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miércoles, 20 de abril de 2022

ME QUEDÉ SOLO EN EL BAR

 Me quedé solo en el bar y puse el "Master of puppets" a buen volumen. Las dos últimas cuadrillas de las cañas (las únicas que había tenido) se habían ido al mismo tiempo, una la de los habituales y otra la de los psicólogos, esta rarísima de ver desde hace años aunque tuvieron una época de venir casi a diario; cosa curiosa, casi un vengayá, es que esta misma noche uno que fue de ellos, un vallisoletano que abandonó su trabajo aquí para irse a Madrid, apareció por primera vez en mis sueños sin saber como ni porqué. Claro que hoy ha sido otra noche de sueños tan vívidos (sobretodo el primero que me despertó sin yo saber durante un buen rato si todavía estaba dentro o fuera de él) que darían como para tomarse el resto de la vida a cachondeo. Evidentemente desperté regular tras una noche como esa, pero a veces pasa que es como si a uno ya le diera igual; después de todo despertar regular es casi un triunfo a estas alturas de la vida, de mi vida, y la verdad es que gracias a mi alma masoquista no me sentía del todo mal a pesar del poco descanso. Y como leí en una magnífica novela de Agatha Christie citando a un poeta inglés: "Hay quien nace para el dulce amor y quien nace para la noche eterna"

- Hay quien nace para el dulce amor y quien nace para la noche eterna -le dije a primera hora a la chica de la clínica odontológica mientras charlaba con ella.

Se me quedó mirando con fijeza. La tengo en el bote.

No he conocido a un sólo psicólogo ni siquiera medio normal. Ni psicóloga, que son la mayoría. Y no es que yo sea normal, no, ni de coña: el día que uno me enganche será uno de los más felices de su vida, aunque no creo que llegue. Pero yo, por mi oficio, trato con gente normal y sé reconocerlos. Ellos no; ellos tratan con anormales, han memorizado libros de anormales y quieras que no se vuelven anormales. Y se siente. "Quien mira un abismo durante demasiado tiempo..." Esta para mañana.

Es su mirada. Aún entre ellos mismos. Viejos, jóvenes, chicos, chicas...En su mirada hay, sobre todas las cosas, desconfianza. Todo es subterráneo y lo que enseñas es una ilusión. Ese es su pensamiento. Como para salir de fiesta. Podría reconocer a un psicólogo con una botella de Johnnie Walker en mi estómago. Por cierto que hará ya dos meses que no viene por el bar mi buen amigo Gonzalo, uno de sus más impacientes y duros pacientes. Supongo que otra vez estará ingresado y muy bien drogado. Espero que cuando salga siga con las mismas ganas de hacerle bien al mundo aunque nadie menos yo entienda sus métodos.

Yo creo que lo del "Master" ha sido por lo de la mascarilla. Subterráneamente, claro. "Memorias del subsuelo", la novela del Dosto más salvaje. Subterráneo. Bajo la tierra, en las raíces que buscan la mierda con la que alimentar a lo que ilumina el sol.

Los vi venir nada más verlos entrar al bar con sus mascarillas, la verdad. Yo no la llevaba y quizá vinieron hoy para tantear, qué sé yo. Ninguno dijo nada pero la tensión podía cortarse. "¿Yo la llevo puesta y tú, cabrón servicial, no?" Pues no. Y además legalmente. Y encima estoy sin vacunar. Con todo, me esmeré con la tapa y pagando cada uno lo suyo se fueron de mi bar despidiéndose todos menos uno, un chico con barbas que muy a pesar suyo casi no podía ocultar su indignación.

Recuerdo como si lo estuviera viendo la primera vez que mi tío nos puso "Battery" en su magnífica salita de música. Nosotros, mi hermano y yo, éramos unos adolescentes enamorados de Maiden, AC/DC, Ángeles del Infierno y demás. En esa edad, cuando uno acababa de salir de la infancia, la música lo era casi todo, todavía más que las chicas que algunos años después empezarían a traernos de cabeza. 

- Vais a flipar -dijo él.

Y entonces pinchó "Battery" en su simpar equipo de música. Y los arpegios de la introducción empezaron a vibrar a través de los enormes altavoces.

- ¿Qué cojones es esto? -le dije, mosqueado, ante tamaña estafa. Pero un minuto después...

Jamás en la vida he sentido algo así con la música salvo una vez, muchos años después, cuando caminando con mis auriculares un amanecer de primavera por las afueras del pueblo no tuve más remedio que echar a correr y a saltar con el Finale de la Novela de Beethoven.

Abrí un tercio y me fui al ventanal. Al rato, ya en el corte de "Master..." vi pasar a un chico joven con cazadora de cuero y la coleta recogida acompañando a una gorda con el pelo violeta. Entraron al bar.

- Hola -dije regresando a la barra. Casi al instante me di cuenta de que al menos a él no iba a molestarle el volumen.
- Hola -respondieron con timidez. Ella llevaba la mascarilla medio puesta y él colgando en su gaznate. Vendrían del hospital.

Café para él  y aquarius para la jefa. Ella salió a fumar. En los ojos de él vi que no se podía creer que algo así estuviera sonando en un bar como el mío.

Todavía estaba la gorda fumando afuera cuando Paco el ciego vino por su café y cocacola de la tarde. 

- Kufisto.
- Hola, Paco. A tu izquierda tienes un taburete.
- Vale. Lo tengo.

- ¿Qué es esto?
- Metallica.
- Ah

Se quedó ciego poco antes de la publicación del Master, cuando todavía era un chaval que iba al instituto.

La gorda de pelo violeta volvió a entrar y se sentó en la mesa con el chico.

Eché un trago. Empecé a tararear el estribillo de "Master"

- Qué viejo suena esto -dijo Paco
- Me estás llamando viejo, cabrón.

La parejita se fue en el "Leper Messiah" Y yo cuando "Orion" estaba a punto de alcanzar su maravillosa parte intermedia.


La tarde estaba gris, fresca, ventosa, casi lluviosa; una tarde para cocido y siesta, tal y como me había jurado mi amigo el camello poco antes de la llegada de los psicólógos.

Bueno, puede que fuera en una tarde como esta cuando hace treinta y cinco años Battery me sacó de mis casillas. ¿Quien sabe? Ahora estoy en mi piso, escribiendo algo mientras bebo, echando el rato. Mi hermano se casó, se fue a otro pueblo y tiene dos hijas. Lo veo poco. El otro día estuvieron por el bar, mi hermano y la mayor, mi ahijada. Ya tiene catorce años. Está preciosa, todavía inocente. 

- ¡No cree que vengamos del mono!- dijo riendo mi descreído hermano antes de pasar a mear.

- ¿No crees que venimos del mono?
- No -respondió ella casi ruborizándose.
- Pues yo creo que sí


Le hice una mueca y sonrió nerviosa.





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