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domingo, 28 de abril de 2013

EL QUÉ Y EL PORQUÉ




En una secuencia de "Teléfono rojo..." vemos como George C. Scott discrepa del juicio presidencial referido a la absoluta pérdida del mismo por parte del general que ha ordenado atacar Rusia con bombas nucleares.

Scott (un general de primerísimo rango) desenvuelve otro chicle, se lo lleva a la boca y masticándolo responde que él no haría juicios de valor sin tener todos los datos en la mano, a lo que Sellers (el Presidente del Imperio del Bien) contesta que cuantos más necesita cuando toda un ala de bombarderos nucleares se dirige hacia el Imperio del Mal con la determinación de no regresar sin haber arrojado su apocalíptico cargamento.

Nada más verlo en un extremo de la barra he temido que se desencadenara una reacción de imprevisibles consecuencias, no le he visto entrar, estaba rematando el arroz, pero sí que he visto a su ex en una de mis breves salidas para echar un vistazo al panorama, iba con su hija, la he saludado al tiempo que le prometía un poco de lo que estaba cocinando en cuanto estuviera a punto, se ha sonreído y cogiendo de la mano a su cría han ido a sentarse en una mesa de las que había libres en este domingo cuasi-mayero que más parecía pre-navideño, cosas del cambio climático, o de que el tiempo siempre ha estado como el general aquel, como todo, con sus brotes más o menos acusados, y hacer el intento por comprender las razones de lo irracional es tarea tan ardua como inútil, pues me temo que para conseguirlo no hay sino serlo, como ese profesor de "Los crímenes de Oxford" que se mutila con el convencimiento de que sólo así podrá alcanzar la inexplicable genialidad de unos tales que parecen haber desentrañado la solución a un complejísimo problema, como si siendo nada más que cabeza y tronco, desechando el resto, uno pudiera llegar más allá sin tener que estarlo por entero: tienes que convertirte en uno de ellos para saber lo que saben.

Las malas vibraciones han ido en aumento al percatarme de la presencia de un tipo alto y fuerte que con ella estaba hablando, he pensado que quizá fuera su novio o algo parecido, aunque bastara con que fuera un desconocido preguntándole por la estación de tren para que el padre de la niña le reventara la cabeza allí mismo, que si bien algo más pequeño y menos musculado no lo es tanto cuando le viene tal nube a los ojos que transforma en un mequetrefe al mismo Sansón.

Poco después he visto como se le acercaba su hija, y una de las veces que por las cercanías andaba la he oído decir que fueran a sentarse con su mama, a lo que ha respondido que "yo no me hablo con tu madre", cosa que por un instante me ha hecho pensar en la pequeña, y no han pasado cinco cañas y dos vinos cuando la mujer se ha levantado para marcharse mientras iba hablando con el otro tío, y como fuera que por narices tenía que darse con las de su ex (estaba junto a la entrada) he pensado que llegado era el momento del Gran Hostión, de tal como veía la cara de rabia que tenía.

Pero para mi alivio (y el de los demás, si hubieran sospechado lo que malamente ocultaban esas máscaras) he visto como ella se detenía ante la puerta para despedirse del otro tío, que no era sino el amigo de su ex, cosa que yo desconocía hasta ese momento, y una vez idas ellas y quedados ellos se me ha quitado el tapón, pues la experiencia me ha hecho saber que dentro de un bar no es tanto lo que te hagan a ti, como que se lo hagan a los demás: ya te la rompan o no, te dolerá la cabeza durante algún tiempo.

Una vez solos han estado charlando de lo previsible, y entre putas y zorras se ha llegado la hora de desnudar el mediodía para vestir a la tarde, pronto nos hemos quedado los tres maríos, que así lo está también el hasta entonces por mi desconocido, y de esta manera, burladero mediante, yo detrás y ellos delante, hemos estado un buen rato olvidándonos del asunto que tan a mal traer lleva a este que jamás pensó que la otra tuviera el valor para abandonarle.

No es que sea malo, ni bueno, que ninguno lo hay por entero de lo uno o de lo otro, pero aunque ya cumplió los cuarenta es de esos que no pueden controlar sus primeras reacciones, esas que según don Quijote "no son responsabilidad de los hombres", y a causa de esto muchos problemas se ha encontrado, que ni es lo mismo ni es igual la misma acción que acometes con dieciséis que con treinta y dos, no digamos ya si pasaste tu presunto ecuador. Así que avisado, mal que bien, todavía no ha perdido turno en el tablero de la vida, pero todavía no es nunca, y mucho más para algunos, y ni te cuento si hay veces en las que tus primeros movimientos son conducidos por sustancias que no segrega tu cuerpo: entonces se trata de una cuestión de suerte. Y la inmensa mayoría carece de ella, tratándose de la buena.

Me ha contado que lleva unos meses trabajando fuera de España, lo que le ha salido, que estepaís está más para salirse que para entrarse, y lo que tenga por venir, que quienes por junto en el suyo creyeron ya pasa algún tiempo que más lo buscan en cualquiera que les mande en idioma que no sea el que oían cuando sus bocas sólo servían para llorar o chupar los pezones de la madre y en una tierra donde sino hombres libres, al menos no se sientan tontos del culo después de habérselo dejado pelado para en el mejor de los casos empezar acabado como remero de barco negrero, siendo aprobados del examen de marinero, no ya de capitán. Y no, tampoco en Europa atan los perros con longanizas, siquiera aros de cebolla, más aún cuando tú pasas a ser el negro de mierda, que ni nos quieren como nos cuentan ni nunca nos querrán, al menos durante el tiempo necesario para que nos pongan el chip al salir del coño de la madre, en el caso de que tal cosa siga siendo indispensable para el futuro de la especie, cosa que, cada vez más, está por ver.

Sí, puede pareceros un hombre violento a primera vista, y probablemente lo sea, no digo que no, pero ninguno sabemos qué le ha llevado a ser lo que es, qué le pasó cuando no podía defenderse o qué no le dieron cuando más lo necesitaba, que si conocemos la Historia es por los hechos, pero de pocos tenemos la más mínima idea de los verdaderos motivos que forma les dieron.

No es tanta la necesidad de un Dios justiciero como el deseo de que más lo sea explicador, ni la sed de venganza como el hambre de comprensión.

Y me temo que esto es algo tan fuera de nuestros alcances que ni aunque el doctor Hfruhuruhurr conservara nuestros cerebros vivos en un tarro seríamos capaces de saber media mierda.


2 comentarios:

  1. No sé. Estoy un poco liao con el tema de hoy. Lo has escrito tú u otro?. Lo siento, no te reconozco. No me gusta, o yo no llego a lo que quieres decir. Ten en cuenta que yo no estoy pa dificultades.

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    1. Jajaja...

      Cosa de los pulmones, amigo mío, la oxigenación...

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