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jueves, 24 de noviembre de 2016

DESGRACIAO

- Fíjate si seré desgraciao, Kufisto, que una vez que intenté robar un coche rebotó el ladrillo en la ventanilla y se me estampó en la boca.

No pude menos que reírme. No pudimos menos que reírnos. Él ya andaba con su cáncer a cuestas y siempre venía por el bar a echar el rato. Algún tiempo después tuvieron que extirparle el tumor de la garganta y ya no pudo hablar nunca más. Acabó muriendo absolutamente consumido por la enfermedad a la edad que más o menos tengo yo en estos momentos. Dejó varios hijos, algunas mujeres y muchos amigos. Por aquellos, por darles de comer, fue lo de aquel fallido robo de vídeos de primera: "estaba tan desesperado, tan sin un duro, que tuve que hacerlo...Y mira como me salió"

Hay gente que es lo que parece y gente que parece lo que no es. Y mi amigo era de estos últimos.

- ¿No necesitarás una cocinera, verdad? -me preguntó esta mañana una mujer que acompañada por otra que me había parecido un tanto loca acababan de pagarme dos de los quince o veinte cafés que había puesto en cuatro horas. Hay preguntas que se hacen mal porque está claro que da igual como hacerlas.

Le dije que no, que probara en los grandes bares de abajo, esos en los que nadie conoce al dueño y quizá sean cuatro los que conozcan a alguno del sinfín de camareros que por ellos van pasando como nenes en los caballitos de feria de Atracciones Casado. Al menos allí tendría alguna posibilidad de opositar por el cuenco de arroz, aunque su sex-appeal (tan importante en una cocinera) daba para poco más que en una resaca criminal, de esas en las que o eyaculas de alguna manera o te da el derrame cerebral.

- ¿Podemos sacarnos fuera los cafés? Es para fumar...

Y cuando se iban lo encontraron en el suelo.

- Oye, este teléfono...

Diez minutos antes se había ido del mismo sitio uno de mis habituales, uno de esos solitarios que por más habituales que sean casi ni sabes como hablan: un "sí" a tu consabido "¿con leche?" da para lo que da, aunque hayan sido cientos de ellos con el paso de los años.

- Sí, este tiene que ser de uno que se acaba de ir. Gracias.

Dejé el móvil en el botellero y ya solo otra vez me fui al ventanal para ver algo mientras esperaba el próximo relevo del mediodía, ese que me da una horita para hacer algo que me guste, como tumbarme en el sofá de mi casa mientras miro el poco cielo que me dejan ver los edificios de enfrente. Pero había tan poco ahí afuera que tuve que tirar de móvil. Y viendo el mío, ya extremauncionando, me acordé del otro.

¿Por qué no?

Fui a la barra y me lo guardé en el bolsillo. Un rato después salí a la calle y lo metí en el coche, no fuera a ser que viniera el dueño, me preguntara por él, le dijera que ni idea y en ese momento sonara su melodía de alguien que le llamara. Soy un tío grande. Llegó mi hermano pequeño y ya estaba saliendo por la puerta cuando apareció.

- Oye, ¿no habrás visto un teléfono?...-dijo con una voz tan emocionada que apenas pude reconocer.
- No -respondí como aquella vez que siendo niño nuesta madre nos preguntó quien era el que estaba recortando las fotos del Interviú de padre.

Pasó adentro y miró nerviosamente. Mi hermano le dijo que mirara a ver por entre los asientos del coche, como tantas veces pasa. Él dijo que había venido andando. Yo me quedé en el no, sin aventurarme más allá ni de cachondeo. "Me voy a la farmacia, a ver si allí..." "Joder cuanto habla este tío -pensé-" Y se fue y me fui. Ya en mi coche aceleré como si hubiera hecho algo malo. Sonó un tono que no era Bob Dylan y a punto estuve de atropellar a un pasocebrista más tronchao que tres tristes tigres en tres trigales de Monsanto. El viejo me miró como si le hubiese robado sus medicinas. Rory Gallagher seguía a lo suyo, sin enterarse de nada. Lo apagué. "Céntrate, coño, tampoco es para tanto, nadie se va a enterar...Y a fin de cuentas es funcionario, tiene sueldo fijo, pluses, vacaciones, pensión garantizada y tú sólo eres un pobre, un pobre hombre, un pobre hombre autónomo digno de lástima por la mierda de negocio, de vida y de teléfono que tiene..."

Ya en casa, y aún en el ascensor, intenté quitarle la carcasa. No pude. Atacado, me fui a cagar y lo oí sonar otra vez mientras miraba uno de los problemas de Schlechter como quien mira una hostia de pan Bimbo en el Pozo del Tío Raimundo...


Miré con tristeza el sofá y cogí las llaves. Volví al bar y le di el teléfono a mi hermano. "Me lo he encontrado al salir. Estaba debajo de mi coche. Dáselo si viene"


Y fue.


Y yo me quedé sin mi hora feliz.


6 comentarios:

  1. Muy majo, con 4 pinceladas retratas dos personajes (tres contando al narrador) y una incidencia curiosa. Además acaba bien.


    Hay unos Bic phone por 19€. Si yo lo usara para hablar lo compraría aunque solo para epatar a horteras. Pero apenas hablo.


    Un saludo jjvr

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  2. ...aunque solo fuera para...

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  3. Felix culpa!

    La culpa y la timidez me han librado de no echar a perder mi vida definitivamente en no pocas ocasiones. Aunque en otro tiempo fueron neuróticas o excesivas, hoy, que ya tienen una medida más adecuada (sobre todo la primera, pues tímido sigo siendo), no me importan lo bueno que me hagan perder: el saldo es más que positivo.

    A veces deben ocurrir ciertas cosas para que surjan otras. Te felicito por tu culpa.

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  4. Jajaja... Ahora me doy cuenta del juego de palabras final no buscado: te felicito por tu culpa o por tu culpa te felicito.

    Un abrazo, Kufisto.

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  5. te das cuenta que puedes perder un cliente de 300 euros por un puto movil¿¿

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  6. creo que eres un hijo e puta y un mediocre.
    Deja e escribir que eres un plasta.

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