martes, 31 de marzo de 2026

¡GREGORIO! ¡GREGORIOOO!

 - ¡Pero Gregorio ya estaba mucho más tranquilo!
 
 
No fue un buen sueño. Desperté un par de veces y a la tercera, todavía con una hora de reloj hasta la diana del despertador, me levanté de la cama, desayuné, me aseé y me vestí tras dudar un tanto qué ponerme. Abrí la puerta del salón donde encierro a la escandalosa gata por las noches, salió disparada hacia la habitación en la que le tengo puesto el cagadero, encendí el ordenador y un cigarrillo, llené el bebedero y el comedero de la cabreada gata que ella atacó con fruición, puse "La Metamorfosis" de Kafka en el móvil y navegué un rato por la Red sin adentrarme mucho y dejándome llevar. El tabaco hizo su efecto de todos los días, fui al baño, solté un gran lastre que me dejó más liviano, cogí la citación y las llaves, me rulé otro cigarrillo para cuando terminara, me perfumé discretamente, eché un vistazo al espejo del recibidor y tras despedirme de la extrañada gata bajé a la cochera.
 
"Estaría bueno que no arrancara el coche" pensé al hacer contacto. Y así pasó que de primeras se caló, cosa rara. Pero no fue a más y subí la rampa de acceso a la calle.
 
Un gilipollas con un mini coche había aparcado de tal manera que se les había arreglado para ocupar dos plazas. "Hay que ser hijo de puta" En cualquier caso encontré una plaza libre algo más adelante junto a una iglesia moderna, la misma donde se celebró el funeral de mi padre.
 
Hacía fresco y caminé a buen paso hasta la puerta de entrada. Desde fuera parecía estar vacío pero al abrirse la puerta automática vi que dentro había gente. Recordé la escena de Betty y Rita en el Winkie's de Mulholland Drive. Un joven calvo, con barba y de baja estatura estaba en recepción junto a dos mostrencos de Seguridad. Saqué mi citación y se la di al solícito recepcionista que la pasó por una máquina que le devolvió un ticket. El chaval me devolvió los documentos indicándome por donde debía ir, se lo agradecí y le dije que de todas formas estaba esperando a alguien. Y allí quedé, esperando mientras miraba el cercano panel de anuncios y el deambular de personal y visitantes.
 
La cuidada barba del calvo y pequeño recepcionista trajo a mi memoria una sentencia de Schopenhauer leída hace un par de días en la que el lúcido filósofo alemán venía a decir que la policía debería perseguir y castigar a los barbudos pues asemejan enmascarados pretendiendo esconder algo. Los gorilas iban equipados con sendos chalecos de keviar, lo que no dejó de sorprenderme. Las jóvenes trabajadoras de mantenimiento que pasaban ante recepción eran obsequiadas con simpáticos comentarios del pequeño calvo barbudo que respondían de buen humor. "No te comes una rosca" pensé. Y entonces, por uno de los largos pasillos, apareció María.
 
Es mi prima y aún con sus casi cincuenta años sigue estando buena; es más, muy buena. Claro que yo soy su primo hermano y para mi no es una mujer ni nunca lo ha sido, entiéndaseme, pues entre mis incontables vicios y defectos no se encuentra el de desear follarme a mis familiares hembras aunque quizá esto también sea ya algo caduco por insano y de otro tiempo. En cualquier caso noté que el calvo y los robocops nos miraban, bueno más a ella que a mi, claro, aunque fui yo quien se llevó dos buenos besos. Y así echamos a andar por donde ella había venido.
 
Durante el trayecto le pregunté si no se iba de vacaciones y respondió que sí, que al día siguiente se iría con su marido y su hija a visitar a sus suegros. La niña tiene once años y ya se barrunta que será una mujer de quitar el hipo pues el padre tampoco es Quasimodo, lógicamente. Recordé aquella frase de Bukowski en la que decía que al caballo ganador se le ve en la línea de salida.
 
La sala de espera estaba casi llena pero pude encontrar un buen sitio desde donde ver la pantalla de información. María, enfundada en su bata blanca y envuelta por las miradas de todos los hombres no demasiado deteriorados, pasó adentro y luego salió para decirme que volvería cuando me llamaran. Y allí quedé con mi ticket y la citación.
 
"R5K3" Era como una notación de ajedrez. Pensé en el Torneo de Candidatos que está en marcha en Chipre. Ayer pasé la tarde viendo las partidas. El ruso estuvo a punto de ganar al odioso yanqui de origen japonés pero al final no pudo ser.
 
Un señor mayor que me recordaba a un cliente "especialito" del viejo bar estaba bregando en compañía de su silente esposa con una de las recepcionistas. Algo relativo a un error con las citaciones. El tío, un tanto soberbio, fue calentándose aunque la cosa no pasó de ahí y tras sus buenos quince o veinte minutos dejó sitio para el siguiente, que tampoco estaba allí por gusto.
 
Los códigos se sucedían en la pantalla anunciados por un sonoro toque de timbre, algo de agradecer pues pronto me di cuenta de que en esas circunstancias uno entra casi en estado de hipnosis de tanto mirar la pantalla por miedo a perder de vista su turno. De verdad tuve ganas de dormir y si hubiera cerrado los ojos creo que lo habría conseguido. No sé qué le echarán a las pantallas de los hospitales que adormecen hasta a los insomnes como yo. Supongo que serán del mismo palo en las cárceles.
 
Vi unas cuantas moras con el hiyab bien puesto, algunas en grupo y otras con los maridos pero ninguna sola. Junto a mi se sentó una señora mayor del terreno con su hijo adolescente en silla de ruedas, nada grave, es decir, nada permanente, algo de la rodilla que llevaba escayolada, tal vez un accidente con el monopatín porque los ciclomotores hoy casi no se ven entre los chavales. Recordé las locuras que hacíamos con las vespinos y se me erizaron los pelos del antebrazo y me toqué las pequeñas cicatrices que aún conservo en el bigote y la frente de un hostión que yendo pedo y sin casco me di contra unas cepas.
 
Con una hora y pico sobre el horario previsto apareció mi jugada en la pantalla y entré al pasillo interior, consulta 48. Allí me esperaban un doctor de edad avanzada y una enfermera algo menos vieja y de aspecto cansado. Me senté en la silla ofrecida con el pensamiento de contar toda la historia, algo para lo que me había preparado pero que, como tantas otras veces, no tuvo lugar: casi nunca las cosas salen como imaginas.
 
María apareció un par de minutos después. El doctor miraba más su monitor con la información del caso que a mi y tampoco es que hiciera muchos comentarios. De cualquier modo me dio buena impresión. Recordé aquel buen y sabio médico de "Serotonina" de Houellebecq que le aconsejaba irse de putas de lujo para superar su casi increíble depresión. Finalmente me ordenó tumbarme en la camilla tal y como estaba, flexionó la pierna afectada y acabó por decir lo esperado: hay que operar y colocar una prótesis en la cadera. Firmé algunos papeles, se hicieron algunos esperanzadores comentarios relativos a la tardanza, "estaremos pendientes" dijo mirando a María y nos fuimos, despidiéndonos en un cruce de pasillos con otros dos besos. 

Nada más salir encendí el cigarrillo guardado. La mañana era espléndida y el sol empezaba a calentar. Pensé en mis paseos por los molinos, aparcados desde noviembre. "Un año...dos, a lo mejor antes"
 
Arranqué el coche y puse "La Metamorfosis"
 
 
Y estando ya cerca de casa el gran Artur Mas, el mejor narrador de audiolibros de toda la Cristiandad, dijo aquello de "¡Pero Gregorio ya estaba mucho más tranquilo!" y me reí con ganas.
 
 
 

viernes, 27 de marzo de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXXII): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (13-B)

 


 

 

Escena 13-B

 

Interpretación (continuación): Esta escena es una de las pistas más claras de la irrealidad de la fantasía.

Desde el mismo inicio del sueño tenemos la sensación subconsciente de que algo no está bien: el brutal accidente del que Rita sale ilesa, la solitaria secuencia hasta que cae dormida tras los setos de los apartamentos donde vive la tía Ruth (no se ve ni un sólo ser humano salvo la pertinente pareja de borrachos que la asusta obligándola a esconderse; ¿de verdad? ¿no hay nadie, nadie, por las calles de una mega ciudad como Los Ángeles?), la incómoda escena de Dan y Herb dentro de un Winkie's que parece poco menos que un barco fantasma, sin ningún ruido ni signo de vida normal con el resto de clientes haciendo poco más que de maniquís, la total ausencia de secuencias de transición (que sí vemos en el piloto)...Lynch elimina todo lo superfluo, todo lo que no afecta al desarrollo de la fantasía dando a entender el proceso de como funcionan los sueños donde un momento estás aquí y otro allí sin por ello resultar extraño dentro del mundo onírico, tal que una realidad cuántica donde sólo se procesa lo absolutamente necesario.

Uno podría pensar al ver el inicio de la escena que Lynch está jugando a ser preciosista con ese plano de Betty y Rita reflejadas en la cristalera de Winkie's pero esto no tienen ningún sentido, entonces ¿qué nos está enseñando Lynch? ¿es otra secuencia del tipo que vimos con el armario? ¿pretende Lynch que fijemos la atención en el fondo del plano más que en el reflejo? Sí, esa es la idea. ¿Y qué vemos entonces? Vemos que el Winkie's está cerrado, que no hay nadie tras el cristal, que está oscuro y con las persianas del fondo bajadas. Sólo cuando Betty y Rita entran es que aparecen los figurantes tan fantasmales como en la anterior ocasión y como lo serán el resto de espectadores en el club Silencio. No oímos hablar a nadie, no hay radio ni televisión de fondo, no hay el ruido típico en una cafetería, no hay nada salvo Betty, Rita y la camarera.

Toda la fantasía está constreñida en sus personajes principales. La ciudad prácticamente no existe, es una ciudad muerta. Sólo vemos fugaces destellos de actividad desde los callejones de Winkie's y de Pink's, siempre detrás de los personajes. Esta misma secuencia, evitando mostrar a Betty y Rita de camino hacia Winkie's es un signo de esto: lo importante no es por donde van sino hacia donde van. Y por esto cuando las veamos montadas en el taxi hacia el club Silencio veremos calles oscuras, a medio hacer y vacías, por no hablar del desierto aparcamiento del club. O la misma escena de la matanza de Joe evita en todo momento enseñar siquiera algo del normal ajetreo diario en un edificio de oficinas y sus aledaños. Para la desesperada Diane no existe nada más en el mundo que lo que la ha conducido a ese estado.

Dentro de Winkie's, sobre la mesa de Betty y Rita, vemos un jarroncito con dos rosas azules. Esta imposibilidad (una rosa azul) que representa a las dos mujeres proyectadas en la mente de Diane nos revela su condición de personajes en un sueño, por no hablar del significado que la rosa azul tiene en, por ejemplo, Twin Peaks como contacto entre dos mundos, entre dos realidades. Las dos rosas azules que Diane coloca en este momento de su fantasía es una revelación de como veía ella a sus dos personajes más queridos por deseados pero imposibles de conseguir. Y es justo ahí donde Diane, entre las rosas azules, provoca la "llamada" que conecte a Betty y Rita con Diane cual hilo de Ariadna porque Diane está en una situación crítica y necesita la ayuda de sus dos mejores amigas para salir del pozo en el que se encuentra. Y así ella misma se presenta en la fantasía en la figura de la camarera con su nombre escrito sobre el corazón: "¡soy yo, estoy mal, ayudadme!". "¿Nada más?" pregunta la camarera un tanto decepcionada. Primero la vimos cambiar una mirada de complicidad con Betty al servirle el café, "soy yo", y Betty parece responder llamándola por su nombre pero ahí quedó la cosa tras el repentino acceso de memoria de Rita. ¿Quería la camarera contarle más cosas a Betty, tal vez que no siguiera en compañía de Rita, el camino secreto hacia la perdición? La camarera sólo llena la taza de café de Betty y apenas mira a Rita, tal que si no estuviera allí. En la mente de Diane todo el mundo intentará apartarla de Rita, la antigua protagonista de su "película" y a quien la inocente Betty debía sustituir. Pero Betty, como Diane, tampoco pudo escapar al influjo del glamour que Rita representa en el cuerpo de Camilla.

(continuará)

jueves, 26 de marzo de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXXI): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (13-A)


  

 

Escena 13-A

 

Descripción: Betty abre el armario del dormitorio y extrae una gran caja azulada. Rita está mirándola de pie con el bolso negro en sus manos, vestida ya con una camisa blanca y un pantalón plateado. 

- Vamos a esconderlo -dice Betty.

Betty deja la caja sobre la cama, abre la tapa y saca un sombrero de su interior; entonces mira a Rita que deposita el bolso en la sombrerera; Betty introduce el sombrero encima, coloca la tapa y devuelve la sombrerera al armario que cierra. Luego le ofrece su mano a Rita a modo de pacto y esta la estrecha tras dudarlo un poco.

Primer plano de la cristalera del mismo Winkie's de la escena anterior. Vemos el mismo cartel de "usar la otra puerta" con la flecha indicadora. Reflejadas en el cristal aparecen las figuras de Betty y Rita caminando hacia allí.

- Ahí hay uno -dice Betty evidentemente refiriéndose al teléfono público que miró Dan al salir de Winkie's. La cámara sigue fija en la cristalera hasta que Betty y Rita entran en plano. Betty abre el bolso y coge unas monedas para hacer una llamada. Mientras espera comunicación mira a Rita que parece aprobar lo que Betty está haciendo.

- Policía de Los Ángeles -dice una voz femenina.
- Quiero informarme sobre un accidente que ocurrió anoche en Mulholland Drive -dice Betty.
- Le paso con Tráfico.
 
Betty se muerde el labio inferior. 

- Sargento Baker.
- ¡Hola! Estoy informándome...(Betty se detiene, mira a Rita y le guiña el ojo izquierdo) Anoche oí un ruido y me pareció un accidente de coche y quiero saber si hubo un accidente de coche en Mulholland Drive.
- Sí, lo hubo.
- ¿Puede decirme qué ocurrió? -responde Betty excitada.
- No, no puedo.
- ¿Hubo algún herido?
- ¿Me dice su nombre, por favor?
 
Betty cuelga inmediatamente.
 
- Hubo un accidente -le dice a Rita- No ha querido decirme nada pero es tu accidente, Rita, ¡lo sé! -termina entusiasmada cogiendo las manos de Rita- Quizás salga algo en los periódicos. Vamos, te invito a un café y lo miramos.
 
Betty y Rita están sentadas aparentemente en la misma mesa en la que estuvieron Dan y Herb. Sobre la mesa hay dos tazas de café y un jarroncito con dos rosas azules. Betty lee el periódico buscando alguna noticia sobre el accidente. 

- Tal vez fue muy tarde y no ha salido hoy -dice consternada.
- ¿No hay nada? -pregunta Rita.
- Nada que yo vea.
- Está bien -responde Rita cogiéndole la mano.
 
Una camarera con una camisa rosada aparece para llenar la taza de Betty. Es rubia, de pelo corto y ojos azules. Está perfectamente peinada y maquillada. Es muy guapa y sonríe. 

- Gracias -dice Betty-...Diane
 
En ese momento Rita mira a la camarera para fijarse en la tarjeta identificativa que lleva en el pecho: dice "Diane" y Winkie's Sunset Boulevard. Esto provoca que Rita tenga lo que parece un recuerdo.
 
- ¿Eso es todo? ¿quieren la cuenta? -pregunta la solícita camarera.
- Rita, ¿quieres algo?
 
Rita sigue mirando fijamente la tarjeta con el nombre.
 
- No, sólo el café -responde pensando en otra cosa.
- Denos la cuenta.
- Vale -dice la camarera que deja la cuenta sobre la mesa mientras la vemos irse.
- ¿Qué pasa, Rita? -pregunta Betty que ya se ha dado cuenta de la inquietud de su amiga.
- Ssshhh...Recuerdo algo. ¡Recuerdo algo!
 
Volvemos al apartamento de la tía Ruth con Betty abriendo la puerta y Rita entrando apresuradamente tras ella. Y ya dentro se cogen de los brazos y Betty pregunta:
 
- ¿Qué?
- ¡Diane Selwyn! ¡Quizá sea mi nombre!
 
Ahora las vemos sentadas en el sofá repasando una guía telefónica de Los Ángeles.
 
- D. Selwyn -dice Betty- Es el único. Voy a llamar.
 
Betty marca el número y coloca el teléfono entre las dos.
 
- Es extraño llamarse a sí misma -dice Betty durante la espera.
- Quizás no soy yo -responde Rita.
 
La cámara hace un zoom hacia sus rostros cuando oímos el contestador automático.
 
- Hola, soy yo. Deja un mensaje.
 
Betty corta la llamada.
 
- Esa no es mi voz -dice Rita- ¡Pero la conozco!
- Quizá no sea la voz de Diane Selwyn. Quizá sea tu compañera de piso. O si es Diane Selwyn podría decirnos quien eres.
- ¡Quizás!...¡quizás, quizás!
 
Interpretación: La escena se inicia con Betty decidiendo esconder el bolso de Rita en el armario del dormitorio. Ya hablamos en otra entrada del significado de ese armario, o más concretamente de la descarada decoración de las puertas. Y el hecho de que deposite la sombrerera sobre la cama (como también hará al final de la fantasía con la caja azul) nos indica que el subconsciente de Diane relaciona el contenido del bolso (es decir, el dinero) con su actividad como prostituta, algo además potenciado al ser guardado en el siniestro armario.
 
Diane viste a Rita como si fuese una página en blanco. De hecho la duda que experimenta Rita al ver ofrecida la mano de Betty se debe más a que no sabe su significado que a cualquier duda que aún pudiera albergar. En este momento Rita es casi un zombi a merced de Betty. Y esta empieza a actuar y ya no sólo de palabra: dice que hay esconder el bolso y esto es algo que jamás haría una niña buena pues esconder cosas es algo malo. Betty está cambiando a pasos acelerados.
 
La secuencia en Winkie's es muy importante para desentrañar la narrativa oculta en la fantasía. Que sea el mismo Winkie's donde vimos a Herb y Dan debería decirnos algo. Y que sea también el mismo Winkie's donde Diane y Joe se reunirán para cerrar el trato del asesinato de Camilla no hace sino subrayar la importancia de la localización, pues claramente Diane escogió ese lugar para hacer la transacción con el sicario porque allí se sentía segura. ¿Y qué diremos de que la camarera, guapísima, se llame Diane? En la escena con Joe veremos que su nombre es Betty y ni mucho menos es tan atractiva como en la fantasía. Pero no nos adelantemos. Primero intentemos explicar qué significó Winkie's en la vida de Diane. 

No es ninguna chifladura pensar que el dinero de la herencia de tía Ruth no pudo durar eternamente, ni mucho menos. Con toda probabilidad pronto empezó a escasear y Diane tuvo que ganarse la vida de alguna manera mientras perseguía su sueño. Muy pronto veremos a Adam en una escena que nos dirá cosas sobre esto. Pero ahora ciñámonos a la posibilidad de que Diane se empleara como camarera en ese mismo Winkie's antes de decidirse a entrar en la prostitución.
 
Diane trabajó allí, en el Winkie's de Sunset Boulevard, y la forma en que nos presenta a la camarera vestida en tono rosado nos revela que Diane todavía estaba fuera del juego sucio de la prostitución: se ganaba la vida honradamente pero su situación económica era mala, como vemos en la parte de realidad al comprobar que tenía una taza del Winkie's en su apartamento de Sierra Bonita, probablemente "descuidada" de su lugar de trabajo. Y entonces, ¿qué mejor manera para que Rita recuerde algo que llevarla adonde Diane trabajó y así poderle chivar un nombre, su nombre, pues en verdad Rita es Diane?
 
La llamada desde el teléfono público también nos cuenta cosas. Lo primero es que Betty está mintiendo (guiño incluido) y lo segundo que por primera vez la vemos mirar con deseo a la imponente Rita. Aquí ya empezamos a vislumbrar lo que acabará sucediendo pues esas miradas ya no son tan infantiles como antes. Y también es de notar que en su fantasía Diane no puede desembarazarse de la imagen de Camilla, de quien estuvo tan enamorada: la maquilla igual que se maquillaba Camilla, al contrario que hace con la camarera que evidentemente es ella con su pelo rubio corto y sus claros ojos azules.
 
Otra cosa a destacar es que Betty y Rita no paran de cogerse las manos, incluso los brazos. El deseo de Diane de hacer una sola persona de esas dos mujeres es meridiano: durante toda la fantasía las veremos cogidas de las manos, agarradas del brazo o apoyando la una a la otra. 

Sigamos la flecha del letrero y entremos a Winkie's a ver qué pasa.
 
(continuará)

miércoles, 25 de marzo de 2026

CLARO QUE ME ACORDABA

Era una noche como tantas otras. Yo estaba tan cabreado como solía estarlo. Sentado sobre la valla de publicidad encendí un cigarrillo. Ya por entonces mi padre me dejaba fumar en su presencia. A fin de cuentas estaba trabajando en el bar y eso daba ciertas licencias. Al principio no era así; claro que él lo sabía pero yo fumaba sentado en los barriles, en la zona ciega para la barra. En aquellos días se podían dejar los barriles de cerveza en la calle; llenos, quiero decir. Y además se sabía porque los vacíos estaban de pie y los llenos boca abajo. Y en estos nos sentábamos por evidentes razones. 
 
Recuerdo conversaciones que no olvidaré en la compañía de un anciano muy querido y respetado por todos nosotros. Él encendía su apestoso caliqueño y divagaba entre sus recuerdos. Yo escuchaba y de vez en cuando me reía: "¡Pero tío Victoriano!" En aquellos tiempos los tíos no eran sólo los sanguíneos. Allí, sentado en un barril lleno de cerveza, escuché las mejores historias de mi vida. Y además me encantaba verlo fumar su baboso cigarro apestoso mientras hablaba con la mirada perdida. Tenía unos ojos claros y grandes como era él, casi un gigante para haber nacido a principios del siglo XX. Y todavía conservaba casi todo el pelo. Y ahí estaba yo, un crío de trece o catorce años, un nene criado entre algodones, escuchando la odisea de su vida: sus mujeres, sus aventuras, la vez que estuvo a punto de hacerse millonario con un barco lleno de negros o cuando, en plena guerra, se tiró a la mujer de su capitán, "una hembra de carnes prietas" porque este "no le hacía caso" y que estuvo a punto de costarle la vida...
 
Pero me he ido más atrás en el tiempo. También yo, a mis cincuenta y dos años, empiezo a divagar.
 
He parado de ver una serie por escribir esto. Y no por la serie en sí, la verdad, que no es mala, sino porque he empezado a beber y la verdad sea dicha a mis neuronas les gusta beber. Digan lo que digan.
 
También empecé a beber pronto. Mi primera borrachera, aún lo recuerdo, fue con catorce años. Pillé una botella de "Machaquito" del almacén que había debajo de casa y en compañía de un par de amigos nos la bebimos en una caseta de la electricidad. Luego nos fuimos a la misa del colegio (era obligada) y el cura se bajó del púlpito para sacarnos de allí.
 
- ¿Estás beodo, Kufisto?
- ¡Jajajaja...! 

Pasé tres días malo. Desde entonces no he vuelto a beber ni el anís ni nada que sea anisado.
 
Tampoco era tan terrible el colegio de los curas trinitarios. Estábamos a mediados de los ochenta y ya entonces las cosas estaban más relajadas, al menos en comparación con los tiempos de mi padre aunque esto fue algo que me contó muchos años después, ya cuando estaba al borde la muerte. 
 
Sí, había algún cura de esos de mano larga, aunque mejor sería decir de regleta larga. Sin ir más lejos este que os acabo de presentar era de esos, de hecho era su especialidad: cogía la regleta y a alguno que estaba enfollonando se la metía entre los huevos. Una vez se lo hizo a mi hermano y este se la quitó y la partió en sus narices. Pero yo el único problema que tuve fue con un externo, el maestro a quien más quería, de hecho al único que quería. 
 
La primera vez que me metió el dedo en el culo fue en su aula de las clases particulares. Era en su casa, en una habitación acondicionada para ello con diez pupitres o así. Yo tenía problemas con las Matemáticas y mis viejos me enviaron allí aquel verano. Yo tenía diez u once años y no podía entender algunas operaciones. Supongo que fue el momento de la regla de tres y todo eso. Entonces yo me acercaba a su mesa, le enseñaba el ejercicio y él me lo corregía explicándomelo. Hasta que una tarde noté que su mano hurgaba en mi culo. Y cuando, estupefacto, regresé a mi pupitre le vi olerse el dedo. Claro está que no dije nada en casa pero de cualquier manera dejé de ir allí una vez que aprobé y lo perdí de vista, pues en el siguiente curso quedaba fuera de su alcance. 
 
Sí...probablemente venga de allí mi descreimiento: ver a quien tú más querías fuera de tus padres oliéndose el dedo después de haberlo pasado por tu culo da para eso, aunque lo de los Reyes Magos tampoco fue poca cosa. 
 
Recuerdo escribir en el libro de Latín de 1º de BUP: "Si estos son los mejores años de mi vida...¿como serán los peores?" 

Aquella noche estaba sentado en la valla de publicidad. Bueno, la verdad es que no era ninguna valla de publicidad sino que era una valla que estaba allí puesta pues yo qué sé, porque estaba en curva y entonces la plaza del pueblo estaba abierta a la circulación; de hecho yo salía con mi bandeja para atender la terraza y tenía que mirar si venía algún coche, que ya ves tú a la velocidad que podían ir pero bueno...que ahí estaba la valla y ahí estaba sentado yo, ahí me sentaba yo a fumar entre llamada y llamada, con mi pantalón negro de pinza, mi camisa blanca y mis dieciocho años cabreados.
 
En aquel tiempo leía a Hesse. Me gustaba "Siddharta", por no hablar del "Lobo Estepario" Yo entonces ya andaba bien colgado. Bebía mucho y mi desayuno de camino al instituto era un canuto. Estaba haciendo COU (rama de Letras) y aquello fue un desastre. Lo dejé tras el primer trimestre con cinco muy deficientes, un insuficiente y la mejor nota en Literatura.
 
Me fui al bar de mi padre. 

- ¿Qué hay, Kufistín?
 
Era Ángel, "Pitena", un cliente del bar algo más viejo que mi padre.
 
- Ná, qué va a haber...
 
Encendió su faria, contento como siempre lo estaba en el bar, pues nadie lo quería en su casa. Y así estuvimos un buen rato, sin hablar. La noche manchega es así.
 
- No te enfades, Kufistín.
- ¿Enfadarme? ¡Me cago en Dios!
- Venga...
 
- ¡Ojalá el mierda ese no tuviera ni una puta mesa! -dije mirando a la terraza del bar de enfrente que tenía más gente que la nuestra.
- Venga, tranquilo...
- ¡Tranquilo! Me cago en Dios...
- Venga, venga...
 
Fumamos un rato más. Yo le tenía mucho respeto a Ángel. Lo quería mucho.
 
Y entonces me contó su desastrosa noche de bodas en un puticlub de Barcelona. 
 
- No jodas, ¿de verdad?
- Así fue
 
Y nos reímos tanto... 
 

El otro día, el del Padre, mi vieja me llamó para llevarla a ella y a mi más querida tía al cementerio. "Claro" dije yo, no tengo nada que hacer y qué menos que llevar a mis dos más queridas mujeres al cementerio. Me duché, me afeité, me vestí lo mejor que supe y cogí el coche para ir a por ellas.
 
- ¡Ay, hijo mío, como tienes el coche!
 
Tiré hacia el cementerio.
 
Era la una del mediodía. Una mañana espléndida, manchega. Aparqué en la entrada secundaria, la más cercana a nuestros más recientes muertos. Bajamos y entramos. 
 
Primero paramos en la tumba de un hermano de mi madre. Luego seguimos adelante y llegamos a la de mi padre. Y después fuimos a la del marido de mi tía, el último muerto. Y entonces fue que me enteré que era el día del Padre.
 
- Y ahora nos vamos a tomar unos calamares -dijo mi tía- Unos calamares de los buenos. Y no digas que no, Kufisto.
 
Y no dije que no. Hace mucho tiempo que Hesse me parece un John Wayne de la vida. Que lleve casi tres años sin pisar un bar no aguanta un no para mi tía más querida.
 
Llegamos al hotel-restaurante en el que tan bien lo pasamos todos cuando estábamos juntos, sólo que con cuarenta años de distancia. Entonces ellas eran unas leonas y yo un crío.
 
- ¿Donde nos quedamos, Kufisto? ¿Aquí en la terraza o dentro?
 
Yo tenía ganas de fumar y de primeras nos quedamos en la terraza pero como nadie apareció (estábamos solos) les dije que pasaran adentro mientras acababa el cigarro.
 
Pasé y estaban allí, en una mesa. Me quité el abrigo y me senté.
 
- ¿Te acuerdas cuando veníamos aquí?
 
Claro que me acordaba.
 
 
Claro que me acordaba.


lunes, 23 de marzo de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXX): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (12-D)


  

 

Escena 12-D

 

Interpretación (continuación): Una vez vista la escena completa hagamos algunas consideraciones finales acerca de la figura de Adam hasta esta escena clave en la fantasía. 

En su primera aparición es el único de todos los presentes en la reunión que no se achanta ante los amenazadores hermanos Castegliani: tanto su representante, como los ejecutivos de la compañía "Ryan Entertainment" y ya no digamos el camarero sí son dibujados como unos mequetrefes asustadizos en la mente de Diane, no así Adam que nos es presentado como un hombre valiente, firme y con principios que no da su brazo a torcer en ningún momento; sólo cuando ve que Ray (su valedor) calla otorgando tras la amenaza final de Vincenzo Castegliani ("Esta ya no es tu película") es que Adam recoge velas y se va pero sin aceptar en ningún caso la política de "hechos consumados". Y cuando lo vemos en el exterior aporreando el parabrisas de la limusina en un acto poco menos que suicida nos puede parecer cualquier cosa menos un hombre ridículo del que Diane se está vengando en su fantasía: Adam, en su presentación, es tratado poco menos que como un héroe.

En su siguiente escena lo vemos en ruta con semblante decidido, probablemente en dirección hacia los estudios donde está rodándose la película. Adam se enfurece cuando oye a Cynthia decir que han despedido a todo el mundo y que allí no queda nadie. "¿Quien ha despedido a todo el mundo?" dice irritado; y es al oír que "ha sido Ray" cuando Adam se viene abajo y determina irse "a casa" pues realmente ya no hay nada que hacer. Es decir, Adam no sale de la reunión resignado a su suerte, muy al contrario sigue con su intención de luchar hasta que se da cuenta de que Ray se ha adelantado cerrando cualquier posibilidad de revertir el estado de las cosas. Por esto Adam se va a casa, porque ha llegado "el fin de todo" (frase que luego volveremos a oír) y ya sólo queda buscar refugio en el hogar, algo que nos retrotrae a Diane y su fallida experiencia en Hollywood de la cual no pudo escapar porque Diane (al igual que Adam como pronto veremos) no tenía ningún hogar al que regresar. 

La primera vez que uno ve esta escena no puede sino sentir simpatía por Adam. Es tan escandaloso el comportamiento de su esposa que claramente nos pone de parte de Adam. Sólo al verla por segunda vez es que pensamos que todo ha formado parte de la venganza de Diane: quedarse fuera de la película y sin mujer ni casa. Y a primera vista puede parecer así pero si se escarba un poco enseguida lo vemos de otra manera, tal y como acabamos de presentar. Además está el hecho de que Diane muy pronto tomará cumplida venganza de quienes abusaron de Adam de forma tan rastrera. ¿Y entonces a cuenta de qué iba a hacer Diane tal cosa? Si Diane quería hacerle daño a Adam, ¿por qué envía a Kenny (el matón de los Castegliani) al hogar de Adam cuando este, convenientemente, ya no está allí? ¿por qué esa violencia tan impactante hacia Lorraine y Gene? Porque Diane sí los considera culpables por las razones ya expuestas. Si Diane hubiera simpatizado con quienes engañaron a Adam en la vida real no les habría hecho merecedores de semejante castigo, al contrario. Y esta es una pista más de lo que realmente se nos ha contado en la escena.

Color: La importancia del color en esta escena es primordial para entenderla. Lo más evidente es la situación con el joyero y la pintura rosa, fantástica alegoría de la pérdida de la virginidad de Diane a manos del hombre de la casa, el dueño de "las joyas de la familia" y que Adam este arrodillado durante el proceso nos da a entender las súplicas de Diane a su abuela para hacerla entrar en razón pues lo más normal hubiera sido que Adam montara el circo sobre la encimera de la cocina. Este hecho, la violación del abuelo, quedó enterrado en la psique de Diane como sistema de defensa ante un trauma tan horrible. Ya hemos contado como pudo ser el proceso del abuso y nos extenderemos aún más llegado el momento pero debe quedar claro que ese fue el inicio de todos los problemas en la personalidad de Diane: ni en su misma fantasía, ni en los sueños, es capaz de hacerle frente directamente; tan sólo antes de despertar, en el último instante, veremos lo más cercano a una confesión de como ocurrió. Y es en la forma de la bestia detrás del Winkie's (es decir, el monstruo que Diane guarda bajo siete llaves en el sótano de su mente) que Diane configura la monstruosa personalidad que surgió tras el "accidente" Y por ello bestia y violación deben quedar lo más fuera posible de su mente porque sino, simplemente, Diane no podría vivir.

El color de las flores juega otro papel principal: tanto la planta rosa con florecillas rojas en la base que vemos en la entrada de la casa como las tonalidades de las delicadas flores del interior. Evidentemente la planta rosa es un preaviso de la desfloración de Diane y el blanco de los lirios de su inocente vida hasta ese fatídico día; y la temprana rosa amarilla caída del dormitorio sitúa a la rubia Diane como la víctima de aquel hecho.

El negro de la ropa interior de Lorraine nos dice de su posición de poder y el vestido azul con la que aparece justo en el momento en el que Adam representa el número nos revela la transición que tal hecho causó en la relación abuela-nieta, que ya nunca más sería la misma. Y el traje manchado de rosa de Adam durante todo este primer día es significativo de como el "accidente" (al menos por lo que se refiere a Adam-Diane) permaneció presente durante mucho tiempo.

Accesorios: -el cofre-joyero que guarda algo que es mejor no abrir, igual que luego veremos con el sombrerero azul del apartamento de tía Ruth, la caja azul de la bestia, las cajas de la deprimente mudanza y el cajón de la mesita de donde Diane sacará la pistola. En Mulholland Drive las cajas sólo guardan cosas malas.

Paralelos intertextuales: -Lorraine echa a Adam de casa; Diane echa a Camilla del apartamento de Sierra Bonita; Louise Bonner quiere que Coco eche a alguien que está en su habitación "desde las tres de la tarde"; durante la audición Betty quiere que el mejor amigo de su padre se vaya o llamará a sus padres que "están arriba"

sábado, 21 de marzo de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXIX): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (12-C)


 

 

Escena 12-C

 

Interpretación (continuación): Después de tan desconcertante descubrimiento (Adam, como Camilla tras el accidente de coche, queda en estado de shock al encontrarse con este nuevo "accidente") Adam parece recuperar el control y en un fogonazo de lucidez se dirige a la cómoda. En ese momento la cámara vuelve a la cama pero con el plano un poco más abierto a la derecha y notamos que sobra la mesilla hay una botella abierta de vino tinto, dos copas, un sacacorchos y una rosa amarilla todavía cerrada. Ya hemos hablado de la importancia de las flores para la narrativa profunda de esta escena. Vamos a extendernos un poco más.

Dentro de la casa, en la cocina, el pasillo y el mismo dormitorio vemos lirios blancos, flores que simbolizan la inocencia y la pureza a modo de representación de como se veía Diane antes de que ocurriera el "accidente". Esto debe quedar claro porque nos revela que la infancia de Diane fue feliz y dichosa hasta que ocurrió el "accidente", lo cual hizo mucho más doloroso el trauma. Diane no vivió sus primeros años en un ambiente malsano, dickensiano, al contrario; Diane tuvo todo el amor y la protección de sus abuelos en su niñez. Fue sólo cuando ella empezó a transformarse en una mujer que llegaron los problemas. ¿Y cual es la señal que a modo de alarma oye Adam antes de decidirse a entrar en el dormitorio? El sonido de algo que se ha caído dentro. Y como luego veremos ese "algo" fue el vaso que contenía a la solitaria rosa amarilla todavía sin abrir que encontraremos sobre la mesilla junto a la cama. Esta solitaria rosa amarilla, temprana, tirada sobre la mesilla junto a un sacacorchos y los restos de dos copas de vino precisamente tinto suponen una revelación de lo que realmente estamos viendo.

Adam, sin decir una sola palabra, coge un cofre y sale de la habitación. Lorraine se asusta porque sabe lo que hay dentro. Gene, sin embargo, permanece tranquilo.

Y ahora paremos un momento y volvamos a ver esta parte de la escena con ojos de venganza. ¿Es normal esta situación? ¿es normal la actitud de Gene? El marido de la mujer con la que está en la cama empieza a buscar algo en la cómoda, ¿un hombre pillado en su situación se quedaría tan campante? ¿no vendría a su cabeza, como un rayo, que ese tío está buscando una pistola para freírlos a tiros? ¿no sería lógico, aún dentro del absurdo mutismo de Adam (y quizá todavía más por ello), que Gene se hubiese levantado como un resorte para hacerle frente? ¿sabes que estás en una situación muy peligrosa, límite, y te quedas igual? ¿no sería lógico que el fornido Gene le metiera la paliza de su vida al enclenque Adam, potenciando así la presunta venganza de Diane? No se sostiene. Y no lo hace porque en realidad estamos viendo otra cosa. Gene no se levanta de la cama porque Gene sabe que ahí, en la cómoda, no hay más arma que el joyero de Lorraine.

Adam, entre los duros insultos de su esposa, pasa por la cocina, mira por un momento como buscando algo y sigue adelante hasta un trastero donde hay varios botes de pintura; duda un momento y agarra el de color rosa. Mientras tanto Lorraine está terminando de ponerse a toda prisa la ropa interior negra ante un Gene que sigue a su bola a pesar de la furia de Lorraine que, cogiendo un vestido azul, sale a la carrera del dormitorio. Ahora vemos a Adam de rodillas en la cocina con el bote de pintura rosa y el cofre abierto ante él y notamos que se trata del joyero de Lorraine, que se abalanza para evitar el desastre.

¿Es normal esta resolución de Adam? ¿no sería más coherente, dentro de la aparente incoherencia de toda la escena, que Adam hubiera salido a la carrera de la casa, montado en el coche y salir de allí escopetado con lo más querido por Lorraine en su poder, como a modo de venganza? O puestos a tragar con ruedas de molino, ¿no hubiera sido mejor tirar las joyas por el triturador de basuras que tienen todas las casas yanquis? O todavía más, salir al exterior, abrir el joyero, lanzarlo colina abajo y "ahora búscalas, zorra" Pero no, Adam coge el bote de pintura, el joyero y de rodillas sobre la cocina procede a darles un baño a las joyas, baño que en ningún caso sería tan desastroso como en cualquiera de las otras opciones pues simplemente le bastaría a Lorraine con llevarlas a algún sitio para que arreglaran el desaguisado. Entonces, ¿qué estamos viendo?

Estamos viendo una recreación en la fantasía de Diane de como fue la reacción de su abuela al enterarse de la relación incestuosa.

Adam coge "las joyas de la familia" En argot sexual esto es los testículos del hombre de la casa, del pater familias, y las rocía con pintura rosa para señalar al responsable de su violación. Diane probablemente quedó atónita al ver como su abuela, furiosa, la señalaba a ella como culpable de lo sucedido, de ahí ese impactante "¡Ahora la has cagado!" con el que se inicia todo. Y ahora pongámonos en situación.

Diane ya es una mujer. Tiene trece años y su cuerpo está desarrollándose a ojos vista, también para los abuelos. Un día (nos extenderemos en esto más adelante) el abuelo no puede resistir la tentación y la viola. Diane, aterrada, no puede entender lo que ha pasado pero el abuelo (como en tantas otras situaciones de abuso asimétrico) la convence de alguna manera para seguir adelante. Los encuentros se suceden, probablemente con regalos de por medio. Diane no entiende nada pero poco a poco va aceptando la situación como algo "normal", cosa no tan excepcional pues hay muchísimos ejemplos reales de tal actitud. Pero la abuela empieza a sospechar y un día prepara una trampa ("Me voy a ver a mi hermana. Volveré para la cena") y los pilla en plena faena. Y aquí viene algo que puede resultar inconcebible pero que no lo es tanto: la abuela culpa a la nieta de haberle "robado" su hombre. Esto, visto con ojos de cámara de televisión, es imposible e inaceptable: jamás en la vida puede ocurrir tal cosa. Y sí, es verdad, jamás en la vida puede ocurrir tal cosa cuando es una cámara de televisión la que está mirando, pero el alma humana va sin filtros y la lente del ojo no se cambia a capricho.

La abuela vio en Diane a una rival que podría dejarla sola en los últimos años de su vida, cuando el miedo a quedarse solo es todavía mayor que al hecho de la muerte misma. Y eso, la sola idea que poco a poco fue barruntando en su cabeza entre sospechas, la aterrorizó hasta el punto de estar dispuesta a todo por evitarlo, incluso a mentirse a sí misma para lanzar su dardo en la diana equivocada. Y así es como puede entenderse su abominable comportamiento para con su nieta. 

La abuela, en un arrebato, llegó a echar de casa a Diane con lo puesto aunque enseguida fue reintegrada al "hogar" gracias al abuelo (Gene sí se gira cuando Adam se va en el coche, al contrario que Lorraine) a causa del evidente peligro que supondría tener a su nieta por ahí "diciendo cosas" y la abuela tuvo que tragar. La pelea entre Adam y Lorraine que acaba con ambos manchados de pintura rosa (pintura que permanecerá en Adam durante las siguientes escenas a modo de huella imborrable) es reveladora del daño que el "accidente" provocó en la relación abuela-nieta. Y el hecho de que Gene acudiera a socorrerla en lugar de largarse por la ventana y agrediera a Adam nos dice que ambos se entendieron bien, tal vez demasiado bien, es decir, "se queda, te la tiras cuando quieras, pero tú no te vas a ningún lado, tú te quedas conmigo"

jueves, 19 de marzo de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXVIII): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (12-B)


 

 

Escena 12-B

 

Interpretación (continuación): Llegamos a un momento clave de la película para su comprensión profunda. 

Lo primero a considerar es quienes son las dos personas que Adam encuentra en su cama. Una, la mujer, es una atractiva madura de pelo largo y rubio; el hombre es ni más ni menos que Billy Ray Cyrus, el mojabragas oficial de la época. Diane, claramente, no podía conocer el aspecto de la ex de Adam o en todo caso no hubiera sido capaz de introducirla en su fantasía a cuenta de alguna foto de prensa pues el mecanismo de los sueños precisa que los personajes hayan ejercido algún tipo de influjo durante la vida vigílica del soñador. Por lo que a Billy Ray se refiere no hay ningún problema: era una súper estrella de la escena musical americana que además contaba con un altísimo componente de atracción sexual para las mujeres. Diane, obsesionada como estaba por el triunfo como meta en la vida, introduce al epítome del imaginario masculino como el amante de la ex-esposa de Adam, el director que está muy por encima de los demás: sólo alguien del nivel de Billy Ray Cyrus es capaz de robarle la mujer. Lorraine aparece como una mujer muy atractiva por la misma razón: Adam, un triunfador, nunca hubiera estado con ninguna mujer del montón. Y por fuerza debería ser rubia (como ella) aunque de pelo largo a modo de señal de mujer de poder pues la melena es propia de las mujeres lo suficientemente fuertes y sexys como para acceder a esa clase de hombres. Y el hecho de que la llame Lorraine (nombre de origen francés) refuerza la identidad nativa canadiense de Diane. 

Siguiendo la narrativa convencional de "fantasía a modo de venganza" podría esperarse una ridiculización aún mayor de Adam colocando como amante de su ex a, digamos, el tipo de la aspiradora en la escena del asesinato de Ed, esto es, un tipo vulgarísimo de hombre que sin embargo le roba la mujer. Pero no, Diane no hace eso y nunca podría hacerlo por dos razones: una porque ella no cree posible tal cosa y dos porque ella apreciaba realmente a Adam, aún dando como cierto el presupuesto lesbianismo cerrado de Diane, algo que no es así. Diane, como Camilla, quería que Adam se fijara en ella porque también él había salido de la nada hasta llegar a ser el director del momento. 

Ahora que hemos contextualizado a los dos nuevos personajes procedamos a entender cual es su función en la historia.

Antes que nada debemos recordar de donde venimos pues el montaje de las escenas es clave para la resolución de la trama de Mulholland Drive, tanto en la parte de fantasía como de realidad.

Venimos de ver a Betty y Rita descubriendo el lugar donde se produjo el "accidente" Si recordáis ese momento es notoriamente subrayado con la inclusión del iluminado retrato de Beatrice Cenci entre sus cabezas a modo de conexión: claramente Lynch nos dice que lo que vamos a ver a continuación (la escena que estamos tratando) estará relacionado con la triste historia de la ultrajada Beatrice.

Lo primero que nos llama la atención es el inconcebible comportamiento de Adam durante toda la escena aún dando por bueno el motivo de venganza a cuenta de "encima de cornudo, apaleado" En su primera escena le vimos hacer frente a dos mafiosos muy poderosos; luego le vimos reventar con su palo de golf la limusina guardada por dos gorilas en un acto que puede calificarse como poco menos que suicida; sólo cuando Cynthia le comunica que Ray (su valedor) ha cerrado el plató es que parece venirse abajo, es decir, al sentirse traicionado. Pero esto no resulta suficiente para explicar su comportamiento autista durante esta escena de traición. Lo normal, según la narrativa superficial, hubiera sido que Adam estallara en un estado de furia descontrolada parecida a la que ejerció contra la limusina aunque con distinto resultado a modo de la misma paliza que recibe o todavía mayor. ¿Es normal, es lógico, que un hombre que viene de hacer lo que acaba de hacer se comporte de tal forma ante el descubrimiento de la infidelidad de su esposa? No, no es normal ni lógico. Una cosa es que tu valedor te decepcione traicionándote y otra, encima, encontrarte a tu mujer en la cama con otro, ni más ni menos que "el tío que limpia la piscina" Entonces debe ser que aquí estamos viendo otra cosa, que estamos viendo a otro personaje que en realidad no es Adam, como tampoco lo era durante la reunión con los mafiosos y el ataque a la limusina: no es Adam, es Diane.

Veamos la escena como si Adam fuera Diane. Un día la adolescente Diane inesperadamente llega a casa, pregunta por su mami (su abuela), no oye respuesta y extrañada se dirige hacia el dormitorio y allí encuentra al abuelo y a la abuela follando como locos. Bien. ¿Es normal la reacción de Lorraine (la abuela), eso de decir "¡ahora la has cagado!"? Pues no, no es normal ni lógico.

A la luz de esto y considerando todas las señales previas al descubrimiento ya referidas a modo premonitorio en la escena anterior y avisada desde que Adam se baja del coche y entra en casa por la narrativa de plantas y flores veamos otra posible opción.

Justo al lado de la escalinata de la entrada vemos una gran planta rosácea con florecillas rojas en su base. No se me ocurre un motivo más evidente de revelar subrepticiamente la pérdida temprana de la virginidad que ese. Y el hecho de ser mostrado cuando acabamos de ver a Adam diciendo una y otra vez que se va a casa, al hogar (pues en la VO dice "home" y no "house") como buscando un refugio acentúa la idea de que el desvirgamiento de Diane fue en el "hogar", es decir, en el domicilio "paterno" Y no sólo eso sino que una vez subida la escalinata vemos que todo el espacio adyacente está cubierto por la típica planta de hoja grande, amenazadora, encubridora. Estamos a punto de entrar en el más importante "juego de espejos" de toda la película.

"¡Ahora la has cagado!" dice Lorraine enfadada. ¿Pero por qué la ha cagado Adam-Diane? ¿No es ella, Lorraine, la abuela, quien ha sido pillada? ¿Por qué Lorraine está tan enfadada? ¿Es normal esa respuesta? ¿No debería ser un ruego de disculpa? ¿O acaso no suena como debería en sentido inverso, es decir, siendo que fuera ella, Lorraine (la abuela) quien viera a su marido en la cama junto a su adolescente nieta adoptada?

Esa airada frase, ese imborrable "¡Ahora la has cagado!" referido a Adam-Diane sólo tiene sentido de una manera que no por el hecho de la profundidad de cuyo significado vamos a hablar deja de ser la culminación de un proceso, de un doloroso engaño mantenido en el tiempo.

Veamos la escena desde el punto de vista que venimos insinuando. 

Una tarde la abuela volvió a casa antes de lo previsto y se encontró a su marido con su nieta en la cama. Esta relación (como luego veremos) venía sucediendo desde hacía algún tiempo y la abuela empezó a sospechar. Pero es con esa inopinada respuesta que Lorraine espeta a Adam que nos damos cuenta de que Lorraine (la abuela) le echó la culpa a Diane por lo sucedido. Al oír eso Adam se queda estupefacto, sin saber qué hacer. No dirá una palabra en lo que resta de escena. Más aún cuando Billy Ray (su abuelo) refrenda lo dicho por Lorraine con ese "Olvida lo que has visto. Es mejor así" que resuena prácticamente igual a "Olvida lo que ha pasado. Es mejor así" que volveremos a encontrarnos en la figura del vaquero. Entonces lo que estamos viendo es un desdoblamiento de personalidades semejante al de Rita mirándose al espejo para encontrarse con Rita Hayworth, es decir, la escena ocurrió tal cual pero las personas involucradas en ella estaban en otra posición


miércoles, 18 de marzo de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXVII): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (12-A)

 




 

Escena 12

 

Descripción: Bajo un cielo encapotado Adam llega a casa, baja del coche, coge el palo de golf y jugueteando con él se dirige a la puerta. Notamos que viste prendas demasiado holgadas. En la entrada hay una destartalada ranchera blanca con la leyenda "Gene Clean" escrita sobre un fondo azul en la puerta delantera. Adam se detiene extrañado. En las escaleras de acceso, a la derecha, hay una gran planta rosa en cuya base se ven florecillas rojas; detrás de ella una planta trepadora ocupa todo el espacio aledaño a la casa. Adam sube la corta escalinata y sin llave alguna abre la puerta.

Nada más entrar comienza a sonar una canción, un clásico del jazz llamado "The Beast". Adam deja el palo de golf en su bolsa del recibidor y andando hacia el pasillo ve a través de la pared acristalada dos sillas junto a la piscina exterior, una roja y la otra color turquesa. Vuelve a detenerse extrañado y exclama:

- ¿Lorraine?...Lorraine, ¿estás en casa?...¡Lorraine! 

Sigue caminando, pasa ante la cocina y llega hasta casi el final del pasillo donde se detiene al oír un ruido. Al otro lado de la puerta hay un solitario jarrón amarillo de base negra con delicadas flores blancas de alto tallo. Adam, cada vez más extrañado, mira el pomo como dudando y finalmente abre la puerta.

En el dormitorio está su esposa en la cama con otro hombre, un tipo musculado y de pelo largo que debe ser Gene, el de la limpieza. Lorraine es rubia y de pelo largo. Las sábanas de la cama son azules.

- ¡Ahora la has cagado! -dice Lorraine.
- Olvida lo que has visto. Es mejor así -dice Gene.
 
Adam contempla la situación estupefacto.
 
- ¿Qué demonios haces aquí? -grita Lorraine enfadada. Adam, sin decir una sola palabra, se dirige hacia la cómoda y empieza a abrir cajones buscando algo. La cámara vuelve a la pareja en la cama donde Lorraine mira intranquila mientras Gene adopta una actitud de calma. Vemos la mesita donde hay una botella de vino abierta, dos copas vacías, un sacacorchos y una flor amarilla sin descapullar tirada, evidentemente lo que causó el ruido anterior. Volvemos a Adam que sigue rebuscando. Hay un reloj que marca las cuatro menos diez. Finalmente Adam encuentra lo que busca y colocándose la caja bajo el brazo se dispone a salir del dormitorio.
 
- ¿Qué estás haciendo? -dice Lorraine alarmada mientras Adam se va- ¡Ese es mi joyero! -grita.
 
Adam se detiene en la cocina como buscando algo pero pronto sigue adelante, hacia un trastero donde vemos varios botes grandes de pintura de diferentes colores. Adam echa un rápido vistazo y coge el rosa.
 
- Ese cabrón -dice Lorraine ajustándose el sujetador negro- ¡Eres un cabrón! -grita.
- Seguro que está enfadado -dice Gene en la misma tranquila actitud. Lorraine le mira, agarra un vestido azul y sale corriendo de la habitación.
 
Ahora vemos a Adam de rodillas sobre el suelo de la cocina. Tiene abierto el joyero y está abriendo el bote de pintura rosa. Lorraine llega a la carrera ya con el vestido azul puesto.
 
- ¡Para! -le grita. Pero Adam sigue adelante y empieza a verter la pintura sobre las joyas- ¡Para! -vuelve a gritar Lorraine abalanzándose sobre él- ¡Adam para ya! -grita golpeándole- ¡Para! ¡Para!
 
Adam la agarra, la levanta y la estampa sobre la encimera de la cocina, forcejeando con ella.
 
- ¡Me haces daño! ¡Gene! ¡Me haces daño!
 
Aparece Gene vestido con una camiseta y unos tejanos, coge a Adam, lo separa y le pega un puñetazo en la cara que lo manda al suelo.
 
- Esa no es forma de tratar a tu mujer, colega -dice Gene- Haya hecho lo que haya hecho.
- ¡Échalo de aquí! -aúlla Lorraine.
 
Gene agarra a Adam por la pechera, lo lleva hasta la puerta de salida que abre Lorraine y lo lanza contra el suelo.
 
- ¡Lárgate! -grita Lorraine.
 
Adam está sangrando por la nariz y tiene el traje manchado de pintura rosa. A duras penas se incorpora y se encamina hacia el coche, lo arranca y se va. Lorraine entra en casa y Gene tras ella no sin antes mirar atrás.
 
Adam se aleja.
 
Interpretación: Para entender esta escena debemos ir al final de la película, a la cena en casa de Adam. Allí este cuenta entre risas lo bien parado que salió del juicio con su ex-mujer diciendo que él se quedó con la piscina (la casa) y ella con el tipo que limpiaba la piscina, es decir, su amante. Entonces es de aquí de donde Diane saca el escenario para esta escena de tanta importancia.
 
La interpretación más común es que estamos viendo la venganza de Diane sobre Adam por haberle quitado a la novia, algo que se acentuará en la siguiente escena que involucre a Adam. Pero esto no tiene mucho sentido si tenemos en cuenta que al final Adam cede y consigue recuperar todo lo que había perdido, empezando por la dirección de la película, y con ello evitar todas las amenazas. ¿En eso queda la "venganza" de Diane en la fantasía? ¿con Adam recuperando el control de su vida para vivir "la buena vida"? No tiene sentido. No lo tiene ni como desarrollo de la historia ni como explicación de su significado. Sólo desde una visión superficial, sólo entendiendo Mulholland Drive como un "what happened if...?" básico y visceral puede pasar como válida aunque sólo a costa de dar por meras escenas de relleno multitud de ellas que quedan sin más explicación que desde el punto de vista sentimental y sensitivo, lo típico de "sentir" una película más que entenderla. Y está bien, no lo censuro: Mulholland Drive se disfruta muchísimo de esa manera y así también lo hice yo todas las veces que la vi desde esa perspectiva. La historia de amor es tan potente, tiene tal impacto emocional, que a uno no le importa ponerse la venda en los ojos para dar como buenas el resto de escenas que no entendemos y no parecen tener ningún significado más allá del de potenciar la triste historia de amor de Diane y Camilla. Pero esta escena, como todas las escenas de la película, tiene un sentido y un significado. Y eso es lo que vamos a tratar de desentrañar.
 
Lo primero que debería llamarnos la atención es la exagerada holgura de las ropas de Adam, varias tallas más grandes, algo que sólo ahora advertimos con claridad cuando lo vemos salir del coche. ¿Qué es esto? ¿qué significa esto? ¿por qué Adam viste en la fantasía casi como un payaso cuando en la cena del final lo vemos con un traje perfectamente entallado, corbata y pasador? ¿no será que, como venimos diciendo, en realidad no se trata de Adam sino de Diane? ¿no estamos viendo a Diane, a uno de los aspectos de la personalidad de Diane, embutida en el cuerpo de su admirado Adam, "el director que está muy por encima de los demás"? 
 
Otro detalle a señalar es que a pesar de que vimos un cielo completamente despejado en la anterior transición de escena previa a esta ahora está completamente nublado, algo difícil de creer sino es como señal de advertencia, tal que la sirena que oímos al inicio de la escena de Dan y Herb en el Winkie's: el cielo se nubla de repente en la fantasía de Diane porque vamos a entrar en curvas que pueden hacerla descarrilar. Y esto se potencia con la planta rosa de la entrada con flores rojas en su base, premonición de lo que en realidad estamos a punto de ver.
 
La ranchera de Gene está sucia y tiene un letrero anunciador en azul a modo de marcador transicional: Gene va a darnos información de como fue esa transición para Diane.
 
Una vez adentro empieza a sonar una canción que al principio se podría pensar procedente de la misma casa pero que con el desarrollo de la escena comprobaremos que está ahí puesta ex profeso hasta el final. La canción se titula "The Beast" ("la Bestia") y esto es una pista de Lynch acerca de qué trata la escena. Como aporte curioso diré que en el piloto la canción que suena es "Take five" de Charlie Parker, es decir, que Lynch cambió la música intencionadamente, que no es algo gratuito. Cabe decir que, como en el caso del retrato de Beatrice Cenci, "The Beast" es una tonada muy popular y reconocible, todo el mundo la conoce aunque sólo fuera por los partidos de la NBA. Con esto Lynch se asegura que el espectador diga "¡anda, mira, "La Bestia", qué chulo!" Y aunque la melodía está muy lejos de ser siniestra (algo que no vendría al caso para el desarrollo de la fantasía en este punto de inicio del viaje de Betty y Rita) y muy al contrario ayuda a tomarse la escena a guasa no deja de marcar territorio con su título: cuando Adam abre la puerta de su casa, su pretendido refugio, suena "La Bestia"
 
Lo primero que hace Adam al entrar en casa es dejar el palo de golf en la bolsa. Allí, en la seguridad de Mulholland Drive, no hacen falta palos de golf ni llaves que abran cerraduras. No hay llaves en las casas de Mulholland Drive. Cuando uno vive en Mulholland Drive no hay cerraduras y las puertas son de cristal.
 
Pero Adam ve algo extraño tras la pared acristalada que da a la piscina: allí afuera hay dos sillas que no deberían estar, una roja y otra de un verde azulado. Llama a su mujer (Lorraine, nombre de origen francés) y nadie contesta. Sigue adelante por el pasillo hacia el dormitorio y notamos un solitario jarrón amarillo sobre un pie negro colocado en una mesita para tal objeto. Las flores son blancas, delicadas y de tallo alto. En ese momento se oye un ruido y Adam se detiene intrigado. Luego abre la puerta.
 
Estamos a punto de entrar en otro de los juegos de espejos de los que Mulholland Drive está lleno. Vamos a ver como la abuela de Diane se enteró de que su nieta adolescente se acostaba con su marido.

Una de las sillas, la situada en posición dominante, es roja y la otra verde claro, casi azul. Aquí se representa al abuelo con el color rojo y con el turquesa a Diane. ¿Y qué nos dice esto? ¿Por qué no es rosa la silla de Diane? Porque cuando la abuela descubrió el pastel la relación de Diane y su abuelo ya llevaba tiempo. Y el jarrón amarillo de base negra y flores blancas nos dice como se veía Diane en ese momento, es decir, una chica cuya parte inferior (las piernas) ya sabían "la historia del mundo" aunque no por ello dejaba de verse como una flor delicada y blanca, es decir, que seguía siendo una menor de edad. En la entrada a la casa vimos la gran planta rosa con florecillas rojas en su base a modo de advertencia de que precisamente allí, en el anhelado "hogar", fue donde ocurrió la violación primera. Y ya una vez dentro de casa entramos en el espacio del desarrollo de la relación abuelo-nieta surgida tras el trauma.
 
Y ahora Adam va a "abrir la puerta" del dormitorio para ver lo que pasa dentro.
 
(Continuará)
 
 

lunes, 16 de marzo de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXVI): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (11-B)

 

 

Escena 11-B

 

Descripción: En plano medio corto vemos a Adam conduciendo su vehículo con un cigarrillo de tabaco negro en los labios. Tras él se ve la parte delantera de un coche azul.

- ¿Qué dices? -pregunta Adam sorprendido en respuesta a una comunicación telefónica.
- Han despedido a todo el mundo -responde una voz femenina que pronto nos daremos cuenta es su secretaria.
- ¿Quien ha despedido a todo el mundo? -dice Adam enfadado.
- ¡Ha sido Ray! (¡déjame, estoy hablando por teléfono! -se oye en un aparte-). Cerraron el plató y todos se fueron. Será mejor que vengas.
- No.
- Tienes que hablar con Ray y solucionar esto -dice la secretaria alarmada ante la negativa de Adam.
- Me voy a casa -responde Adam con la mirada perdida.
- ¿A casa? -pregunta la secretaria extrañada- ¡Ven a la oficina! Hay que hacer algo. ¡Tienes que hacer algo, Adam!
- Me voy a casa, Cynthia.
- Adam, escúchame. Eso no es propio de ti. Por favor, ven a la oficina. ¡Tienes que hacer algo!
- Me voy a casa.
 
El plano cambia a un contrapicado de las palmeras angelinas bajo un cielo azul, justo igual que el que vimos al dejar a los abuelos en la limusina para llevanos hasta la llegada de Betty a la entrada del apartamento de tía Ruth; ahora, en un encadenado preciosista, se mezclan con las axilas de Betty tumbada en el sofá quien, mirando hacia el techo, dice lo siguiente tras dudarlo un poco:
 
- Me pregunto adonde ibas.
 
La cámara cambia a un primer plano de Rita que ya no tiene las manos sobre el rostro. Claramente se trata de la continuación de la secuencia anterior en esta ocasión interrumpida por el viaje de Adam hacia su casa.
 
- Mulholland Drive -susurra Rita.
 
Diane se incorpora del sofá y un tanto excitada dice:
 
- ¿Mulholland Drive?
- Ahí es donde iba -continua Rita sin dejar de susurrar- A Mulholland Drive.
 
El plano cambia a uno compartido frontal.
 
- ¡Quizá fue allí el accidente! -exclama Betty- Debe haber un informe policial. Podemos llamar.
- ¡No! -susurra Rita, asustada.
- ¡Una llamada anónima desde una cabina, sólo para ver si hubo un accidente!...¡Venga, será como en las películas! Haremos como si fuéramos otra persona. De todos modos quiero pasear. ¡Estoy en Hollywood y aún no he visto nada! Venga, Rita, ¿te sientes con ánimos para hacerlo?
- De acuerdo -responde Rita todavía en voz baja cogiendo las manos de Betty- Pero sólo...sólo para ver...
 
En este momento la cámara desciende hasta que la pintura iluminada de la muchacha que vimos en una escena anterior entra en el encuadre formando una especie de triángulo con las cabezas de ellas dos.
 
- Sólo para ver si hubo un accidente en Mulholland Drive -acaba la frase Betty.
 
Interpretación: Antes de ir al diálogo de Adam con su secretaria merece notarse que Adam ahora está fumando, algo que no hizo durante la reunión a pesar de que delante de él había un gran cenicero que, por cierto, estaba limpio. Otro detalle importante es que tras él viaja un coche azul que no se pierde de vista en ningún momento. El hecho de que Adam (la figura escogida por Diane para dirigir la película de su fantasía, la personalidad artística y talentosa que debe encontrarse con Betty) no fumase durante la reunión nos indica que en ese primer momento aún conservaba toda la fuerza y la creencia de Diane en el valor del talento cuando llegó a Hollywood. Y que el coche que le sigue sea azul es un indicador de que Adam va a experimentar un cambio en la percepción, como pronto veremos.
 
La conversación con Cynthia empieza de manera normal. Adam se muestra sorprendido y enfadado al oír las últimas noticias en una reacción absolutamente consecuente con su brava actitud durante la reunión. Cynthia (que es otra proyección de la personalidad de Diane en su mente, como luego comprobaremos) se queja de que alguien la está molestando mientras habla por teléfono en un guiño al continuo acoso al que las mujeres se ven sometidas en el mundo del cine. Sólo cuando Adam oye que ha sido Ray (Hott, el viejo ejecutivo en la reunión) quien ha dado la orden es que se desmorona replegándose sobre sí mismo con un continuo "me voy a casa" que no hace sino traernos a la mente la imagen de un niño asustado.
 
Esta brusca resignación de Adam no hace sino enfatizar la infantil personalidad de los tres personajes favoritos de Diane durante la fantasía, estos son, Betty, Rita y Adam que progresivamente irán perdiendo sus inocentes y confiadas personalidades. Cuando Cynthia dice "eso no es propio de ti" está diciendo exactamente eso, es decir, que el verdadero Adam no hubiera actuado así. El Adam de Diane es un niño con talento auspiciado por Ray Hott que al verse abandonado por él entra en un estado catatónico. Y no olvidemos que Hott representó para Diane la primera toma de contacto con el chantaje sexual para ascender en Hollywood. Así es que Adam, decepcionado con Ray (su valedor), se derrumba y sólo quiere irse "a casa" a pesar de la insistencia de Cynthia por hacerle frente a la situación. Adam, como Diane en la vida real, creyó que de la mano de Ray conseguirían sus objetivos pero Ray les falló.
 
El plano contrapicado de las palmeras que inicia el precioso encadenado de las dos secuencias en esta parte de la escena hay que verlo desde el mismo punto de vista que vimos el anterior calcado a este, es decir, el de la llegada de Betty al apartamento de tía Ruth tras abandonar a su suerte a los abuelos en la limusina: este es el punto de vista de Betty, pues claramente vemos a Adam mirar al frente y a ella la encontraremos mirando hacia el techo. Dos situaciones incómodas se resuelven con la promesa de las altas palmeras bajo el límpido cielo azul que la ingenua Betty necesita a modo idealizado del mundo que espera encontrar.
 
Betty, después de dudarlo un poco, se pregunta en voz alta adonde iba Rita cuando tuvo el "accidente" Es importante señalar que tal accidente no existió en la vida real. El accidente que da inicio a la fantasía es una recreación del viaje real que Diane hizo a la cena de Adam en Mulholland Drive, viaje que Camilla nunca hizo. Esta es la primera señal de que Rita sólo recordará hechos relativos a la vida de Diane, no de Camilla, mostrándonos que en realidad Rita no tiene más que ver con Camilla que su apariencia exterior pues en el fondo Rita es parte de la psique de Diane.
 
Rita, en el tono susurrante que no abandonará durante todo el diálogo, responde que iba a Mulholland Drive. Esto excita enormemente a Betty porque Mulholland Drive es el lugar donde viven las grandes estrellas del cine en Hollywood y ella desea ser una estrella. Es a partir de aquí que vemos de palabra (y pronto de obra) lo que en la escena del descubrimiento de la llave azul se insinuó con sus miradas: Betty empieza a perder la inocencia de su llegada a Los Ángeles.
 
Betty está dispuesta a mentir para ayudar a Rita, algo inimaginable en la ingenua chica que vimos con Coco. Su encuentro con Rita ha sido tan impactante para ella que no duda en hacerse pasar por otra persona (como en las películas) para conseguir el objetivo. Esta es Diane dándonos información de lo que representó su encuentro con Camilla, esto es, dejar atrás los escrúpulos y seguir el sendero secreto trufado de mentiras y anulación de la propia personalidad, algo que en una persona con la mente tan herida como la de Diane sólo podía acabar mal. Pero el deseo de ser "una estrella" fue tan fuerte que ni siquiera la inocente Betty, su última esperanza, puede retraerse al hechizo.
 
Al principio Rita se niega. Rita está asustada por lo que le ocurrió yendo hacia Mulholland Drive pero ya hemos aclarado que eso fue lo que le ocurrió a Diane, no a Camilla: el "accidente" no sucedió en la carretera sino en la cena de Adam que se convirtió en la tumba de su sueño. Y de ahí que acabamos de ver a Adam conduciendo antes de llegar a su casa, lugar donde nos encontraremos con el otro "accidente" que destrozó la vida de Diane en su más tierna infancia. La narrativa de la película juega con un doble espejo: el "accidente" de la cena en casa de Adam 
(final del sueño de Diane de ser una estrella querida por todos) y el "accidente" de la violación del abuelo (inicio de la pesadilla), recalcado en la descarada interposición del iluminado retrato de Beatrice Cenci que representará el fondo de lo que veremos en la siguiente escena.

sábado, 14 de marzo de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXV): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (11-A)


  

 

Escena 11

 

Descripción: Bajo un cielo que empieza a nublarse vemos un cartel anunciador de perritos calientes en letras rojas y otro que reza "Hechos especialmente para Pink's" en letras rosas bajo otro anuncio de la empresa suministradora que representa lo que asemeja una figura de cabello rubio.

Vemos a tres personajes doblando una esquina, dos hombres y una mujer, siendo uno de ellos el sicario. En el escaparate de la tienda que dejan atrás hay expuesta una lámpara de tulipa roja; en el exterior se ve una única rosa roja; detrás de ellos, en la calzada, un camión rojo de bomberos parado y caminando por la acera tras ellos un hombre lleva colgada al hombro una larga vara roja con uno de sus extremos apuntando al trasero de la chica hasta que el otro hombre del trío mira para atrás y el obrero disimula. Hay una cadena amarrada al segundo poste blanco que bordea el escaparate de la tienda.

Los dos hombres van comiendo sendos perritos calientes con la chica en el medio. El sicario viste igual que en la escena anterior y el otro, un tipo de más edad, también viste de cuero, va fumando y tiene un aspecto amenazante. La chica, una joven de cabello corto y rubio, viste una camiseta azul, sin sujetador y unos vaqueros ajustados y sin cinturón, camina de forma peculiar mientras se acaricia el pelo intentando llamar la atención del sicario. Evidentemente se trata de una prostituta.

- ¿Seguro que no quieres nada? -le pregunta el sicario.
- Aquí no, gracias -responde ella con agradecida sonrisa.
- ¿Algo de beber? 
- No, pero gracias...¿Un cigarrillo, quizás? -dice zalamera.
- Están dentro del bolsillo de mi camisa -responde el sicario.
 
Y detenidos junto a un cubo rojo de basura vemos como la chica mete la mano en el bolsillo del sicario para sacar un cigarrillo y en ese momento nos damos cuenta de que tiene marcas de moratones en la parte superior del brazo izquierdo. El otro hombre saca el mechero y apoya la mano en el hombro de la chica que, inquieta, se da la vuelta para tranquilizarse al ver que sólo intenta darle fuego. Este otro hombre es el chulo de la chica. Tras varios intentos logra encender el cigarrillo que la chica empieza a fumar de manera muy particular.
 
- ¿Alguna chica nueva por aquí? -pregunta el sicario.
- No, no he visto ninguna -responde solícita la chica.
- ¿Una morena? ¿tal vez un poco magullada?
- No 
- Mantén los ojos abiertos para mi, ¿quieres, nena?
- ¡Claro!
- Seguro que lo harás -Y diciendo esto abre la puerta trasera de una furgoneta azul para que la chica, contenta, suba y le da una palmada en el culo ante la complaciente mirada del chulo.
 
De regreso al apartamento de tía Ruth vemos a Betty sentada en el sofá del salón preguntándole a Rita, que se tapa la cara con las manos:
 
- Ese dinero...¿no sabes de donde viene?...Cuando piensas en ello...el dinero y la llave...¿no te hace recordar algo?
 
Y Rita responde sin quitarse las manos de la cara:
 
- Hay algo...algo...ahí...
 
Interpretación: Esta escena es consecuencia directa de la anterior en la que vimos el descubrimiento del dinero en el bolso de Rita. Ahora vamos a saber cual es la procedencia de ese dinero.
 
Lo primero que notamos es que el cielo de Los Ángeles, límpido a la llegada de Betty al aeropuerto, empieza a nublarse: la inocencia de Betty se está perdiendo al desviarse del camino previsto a causa de Rita. El cartel en caracteres rojos anunciando perritos calientes (símbolo fálico) "hechos especialmente para Pink's (rosa)", esto es, para Betty mientras que arriba se ve como una figura de cabello rubio. Diane está prefigurando el contenido de lo que vamos a ver a continuación.
 
Todos los motivos rojos ya señalados no son sino pistas que el subconsciente de Diane no puede dejar de enviarse aún queriendo resguardar a Betty de la horrible verdad en la que se había convertido la vida de Diane en Hollywood. Y el hecho de que esta escena esté intercalada entre el descubrimiento del dinero y la conversación en el sofá nos revela que tiene espacio en el mismo tiempo. El camión de bomberos es un aviso del peligro que se cierne, la solitaria rosa roja como símbolo de las ilusiones perdidas, la lámpara de tulipa roja nos retrotrae a la de las llamadas, la vara roja del obrero apuntando hacia el trasero de la chica...todas señales para recalcar no sólo que esa chica es una prostituta principiante por sus maneras sino que esa chica fue Diane en sus inicios como prostituta, algo que queda claro cuando notamos su pelo corto y rubio, que la vestimenta es muy similar a la de la escena del final con el sicario en Winkie's y a que es ella la que coge el cigarrillo del mismo bolsillo del que el sicario sacará la llave azul.
 
El diálogo entre ambos es muy revelador a pesar de su aparente intrascendencia.
 
El sicario le pregunta si quiere algo y la chica no dice "no" sino "Aquí no" Este es un detalle importante porque lo que la chica quiere decir es que ahí, con el chulo al lado, no puede decirle lo que quiere porque lo que realmente quiere es que el sicario (la personalidad asesina de Diane en la fantasía) se cargue a ese cabrón maltratador. Del mismo modo, y como hemos visto antes y veremos al final (e incluso en el simulacro de audición con Rita), notamos que Diane asocia el hecho de fumar con el de ser prostituta por lo que podemos colegir que Diane empezó a fumar cuando se inició en la prostitución y la estereotipada manera de fumar de la chica refuerza esta idea.
 
El chulo, otro hombre mayor, un vulgar chulo a pie de calle y no como Ed y su libro negro "con la historia del mundo en números de teléfono" nos es presentado como un tipo despreciable, callado y servil ante el sicario que es quien domina la situación, un tipo incapaz siquiera de encender un mechero sino tras muchos intentos (¿gatillazos?), un tipo violento que marca a sus chicas, un tipo que merece la muerte.

En el salón de Havenhurst, Betty le pregunta a Rita si el dinero y la llave no le hacen recordar algo. Y este comienzo de la conversación es muy significativo debido a la secuencia anterior. De momento Rita (que no olvidemos es una proyección de Diane, no Camilla), con las manos tapándose la cara, dice que no pero que "hay algo" Y este "algo" es precisamente lo que acabamos de ver: que Diane es una prostituta y por esto se tapa la cara, algo chocante cuando acabamos de verla llorar a lágrima viva sin taparse la cara cual niña pequeña. Rita-Diane empieza a recordar no cosas acerca de Camilla (no lo hará en toda la fantasía) sino hechos relativos a la vida de Diane. La inocencia tanto de Betty como de Rita empieza a desdibujarse.

Es de notar que esta conversación entre las dos no cuenta con la aparición del retrato de Beatrice Cenci, algo que será una constante en escenas posteriores, porque de lo que aquí se está tratando es de la prostitución y no del incesto.

Color: -El rojo es dominante en esta escena con toda la intención de recalcar el aspecto sexual en un sentido negativo: el coche de bomberos, la vara del obrero, la lámpara, el cubo de basura...Sexo previo pago, sexo por interés, sexo peligroso, sexo sin amor (la solitaria rosa roja), la cadena que vimos enganchada a uno de los postes blancos.
- El negro del cuero de las cazadoras de los hombres señala su posición de amenazadora autoridad sobre la chica.
- La chica vestida de azul como transición en la vida de Diane, que dejó definitivamente atrás su maltratado estado de inocencia (Pink's) al entrar en el negocio de las prostitutas, esto es, al tener conocimiento de que también había "perritos calientes hechos especialmente para Pink's", es decir, para las chicas que como la rosácea Diane no tenían un aura de sensualidad tan marcada como la roja Camilla. Y la destartalada furgoneta azul será el vehículo transicional dispuesto para ellas.
 
Accesorios: -El cigarrillo que la chica extrae de la camisa del sicario es de tabaco rubio como las colillas en el cenicero de la lámpara roja que veremos en el apartamento de Diane en Sierra Bonita. En la escena con el sicario de la realidad no le vemos fumar en ningún momento. Cuando veamos a Camilla fumar en la cena de Adam será compartiendo caladas de un cigarrillo de tabaco negro de Adam.
 
Ecos visuales: -La furgoneta azul del sicario, el vehículo azul que precede a la limusina de los abuelos y el coche azul que "despierta" a Rita al bajar de la colina.
- El brazo magullado de la prostituta en el mismo lugar del que la tiene agarrada el viejo galán en la audición cuando Betty pretende desembarazarse de él.
- El cartel en un largo poste de Pink's en un impersonal fondo blanco bajo un cielo nublado y el de Winkie's sobre un fondo dorado ribeteado de azul cielo fijado a una pared que recuerda a su apartamento en Sierra Bonita.

jueves, 12 de marzo de 2026

Y AHÍ SIGO

 Desperté a eso de las siete, en hora para la toma de la pastilla. Tomé un puñado de polen de flores, un ajo negro y después el opiáceo. Regresé a la cama y no tardé en volver a dormir.

Me levanté casi a las once. Había abierto el ojo a las diez y todavía tenía algo de sueño a pesar de que anoche no llegué a tomar el relajante muscular: me deja grogui para el día siguiente y eso es algo que siempre evito a no ser que dormir se convierta en misión imposible, y aún así. De hecho, en esas contadas ocasiones, abro la cápsula y tiro su contenido sobre una silla; entonces la preparo como si fuese a meterme una raya, separo la mitad, la mezclo con agua y me la bebo; luego guardo el resto en una de las partes de la cápsula, la introduzco en el blister y con mucho cuidado la deposito para otra ocasión. Y con todo y eso resulta de más.

Es curioso como pasa el tiempo cuando uno está en duermevela: lo que en otras situaciones puede resultar una eternidad se transforma casi en un parpadeo que, sin embargo, el durmiente experimentado puede llegar a calibrar: "Ahora deben de ser casi las once" me dije. Y así era.

Incluso antes de desayunar me di cuenta de que a pesar de todo lo dormido (casi nueve horas) no estaba bien. Yo no he dormido nueve horas en mi vida, al menos conscientemente, y nunca sin los excesos o las drogas recetadas por medio: me bastan cinco o seis horas para estar bien. 

Me hice un té doble para despejarme, comí cuatro nueces, la ración de vitaminas y me fui al ventanal para hacer tiempo mientras se encendía el ordenador y la infusión se templaba.

Allá abajo la gente pasaba sin ser conscientes de que alguien estaba observándoles entre bostezos. Encendí un cigarrillo y acaricié a la gata.

El sordo dolor en las piernas logró que ni me planteara hacer mi tabla de fondos, mil, aunque suene a sobrada: me hago mil fondos con la cadera jodida. En modo muelle, sí, pero estrictos también soy capaz a mis cincuenta y dos años de hacer trescientos en menos de una hora. Pronto, en diez días, me harán una resonancia y una semana más tarde tendré la consulta con el traumatólogo que, seguramente y tal como me dijo una prima que trabaja en el hospital y cuyo marido también lo es, derive en operación.

Bebí el té, acabé el cigarrillo, jugueteé con la gata y fui a lavarme sin saber qué hacer.

Mi ensayo sobre Mulholland Drive avanza a buen ritmo. Creo que puede salir algo bueno de ahí. De hecho, y sin jactancia alguna, puedo asegurar que no hay nada ni siquiera remotamente semejante en español. Y de fuera sólo el ensayo de Alan Shaw está a mi altura y algo más allá, pues de él bebí para escribir lo que estoy escribiendo. Pero esta mañana, este mediodía, no tenía cabeza para ello: quiero hacerlo bien y en condiciones, aunque sea la única cosa que haga bien y en condiciones en toda mi puta vida.

¿Qué hacer? No podía ejercitarme por el dolor del cuerpo ni escribir por el embotamiento de la cabeza. Recordé que mi vieja llamó anoche asegurándome fabada en su casa y burla burlando, para hacer tiempo y pensando en que todavía escupo con algo de color por alguna infección a pesar de haber estado una semana con antibióticos, decidí vestirme, coger el coche, ir al ambulatorio y pedir recetas electrónicas para ello y los dolores de cadera, aunque todavía tengo opiáceos.

Estar cobrando el IMV es una gran cosa: no pagas un duro en la farmacia. Estoy casi convencido de votar al PSOE en las próximas elecciones. 

No me afeité. En el ambulatorio me encontré con un cliente del bar, un policía municipal de un pueblo cercano, uno que no veía desde años antes del cierre, uno que estaba casado con una tía banquera de tetas gordísimas, uno que es hermano mayor de un compadre mío, un camello al que apenas he visto desde que cerramos el bar, aunque esto no significa nada porque desde entonces no he vuelto a pisar un bar aunque sé que también él se ha retirado de los excesos, no sé si del negocio.

Charlamos un poco durante la espera. Me sorprendió mi agilidad mental, aunque mejor sería llamarla sudapollismo. Sí, la verdad es que me había alegrado al verle, o bueno, tanto como alegrado...En fin, que no me había molestado: después de dos años y medio fuera de juego y sin ningún viso de reintegrarse al campo es como que todo te la sopla en el mejor de los sentidos tras haber pasado toda una vida haciéndote el Zelig para no molestar a nadie por el valor de un par de cubalibres a la semana. En cualquier caso, y a pesar de mi sudapollismo, no pregunté por su tetuda mujer cuya imagen tenía a fuego en la cabeza por no meter la pata, algo que él respetó sin hacerme ninguna personal lo que me dio a entender que se han separado.

Volvió a tocarme la recepcionista medio subnormal, rellené la papeleta de las recetas tras explicárselo un poco y, viendo el esplendoroso mediodía, me fui pensando en las miles de veces que había pasado andando por allí tras bajar de los molinos.

Eché una Primitiva, guardé un euro para la zona azul de la casa de mi madre y me dirigí a comer la fabada prometida.

No había nadie. Mi madre, tal como dijo anoche, estaba en la peluquería con mi queridísima tía, y el único hermano que todavía vive con ella estaba trabajando. Subí las escaleras mirando los desperfectos que el hijo mayor del vecino, un perfecto subnormal que gana un montón de pasta, ha causado en nuestra casa familiar al tirar la suya, litigios en los que mi santa madre, que lleva años queriendo reunirse con mi no tan santo pero admiradísimo padre, no se quiere meter en memoria de la buena mujer que parió a ese idiota y que tanto la ayudó cuando nosotros éramos unos enanos.

Comí la fabada del día anterior viendo un programa de "Antiguos Alienígenas" No veo la televisión desde hace veinticinco años pero cuando como en casa de mi madre es algo que no sé, como un ectoplasma, mi vieja no sabe vivir sin la tele y en fin, yo qué sé, que puse la tele a pesar de estar solo.

El personal salía hablando de las pirámides, siempre las putas pirámides. Recuerdo que cuando yo fui un chico no había cosa que me interesara más que el Universo, Saturno sobretodo con sus anillos; luego crecí y me hice de las Pirámides (aparte de Arconada) pero eso también pasó. Otra queridísima tía, una mujer que se ha recorrido el mundo, mi madrina, me dijo una vez que lo más impresionante que había visto eran las putas pirámides de Egipto.

Regresé a mi casa. Dormir no era opción a pesar de la fabada pero de todas formas me eché en la cama. Pensé en descansar un rato, ducharme, afeitarme, vestirme bien e ir a la biblioteca pero enseguida lo deseché; por contra me levanté para ponerme a escribir una nueva entrada de mi ensayo sobre Mulholland Drive.

Y entonces fue cuando entré en zona peligrosa.

 

Y ahí sigo.