos nucleares se dirige hacia el Imperio del Mal con la determinación de no regresar sin haber arrojado su apocalíptico cargamento.

Nada más verlo en un extremo de la barra he temido que se desencadenara una reacción de imprevisibles consecuencias, no le he visto entrar, estaba rematando el arroz, pero sí que he visto a su ex en una de mis breves salidas para echar un vistazo al panorama, iba con su hija, la he saludado al tiempo que le prometía un poco de lo que estaba cocinando en cuanto estuviera a punto, se ha sonreído y cogiendo de la mano a su cría han ido a sentarse en una mesa de las que había libres en este domingo cuasi-mayero que más parecía pre-navideño, cosas del cambio climático, o de que el tiempo siempre ha estado como el general aquel, como todo, con sus brotes más o menos acusados, y hacer el intento por comprender las razones de lo irracional es tarea tan ardua como inútil, pues me temo que para conseguirlo no hay sino serlo, como ese profesor de "Los crímenes de Oxford" que se mutila con el convencimiento de que sólo así podrá alcanzar la inexplicable genialidad de unos tales que parecen haber desentrañado la solución a un complejísimo problema, como si siendo nada más que cabeza y tronco, desechando el resto, uno pudiera llegar más allá sin tener que estarlo por entero: tienes que convertirte en uno de ellos para saber lo que saben.

Las malas vibraciones han ido en aumento al percatarme de la presencia de un tipo alto y fuerte que con ella estaba hablando, he pensado que quizá fuera su novio o algo parecido, aunque bastara con que fuera un desconocido preguntándole por la estación de tren para que el padre de la niña le reventara la cabeza allí mismo, que si bien algo más pequeño y menos musculado no lo es tanto cuando le viene tal nube a los ojos que transforma en un mequetrefe al mismo Sansón.

Poco después he visto como se le acercaba su hija, y una de las veces que por las cercanías andaba la he oído decir que fueran a sentarse con su mama, a lo que ha respondido que "yo no me hablo con tu madre", cosa que por un instante me ha hecho pensar en la pequeña, y no han pasado cinco cañas y dos vinos cuando la mujer se ha levantado para marcharse mientras iba hablando con el otro tío, y como fuera que por narices tenía que darse con las de su ex (estaba junto a la entrada) he pensado que llegado era el momento del Gran Hostión, de tal como veía la cara de rabia que tenía.

Pero para mi alivio (y el de los demás, si hubieran sospechado lo que malamente ocultaban esas máscaras) he visto como ella se detenía ante la puerta para despedirse del otro tío, que no era sino el amigo de su ex, cosa que yo desconocía hasta ese momento, y una vez idas ellas y quedados ellos se me ha quitado el tapón, pues la experiencia me ha hecho saber que dentro de un bar no es tanto lo que te hagan a ti, como que se lo hagan a los demás: ya te la rompan o no, te dolerá la cabeza durante algún tiempo.

Una vez solos han estado charlando de lo previsible, y entre putas y zorras se ha llegado la hora de desnudar el mediodía para vestir a la tarde, pronto nos hemos quedado los tres maríos, que así lo está también el hasta entonces por mi desconocido, y de esta manera, burladero mediante, yo detrás y ellos delante, hemos estado un buen rato olvidándonos del asunto que tan a mal traer lleva a este que jamás pensó que la otra tuviera el valor para abandonarle.

No es que sea malo, ni bueno, que ninguno lo hay por entero de lo uno o de lo otro, pero aunque ya cumplió los cuarenta es de esos que no pueden controlar sus primeras reacciones, esas que según don Quijote "no son responsabilidad de los hombres", y a causa de esto muchos problemas se ha encontrado, que ni es lo mismo ni es igual la misma acción que acometes con dieciséis que con treinta y dos, no digamos ya si pasaste tu presunto ecuador. Así que avisado, mal que bien, todavía no ha perdido turno en el tablero de la vida, pero todavía no es nunca, y mucho más para algunos, y ni te cuento si hay veces en las que tus primeros movimientos son conducidos por sustancias que no segrega tu cuerpo: entonces se trata de una cuestión de suerte. Y la inmensa mayoría carece de ella, tratándose de la buena.

Me ha contado que lleva unos meses trabajando fuera de España, lo que le ha salido, que estepaís está más para salirse que para entrarse, y lo que tenga por venir, que quienes por junto en el suyo creyeron ya pasa algún tiempo que más lo buscan en cualquiera que les mande en idioma que no sea el que oían cuando sus bocas sólo servían para llorar o chupar los pezones de la madre y en una tierra donde sino hombres libres, al menos no se sientan tontos del culo después de habérselo dejado pelado para en el mejor de los casos empezar acabado como remero de barco negrero, siendo aprobados del examen de marinero, no ya de capitán. Y no, tampoco en Europa atan los perros con longanizas, siquiera aros de cebolla, más aún cuando tú pasas a ser el negro de mierda, que ni nos quieren como nos cuentan ni nunca nos querrán, al menos durante el tiempo necesario para que nos pongan el chip al salir del coño de la madre, en el caso de que tal cosa siga siendo indispensable para el futuro de la especie, cosa que, cada vez más, está por ver.

Sí, puede pareceros un hombre violento a primera vista, y probablemente lo sea, no digo que no, pero ninguno sabemos qué le ha llevado a ser lo que es, qué le pasó cuando no podía defenderse o qué no le dieron cuando más lo necesitaba, que si conocemos la Historia es por los hechos, pero de pocos tenemos la más mínima idea de los verdaderos motivos que forma les dieron.

No es tanta la necesidad de un Dios justiciero como el deseo de que más lo sea explicador, ni la sed de venganza como el hambre de comprensión.

Y me temo que esto es algo tan fuera de nuestros alcances que ni aunque el doctor Hfruhuruhurr conservara nuestros cerebros vivos en un tarro seríamos capaces de saber media mierda.


viernes, 26 de abril de 2013

ASÍ NO VAMOS A NINGÚN SITIO...




Sí, vale, de acuerdo, está claro que nos gusta quien nos mira como queriendo saber nuestro nombre, por ahí se empieza, no es necesario que sea una belleza, tampoco nosotros lo somos ni lo fuimos, aunque recuerdo que una vez me gritaron ¡tío bueno!, claro que iba en la vespino y tenía dieciocho años, y más aún que ella era una gorda descompuesta, pero también he rechazado a unas cuantas, rechacé, más bien, una hubo que tenía peor mirada que Carrie, después se casó con un guardia civil, uno más espeso que unas gachas sobre follás, madre de Dios de la que me libré...

- "Kufisto..."
- "¡Coooño!"

No la he visto entrar, lo cual, en estos días, es milagro, pero andaba haciendo algo en la cocina, creo que mirando las aplicaciones del tomillo, sí...

He salido de la barra y nos hemos dado un par de besos mientras desprecintaba el paquete de LM.

- "¡Cuanto tiempo...!"
- "Sí...estaba sin tabaco y he dejado al chico en el bar de la esquina...comiéndose un bocadillo..."
- "Joder...lástima...menudo arroz tengo ahí..."
- "Ya...¿qué tal?"
- "Bien..."

Cuarentina, universitaria, separada, ojos bonitos, rubieja, delgada, inteligente...

Hay mujeres que miran, hay mujeres que no les hace falta, y hay mujeres que ven; y esta es de estas, y yo, como en la peli, a veces veo.

Bien, lo típico, todo está tan mal que no nos han extrañado nuestras quejas, más suyas que mías, por supuesto, que una de las reglas es escucharlas, ese es el pyramidion, inaccesible por desinterés las más de las veces, que hay cada que tira de espaldas, pero también las hay que conjugan una cierta belleza que va marchitándose con una cabeza sin apenas nubes, y créeme si te digo que es una conjugación correcta, única, casi, pues pocas cosas hay más lamentables que una mujer intentando engañar al tiempo en lugar de acomodarse a lo que va viniendo, aunque claro, eso no se hace de golpe y porrazo que luego pasa lo que pasa: depresión, matamolleras y medicinas. Y un perrito.

- "...es que no tengo nada, Kufisto, está todo parado, no hay ni una obra, nada..."
- "Ya...mi prima se fue a Inglaterra hace tres años. Acabó la carrera de ingeniería de nosequé, una de las jodidas, otro curriculeando (era por el 2008, el principio del rollo) y cuando la llaman es para ofrecerle 900 pavos, puteadísima...en fin, qué te voy a contar a ti..."
- "No me digas nada..."
- "Bueno...pues su novio era de lo mismo y vieron una oferta de trabajo en Inglaterra..."
- "Ya..."
- "Y van tres años y acaba de quedarse embarazada...Mucha gente se ha ido...y se esta yendo"
- "Sí..."
- "Nos quedamos con la morralla y se nos van las ostras"
- "Ya..."
- "¿Y tú?"
- "Tiene trece años...¿donde voy?"

Trece años. En la yema. ¿Y tú?

Me ha dejado unas tarjetas con su número de móvil, "están mirando los edificios de más de cincuenta años y eso..."

- "Adiós, Kufisto..."
- "Adiós, preciosa"

Se fue con su hijo y yo me quedé en el nuestro.

Miré un torneo de ajedrez en París, en el Louvre (Memorial Alekhine), que por cierto ya les vale, aparcarlos en una sala sin rastro de ese nombre...La segunda parte se juega en San Petersburgo. Seguro que lo enseñan mejor...¿ahí está el Hermitage, no?

En fin...que tampoco están agarrándose por las pelotas...

Y como me aburría tiré por ahí, a la Burbuja, que siempre hay algo bueno en Guardería, o temas calientes y tal...

Y el de hoy era lo del asalto al Congreso.

Ahí estaban, no más de cien, en Madrí, en su centro, recuerdo mirar todo aquello cuando era pequeño, con mi hermano, con nuestra tía hippy, era tan enorme, tan grande, tan gris...Aquellas inmensas puertas de los grandes edificios de la Gran Vía...recuerdo que cuando pasábamos junto a ellas las tocaba con las yemas de los dedos. Y manoteaba la fachada. Eran de verdad.

Apenas había gente, un par de banderas republicanas y otra morada con el escudo de Castilla, creo, no estoy muy puesto en el tema, aunque era una de mis aficiones favoritas cuando mi edad sólo tenía un dígito, ver las banderas de todos los países, tan coloridas, algunas eran especialmente bonitas, la de Brasil, sí, lo recuerdo bien...

Dos viejas estaban junto a la valla de separación, una de ellas parecía cualquier abuelilla, no decía nada, sólo estaba allí, mirando todo aquello, pero la otra...la otra no hacía más que agarrarse a los hierros y gritar, y a fe que debía hacerlo bien fuerte, saltaba los cien kilos, llevaba unas gafas coloridas y una mochila a la espalda, cosa que me llamó la atención. De vez en cuando hacía descansar a sus lianas vocales y se volvía hacia el resto, como si buscara la aprobación, como una niña, como una niña de sesentaitantos años. Pero pronto regresaba a su lucha, movida tal vez por algunas palabras de ánimo, además que delante estaban las cámaras, y ya se sabe que estas sólo miran donde hay ruido, cuanto más mejor, ven con las orejas, y así tenemos la televisión que tenemos.

Pronto dejé de ver a la abuelilla, supongo que pillaría cualquier taxi de los que por allí pasaban, o el autobús, tan grande...

Los vehículos circulaban a centenares y ninguno paraba, todos seguían sus caminos, nadie se bajaba de ellos para unirse, quienes lo hacían llegaban andando, tranquilamente, nada de carreras, nada que alterara la normalidad de un día cualquiera.

Llegó más gente pero seguían siendo muy pocos, de todas las edades, eso sí, pero los menos eran los maduros, los que todavía peinan menos canas; mucho chico joven, algunos con las capuchas puestas, riendo la mayoría, aplaudiendo a la vieja gritona, algunos se solidarizaban con ella pegándose al provisional muro de las lamentaciones, pero Yahvé no está donde hay alboroto, me temo que a Dios sólo le gusta la música bien concertada, tal vez por eso todavía seguimos por aquí, porque aún tiene la esperanza de que alguno componga algo bueno de vez en cuando, como Mozart y los demás. Quizá si en lugar de vocear hubieran llevado un buen equipo de sonido con, digamos, cualquier concierto para clarinete y orquesta hubieran conseguido algo más, seguro que no mucho, pero al menos se habrían olvidado de porqué estaban allí, que no hay cosa mejor que olvidarse de uno mismo.  

Vi más gente y todos me parecieron actores de su miseria, era bastante triste, ahí no había nada auténtico, sólo tipos que hacían enfadarse de más y luego sonreían, o reían...Era como si estuvieran jugando al póker con garbanzos.

Hasta que llegó uno, un tío pelao, treintañero, fuerte, sin capucha ni pañuelo, sin mochila, en camiseta, se acercó y empezó a gritar, supongo que cagándose en todo lo cagable, tenía aspecto de currante, parecía un currante, estoy seguro que era un currante...Y cuando terminó se fue entre los aplausos de un público un tanto desconcertado, sin mirar atrás, sin sonreír ni reír.

No está el horno para bollos ni bolleras.

Y apañaos vamos mientras sean ellos los que tengan que salvarnos de los orcos.






miércoles, 24 de abril de 2013

EL VIEJO MARCELUS




EL SECRETO

Ejemplos prácticos y testimonios reales de personas que han visto cambiar sus vidas tras conocer "El Secreto"

Era un DVD, el libro estaba a su izquierda, Más de 800.000 ejemplares vendidos en España, siempre tengo que leer algo mientras cago, no tardo mucho, vivir solo es bueno para tu colon.

Y no sé porqué he recordado al viejo Marcelus Toe-Guor.

Acababa de llegar a casa sin tener muy claro qué hacer, aunque sí qué no, había pensado fumarme un puro mientras intentaba ver al Madrí a través de la Red, pero la verdad es que no me atraía demasiado la idea, menos aún al ver el chorro de luz que entraba por el ventanal, directo al sofá, ideal para continuar la lectura del Quijote, lo compré el lunes en la Feria del Libro, patética, empecé a leerlo después de comer un buen arroz en casa de mis padres, cada vez me salen mejor, aunque su poso no vaya más allá de unas cuantas horas, sin embargo el Quijote, ese libro...no sé, desde que lo leí por primera vez pienso que no puede haber nada mejor. Van más de veinte años y sigo pensando lo mismo. Creo que es lo único.

Por cierto, y antes de empezar el melón, el famoso (en el mundillo) pintor amigo mío de quien algo os hablé en aquella entrada fallida ha estado esta tarde en el bar, como todas, pero esta vez no venía sólo sino con un vejete mucho menos habitual, lo he visto más suelto, al pintor, digo, como haciéndose un tanto el mundano, no sé si me explico, pero no demasiado, aunque eso sí, mucho más hablador. Estaba sonando una carpeta de los setenta, creo que los Kinks, sí...:

- "Esto es del 61, 62...63"

A mi se me ha hecho un poco corto aún sabiendo que no entraban en los setenta, pero no he dicho nada para contravenirle; después ha sonado Dylan, el Like a rolling stone...

- "ESTE ES DIOS"

Sí, es bueno, bastante, pero tampoco es para eso, a no ser que tengas que decirlo en un bar por mil razones que no vienen al caso.

Pero sí viene aquí, y vino allí, porque me dijo a continuación que esta mañana había estado trabajando con Bach:

- "Misa en si menor..." he dicho
- "Y las variaciones Goldberg, y..."
- "Joder qué buenas son..."
- "Escuchas cosas así y te preguntas qué estás haciendo tú..."

Pues sí.

Ganas me han dado de decirle que lo mismo pienso yo cuando leo el Quijote, y aquí sí que viene como de molde, pero todavía no sabe que escribo, así que he asentido y no hubo nada.

Anoche escribí que lo bueno de estos malos tiempos, tan sobrado de aquellos, es que a poco que uno lo haga medio bien parece mejor de lo que es, al menos para los que no están tontos perdidos, que son demasiados...(escribo esto al mismo tiempo que el vecino de abajo ha puesto el televisor a toda hostia para ver al Madrí. Es del Barcelona y más allá)

Pero a lo que iba, que camino va el prólogo de ser más extenso que el logo.

Sí...puede que también lo descubriera mientras cagaba, sí, todavía más en aquellos años en los que el water era tierra conquistada, y ni os cuento en una familia numerosa con un sólo cuarto de baño.

Mi madre es una santa, hasta dudo que la Virgen lo fuera si madre no, pero...le gusta el corazón, quiero decir...pues eso, que estando ella por medio, Vasile parece menos malo.

En aquellos años (finales de los ochenta) nunca faltaba un ¡Hola! o un Semana junto a la taza del water, de vez en cuando se colaba un Fotogramas, o un Jueves, o un Interviúuuuu...pero nunca faltaba algún ejemplar de semejantes vidas, por entonces aún tenían un pase: reinas, princesas, estrellas del cine...Algunas me hice con aquel material, claro que en esos días bastaba con cerrar los ojos, que las toallas usadas con aroma a padre como que no...Recuerdo el especial del ¡Hola! cuando murió Ava...Ante eso, ni Clima que lo parió.

Pues tal, que algún Pronto se colaría, que eso es lo peor de las vísceras, que te embrutece el paladar, y me resulta difícil de creer que Marcelus apareciera en el hola de los cojones...no pudo ser.

Era un tipo con el pelo alborotado, cuarentón, semblante de macho a pesar de sus innumerables collares, claro que M.A todavía andaba repartiendo hostias entre nosotros, y bien que lo celebrábamos, no como la maricona de...cualquier otro.

Tenía una página entera de publicidad para él sólo, llena de testimonios y todo eso, aparte de su intro informadora de sus poderes, salud, dinero y amor, y más de eso, que nada de lo importante cambia ni esto, sin ir más lejos el domingo pasado me encontré el pasquín de un negro tirado por ahí, un sanador, creo, curaba hasta el cáncer, no digamos la impotencia, sólo tenías que llamar a un móvil, dos, ahora que lo pienso mejor, la próxima vez que lo vea tendrá más líneas que el cortinglés...Y todo por teléfono.

Pero no existían cuando Marcelus. Bueno, ná más que los fijos, pero eso estaba muu controlao, y de todos es sabido que el capitalismo necesita descontrol, que si tuviéramos las cabezas sobre los hombros en lugar de en la entrepierna nadie creería que iban a darte diez por llevarles cien, pero en fin, eso es otra historia, y no la mía, y como siga así no acabo nunca, y esto es la Red, y siempre hay que hacer algo, no sé, lo que sea, antes de que el coreano loco tire la bomba, o dos chechenos feos se inmolen en el burgerkin, o...(acaba de marcar el Borussia. El vecino ha gritado ¡¡¡GOL!!!) Ay, Hispañistán...

Al tema: que escribí pidiendo por amor, claro. Yo tenía quince años y estaba enamorado. Pero la otra no.

Jajaja...

Recibí respuesta, y muy interesada en mi caso, no por nada en el formulario tenías que poner tu edad, "¡quince años!...a este imbécil le saco las entrañas...jajaja"

Lo malo venía al final, el dinero, así como de pasada pero dejándolo claro, que no hace falta ser testigo de Jehová para eso, la guita es la guita, la sal de nuestro tiempo, Jesús, ignoran, ¿o creías que con cuatro latigazos ibas a solucionarlo? ¡Ay, señor! que diría Pajares. O Landa.

Pasé del tema, era tonto pero no tanto, y dinero menos, y nada que no fuera para divertirme con mis amigos.

Supongo que Marcelo se amohíno por no haber sido lo suficientemente bueno para tangar a un puto crío, así que, herido en su desaforado orgullo, me tabarreó durante algún tiempo, cinco o seis cartas más, "Kufisto...tienes otra carta de ese señor -me decía mi madre-, ¿quién es?", "Trae" Y yo me la tomaba a cachondeo. Pero no creo que se las enseñara a los colegas.

En la penúltima me envió un amuleto mágico, de gratis, reanimándome a que le respondiera entre visiones y grandes esperanzas, la talegada abajo como siempre, repasé...

Y por último, bien brincado el año desde el principio de todo lo nuestro, bueno, casi suyo, recibí una en la que poco menos me mandaba a tomar por culo lamentándose del tiempo perdido conmigo en lugar de estar de putas o mirando magdalenas.

Y yo tiré su jodido amuleto por el water.

Y ahora a por el Quijote, que de los goles alemanes ya me informará el vecino barcelonista.

¡¡¡GORA REALA!!!

Coño.







lunes, 22 de abril de 2013

RELATIVIDAD DEL TIEMPO




Ya estaban cuando llegó la chica que me sonrió como jamás hubiera pensado que lo haría, una veinteañera de serie televisiva, moderna, bronceada, bien maquillada, llevaba unos pantaloncitos ajustados a sus piernas que calcaban a la perfección lo que tenían debajo. Discretamente me fijé en su triángulo, encajado como a escuadra...oh, Dios. Tenía un hoyuelo en la barbilla, algo rarísimo en una mujer, me recordó a la Sonia Monroy de sus buenos tiempos, tan sexy...Pero lo que más me gustó fue que me sonriera de aquella manera. ¿De qué vale estar frente a la belleza si te ignora, si te teme, si te desprecia?

Pero digo que ya estaban las otras, todavía en la terraza, quedaba algo de tarde para ello, aunque ya había tenido ocasión de verlas a causa de sus frecuentes viajes al baño. Y no por incontinencia, a pesar de que ya están cerca.

Muy cuarentonas, mucho, estaban con sus "chicos" bebiendo gintonics, fumando winstons y hablando a gritos, podía oírlas desde dentro a pesar de estar sonando los Maiden, petición de uno de los machitos, un amigo mío que no sé si sabe donde se está metiendo.

Conozco bien a una de ellas, y como el chiste del abuelo que se niega a que su nieto le presente a su nueva novia, "¿pero porqué dices que la conoces si no la has visto?", "porque te conozco a ti", quiero decir que uno no puede esperar rosas en un cementerio de automóviles, alguna habrá, pero de esa manera.

Divorciadas de maridos pudientes se liaron la manta a la cabeza, se pusieron el mundo por montera y todas esas letanías que una y otra vez difunde la propaganda del Régimen para que terminen de perderse las cabezas menos entrenadas, casi ni estrenadas, hay gente que sólo las tiene porque están los ojos en ellas. Y no para mirar, sino para desear.

Tengo para mi que el tiempo de la mujer es diferente al del hombre: aunque viva más años se le pasa más rápido. Quizá sea por esto su desinterés hacia ciertas cosas que necesitan del tuyo más que ninguna otra. El "aquí y ahora", signo de nuestro tiempo, es un síntoma de la feminización occidental. Serán dedos de mujer los que le den al botón rojo del maletín nucelar.

Finalmente acabaron pasando al bar, pero no estuvieron mucho en la barra, que cuando uno va puesto de cocaína necesita hacer algo, aparte de hablar como una cotorra loca, que la coca otra cosa no, pero ganas de hablar no veas, te socializa, el Oz de nuestras noches, te hace sentir interés por los demás, por estar con ellos, pero más para que te oigan que para oír, y mucho más para repetir una y otra vez lo mismo, como una obsesión, es una locura estar en medio de una conversación avivada por ese fuego que tiene de natural lo que esas chimeneas de última generación que ni echan humo, que crean la imagen del fuego como si fuera un holograma, "lo mejor del fuego sin lo peor", nada puede ser mejor si le quitas una parte, sólo lo transformas en algo distinto, en algo a tu medida.

El macho-alfa (un tío algo más joven que yo, casi el doble de grande y con semblante de estar convencido que vivir es tener dinero) dio una gran voz al ver el futbolín, "¡¡¡VAMOS A JUGAR!!!", y para allá se fueron cuatro riendo y gritando nerviosamente, como si tuvieran quince años, se colocaron por parejas, aunque una de ellas no lo era, todavía no habían llegado sus respectivas, pero no tardarían.

Aparte de todos estos y la guapa chica con su amiga, estaba un amigo mío viendo el fútbol con los auriculares puestos y un viejo que no conocía haciendo lo mismo y bebiendo cerveza, un viejo-viejo, aunque me sorprendió la cantidad de pelo que tenía, todo blanco, sí, pero mucho...Miraba la tele de la barra, detrás del grifo, pero al pasar toda esta tropa lo hicieron delante de él, seguro que ni le vieron, y los dos más viejos (unos ridículos cincuentones) allí se quedaron contándose y contándonos sus gilipolleces, estaban medio borrachos, y pocas cosas hay más insufribles que oír a dos adinerados en ese estado, de verdad, tienes que fumártelos para entenderlo. Yo estaba en el rincón del ordenador, sentado en un taburete, mirando cosas para olvidar lo que tenía alrededor, pero de vez en cuando alzaba la vista y veía al hombre del pelo blanco torcer el cuello en busca de la tele, tuve la sensación que el fantasma que le daba la espalda, el más grande, cada vez se echaba más encima de él, como si lo hiciera aposta, como si le divirtiera fastidiar al pedazo de mierda que tenía detrás, podían haberse alejado un poco, la barra estaba vacía, pero no lo hicieron, y hubo un momento en que me convencí que estaba haciéndolo adrede, y se me puso muy mala hostia, pero poco después el hombre del pelo blanco me miró a través de sus gafas, sin decir nada, y yo me sonreí al verlo, y se dio la vuelta para ver el partido en la televisión del salón. Pero no se movió de su sitio.

No llevaban diez minutos aporreando el futbolín cuando se fueron las dos chicas del ventanal, la guapa se despidió de mi con otra gran sonrisa, hay que joderse como reluce la cara de algunas mujeres...

No como las otras, no...Las ves a una cierta distancia y parecen algo, parecen tener el culo en su sitio, parecen mantener firmes las tetas, parecen rubias bien peinadas, parecen aseadas y parecen limpias...pero basta con que se acerquen a pedirte otra copa y escuchar su horrible voz para dejar de parecer nada que merezca alguna pena. Es curioso como la farlopa agrava la voz, creo que podría reconocer a una osa hormiguera sólo con oírla hablar, por no hacerlo de cuando le ves la cara, la máscara, mejor dicho, con todos esos potingues encima...¡qué asco, joder! Qué askazo.

Tengo un cliente, un tipo muy particular, que lee los periódicos con una lupa así de grande, es un show, un puto show...El otro día se dio por vencido y nos dijo (porque este es de los que cuando habla, y no para, lo hace para todos, ya os digo que es para darle de comer aparte, ya os contaré) que con todo el dolor de su alma iba a comprarse unas gafas, que estaba cansado de sentirse un poco ridículo con la lupa...la madre que lo parió. Pues eso, que no hace falta ir por la vida armado con una para ver a la mierda creerse el Séptimo Sello.

El hombre del pelo blanco se cansó y se fue tras beberse su tercera copa de cerveza, quizá no podía ver con claridad desde tan lejos, pero mejor marcharse que rendirse para coger otro sitio.

Estaba a punto de irme cuando la mayor de las petardas marcó un gol y se volvió loca, literalmente, por un momento dejó de hacerse la graciosa hablando a voz en grito de pelotas, agujeros y meter, está obsesionada, se echó en brazos de su "chico" y vi como este le agarraba con su manaza un carrillo del culo, creo que me miró, casi me da una arcada, fue como si viera a un gorila metiéndole mano a una mona de laboratorio.

Al salir a la calle vi que habían llegado los refuerzos y refuerzas esperados...

Y mientras esperaba a incorporarme a la circulación recordé aquella gran sonrisa.

Unos segundos que valieron una tarde demasiado larga.

domingo, 21 de abril de 2013

SOL Y RANAS




Era tanta la luz que parecía como si los siete soles de esta desquiciante semana se hubieran conjuntado para liberarme de una de mis noches más negras, para mostrarme la salida del agujero, que los hay tan grandes que ni el sol puede encontrarte para traerte de regreso, como si él mismo quedara atrapado en tu búsqueda, como si fueras un agujero negro.

Era tanta la luz que dejé de escuchar música para oír al río y mirarlo todo, sus árboles lo primero, de lánguidas ramas que parecían desear un remojón que no podían alcanzar, como si todas las hojas suavemente mecidas por el viento estuvieran haciendo fuerza por la última (o la primera, siempre es según la necesidad), la más cercana al agua, mojada ella, mojadas todas...Sí, a veces basta con humedecer el dedo meñique de tu pie izquierdo.

No tardé mucho en desviar mi atención hacia el propio árbol, parecía lleno de lo que creí ranas, hacía tanto que no las oía que no estaba lo suficientemente seguro, "¿serán ranas?" Y por primera vez en siete días ha escapado algo de luz de mi interior.

Pero no tanta como para verlas, ¡y mira que aquello era un pandemonium!, imposible que no pudiera hallar alguna, era como si las hojas croaran, "¿pero donde coño están?", también a veces lo tienes todo tan delante que no puedes verlo por mirar con las orejas.

Salí del puentecillo para ir a la otra orilla. Y entonces, después de observar un rato, las he visto.

Andaban entre lo verde que lleva el río, saltando torpemente, aún son muy pequeñas, tenías que fijarte bien, pasar del ruido, no debes oír más cuando buscas su forma. Es la mejor de encontrarla.

Casi todas de las que he descubierto se han caído alguna vez al agua, era gracioso ver como volvían a encaramarse en su patera, sólo había sido un salto mal medido, nada más, otra vez a croar, otra vez a cantar que está viva, otra vez hacia algún sitio.

Y cuando estaba a punto de irme me fijé en los pájaros y sus acrobáticos vuelos sobre el río que lleva mucho de lo suyo, algunos afinaban tanto que se chamuscaban en el agua, pero no he visto a ninguno ahogarse en ella, todos han reemprendido su vuelo, puede que avergonzados ante el resto por su torpeza, sí, pero...

¿quién me dice a mi que la mejor de esas espléndidas cabriolas que he visto no la ha hecho uno de los que se ha mojado?

Por la tarde, en el bar, me ha mirado sonriendo una de esas mujeres que jamás lo hacen en tipos como yo.

Y es que llevaba la luz de siete soles en mi cara.