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domingo, 17 de febrero de 2019

HICE BIEN MI TRABAJO

Hice bien mi trabajo. Llevo un rato en casa y pronto me iré a la cama. El salón ahora está silencioso. He visto algunos vídeos de empezar sin acabar ninguno. La gata anda dando vueltas por ahí. Oigo pasar algún que otro coche por la calle, puertas que se abren y se cierran y gente que habla cosas que no llego a entender desde aquí arriba. Hice mi trabajo y me vine a casa. La pantalla del ordenador se apaga y la gata parece haber visto algo en la estantería de los libros. Vi un mosquito en el water cuando pasé a lavarme los dientes. Era grande y estaba como pegado a la pared. Me acerqué para verlo mejor y me pareció que estaba cojo. Ni intenté matarlo. No estaba en la habitación. Al abrir la puerta salió disparado a la velocidad del rayo. Creo que no se ha pasado a la habitación. Cerré la puerta rápido, sin perderle ojo mientras lo hacía. Salió disparado cuando oyó la puerta. No ha podido darle tiempo. Lo he perdido de vista ante mis ojos pero creo que no ha podido darle tiempo. Segundos antes estaba tan quieto y yo tan cerca que parecía como si estuviera con los ojos cerrados esperando el golpe definitivo. Yo lo miré bien y me pareció que estaba cojo. Luego salí y él salió disparado. Creo que no ha entrado a la habitación. Pronto lo sabré. Allí sí, allí tendré que matarlo si lo veo. No puedo dormir con un mosquito cerca. Tampoco con una gata. A esta sólo la dejo entrar cuando araña la puerta en mitad de la noche. Es tan constante y lo hace con tanta decisión que la mueve en su holgura y con el ruido me despierta. Entonces me levanto, la dejo entrar y vuelvo a dormirme enseguida. Duermo mucho desde hace unos días. Nunca había dormido tanto, aunque somos muy exagerados cuando escribimos. Pero no recuerdo dormir tanto. Caigo en el sueño poco después de las nueve y así estoy hasta las seis con la breve interrupción de la entrada de la gata. No sueño nada, que yo recuerde. Y como no tengo que levantarme hasta las siete ahí me quedo, cambiando de posición de vez en cuando sin pensar en nada más que no molestar demasiado a la gata al cambiar de postura. A veces es inevitable, me deja en mala posición y me veo obligado a quitarla de en medio. Pero enseguida vuelve y busca acomodo en un sitio mejor. Y así hasta las siete menos algo. Nunca dejo que suene el despertador. Controlo bastante el tiempo en ese estado. "Ahora son y 33" me digo, y cojo el teléfono y veo que más o menos es esa hora; "ahora son y 47" me digo y estoy cerca; y cuando siento que pronto será la hora de levantarse lo cojo por última vez y veo que ya esta en la cincuentena bien pasada. Hoy lo cogí en el 59. Después me duché y me fui al trabajo. Trabajé bien, relajado hasta en las prisas, y sólo me excité un tanto a la hora de irme. Y no porque estuviera esperándola (no me dio tiempo) sino que vi que ya podía irme y salí disparado a casa. Hacía una tarde muy agradable pero ni se me ocurrió salir a pasear. Creo que esto es algo que afecta al sueño. Conviene aburrirse unas horas para dormir bien. Está bien dormir mucho. Luego uno anda más tranquilo cuando tiene que salir.

La tarde ya está cayendo. Pronto se hará la noche y la gata está en su rato loco. ahora ha venido a morderme mientras escribo esto. Es su manera de advertirme que quiere jugar. He tenido que darle cinco o siete manotazos para que me deje en paz. Se ha ido al ventanal. A veces me ha pasado ir por la calle y ver a las mujeres mirar hacia mi ventanal.

Ha sido un buen día. He hecho bien mi trabajo. Pronto me iré a la cama. Miraré la Red en el teléfono y a las nueve y media ya estaré durmiendo. Luego, a eso de las 3 o las 4, oiré a la gata llamando a mi puerta. Le gusta pasar la última parte de la noche conmigo. Le abriré, nos volveremos a dormir, me levantaré a eso de las siete, me ducharé y me iré al bar para abrirle a la mujer de la limpieza. Un rato más tarde haré la recaudación de la tragaperras y ya tendré a mi entera disposición el día de descanso. Iré a comprar algo, comeré pronto y saldré a dar un buen paseo. Mañana subiré los molinos. Seguro que hará un buen día.

Suenan las campanas llamando a misa. No sé qué hora es. Pronto me iré a la cama. Espero que el mosquito no haya tenido antes tiempo de pasar a la habitación. De todas formas todavía le queda alguna oportunidad. La puerta del water es la última que cierro antes de dormir.


Aunque pensándolo bien tampoco creo que a estas alturas un mosquito cojo vaya a joderme el sueño.

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