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martes, 21 de noviembre de 2017

DOS HOMBRES CABREADOS

Aburrido salí de la barra para sentarme en un taburete del salón cercano al televisor. Estaban pasando otra de Hércules Poirot. Apenas llevaba diez minutos y no me costó cogerle el hilo a los subtítulos. La acción transcurría en un encantador hotelito perdido en una isla. Al paso del detective iban apareciendo en escena los diferentes personajes de la película. Me sorprendí pensando al cabo de un rato que las mujeres no actuaban como hombres. Había una vieja repelente, otra tonta pero voluntariosa, una doncella sumisa y discreta, una bella y despechada esposa y una especie de sofisticada pelandusca que claramente iba a ser la que palmara, cosa que hizo como a los veinte minutos estrangulada en la playa, algo que con el proverbial buen gusto de los british para tales menesteres no apareció en pantalla. Hay asesinatos, sí, pero suceden en un entorno tan limpio y seguro que no parecen sino parte necesaria en el juego, no la mollar: lo bueno, lo bonito, es descubrir con tranquilidad y sin sobresaltos al desgraciado asesino. Y una vez hecho que lo acepte con deportividad, tal y como si sólo fuera cosa de aceptar que había otro más inteligente que tú. Después uno se imagina una cárcel limpia y segura y una condena llevadera, sin sobresaltos. Y quizá hasta el justo muerto (o la justísima muerta) esté más tranquilo y mejor en su estado, tan propicio para hacer un exhaustivo examen de conciencia. Luego todo acaba y mañana habrá otro episodio nuevo pero igual. Y seguirá estando bien porque la buena educación, el orden y la justicia siempre están bien.

En mitad de los interrogatorios dieron paso a la publicidad y giré la cabeza para mirar por el ventanal. Una mujer embutida en unos pantalones de cuero, cuidadísima melena al aire y maletín en la mano derecha cruzaba el paso de cebra mirando el dispositivo móvil como si estuviese rodando su anuncio con la aplicación "haz una pasarela de tu paso de cebra" Y efectivamente, sólo era un viejo en una furgoneta destartalada el que tuvo que cederle el paso. No pasó lo mismo en el de enfrente, donde una mujer a lomos de un Audi se pasó por el forro la próxima llegada de su congénera con el consiguiente gesto de desaprobación de esta y una cierta sonrisa que creí ver en el rostro de la motorizada. Y ya, por fin, alguien entró al bar y volví a la barra.

Es un tío de unos cuarenta años. No muy alto, moreno de piel, delgado, facciones muy marcadas y un tanto tensas, siempre vistiendo de chandal, lleva como un mes viniendo por aquí. Llega, pide una cerveza, saca el móvil y va bebiendo. A veces dice algo y a veces no. A veces pide otra y a veces no. Pero siempre se va pronto y sin molestar. Hoy ha bostezado y yo, que estaba cerca, he hecho lo mismo.

- Joder -he dicho- como se pega esto
- Sí, jajaja...Es una cosa natural
- Sí...Es que hasta lo ves en un animal y haces lo mismo. ¿Qué sera esto?
- No sé. Supongo que es algo que se pierde en la noche de los tiempos, como dicen
- Sí, será eso -he respondido- O que hoy he echado otro mediodía de esos de morirte de asco
- No me digas ná que yo también tuve un bar -ha dicho- Allí en Toledo. Tuve que cerrarlo porque al final sólo trabajaba para pagar. Ahora estoy en un instituto
- ¿Y qué tal?
- Bien. No comiendo vamos tirando. Divorciado y con dos hijas pues tú me dirás. Ayer tuve que pedirle dinero a mi padre con toda la vergüenza de mi corazón.
- Hostia...

Así que profesor de gimnasia o algo de eso y pillado por los huevos...

- ¿Y como lo llevas?
- Que como lo llevo...Vivo en una habitación de alquiler. Le paso a la ex 400 euros mensuales por la manutención de las dos niñas, a pesar de que yo las tengo quince días durante los que las mantengo y ella no me pasa nada a mi ganando lo mismo que yo. Se ha quedado con la casa y yo tengo que seguir pasando la mitad de la hipoteca. De vez en cuando las niñas me dicen algo del nuevo amigo de mamá, o novio, o lo que sea...¡Vaya si lo hago yo! A veces tengo que pasar por esa calle, ¡vivimos en el mismo pueblo, coño!, y lo veo salir de mi casa...En fin
- Es tremendo el tema este de las tías...
- Yo mira...Lo que aguanta un hombre no lo aguanta una mujer ni Dios que lo soñó. Luego ves que pasan cosas y no es que las entiendas ni apruebes ni nada de eso pero...joder. Hostia puta. Es duro.
- Te entiendo
- Y luego siempre dándole vueltas a todo, nunca están contentas; si no es por una cosa es por otra, pero siempre discutiendo, siempre retorciéndolo todo, siempre buscándole las vueltas...¡Si los tíos somos más simples que un reloj de arena! ¿A qué tanto lío, tanto desasosiego, tanta mala baba?...¿pero qué les pasa?
- Es la tele -le he dicho-, la publicidad y todo eso. Están volviéndolas locas con todo ese asunto del género y toda esa mierda.
- ¡Esa es otra! -ha respondido ya sobresaltado- ¿Pues no me llama el otro día la directora del instituto para asistir a un taller sobre no sé qué que iban a dar a los alumnos y voy y me encuentro a dos tiarronas de esas con el flequillo palante, amachorrás, vomitándoles mierdas a chicos y chicas de doce y trece años? Si lo hubieras visto...Como sería la cosa que hasta algunos chicos les sacaron los colores: "¿Y por qué si hay tanto machismo -decían- son los hombres quienes hacen los peores trabajos, como albañil, minero, basurero y cosas así?" ¿Y sabes qué? ¡no sabían qué decir! ¡se callaban como putas! Todo era que si las nuevas normas, las nuevas palabras, que ya no hay "alumnos y alumnas sino alumnado", que la "Asociación de padres de alumnos" pasaba a llamarse "Asociación de MADRES y padres de alumnos", recalcando que lo de madres tenía que ir por delante, chorradas de esas, de verdad...Mira, al acabar fui y le dije a la directora que a mi no me llamaran más para asistir a estas tonterías porque no iba a ir, que todo lo que fueran cosas para ayudar a los chavales podían contar conmigo para lo que fuera, pero para eso, no. Ya está bien, coño, ya está bien...
- Y pensar que esas petardas estarán levantándose 1500 o 2000 euros por ir esparciendo mierda por ahí...-he dicho cabreado
- ¿1500 o 2000? ¡y 3000!
- Me cago en la hostia puta
- Y luego está el tema de las ayudas a los libros o para el comedor y todo lo demás -ha seguido ya lanzado- Mira, yo no soy racista, pero es que vas a las reuniones de los padres y ves como al moro, por decir uno, le dan todo gratis a pesar de que el tío funciona, ¡que lo conozco yo!, que es un constructor que maneja cuartos, joder...Pues nada, todo gratis y tú hecho un paria. ¿Pero qué es esto? Yo no digo que no haya que ayudar al que no tiene, ¿pero al que sí tiene, qué? ¿por qué? Yo no tengo nada, nada, y no puedo reclamar nada porque dicen que no tengo derecho a ello.
- Joder, esto no tiene ni pies ni cabeza
- Un desastre, un desastre...En fin, lo que sea por mis niñas. ¿qué te debo?

Le he cobrado diciéndole si quería la tercera por mi cuenta. Ha dicho que no y se ha ido a seguir remando para sus niñas.


Al final la galera va a encallar en la costa y no va a haber playa suficiente para tant@ hij@ de put@.


Y Hércules Poirot mirará para otro lado y nos saltaremos ese capítulo para hacer el primero de la nueva temporada.


El de siempre pero por fin diferente.

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