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sábado, 27 de mayo de 2017

DISTORSIÓN

- ¡Pon a los Social Distortion, Kufisto!

Los vencejos volaban en círculo sobre el edificio de enfrente. Lo hacían a tal velocidad, con tal frenesí, que dejé de mirar a los coches que iban pasando abajo y arriba de la calle.

- Es la primavera -me dijo uno el otro día mientras nos fumábamos un pito en la puerta del bar- Están compitiendo por dejar su semilla.
- Sí, claro -dije yo- Estos bichos están para eso, para perpetuar la especie, morir para siempre y poco más. A veces tienen quien los mire, pero no creo que eso les importe mucho. ¿O a ti te importa algo cuando estás haciéndote una paja ante el ordenador?
- Jajaja
- Los animales son como los niños cuando empiezan a ser conscientes de sí mismos: pasan de ser para todos a serlo sólo para sus padres.

Tiré el pito y dejé a los vencejos de hoy haciendo lo único que saben hacer. Pasé para adentro y le di fuerza a los fuegos: los buenos arroces tienen que nacer en el infierno para que después salgan buenos.

Como tantas otras veces, lo bueno se echó a perder bajo el yugo del ruido de la plaza del pueblo. No importa que el engaño y el compadreo sea allí la ley, que bajo el estruendo y la propaganda pública todo lo demás, lo esencial, no valga para nada aún vendiéndotelo como si fuera de oro, que comas cosas extrañas porque hoy hay que comerlas...Nada de eso importa: si la luz está enmudecida, mejor en las ruidosas tinieblas.

Al final, ya con mi arroz otra vez en la basura, muchos vinieron quejándose entre risas de la estafa mientras me pedían sus cubalibres.


Y en el sindiós de las prisas, tirando unas cervezas, pensé que podría estar vaciando mis barriles hasta el fin de mis días con tal de que de vez en cuando me dejaran un rato para ir a mi water.


- ¡Pon a los Social Distortion, Kufisto!


Pues tomad, joder.











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