domingo, 22 de octubre de 2023

LA ANCIANA FELIZ

 La anciana miraba a uno y otro lado de la calle vacía como si algo maravilloso estuviese aconteciendo ante sus ojos. En bata y pantuflas, agarrada con la mano derecha al pomo de la puerta medio abierta se apartaba con la izquierda los ralos cabellos que agitados por el viento entorpecían su visión. Sonreía con la boca abierta.

Era una tarde gris, fresca, callada, rara. Los pocos automóviles que circulaban parecían hacerlo al encuentro de sus garajes. El viento mecía el ramaje de los arbolillos plantados en las aceras y algunas hojas, pocas, separadas de sus ramitas planeaban como si lo estuvieran soñando. Escaparates en penumbra, hilos musicales apagados, cierres echados, toldos recogidos: juguetes y bicicletas, sanitarios y muebles de madera, fotografías de paraísos y de sonrientes parejas de jubilados.  

La anciana seguía mirando con la boca abierta a uno y otro lado. Y sonreía.

jueves, 19 de octubre de 2023

BUENOS AIRES, 1971

 Bobby Fischer contra Tigran Petrosian en Argentina, 1971. Bobby Fischer en las Filipinas a finales de 1973, invitado personal del presidente Marcos. Bobby Fischer en Japón y Hong Kong, 1974. Bobby Fischer en el rematch con Spassky de 1992.

La siesta fue breve. Dormir no es fácil. Dormir bien es un arte. Mi padre dormía bien. Nietzsche dijo que si la vida no tuviera ningún sentido entonces lo mejor que se podía hacer era vivir para dormir bien.

- ¿Donde están los del entierro? -dije. Me había retrasado un poco y el cementerio es inmenso.
- Aquí a la vuelta -respondió el encargado-, en la sala de espera. Están esperando la llegada del féretro. Como la mañana está tan mala...
- Ya

Pasé. Enseguida vi a mi madre; también a mis tíos. No había más de veinte personas. Reconocí algunas. Anoche, luchando por dormir, llegué a pensar en la hija de la muerta. Hacía más de veinte años que no la veía. Era absurdo. Apenas la conocí, ella era una niña de Madrid. No pude ponerle cara.

La habitación era pequeña, de unos treinta metros cuadrados. La finada era mayor, el día estaba malo y después de todo había pasado toda su vida adulta en Madrid, pero había pedido ser enterrada donde nació.

Vi a su hija, no era tan difícil. Una monada. 

- Este es Kufisto -dijo mi tía- ¿te acuerdas de él?
- ¡Ay, Kufisto! -Y me abrazó fuerte, llorando. Luego nos miramos y hablamos un poco.

Vino más gente, no mucha, y poco después llegó el féretro madrileño. Esperamos un poco al cura que estaba de camino y cuando llegó hizo el responso en la recogida entrada del cementerio. No era mañana para andarse con tonterías.

Era un cura joven, un cura joven en términos del desastre católico, poco más o menos de mi edad, de pintas opusinas, creo que una vez, no hace mucho, estuvo por el bar. Tenía cara de cura. Era cura.

Hizo el rito bajo la arcada de entrada con los más allegados a los lados del féretro. El ataúd era de madera con una simple cruz de la misma materia a la altura del pecho, algo que me conmovió por su sencillez. Tanto que cuando después de todos los goris-goris acabaron por rezar un padrenuestro lo recité, aunque me di cuenta de que no era el mismo que yo rezaba cuando era niño.

En una especie de cochecito de campo de golf echó a andar el ataúd hasta la sepultura. Todo el mundo se puso detrás y fuimos para adelante.

Pasé el breve trayecto en compañía de mi tío, que iba con la mascarilla puesta cuando no había hecho tal en la sala de espera. Le pregunté por su salud y me la explicó.

Era un hoyo de unos dos metros de profundidad, quizá menos. Por lo que dijo mi tío era la tumba de los padres de la muerta. Un sitio difícil. Los operarios tiraron de sogas, trasegando con ellas entre voces que rompían el trágico momento. Y al final consiguieron meterlo. Luego lo inundaron de paladas de tierra mojada. 

Me fijé en la cruz. Me había gustado mucho cuando la vi. Eran dos putos palos de madera cruzados. Dos putos palos de madera. La tierra mojada cayó a paladas sobre ellos. 


Desperté. La tarde estaba peor. Un viento huracanado cantaba sus mierdas entre los filtros de la ventana. Miré el reloj del teléfono recordando la última vez que lo había visto. Apenas había dormido. No puedo dormir. No sé dormir.

Me calcé los guantes y le pegué al saco.

Y le pegué, y le pegué y le pegué...

sábado, 7 de octubre de 2023

JUEVES, 9 DE JULIO DE 2023

De acuerdo con el historial de mi ordenador he visto "Mullholand Drive" 40 veces desde aquella tarde; a las que hay que sumar cuando la vi con un par de amigos en el día de cierre semanal del bar. O sea que son 41 y con la de esta noche serán 42, sino alguna más pues ahora caigo que la segunda vez que la vi un par de días después (cosa que no entiendo a no ser que el anterior agarrara una buena borrachera) recuerdo que la puse dos veces seguidas, y eso no lo muestra el historial. Y no ha sido la única ocasión. En resumen, estaré sobre las 45 o así en unos 90 días, lo que da un visionado cada dos días.

Me gusta verla de noche, nunca antes del anochecer. Todavía no la he visto de día. Todavía no la he visto doblada. No creo que nunca lo haga si no es por obligación. 


Hacía algún tiempo que había vuelto a ver películas; no mucho, tal vez un par de meses como máximo. Tenía un cliente cinéfilo y entre charla y charla siempre salía a relucir el cine, las películas. Y aunque de gustos un tanto diferentes empezó a entrarme el gusanillo.

No recuerdo por donde retomé el hilo perdido. Supongo que por los clásicos. Cuando uno retoma algo prefiere hacerlo por lo seguro.

Yo estaba en una de esas etapas en las que no encontraba nada bueno que leer, de hecho llevaba meses sin hacerlo, y bueno, el tiempo siempre está ahí y hay que pasarlo de alguna manera. Después de todo no puedes pasar todo el tiempo libre pegándole puñetazos al saco que tienes colgado en el dormitorio.

De todo aquel reinicio tan sólo conservo un recuerdo, el de "Yo hice a Roque III" de Ozores. No, ya, esperad, lo sé, no es un clásico, o lo que debe entenderse como un clásico, pero aquella tarde había bebido, mi amigo había traladado otra vez mi cabeza con la puta película y yo, recordándola con el gusto que a veces se recuerdan las cosas pasadas en la adolescencia, me decidí a verla ya con el punto justo de alcohol en las venas. Y me descojoné vivo. Pero vivo. 

Me acordé de Lynch. A Kubrick lo tengo muy visto, a Hitchcock igual, con Ford me pasa algo parecido y Scorsese, Coppola, Spielberg y el resto de setenteros acabaron por agotarme casi tanto como los AC/DC.

"¿Y Lynch?" pensé. Ver películas realizadas más allá del año 2000 no era una opción. ¿Pero Lynch?

Claro está que había visto "Cabeza borradora" en nuestra habitación de la casa paterna, fumado perdido con los colegas. Y "El hombre elefante" y "Terciopelo azul" con aquella Isabella Rossellini que tanto nos ponía, muchísimo más que Laura Dern. Esta era otra puta niñata pija del instituto, de esas para las que eras poco menos que invisible, pero Isabella era un pedazo de mujer dispuesta a follar, ¡a follar! con un chico joven y potente que la preñara bien. 

La amistad entre adolescentes fumados no tuvo tiempo para alcanzar el estreno de "Corazón salvaje", el único que pudimos haber visto en pantalla grande. 


Decidí empezar por el principio; eso sí, saltándome "Cabeza borradora" (no estaba preparado) y "El hombre elefante" que ya había visto tres o cuatro veces. "Dune" ni me la plantee (no me interesa nada esa clase de ciencia ficción) y así llegué a "Terciopelo azul" y me pareció una soberana mierda tan sólo salvada porque Lynch es incapaz de filmar mal. "¿Pero como pudo gustarme esto?" La pregunta recurrente. El pecado original. "Siempre, durante toda tu puta vida, creerás haber metido la gamba" 

Pasé a "Corazón salvaje" No la había visto. Me gustó, sin más. Willem Dafoe estaba bien. Pero Willem Dafoe siempre está bien. La puta de la madre también. No he vuelto a verla. 

Con "Carretera perdida" recuperé algo de la fe que alguna vez deposité en el cine. La primera parte era magistral; luego decaía hasta una especie de videoclips de la MTV pero recuperaba el pulso en un final bastante bueno. Por supuesto no me enteré de nada de lo que había visto. Pero me gustó. 

Era el turno de "Una historia verdadera" La verdad es que no me apetecía mucho ver una peli del Lynch que no es Lynch después de las sensaciones dejadas por "Carretera perdida" Por supuesto ya la tenía vista y me había gustado, pero la recordaba como lo que es: una peli rara.

Una peli rara es una peli que no te esperas. Es como si Ozores hubiera rodado "El Sur" después de "Yo hice a Roque III" 

¡Y claro que me emocioné! ¡Y claro que alguna lágrima salió de paseo, sobretodo en su primera mitad! ¡Y claro que sentí la música de Badalamenti tocando las nobles teclas que aún quedan en mi alma! ¡Y claro que volvió a gustarme el sobrio final, tan denostado!...

Tocaba "Mulholland Drive" Leí la sinopsis viendo el año (2001). "Ummm"

No la encontré en la búsqueda. No recuerdo como la busqué. Es muy fácil. Pero en un primer momento no la encontré, lo juro.

Pasé a buscar por "Inland Empire" su última película. Y tampoco la encontré. Y hoy doy gracias a Dios por no haberla visto antes que "Mulholland Drive" 


Una tarde después de salir del bar (el 9 de julio de 2023 según la memoria de mi ordenador) llegué al piso como cualquier otra tarde en la vida. Puede que saliera andar, no lo sé, mi memoria no es tan buena como la de la máquina, aunque lo más probable es que me liara a puñetazos con el saco en el dormitorio. Sí, así tuvo que ser. Ahora recuerdo que había dejado de salir a andar meses atrás. 

Todo el mundo sigue diciéndote que te ve andar por ahí y tú sabes que no es así, que hace meses que no andas, pero todo el mundo te recuerda andando por ahí y tú no es que dudes, sabes que hace meses que no andas por ahí, pero el mundo, cuando te ve, te recuerda andando siempre por ahí.


9 de julio de 2023. No sabía qué hacer. Estaba a punto de cumplir 50 años. Le di al saco. Le di con toda mi fuerza, con toda mi corazón, con toda mi alma...Todavía habría podido darle mucho más, hasta reventar si no fuera por estos putos huesos que tanto van doliendo.

Me duché, comí algo y fui al salón. 


La tarde fue cayendo tras las ventanas mientras miraba cosas en el ordenador. El aburrimiento era general. La gata me miraba, relajada pero expectante, en la mesa donde dejo mis cosas a mano. Ninguno sabíamos qué más hacer hasta poder dormirnos los unos de los otros. 

Y por esas cosas que tiene el aburrimiento y el dolor volví a preguntar a Google por "Mulholland drive", película completa y en español. Y salió, subtitulada. No problem.


Estuve a punto de quitarla en el baile inicial. No podía soportarlo. Todo el mundo pasándolo bien y yo en la pura mierda, dolorido, pasando el atardecer con la acusadora gata después de hincharme a puñetazos con un saco relleno de retales lavados con lejía Conejo. Lo dejé estar. Estaba tan cansado como para caer en esa bonita almohada roja. 


Dos horas y media más tarde, ya con la pantalla del ordenador en negro, clavado en el sillón, con los títulos de crédito ante mis ojos...


"¿Pero qué ha sido esto?"


Mulholland Drive.

viernes, 29 de septiembre de 2023

Y REÍ

 Me chispé viendo "El día de la bestia" Lo pasé bien. Hacía años del último visionado. Era la una de la madrugada cuando apagué el ordenador para ir a la cama. 

Desperté tarde y mal. Mezclar cerveza y whisky no es una buena idea; nunca lo fue o al menos yo no lo recuerdo.

Tomé un ibuprofeno con una cucharada de polen de flores, me duché y viéndome la cara en el espejo decidí afeitar la barba de dos días aunque ahora lo haga cada tres: más sería verme demasiado viejo.

Encendí el ordenador y un cigarrillo. Por el ventanal del salón penetraba la luz del nuevo día. El piso está orientado hacia el oeste, como la canción, así que hasta algo más allá del mediodía sólo recibo una especie de reflejo del sol. 

Puse música techno a buen volumen (ya eran más de la diez), le eché de comer y beber a la gata y retomé el zafarrancho general: hoy tocaba el mobiliario de la cocina.

Fue hace unos días. Yo estaba sacando la compra del ascensor cuando la vecina de enfrente (una señora mayor) abrió su puerta tal y como si estuviese esperándome. Quizá antes había llamado a la mía, no lo sé. Pero resultó raro.

Llevará un año por aquí. Tengo buena relación con ella. A decir verdad es la mejor que he tenido en estos dieciocho años con el vecino de enfrente, pues no hay otro. Y no es que haya tenido malas con los demás sino que han sido prácticamente inexistentes. Un par de veces vino al bar con su hija y bebiendo hablamos de cosas interesantes. 

- Kufisto -dijo con su agradable acento venezolano- ¿puedes ayudarme?
- ¿Qué le pasa?
- Estoy sin luz toda la mañana, no tengo batería en el teléfono y no puedo llamar a nadie.
- Espere un momento que deje esto.

Su piso parecía el Palacio Real comparado con el mío: todo impoluto, limpísimo, luminoso.

Miré el cuadro de la electricidad y volví al mío por ver si las teclas estaban en el mismo lugar. Yo tengo de electricista lo mismo que de estrella de rocanrol. 

Todo estaba bien pero todo estaba mal. Era pulsar una de las teclas y saltar el automático. Así estuvimos un rato.

- Voy a llamar al número de teléfono que tiene aquí -le dije.

Llamé y como es normal no lo cogió más que el contestador automático. Era la hora de comer y esta gente está comiendo a todas horas.

- ¿Tiene usted -le pregunté- muchos electrodomésticos en marcha? -Esto es algo aprendido en el bar.
- No, no...
- ¿La lavadora, el lavavajillas, el horno?...
- ¡No, no...! Ven a la cocina.

Fuimos a la cocina. Podría comerse una ensalada en el suelo.

Y entonces fue cuando vi una plancha de asar conectada al enchufe.

- Quite el cable -le dije. Otra vez el bar.

Volvimos al cuadro eléctrico y se hizo la luz. Y no se apagó.


He metido todos los trastos en una sola habitación. He dejado un dormitorio listo para ser ocupado en cualquier momento. He lavado hasta las cortinas. He tirado una montaña de cosas a lo contenedores de basura. Y he dejado algunas al lado por si a alguien le hacían falta, cosa que no tardaba en ocurrir pasada media hora. Ahora tengo tiempo para hacerlo.


- Ven por aquí, Kufisto -dijo Fernando dejando sus cosas al verme en la cola de las cajas del mayorista donde está de encargado .
- Hola, Fer.
- ¿Qué tal va eso, tío?
- De lujo.
- ¿Ya no quieres factura, no?

Reímos.

- ¿Ya tienes algo? -preguntó.
- Nada. Sólo quiero descansar.

Sonrió.

- ¿Sabes? Estoy hasta los cojones -Y mientras pasaba la compra por el lector electrónico me contó la última que había tenido hoy.


Y reí.


lunes, 4 de septiembre de 2023

¿UNA NOVELA?

La escena de Adso con la chica y aquel sangriento corazón de gigante; Guillermo y sus trastos mirando al cielo nocturno; Salvatore; el Abad llevándose la mano al crucifijo de oro sobre su pecho; Ubertino, postrado en el suelo ante una estatua de la Virgen María...¿Por qué recuerdo esto? ¿Por qué recuerdo esto ahora?

Vi por última vez "El nombre de la rosa" hará como siete años. Lo sé porque mi padre murió hace seis y medio. Recuerdo que esa tarde en su casa, una de tantas, llegué un tanto colocado. Mi padre no duró mucho, apenas año y medio, pero nos hartamos de ver películas. Yo terminaba de trabajar en el bar a las cuatro, hacía mis cosas y a eso de las seis, estuviera como estuviese, me iba con él. Mi madre se iba a comprar y nos quedábamos los dos solos. Mi madre no quería dejarlo solo. No fallé ni un día.

Pasé muchas tardes con él. Muchas. Castilla la Mancha Televisión solía emitir películas de vaqueros, algunas buenas. Y cuando no era el caso siempre teníamos a mano un buen cargamento de pelis modernas descargadas por la mujer de mi hermano. Algunas se dejaban ver, otras eran buenas y había sitio para el desquicio. 

Quede por delante que a mi viejo le apasionaba el cine, aunque decir apasionar de un padre de cinco hijos sea mucho decir. Será mejor acotarlo en que le gustaba; lo único que a mi viejo le apasionaba era su familia. 

Y entendía. Le gustaba el cine bueno. Él, un hombre sin estudios, apreciaba el cine bien hecho, lo sabía ver. 

Jajaja...Recuerdo ahora cuando vimos "Eyes wide shut" en vídeo muchos años antes de su enfermedad. Yo, como no, llegué a casa de aquella manera. Kubrick ya estaba muerto y Kubrick para mi era Dios, sólo por debajo de mi padre. La  cosa fue que mi vieja se fue a la cama a los cinco minutos y mi padre se durmió en el sillón tras la orgía. Y si hay que decir verdad tampoco yo entendía nada de todo aquello. Pero era la última película de Stanley Kubrick. Ahora la veo mejor, pero ese es otro cuento.

Una tarde, ya avanzada la enfermedad, yo mirando de reojo su nariz caída, signo inequívoco de muerte, aburridos, dimos en parar tras pasar por un montón de títulos de mierda de los dvd´s de mi cuñada con una película repleta de actores famosos. Yo tenía una vaga idea de ella y de su director.

- ¿Esta? Sale tal y cual...
- Venga. Déjala a ver.

Mi viejo era de actores.

Pero el director era Terrence Malick, uno de los mayores soplapollas del mundo, incluso para mi.

Y era de ver sus gestos pasados diez minutos de aquella cosa. Empecé a reírme.

- ¿Qué es esto, Kufisto? ¿te enteras de algo?
- Ni de una mierda.
- Pues quítala y pon cualquier cosa.

Y puse lo de los coches tuneados para hacer tiempo hasta Pasapalabra, su programa favorito.

A mi me reventaba aquel subnormal de presentador. Ya por entonces no veía la televisión desde hacía años, pero un padre es un padre.

Decía el subnormal: "¡Tal!" Y decía yo el ochenta por cien de las veces: "Cual"

Así pasamos muchas tardes. Hay días en los que me acuerdo mucho de esas tardes.

Una de esas vimos "El nombre de la rosa" Hasta los huevos de vaqueros matando indios, aquello fue poco menos que una revelación. Habrán cuatro, cinco, películas que me hayan marcado en la vida y esta es una de ellas. Cuando llegó el polvo de Adso le conté mi experiencia. Y sonrió.

Y entonces empezó a recordar y a decir cuando él era chico en el colegio de los curas y en el bar de su padre, mi abuelo. Y entendí mucho de lo mío.


El bar se cierra. Hará como dos meses que lo anunciamos. Es la última semana. Los clientes apenas lo pueden creer.


- ¿Pero qué es esto, Kufisto, hijo mío?
- Nada. Vamos a cerrar. 
- Tu madre está llorando...¿qué os pasa? ¿no va bien el negocio?
- Estamos hartos, papa
- ¿Hartos?
- Hartos.
- Hijo mío, ¿recuerdas la última vez que estuvimos juntos? No en el hospital, en casa,
- Sí
- Nos reímos mucho.
- Sí.
- Pues ya está. Recuerdo tu emoción al contarme tu primer polvo mientras veíamos esa película, jajaja...Estabas medio colocao, siempre te lo he notado. No sabes reír si no has bebido. Pero cuando bebes tienes un punto bueno.
- ¿Y qué te parece?
- ¿El qué?
- Que cerremos el puto bar
- ¿Qué vas a hacer ahora, Kufisto?
- Escribir.
- ¿Escribir?
- Una novela. 

jueves, 31 de agosto de 2023

LOS VIEJOS TIEMPOS

 Y un día más, los viejos tiempos. 

Todo comenzó por un comentario que hice (con la puerta del bar todavía cerrándose) acerca del culo y la descubierta espalda baja tatuada de la clienta que acababa de marcharse en compañía de su pareja, un tipo fuerte, rapado y con perilla que caminaba apoyado en una muleta.

- ¿Pero no sabes quien es? -dijo Camilo.
- No -respondí.
- ¿Pero tú en qué mundo vives?

Explicaciones. La conocía. No la había reconocido. Han pasado muchos años. Sí, ella me había mirado de rara manera al pedir su vino blanco pero...habían pasado muchos años.

Y a cuenta de la chica vinieron los viejos tiempos a las memorias de mis dos amigos. Otra vez.

Los viejos tiempos no fueron tan buenos, ni mucho menos, al menos para mi. Los viejos tiempos fueron una enorme mierda en la que a punto estuve de asfixiarme. Los viejos tiempos hace tiempo que van dejándome por aquí, en una especie de apartadero.  


Veo series para la televisión que no tengo. Si buscas bien las encuentras en la Red. Lo mismo con las películas: no hay una, por reciente que sea, a la que no puedas llegar.

Fue graciosa la de la otra tarde. Era una de Polanski, no recuerdo el título. Él era el protagonista, "El quimérico inquilino" Acaba tirándose de un tercero por dos veces, hasta rematarse. Jajaja...

Recuerdo ahora "La semilla del diablo", viéndola de chicos con los amigos, fumados y bebidos en aquella habitación. Recuerdo como flipamos con la peli...La otra tarde uno de ellos vino al bar. Hacía años que no le veía. Me puse malo verlo en el bar, tener que hablar con él. Menos mal que apenas faltaban diez minutos para el cambio de turno.


Los viejos tiempos.

jueves, 24 de agosto de 2023

MULHOLLAND DRIVE

Un episodio piloto para la productora. La historia no convence y se deniega la financiación. "Mulholland drive" va a dormir el sueño eterno.

David Lynch acaba de filmar "Una historia verdadera", su tercera (y última) bajada de pantalones. La película tiene cierto éxito, las críticas son buenas y Lynch se ve en buena posición para hacer una serie de televisión (esta vez sí) a su manera. Después de todo es el tío que apenas diez años atrás hizo "Twin Peaks", la serie que hasta la mitad de la segunda temporada cambió para siempre la historia de la televisión. 

Año y medio después de la cancelación un Jim Slater de la vida aparece esta vez en forma de productora francesa y le dice: "Jovencito, creo en ti. Aquí está la pasta que pedías. Ahora a jugar" Pero creo que estoy confundiéndome con Bobby Fischer en Reykjavik.

Hay dinero, sí; pero no para una serie sino para una película. Lynch acepta. Serie o película, la historia es buena. Muy buena. Y hay que contarla. Hay que contarla bien.

Todos los actores acuden a su llamada. Nadie se quita de en medio. Ninguno es una estrella cinematográfica. Y él es David Lynch. 

Y se hace "Mulholland drive", la película.

La película.


¿Qué es el cine? ¿Tú, niño, viendo "Acorralado" por primera vez? ¿Tú, adolescente, viendo "El último mohicano" por primera vez? ¿Tú, macarrilla, viendo "La naranja mecánica" por primera vez? ¿O tú, ya remero en galeras, viendo "Un día de furia" por primera vez? 

El cine, como la vida, es como un sueño. Por eso "Mulholland drive" es un sueño. Y no porque la vida tenga que ser un sueño, no...Sólo que sin sueños no se puede vivir. No se puede vivir.

Naomi Watts, acabada la trágica cena, coge su café con mano temblorosa viendo como su amor está besándose con un hombre. Una figura, femenina, se acerca por detrás de los enamorados. Y ya diáfana, joven y bella susurra algo en el oído de la mujer. Se besan. La miran. Sonríen. Naomi llora. Algo cae en el suelo rompiéndose para siempre.

Naomi Watts se masturba mirando a la pared. Quizá por esto ni la nominaron al Oscar de aquel año. Naomi acaba golpeándose el coño con furia para sentir algo. Está llorando, como todos. Suena el teléfono.

Es la llamada a la cena, la trágica cena. 

Naomi Watts se pone guapa, no tan guapa como en el sueño. Allí era un sol, ahora no: un eclipse se arrastra por su rostro maquillado. 

Y en el primer y último viaje a "Mulholland drive" la limusina para antes de tiempo. Y Naomi se asusta. Esta viendo, está viviendo, el inicio del último sueño.

El sueño en el que ella conseguía hacerlo realidad. Pero no se puede soñar eternamente con un corazón latiendo en el pecho. Hay que despertar. Y despierta.

El amor ha muerto. Y ahora no queda más que morir.


"Mulholland drive" está considerada como la mejor película del siglo corriente por la crítica profesional.

Yo, por mi parte, hijo del siglo XX, digo que no he visto ni oído (gracias, Badalamenti) cosa igual.

¡Quien me iba a decir que mi película sería la historia de dos bolleras! Me cago en Dios.


Gracias, Lynch. Es tu mejor película y lo sabes.


Y gracias, Naomi Watts. Muchas gracias.


Muchísimas gracias.