Yo venía de soñar y mi alma todavía estaba dentro del sueño cuando llegué al bar. Te vi nada más correr las cortinas de la puerta. Tú reías. Pasé a la barra, vacié los bolsillos y un mediodía más puse algo parecido a la música de mi sueño.
martes, 24 de junio de 2025
INTO THE DREAM
jueves, 19 de junio de 2025
NÁ, DÉJALO
martes, 20 de mayo de 2025
MARIE LAVEAU
"Todavía le falta..." se dijo. Y recordó su vieja cocinilla de butano, con sus hierros negros y su fuego azul y naranja, tan de su gusto; tanto que muchas veces durante los últimos años lo encendía por nada, sólo para verlo "No sé cocinar con esto...¿como se puede cocinar sin fuego?...Calor, calor...Esto es más un cataplasma...Esto es como cocinar para los enfermos...Esto es cocinar para los muertos"
Se sentó y bebió de su infusión, ya casi helada. Miró por la ventana y no vio nada más que su oscuro reflejo. Era tan de noche que por un momento pensó haberse quedado ciega. Y no viendo nada empezó a recordar.
La primera vez que le vio la polla a su marido este dormía la siesta con su tercer hijo, de apenas un año. El pequeñín se había despertado y ella era la única que había oído algo más que ronquidos. Ella siempre había oído a sus hijos aunque estuvieran al otro lado del océano. Fue a recogerlo para que no molestara a su padre y lo vio jugando con su enorme pene. Marie se quedó un momento en la puerta, sin reaccionar y sin poder apartar la vista de aquello. Casi gritó. Cogió a su hijito con mucho cuidado de no despertar a quien todavía dormía y salió de allí con el corazón en las entrañas.
Él había sido carnicero en la ardiente Argel hasta que hubieron de marcharse por temor a ser asesinados tras la independencia de la antigua colonia. Ya en Francia se reconvirtió en mecánico de automóviles, oficio que había aprendido cumplimentando a la patria que después los abandonaría a su suerte, cosa que jamás pudo olvidar y que a punto estuvo de llevarle a la cárcel algunos años después. Pierre Dubois era hombre de pocas luces. No le hacían falta. Él era fuerte y tenía la razón. Un hombre no necesita más para vivir. Aquellos hombres necesitaban tan poco que resultaban muy peligrosos para quienes no podían vivir sin todo lo demás.
Marie quería a Pierre. No había conocido a ningún otro hombre. Pierre también la quería aunque conoció a muchas otras mujeres; puede que aún la quisiera más por esto mismo. Y Marie lo sabía y nada decía. La peonza ha de enrollarse si quiere bailar gallardamente por el sucio suelo. Y allí, bien lo sabía Marie, no había más cuerda que la de ella. Y sus hijos...sus hijos...Ella tenía a sus hijos. Ella tenía lo que ningún Pierre podrá tener, por muy fuerte y mucha razón que tenga. Eran más suyos que de él. Ella los había llevado dentro, él sólo le había metido aquello dentro. Y esto es algo que ellos, los diez, acabarían sabiendo, sí...Es tan fácil tener toda la razón con algo tan evidente.
Cuando el último hijo se fue de casa, Pierre y Marie ya eran mayores, ya habían dejado de hacerse viejos para empezar a serlo. Pierre cayó enfermo algunos años después, pocos: primero una silla de ruedas y después una cama y una asistente social que iba tres veces al día a ayudar a Marie para darle la vuelta y asearle. Marie se acostumbró a verle el pene a su marido. Ya no le daba miedo. No hay mejor manera de perderlo que ver las cosas cuando no quieren que las veas.
Pierre dejó de hablar, más tarde de ver y al final de oír. A todo se acostumbró Marie. A todo menos a no oírlo roncar.
Bajó al garaje y cogió una sierra eléctrica. Subió a la habitación y descuartizó a su marido. Ninguno se enteró demasiado. Le sacó el corazón y le cortó la polla. Puso un cazo a hervir y los echó dentro.
Dos horas después volvió a probarlo con otra cuchara limpia del desvencijado aparador.
"Esto sigue sin saber a nada" Lo apartó del calor y volvió a acordarse de su vieja cocinilla, de sus hierros negros y de su fuego azul y naranja, de sus diez hijos como diez soles y de su hombre, tan fuerte, grande y sucio como una montaña llena de carbón en sus entrañas...
Ahora había luz tras la ventana. Ya no se veía reflejada en ella y sí a la fría y lluviosa mañana que amanecía como si no tuviera muchas ganas de hacerlo. Y empezó a ver lo demás. Todo lo demás.
Cogió el abrigo, el bolso, el paraguas y salió a la calle.
- ¿Puede llevarme a Argel? -le preguntó al taxista
- No, señora
- Entonces lléveme a comisaria
jueves, 16 de mayo de 2024
EL TANGO DE SATÁN
La niña, absorta, aterida por la lluvia y el viento, con su gato muerto colgando de uno de sus bracitos, mira por una de las ventanas. Hay gente mayor bailando torpemente al son de un acordeón que no deja de repetir la misma melodía. La niña no se atreve a entrar a la taberna.
Alguien se acerca. Es el doctor. Ella lo reconoce aún en la noche negra.
jueves, 21 de marzo de 2024
ESTA ES MI CHICA
Aquí audio del ensayo narrado (primera parte):
https://vocaroo.com/1dfpHDDQ0UcE
Audio del ensayo narrado (segunda parte):
https://vocaroo.com/156rgp332ZO2
Audio del ensayo narrado (tercera parte):
https://vocaroo.com/1owAg0K0UTrd
Audio del ensayo narrado (cuarta parte):
https://vocaroo.com/1nIRsejtlkQ6
Audio del ensayo narrado (final):
https://vocaroo.com/1WWzVHsfX6eD
La película en versión original (sin subtítulos):
Versión original subtitulada:
Versión doblada al español:
miércoles, 8 de noviembre de 2023
EXTRAÑA MAÑANA
La bien iluminada oficina bancaria permanecía cerrada al público a las 8:31 de la fría mañana. Miré a un lado de la puerta automática y vi un cartelito con el horario: "hora de apertura de lunes a viernes (invierno) 09:00" El horario era el mismo para el de "verano", al menos en lo referido a la apertura de puertas. El otoño y la primavera (los verdaderos afectados por el cambio de hora) parecían no existir para el "ordeno y mando"
Con media hora por delante no tardé mucho en decidir que lo mejor sería pasar el rato en la cercana biblioteca municipal. Al menos allí estaría calentito.
Cuando llegué la puerta estaba abierta pero dentro era como si estuviese cerrado. Cierto es que todo estaba tan iluminado como en el banco pero la sensación era esa. Miré el cartelito con el horario y todavía faltaban veintitantos minutos, pero la puerta interior también estaba abierta y pasé.
Nada más entrar me topé con uno que supuse era un trabajador, un hombre joven, serio, agraciado, alto, barbado y de media melena, con gabardina y bufanda, que desprendía cierta aura de intelectualidad. Nos saludamos y no viendo más impedimento me encaminé hacia la sala de lectura, tan visitada por mi en otro tiempo.
No había nadie, ni las bibliotecarias. Curioseé sin mucho entusiasmo por algunas estanterías de libros de carácter generalista: filosofía, sociología, educación, cómics...había hasta un pequeño reservado "violeta" para material feminista. De todas formas la calefacción estaba a buena marcha y poco más se podía pedir.
Donde más fijé la atención fue en la bien nutrida videoteca, acristalada y cerrada con llave. Y como no, busqué "Mulholland Drive" No la encontré, pero pensé que de haber dado con ella quizá hubiese intentado forzar la cerradura para llevármela sine die. Romper el cristal con un buen codazo quizá llamara la atención, aunque no estoy seguro. Lo que sí tenía claro es que de haber entrado con un saco habría podido llevarme todos los libros que hubiese querido. Los libros no tienen vigilancia alguna. Lo tengo más que comprobado. Faltaban cinco minutos para las nueve cuando salí. En todo ese tiempo no di con persona alguna.
En la entrada al banco coincidí con un buen amigo, un señor mayor, ya jubilado, que dedicó toda su vida laboral a la banca hasta llegar a ser director durante muchos años de esa misma sucursal. Nos saludamos haciendo las preguntas de rigor tras dos meses sin vernos y me dijo de ir a tomar algo en cuanto acabara la gestión.
domingo, 22 de octubre de 2023
LA ANCIANA FELIZ
La anciana miraba a uno y otro lado de la calle vacía como si algo maravilloso estuviese aconteciendo ante sus ojos. En bata y pantuflas, agarrada con la mano derecha al pomo de la puerta medio abierta se apartaba con la izquierda los ralos cabellos que agitados por el viento entorpecían su visión. Sonreía con la boca abierta.
Era una tarde gris, fresca, callada, rara. Los pocos automóviles que circulaban parecían hacerlo al encuentro de sus garajes. El viento mecía el ramaje de los arbolillos plantados en las aceras y algunas hojas, pocas, separadas de sus ramitas planeaban como si lo estuvieran soñando. Escaparates en penumbra, hilos musicales apagados, cierres echados, toldos recogidos: juguetes y bicicletas, sanitarios y muebles de madera, fotografías de paraísos y de sonrientes parejas de jubilados.