La primavera de 1999 no llevó buenas vibraciones a la vida de Lynch; muy al contrario, el ya muy maduro director americano, con la terrible amenaza de la ineludible vejez a la vuelta de la esquina, sintió que su carrera había llegado a un callejón sin salida. El cine que quería hacer apenas tenía salida, las grandes productoras no se lo rifaban y aunque siempre había sido tenido por un "outsider" nunca consideró hacer películas fuera de Hollywood, ya fuera por barreras idiomáticas o por su mala experiencia en Europa cuando era joven que apenas duró dos semanas, aparte que su relación con Los Ángeles era tan profunda que plantearse la vida en otro lugar no era opción. Por otra parte la televisión, su gran esperanza, acababa de cerrarle la puerta en las narices. Con todo el dolor de su alma había despedido a todo el equipo involucrado en Mulholland Drive con la leve esperanza de su posible reanudación, aunque más por ellos que por él pues todo había quedado bastante claro: el mundo onírico de Lynch no tenía cabida en la nueva televisión, ávida de productos claros y directos.
Encerrado en su domicilio angelino dedicó el tiempo a sus otras pasiones: la pintura, la música, la escultura, el diseño...la meditación.
A finales de mayo la buena acogida recibida en Cannes por "Una historia verdadera" trajo algo de luz y la posibilidad de comentar el fracaso de Mulholland Drive con profesionales del cine europeo. Y allí fue cuando entró en contacto con Pierre Edelman (Studio Canal Plus) que le preguntó si podía ver el piloto y aunque en un primer momento Lynch se hizo el remolón (no estaba nada orgulloso de como había quedado) luego cedió y le dijo que se lo enviaría a París. Edelman quedó gratamente sorprendido y le dijo que intentaría reunir la financiación para el proyecto. Un año más tarde llegó la buena noticia: había conseguido el dinero pero no para una serie sino para cerrarla como una película. Y Lynch, viendo que era la única manera de hacerlo, accedió y tras un par de semanas de pánico por la falta de ideas encontró la solución. Pero dejemos que sea él mismo quien cuente como sucedió:
- [...] Como esto empezó como un piloto de televisión sin final, tenía que llegar de alguna manera. Y no tenía ideas para este final. Una noche, me senté en una silla, cerré los ojos y me vinieron ideas. Todo son ideas. Así que surgieron las ideas, y entonces supe qué era. Ahora bien, estas ideas que surgieron no eran solo para el final. Eran para el principio, el nudo y el final, todo un cambio. Luego volvimos a rodar durante varias semanas más para terminar la película que necesitaba un final porque ya no era una serie de televisión. Pero las ideas surgieron una noche, de 6:30 a 7:00, y llegaron.
Sin perder tiempo se puso en contacto con su equipo y por suerte todos estaban disponibles. Lo mismo ocurrió con el reparto, que recibió la noticia como podéis imaginar. Una anécdota graciosa es que al reunirse con las chicas protagonistas, tan contentas ellas, les informó que también había una parte incómoda: "Va a haber desnudos y escenas de sexo. Pero se va a hacer bien, tenéis mi palabra"
Lo que más retrasó el reinicio del rodaje fue que los decorados habían sido destruidos y tenían que volverse a hacer. Y a mediados de septiembre, por fin, todo estaba dispuesto.
Hablando en puridad lo que propiamente se filmó en esta segunda etapa fue lo siguiente:
- El prólogo con el baile y la almohada roja.
- La cadena de llamadas telefónicas
- El viaje en limusina de la pareja de ancianos
- La escena de amor
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