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martes, 12 de mayo de 2020

EL PODER DEL ACERO

Conan. No tengo un recuerdo claro de ella. Sí de muchas otras...quizá "Karate kid" sea el más grande de todos aquellos años en los que las películas sólo podían verse en el cine. Esa patada a la pata coja del final nos puso a todos en pie, gritando como posesos. Era lo que habíamos estado esperando. Queríamos eso, que se cargara a ese chulo de mierda, a ese rubito de los cojones. Oh sí, aquello fue una auténtica explosión de felicidad por la justicia: el chico bueno vencía al chulo de mierda. Sí, me acuerdo bien. Pero Conan...no sé, no consigo recordar nada de entonces. Quizá lo viera como a un chulo de mierda. Todos esos músculos, toda esa fuerza, toda esa determinación estaba tan lejos de mi que no podía simpatizar con ello ni aún siendo el bueno. Para mi no había mérito en eso, supongo: Conan era demasiado grande y fuerte como para verme reflejado en él.

Hoy puse "Conan" Leí algo en algún sitio y la puse. Nunca vería "Conan" sin que otro me la recordara. Y aún así tampoco la vería: ¿para qué ver Conan a mis 46 años? Hay gente de mi edad que sí la ve, como ese que leí antes de hacerlo yo; será que para él si fue importante. Yo no he vuelto a ver "Karate kid" nada más que alguna escena suelta en televisión. Había muchas películas que ver en aquellos años y yo estaba creciendo. Pronto "Karate kid" me pareció algo ridículo. Pero una vez me hizo saltar de la silla y gritar de felicidad. Entonces uno salía de allí creyendo que al final todo acabaría por estar en su mano: los aplausos, el coche rojo y la buena chica no rubia.

La quité antes de acabar, justo después de incinerar a su walkyria, una rubia como todas las rubias de mi vida. De todas formas ya la había visto entera no hace tanto tiempo, también leyendo a otros, puede que a los mismos, no es que me mueva mucho ni en Internet. Hablaban del rollo nietzscheciano de la peli y bueno, yo soy nietzscheciano, ¿no? Sí, te la explican, la ves con su música y dices "sí, ecce Nietzsche" Pero no acabas de verla, o la ves entera entre miradas al reloj, o te olvidas de ella a los cinco minutos. Una cosa es leer a Nietzsche (que está bien), otra oírlo mientras haces algo (que es lo mejor) y otra muy distinta verlo.

Eran casi las cinco de una tarde lluviosa. Estamos confinados y salir a la calle es un riesgo hasta los ocho. Y además, ando por la mañana, entre las seis y las diez; prefiero ver el sol cuando sale y sube hasta arriba. Claro que no siempre aprovecho todo el tiempo permitido, de hecho sólo lo hice el viernes pasado y eso bajo el signo de una buena resaca que me sacó pronto de la cama. Lo normal es a las ocho, ocho y media, y a las diez o así en casa. Y ya no salgo. Aparte que a las ocho de la tarde están todos los vecinos cantando abajo en el patio y me da cosa pasar entre ellos. Bueno, no todos, serán algunos, pero cada vez que paso al water en esos momentos los oigo cantar por la ventanilla ciega canciones folklóricas, algo a lo que le tengo un asco indecible desde mis tiempos de chaval en la terraza del viejo bar: aquellas tardes de festivales eran las peores, un completo horror en todos los aspectos, nada más que viejos y viejas atrincherados por horas en nuestras sillas con un puto trinaranjus o una leche manchada. Joder, madre mía, qué tardes aquellas...De todas formas las juntas de las ventanas del piso son buenas (no así las puertas) y aparte no hacen mucha falta con esto, ninguna en verdad, pues sólo se oye ahí, en el water, y tampoco tarda tanto uno en mear. Pero siempre que los oigo me acuerdo de toda aquella mierda.

No dura mucho. La verdad es que ya nada dura demasiado. Pronto lo olvido y a otra cosa. Aunque sí, hay veces que uno se emociona al encontrar algo nuevo y enseguida vuelva a él aquella patada a la pata coja pero no, no es lo mismo. Es un rato, un ratín. Por entonces te dormías pensando en eso que acababas de procesar. Ahora lo único que quieres es quedarte en blanco para dormir.

Fregué los platos y las sartenes de ayer y hoy, limpié un poco la cocina. Pensé en fregar el piso del salón. Hace unos días que fregué la habitación y la cocina y el cubo todavía está ahí, en el pasillo. Volví a dejarlo para otra ocasión. La lejía aguanta.

Era otra hora y ya no sabía que hacer. Leer ya me tiene harto, no leo más que libros de mierda. Ayer acabé de un tirón con la biografía de David Mustaine. Y no porque me gustara sino porque no di para otra cosa: leí algo en algún lado, vi que se podía descargar y...en fin, lo de siempre. Nunca fui fan de Megadeth pero bueno. Es un gilipollas y el libro es basura pero el tiempo muerto está dilatándose tanto como el culo de esa chica de la que el otro día hablaban en la Red: joder, se mete cualquier cosa por el culo. Intento recordar su nombre pero no lo consigo. Cuando acabe esto pondré una foto suya, sé donde tiene que estar, me muevo muy poco en la Red. Pero ahora estoy escribiendo.

"True detective" Ya la he visto entera dos veces. Jamás hubiera caído en que ese mamón fuese capaz de hacer un papel como el de Rusty. Jamás hubiera pensado que un chulo de mierda como él, el tipo al que en mi adolescencia le habría hecho un karatekid de haber podido, treinta años más tarde iba a transformarse en algo tan cercano como lejano: el tiempo es relativo, sí, pero también lo es el espacio.

Ahí estaba el dolor del chulo de mierda, el de la patada final. Jodido y demacrado, tan jodido y demacrado como cualquiera, castigado al fin por la vida. Pero aún así hablaba con los polis de otra manera a la imaginada alguna vez por ti: todavía en la mierda era claro que aún diciendo lo mismo que tú imaginas decir a alguien, él lo hacía de otra forma, mejor, más creíble, más todo.

Lo quité a medias del tercer episodio, en el flirteo con la potente mujer de su compañero que más tarde se follará y despreciará tras haber hecho una heroicidad, después de su pasada por la iglesia evangélica, cuando me di cuenta de que en esa serie en el mejor de los casos yo no sería más que otro sospechoso.


Héroes, Nietzsche...Conan y Karate kid...


El grupo de wasap de los hosteleros en el que estoy metido lleva unos días un tanto parado. Estamos todavía en fase cero, ya como deprimidos, a la espera de las alegres cadenas. Algunos se mueven un tanto para pillar en común gel hidroalcohólico a buen precio. Todo son buenas palabras y frases tipo Paulo Coelho.


Ninguna patada de pájaro a la rótula del otro.


Ni mucho menos algún rastro del poder del acero.


A fin de cuentas todos somos camareros.


También tú.

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