martes, 24 de junio de 2025

INTO THE DREAM

 Yo venía de soñar y mi alma todavía estaba dentro del sueño cuando llegué al bar. Te vi nada más correr las cortinas de la puerta. Tú reías. Pasé a la barra, vacié los bolsillos y un mediodía más puse algo parecido a la música de mi sueño.


Mi hermano se fue. Entró un chico para sentarse con vosotras en una mesa. Se acercó a la barra y pidió una ronda de cervezas. Llevaba tatuajes en los antebrazos.

Cuando dejé la tuya, la especial acompañada de su tapa especial, me miraste fijamente, sonriendo, y dijiste gracias. Mantuve tu mirada sin ningún esfuerzo. En verdad no fue complicado. Mi alma todavía estaba atrapada en un sueño.

Sí, te recordaba de otros días en el bar. El camarero tiene memoria fotográfica. Entonces venías con otro tipo, uno a quien hace poco tiempo volví a ver en compañía de una elegante mujer, más o menos de tu edad, pero con las uñas de los pies muy bien pintadas. Lucía espléndidamente un vestido blanco con motivos rosas. Andaba sobre unos afilados tacones. También me sonrió dándome las gracias con los ojos. Yo la miraba cada vez que tenía que tirar una caña. Él, tu antiguo acompañante, tan educado como siempre, bebió un par de cervezas, lo recuerdo bien. Hablamos de algo mientras le tiraba la segunda. Es un hombre reservado.

- Me ha encantado tu arroz -me dijo ella.
- A eso te he traído -dijo él.
 

Sí, te recordaba. Y el recuerdo era mejor.

La música parecida a la del sueño seguía sonando en el bar. Y tú bebiste tanto como para alcanzar la escandalosa y constante carcajada compartida con tu amiga, aunque no por el chico de los brazos tatuados. 

Y entonces vi que te dormías, que caías en el pesado sueño negro de las luces encendidas. Tu amiga parecía muy preocupada. El chico de los brazos tatuados se acercó a la barra y pidió una botella de agua que no le cobré. Y cuando salí de lavar los platos no había nadie en vuestra mesa.


Ya era tarde. Todavía quedaba gente en el bar casi cerrado. Bajé las persianas y apagué el televisor. Cambié de música y esta vez puse la del sueño. Me senté en un taburete y encendí un cigarrillo. "Podéis fumar si queréis. Pero nos vamos"

Nadie más que yo encendió ningún cigarrillo. Me serví otra copa.

La gente continuaba hablando y riendo. Poco después se fueron, aunque no del todo. Con la llave echada oí que seguían tras la puerta. Yo ya había acabado pero no quería verlos al salir, no quería encontrarlos en mi próximo sueño.

Otra copa. Otro cigarrillo. La gente nunca se acaba de ir.


Y todavía estaban allí, hablando y riendo detrás de la puerta, cuando me fui del bar con media botella de Johnnie Walker bajo el brazo.
 
 

 

jueves, 19 de junio de 2025

NÁ, DÉJALO

 Me levanté de la cama, tomé un ibuprofeno, desayuné y salí a andar. Extrañado miré la falta de actividad previa a la apertura del súper de abajo. En la calle adyacente apenas se veía movimiento. Tomé la dirección habitual y vi a dos o tres paseantes y algún que otro coche con pocas prisas. Saqué el teléfono, entré en la Red y busqué por si habían tirado la Bomba en Oriente Próximo durante la noche. Luego recordé que era el cumpleaños de uno de mis sobrinos y pensé en él durante un rato para no olvidar felicitarle a lo largo del día. El conocido laberinto previo a la salida hacia las afueras permanecía igual de vacío y silencioso. Una señora de enorme culo barría en bata la fachada de su casa.
 
- ¿Pero qué pasa? -pensé- ¿será fiesta o algo? ¿hoy es jueves, no?
 
"Fiestas en La Mancha" pedí en la Red. Solícita mostró varias entradas al calendario de festividades del año en curso; pulsé una de ellas y entonces fue cuando me enteré que hoy era el día del Copus Christi, festivo en la región. 

Ya estaba cerca del campo, apenas a unos cinco minutos. He cambiado el trayecto de acceso, ahora es más corto y menos concurrido. 

"Entonces hoy -volví a pensar, quejumbroso- habrá más gente por los molinos" Y por un momento cruzó por mi mente la idea de ir al parque para evitarlos, pero en la tarde de ayer acabé baldado de tanto ejercicio que hago siempre que elijo pasear por allí (los altos árboles y sus anchas copas animan a ello) y como hace tiempo no me fío de mi mismo decidí seguir adelante.
 
Como tantas otras veces erré en mis previsiones. Encontré más gente, sí, pero no fue para tanto. Creo que la palabra "domingo", incluso "sábado", tiene mucha más fuerza que un número coloreado en rojo en el calendario. 

Bajando volví a cruzarme con un chaval que me saludó como el otro día. Claro que el chaval ya tendrá treinta y unos cuantos pero yo más. Yo no lo reconocí pero él a mi sí, que me lo dijo su madre antesdeayer en casa de la mía cuando fui a comer unas lentejas y a llevarme una botella de gazpacho:
 
- ¡Kufistín! 
- ¿Qué? - le dije sonriendo tras los dos sentidos besos de rigor. Lo que aguantó esa mujer cuando los cinco hermanos éramos pequeños no lo sabe nadie.
- ¡Ayer te vio mi hijo en los molinos! ¡A las siete de la mañana!
- ¿Ah, sí?
- ¡Sí! Me dijo que te reconoció 
- Joder...
- ¡Ay, Kufistín! ¡Siempre fuiste mi preferido! -dijo agarrándome la cara con sus trabajadísimas manos.
 
Saludé al posible hijo de mi muy querida Mari y seguí adelante.
 
Comí estupendamente a las once de la mañana. El dolor de hombros había desaparecido mucho antes. Ibuprofeno nunca falla. No hay nada como Ibuprofeno. Nada, excepto "Mulholland Drive"
 
Desperté otra vez tras una profundísima siesta. No quedaba rastro de dolor. Dudé qué hacer con el resto del día; el calor en el piso era tan insoportable que no podía pensar en nada más que escapar de aquí. Cogí el coche y me fui al parque.
 
Eché a andar sin más expectativas que no hacer el subnornal.
 
 
Hora y media más tarde corté.
 
 
- ¡Que te llama tu tío! - dijo el padre
- Ná, déjalo -dije yo
 
 

martes, 20 de mayo de 2025

MARIE LAVEAU

Marie Laveau cogió una cuchara limpia del desvencijado aparador y probó el caldo que por una hora llevaba cociendo sobre la flamante vitrocerámica que dos de sus diez hijos le habían regalado por su último cumpleaños.

"Todavía le falta..." se dijo. Y recordó su vieja cocinilla de butano, con sus hierros negros y su fuego azul y naranja, tan de su gusto; tanto que muchas veces durante los últimos años lo encendía por nada, sólo para verlo "No sé cocinar con esto...¿como se puede cocinar sin fuego?...Calor, calor...Esto es más un cataplasma...Esto es como cocinar para los enfermos...Esto es cocinar para los muertos"

Se sentó y bebió de su infusión, ya casi helada. Miró por la ventana y no vio nada más que su oscuro reflejo. Era tan de noche que por un momento pensó haberse quedado ciega. Y no viendo nada empezó a recordar.

La primera vez que le vio la polla a su marido este dormía la siesta con su tercer hijo, de apenas un año. El pequeñín se había despertado y ella era la única que había oído algo más que ronquidos. Ella siempre había oído a sus hijos aunque estuvieran al otro lado del océano. Fue a recogerlo para que no molestara a su padre y lo vio jugando con su enorme pene. Marie se quedó un momento en la puerta, sin reaccionar y sin poder apartar la vista de aquello. Casi gritó. Cogió a su hijito con mucho cuidado de no despertar a quien todavía dormía y salió de allí con el corazón en las entrañas.

Él había sido carnicero en la ardiente Argel hasta que hubieron de marcharse por temor a ser asesinados tras la independencia de la antigua colonia. Ya en Francia se reconvirtió en mecánico de automóviles, oficio que había aprendido cumplimentando a la patria que después los abandonaría a su suerte, cosa que jamás pudo olvidar y que a punto estuvo de llevarle a la cárcel algunos años después. Pierre Dubois era hombre de pocas luces. No le hacían falta. Él era fuerte y tenía la razón. Un hombre no necesita más para vivir. Aquellos hombres necesitaban tan poco que resultaban muy peligrosos para quienes no podían vivir sin todo lo demás.

Marie quería a Pierre. No había conocido a ningún otro hombre. Pierre también la quería aunque conoció a muchas otras mujeres; puede que aún la quisiera más por esto mismo. Y Marie lo sabía y nada decía. La peonza ha de enrollarse si quiere bailar gallardamente por el sucio suelo. Y allí, bien lo sabía Marie, no había más cuerda que la de ella. Y sus hijos...sus hijos...Ella tenía a sus hijos. Ella tenía lo que ningún Pierre podrá tener, por muy fuerte y mucha razón que tenga. Eran más suyos que de él. Ella los había llevado dentro, él sólo le había metido aquello dentro. Y esto es algo que ellos, los diez, acabarían sabiendo, sí...Es tan fácil tener toda la razón con algo tan evidente.

Cuando el último hijo se fue de casa, Pierre y Marie ya eran mayores, ya habían dejado de hacerse viejos para empezar a serlo. Pierre cayó enfermo algunos años después, pocos: primero una silla de ruedas y después una cama y una asistente social que iba tres veces al día a ayudar a Marie para darle la vuelta y asearle. Marie se acostumbró a verle el pene a su marido. Ya no le daba miedo. No hay mejor manera de perderlo que ver las cosas cuando no quieren que las veas.

Pierre dejó de hablar, más tarde de ver y al final de oír. A todo se acostumbró Marie. A todo menos a no oírlo roncar.

Bajó al garaje y cogió una sierra eléctrica. Subió a la habitación y descuartizó a su marido. Ninguno se enteró demasiado. Le sacó el corazón y le cortó la polla. Puso un cazo a hervir y los echó dentro.

Dos horas después volvió a probarlo con otra cuchara limpia del desvencijado aparador.

"Esto sigue sin saber a nada" Lo apartó del calor y volvió a acordarse de su vieja cocinilla, de sus hierros negros y de su fuego azul y naranja, de sus diez hijos como diez soles y de su hombre, tan fuerte, grande y sucio como una montaña llena de carbón en sus entrañas...


Ahora había luz tras la ventana. Ya no se veía reflejada en ella y sí a la fría y lluviosa mañana que amanecía como si no tuviera muchas ganas de hacerlo. Y empezó a ver lo demás. Todo lo demás.


Cogió el abrigo, el bolso, el paraguas y salió a la calle.


- ¿Puede llevarme a Argel? -le preguntó al taxista
- No, señora
- Entonces lléveme a comisaria

jueves, 16 de mayo de 2024

EL TANGO DE SATÁN

 La niña, absorta, aterida por la lluvia y el viento, con su gato muerto colgando de uno de sus bracitos, mira por una de las ventanas. Hay gente mayor bailando torpemente al son de un acordeón que no deja de repetir la misma melodía. La niña no se atreve a entrar a la taberna.

Alguien se acerca. Es el doctor. Ella lo reconoce aún en la noche negra.

- ¡Doctor, doctor! -le grita cogiéndole del abrigo.
- ¿Qué quieres, niña? ¡Vete a la mierda!
- ¡Doctor, doctor!
- ¡Que me dejes te digo!
 
El doctor está borracho. La niña se va corriendo con su gato muerto. El doctor le grita:
 
- ¡Espera! ¿adonde vas? ¡espera!
 
Pero la niña no hace caso. 


- ¡Pedro, Pedro! -le dice a su hermano mayor- ¡Nos han robado el árbol del dinero!
- Fui yo, niña tonta. 
- ¡Pero el dinero también era mío!
- Tú no sabrías qué hacer con él. ¿Qué llevas ahí? 

Es un bote de matarratas. 

- Tienes toda la casa exterminada con esta mierda. Anda y vete por ahí. Estoy esperando a gente.

La niña se va con su gato muerto.


- ¿Qué haces mirando? -le grita su hermana mayor que acaba de recibir a un hombre- ¿No te dije que te quedaras sentada allí?

Le da un portazo y la niña regresa a su sitio, fuera de la casucha. Está lloviendo y la niña se refugia en su escondite secreto. Su gato la está esperando. Y con él arrullado en su regazo tararea una melodía.


- ¿Tienes el dinero? -dice su hermano
- Sí
- Échalo ahí, sobre el pañuelo.

La niña saca las monedas de su bolsillo.

- Bien -dice su hermano- Ahora hay que hacer dos nudos y dejarlos hacia arriba, esto es importante. Y ya está. Se cubre con tierra y a esperar que crezca el árbol del dinero.
- ¿Seguro que crecerá? -dice la niña
- ¡Claro! Pero tienes que venir a regarlo durante cuatro días. ¡No lo olvides!
- ¡Sí! ¿Y todos me envidiarán?
- ¡Por supuesto! Anda, coge la pala y llévala a casa.

Y la niña se va corriendo con la pala. 


- Te has hecho caca -le dice en el refugio a su gatito- Te has hecho caca -repite enfadada.

Y empieza a hacerle daño. Muy pronto será rica. Muy pronto el árbol del dinero la sacará de la miseria para poder dormir en la mejor habitación del mundo.


El hombre que había ido a estar un rato con su hermana se va. Y la niña entra con mucho cuidado y en un cuenco mezcla leche y matarratas. Después vuelve al refugio con su gato.
 
 
- ¡Doctor, doctor!
 
 
La niña anda toda la noche con su gato muerto. Camina y camina y camina...El bosque negro, la lluvia fría y el viento.


Amanece. Ahora ve unas ruinas pedregosas, tal vez de una iglesia. 


Y tendiéndose sobre ellas, dejando el gato a su lado, toma un puñado de matarratas y se lo lleva a la boca.

jueves, 21 de marzo de 2024

ESTA ES MI CHICA

Sería una estupidez escribir algo sobre Mulholland Drive después de haber transcrito el excepcional ensayo de Alan Shaw, así que como es costumbre inveterada en mi limitaré las palabras al efecto que me ha provocado esta obra de arte.

Como os habréis dado cuenta llevo bastante tiempo sin escribir. Con la excepción de un par de historias breves y poco relevantes publicadas durante el otoño no he escrito nada desde mediados del año pasado. ¡Y no por falta de tiempo, qué va! Precisamente ahora, o para ser más exactos desde septiembre, es cuando más tiempo dispongo para hacer lo que se suponía debía hacer, es decir, escribir. Pero no ha sido así.

El 10 de septiembre cerramos el bar después de casi 25 años. Fue una decisión muy meditada, tomada a principios de año, justo después de Año Nuevo. Tanto mis dos hermanos como yo habíamos alcanzado el límite. Fueron unos meses un tanto extraños pero creo que sólo fuimos conscientes de ello en el momento en que empezamos a comunicárselo a la clientela, allá por el mes de junio. No se lo creían, de verdad. Era digno de ver sus caras ante la noticia. Y claro, viéndoles tú te dabas más cuenta de lo que había. 

- Bobby -dice Woody Katz en MD- actuar es reaccionar.

Pues sí. La reacción ante la acción del otro; o de lo otro. Eso es.

Era un asfixiante atardecer de primeros de julio cuando por primera vez vi Mulholland Drive. Yo no estaba bien (como de costumbre) y lo otro estaba aún peor con ese calor asesino del verano manchego que tanto odio. Hacía unas semanas que había retomado mi antigua afición de ver películas, abandonada desde hacía años. A veces caía en ello: "¿será posible que no vea ni una puta película?" Y en las rarisimas ocasiones en que lo hacía eran ya vistas, con alguna excepción como "Joker" Pero ese verano, tal vez por lo del bar, retomé la antigua pasión pero esta vez decidido a ver cosas nuevas. Y a ello me puse ante la imposibilidad de hacer nada en la calle o de pegarle al saco más allá de la hora de rigor sopena de acabar peor que Rocky Stallone ante el negro del equipo A.

Al final encontré la peli. Era la última que me quedaba por ver de Lynch. Bueno, esta e Inland Empire. Y menos mal que no vi Inland Empire primero.

Lynch es un gran director de películas. De joven quiso ser pintor. Kubrick empezó como fotógrafo. Cosa visual. Recuerdo ver (y celebrar) con los colegas "Terciopelo azul" En vídeo, por supuesto; y fumaos, como no. Luego vimos "Cabeza borradora" (que fue la polla) y "El hombre elefante" Todo fumao, claro. Y hasta ahí. "Corazón salvaje" ya nos pilló a otras cosas y fue la primera de Lynch que vi este verano. No he vuelto a ella. 

Serían sobre las once de la noche de aquel día de julio cuando vi por primera vez a la Dama del Cabello Azul decir "Silencio" Y entonces la pantalla se fundió a negro y yo seguí tan a cuadros como lo había estado durante la última media hora. Esperé al final de los títulos crédito y luego, en estado casi hipnótico, me levanté del sillón para buscar en la Red a otro más inteligente que yo. 

Y desde entonces, desde entonces...

"Es un sueño hasta aquí y luego es la realidad" Ahhh...

Así estuve no sé, ¿mes y medio? ¿dos? ¿tres? Puede que tres. Y así la vi todas aquellas veces. Y funcionaba del copón. Para mi ya era la mejor película que había visto. En el sueño Diane se vengaba de todos aquellos que le habían hecho daño en la vida real, ya está. Así de simple. Pero no, no era así de simple...

Y entonces di con el ensayo de Alan Shaw.

Recuerdo leer el Quijote por primera vez en una edición para estudiantes. Yo ya había dejado de estudiar y de hecho aquel libro no era mío sino de un compañero de estudios que me lo dejó para un examen en el que escribí de pe a pa la historia del Padrino, mi primera obsesión cinematográfica. Ese fue mi canto del cisne como estudiante.

- Parece que se te ha dado bien, Kufisto -dijo el cura, un grandísimo hijo de puta, cuando le entregué el puñado de folios. Fui el último en irme del aula.
- Pues sí, padre.

Poco después pero ya liberado, con dieciocho años, me leí el Quijote en dos días, con todas sus notas a pie de página e incluso la extensa introducción de un académico una vez acabé de leerlo. 

Algún tiempo después leí la Biblia desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Las notas a pie de página eran más pesadas que las del Quijote, mucho más, tanto que a veces no podías darles crédito ante lo que habías leído. Y en muchas ocasiones, sobretodo en el AT, pasaban por alto cosas que te dejaban tan a cuadros como la Dama del Cabello Azul. "De esto no se habla, niño" Claro que yo ya no era ningún niño.


El ensayo de Alan Shaw sobre Mulholland Drive que he transcrito en el blog es lo que tenéis que leer cuando creáis haber entendido Mulholland Drive, no antes y nunca, NUNCA, antes de verla por primera vez. Es más, os animo a verla muchas veces con la idea básica que encontraréis en cualquier sitio de la Red. Se disfruta muchísimo de esa manera. Y sólo cuando penséis que ya no queda nada acudid al estudio de este hombre. Y entonces todo empezará de nuevo.


Han pasado seis meses largos desde que cerramos el bar. Mi vida no ha cambiado demasiado, sólo que ahora tengo más horas, todas las horas, para hacer mi voluntad, es decir, la voluntad que te queda cuando ya tienes cincuenta años y sueños de Benny Hill al final de otra secuela de "Saw"


Ved la película. Es una obra de arte. Es una obra de arte total. 



Aquí audio del ensayo narrado (primera parte):


https://vocaroo.com/1dfpHDDQ0UcE


Audio del ensayo narrado (segunda parte):


https://vocaroo.com/156rgp332ZO2


Audio del ensayo narrado (tercera parte):


https://vocaroo.com/1owAg0K0UTrd


Audio del ensayo narrado (cuarta parte):


https://vocaroo.com/1nIRsejtlkQ6


Audio del ensayo narrado (final):


https://vocaroo.com/1WWzVHsfX6eD



La película en versión original (sin subtítulos):


mulholland.drive.2001


Versión original subtitulada:


2001 - Mulholland Dr. (Mulholland Drive/Sueños, misterios y secretos/El camino de los sueños, David Lynch, Estados Unidos, 2001) (vose/1080)


Versión doblada al español:


https://ok.ru/video/5012855327392




miércoles, 8 de noviembre de 2023

EXTRAÑA MAÑANA

La bien iluminada oficina bancaria permanecía cerrada al público a las 8:31 de la fría mañana. Miré a un lado de la puerta automática y vi un cartelito con el horario: "hora de apertura de lunes a viernes (invierno) 09:00" El horario era el mismo para el de "verano", al menos en lo referido a la apertura de puertas. El otoño y la primavera (los verdaderos afectados por el cambio de hora) parecían no existir para el "ordeno y mando" 

Con media hora por delante no tardé mucho en decidir que lo mejor sería pasar el rato en la cercana biblioteca municipal. Al menos allí estaría calentito. 

Cuando llegué la puerta estaba abierta pero dentro era como si estuviese cerrado. Cierto es que todo estaba tan iluminado como en el banco pero la sensación era esa. Miré el cartelito con el horario y todavía faltaban veintitantos minutos, pero la puerta interior también estaba abierta y pasé.

Nada más entrar me topé con uno que supuse era un trabajador, un hombre joven, serio, agraciado, alto, barbado y de media melena, con gabardina y bufanda, que desprendía cierta aura de intelectualidad. Nos saludamos y no viendo más impedimento me encaminé hacia la sala de lectura, tan visitada por mi en otro tiempo. 

No había nadie, ni las bibliotecarias. Curioseé sin mucho entusiasmo por algunas estanterías de libros de carácter generalista: filosofía, sociología, educación, cómics...había hasta un pequeño reservado "violeta" para material feminista. De todas formas la calefacción estaba a buena marcha y poco más se podía pedir.

Donde más fijé la atención fue en la bien nutrida videoteca, acristalada y cerrada con llave. Y como no, busqué "Mulholland Drive" No la encontré, pero pensé que de haber dado con ella quizá hubiese intentado forzar la cerradura para llevármela sine die. Romper el cristal con un buen codazo quizá llamara la atención, aunque no estoy seguro. Lo que sí tenía claro es que de haber entrado con un saco habría podido llevarme todos los libros que hubiese querido. Los libros no tienen vigilancia alguna. Lo tengo más que comprobado. Faltaban cinco minutos para las nueve cuando salí. En todo ese tiempo no di con persona alguna.

En la entrada al banco coincidí con un buen amigo, un señor mayor, ya jubilado, que dedicó toda su vida laboral a la banca hasta llegar a ser director durante muchos años de esa misma sucursal. Nos saludamos haciendo las preguntas de rigor tras dos meses sin vernos y me dijo de ir a tomar algo en cuanto acabara la gestión.

- ¿Vas a tardar mucho? -le pregunté.
- No, sólo un momento -respondió.

Y tanto fue así que aún estaba acabando yo de hacer el ingreso en el cajero automático del interior cuando él ya salía con unos papeles en la mano. 

Fuimos al pequeño bar de la esquina. Conocía al dueño, un cliente que lo fue del mío. Se sorprendió al verme pero tuvo la delicadeza de no preguntar, aunque también es verdad que andaba algo atareado con los desayunos. La barra estaba a medio ocupar y pedimos un par de infusiones. A un lado estaba el director de la sucursal con dos clientes, nos saludamos sin más y mi amigo y yo retomamos la conversación. Me preguntó por lo que estaba haciendo, le dije que nada y que tampoco tenía intención de hacer mucho más mientras aguantaran los ahorros.

- ¿Te ha quedado paro? -preguntó.
- No -dije yo- Al ser un cierre sin causa económica no tengo derecho a él.
- ¿Y qué tal estás? ¿bien? ¿qué haces?
- Nada. Salgo a pasear por el campo, hago ejercicio en casa, veo películas (casi que una película), leo libros...
- ¿No te vas unos días por ahí?
- No, no...

Mientras hablábamos puse atención en la puerta de entrada, casi cubierta en la totalidad del cristal superior por diferentes cartelitos: horario, "servicios sólo para clientes" (buena idea), promociones...Nosotros nunca pusimos ningún cartel en la puerta de nuestro bar. Mi amigo pidió la cuenta y el dueño nos dijo que estábamos invitados por el director de la sucursal. Agradecidos nos despedimos y salimos a la calle peatonal, la principal arteria comercial de la ciudad.

Encendimos un cigarrillo y con tranquilidad echamos a andar calle abajo, hacia la plaza, allí donde algunos de sus hijos manejan una oficina inmobiliaria. El ajetreo de la mañana me alteró un tanto. Casi lo había olvidado. Han pasado dos meses y ni un sólo día lo he echado de menos. 

Apuramos los cigarrillos junto al semáforo.

- Tengo que dejar de fumar, Kufisto -me dijo muy poco convencido- No sabes lo que me cuesta ya sólo andar.

Allí nos despedimos. Un tanto aturdido atravesé la plaza de vuelta a casa, sorprendido de estar entre la gente. Ya en el piso me cambié y le di al saco. 


Todo volvía a estar en su lugar.

domingo, 22 de octubre de 2023

LA ANCIANA FELIZ

 La anciana miraba a uno y otro lado de la calle vacía como si algo maravilloso estuviese aconteciendo ante sus ojos. En bata y pantuflas, agarrada con la mano derecha al pomo de la puerta medio abierta se apartaba con la izquierda los ralos cabellos que agitados por el viento entorpecían su visión. Sonreía con la boca abierta.

Era una tarde gris, fresca, callada, rara. Los pocos automóviles que circulaban parecían hacerlo al encuentro de sus garajes. El viento mecía el ramaje de los arbolillos plantados en las aceras y algunas hojas, pocas, separadas de sus ramitas planeaban como si lo estuvieran soñando. Escaparates en penumbra, hilos musicales apagados, cierres echados, toldos recogidos: juguetes y bicicletas, sanitarios y muebles de madera, fotografías de paraísos y de sonrientes parejas de jubilados.  

La anciana seguía mirando con la boca abierta a uno y otro lado. Y sonreía.