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miércoles, 13 de julio de 2022

ANTES DE LA VENIDA DEL SOL




 Ahora el tipo leía un texto, el final de la historia, la del amor imposible entre un hombre y una diosa. Casi con lágrimas en los ojos, la voz quebrada, la "muerte de amor" del Tristán de fondo como muleta y unos largos encadenados de fotogramas y pinturas venidas al caso, el curioso psicólogo argentino, el persistente buscador de lo oculto, el autodenominado "mago de mano derecha" y fundador de su propia escuela iniciática parecía verse a sí mismo en las palabras que, esto sí, con la acostumbrada e incomparable dicción que le caracteriza iban saliendo de su boca.

- Basta -me dije- ¡Basta! Suficiente. Se acabó. ¡También yo podría hacerlo con esa música de fondo, no te jode! ¡Hasta ver a un mono pajeándose se transformaría en algo profundo si es con la música del Tristán! Basta, basta...Qué calor, me cago en dios.

Eran las ocho y media de la tarde y el salón parecía estar a punto de alcanzar la temperatura adecuada para empezar mi cocción.

En la cocina fregué unos cuantos platos retrasados más por sentir el agua corriendo sobre mis manos y muñecas que otra cosa. Al terminar vi que la gata estaba allí, junto al radiador, toda estirada, en silencio y sin moverse lo más mínimo. Tan ofuscado había entrado a la cocinilla que ni la había visto.

- ¡Así que estabas aquí, eh! -le dije a lo cual respondió sólo con un movimiento de sus grandes ojos- ¡Chica lista! ¡Tú sí que sabes...! Ganas me dan de tumbarme aquí, contigo, pues si tú estás aquí seguro que este es el sitio más fresco del piso...Sí, no se está tan mal aquí, no...No allí, en el salón, con el ventanal, aunque tenga la persiana bajada hasta los topes. Y encima viendo gilipolleces. ¿Lo podrás creer? He pasado casi dos horas viendo otra vez a ese tío, sí, al mismo que el otro día mandé a la mierda después que borrara un comentario mío un tanto crítico con este último vídeo. Claro que yo estaba un poco borracho y tal, bueno quizá bastante, y puede que fuera un poco ácido pero eso no daba...El otro sí, en el otro lo mandé a tomar por culo y me desuscribí de su canal después de tantos años. Pero no creas, que al día siguiente estuve a punto de suscribirme otra vez, arrepentimiento de borracho, pero no, no lo llegué a hacer. En fin, vamos a ver algo más en Youtube, quizá a esa joven pastora, algo coño, hay que hacer tiempo hasta que al menos sea de noche. Bueno, te dejo tranquila. Hasta luego.

Me tragué el último de la brava pastorcilla y sus problemas con los bancos. Después tiré de suscripciones y casi abajo del todo vi ese canal de cocina de la eslava asturiana, Esvieta; qué bien suenan los nombres eslavos.

- ¡Hola, amigos! -decía alegre, saludando con la mano, sin importarle que llevará un par de años pasando de ella.

Vi cuatro o cinco vídeos, sonriendo siempre que ella aparecía en pantalla, esto es, al principio en la presentación y, sobretodo, al final con la degustación. Qué encanto de mujer. Qué bien come. Y qué bien cocina.

La noche no fue demasiado mala. Dos o tres veces desperté con la almohada empapada, dándole vueltas por tandas como si mi cabeza fuese un horno que esperara encontrarla en su punto al despertar. 

¿Y el día laboral? Bien, normal, uno más. Ayer fue muy bueno y hoy no tanto. Claro que ayer estaban cerrados casi todos los bares de alrededor. La gente es de costumbres. Una gaviota no hace verano y todo eso. Es tontería luchar contra el verano. Sólo hay que pasarlo para alcanzar el siguiente.

La cuadrilla de todos los días, hoy un tanto exigua, se marchó un poco antes, a eso de las tres, quedándome solo con el abogado y Kámel, el pobre que bebe chupitos de J/B.  Lo había visto subir la avenida con la bici y el macuto arrastras una media hora antes, mientras andaba recogiendo los toldos para que al menos corriera algo de aire en la puerta ya liberada del fuego de los rayos del sol. 

Apagué la tragaperras y la televisión y bajé las persianas del ventanal.

- ¿Cierras ya? -preguntó Kámel
- Sí, pero tómate la caña tranquilo, sin prisas -De vez en cuando mete una caña entre los chupitos que se bebe de un trago en la barra, a veces acompañada de una pulga, hoy de anchoas.

Eché la llave a la puerta y no pasaron dos minutos que Kámel vino a la barra con la caña mediada y bebiendo un trago se despidió. Y apenas otros dos para que el abogado hiciera lo mismo. Buena gente. Ya sólo faltaba colocar la última carga del lavavajillas para beberme con tranquilidad fuera de la barra la copa de cerveza helada y fumar el cigarrillo con el que cierro todas estas mañanas de verano en el bar. Pequeños homenajes. Pequeños recuerdos.

Y entonces fue que la lista de Spotyfi soltó "Lovesong" en su versión extendida.

Compré ese maxi cuando tenía unos veinte años. Era muy fan de los Cure. De hecho, a estas alturas, puedo certificar que ellos ya son una de las cuatro o cinco bandas de mi vida. Y ya no hay ni tiempo ni espacio para más bandas. Pero es que esa canción, y mira que tienen canciones, me llegó muy fuerte. Por eso compré aquel maxi de maravillosa portada.

Tenía veinte años...y esto empieza a hacerse largo una vez más. 

Yo estaba enamorado. Ahora la veo de vez en cuando por la calle paseando a un gran perro y nos saludamos sin pararnos, aunque sonriendo. Tiene los mismos ojos, la misma mirada, lo que más me gustaba de ella; más cansados, sí, pero el cuerpo ya es muy otro. Está sola. No ha sido madre ni ya podrá serlo. Pero entonces estaba muy colgado de ella. Y ella de mi, aunque su sueño fue más veraniego, no como el mío, que parecía ser el de un oso polar. 

El amor...Conozco a uno, un buen amigo y cliente, divorciado con un hijo entre medias, un alcohólico de buena, muy buena posición, que sigue creyendo que al final, aún en la vejez, se juntará con el amor de su vida, una mujer casada y con un hijo de la que anda encoñado desde siempre. Yo creo que eso, por imposible que parezca, es lo que todavía le mantiene vivo; el sueño del amor, del amor soñado, del recuerdo de un sueño. 

La juventud. Ser joven, haber amado. Era la orquesta ensayando, haciendo ruido para afinar los instrumentos. Algunas veces, casi todas, era sólo eso, ruido. Pero de vez en cuando, muy de vez en cuando, sin que te dieras cuenta, un raro compás te pillaba a traspié y entonces oías como algo dentro de ti decía:

- ¡Chist! ¡Escucha! ¡Está aquí! ¡Delante de tus ojos! ¡Mírala, idiota! ¡Mírala bien! No es una amiga, es tu amante.


La muerte de amor de "Tristán e Isolda", pase lo que pase en el mundo, hará creer en el sueño del amor por los siglos de los siglos. Puedes poner a una rata comiéndose un...
 

Pero cuando ya viejos y arrugados nos encontremos por ahí, solos y ya medio podridos en vida, paseando por las calles, quizá, quien sabe, te diré:


-¿Recuerdas esta canción?





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