jueves, 20 de julio de 2023

Y VOLVÍ A VERTE

Eché la llave de la puerta del bar.  Ya solo rulé otro cigarrillo y me serví una copa para beberla desde el otro lado de la barra. Sentado en un taburete vi el salón vacío. 

Pasé adentro y escogí una canción de esa misma lista. La cantante empezó a cantarla en el mismo momento que bebí el primer trago.

Miré la silla de una mesa. Allí estuvo sentada ella hace unos días. 


Volví a verla hoy, este mediodía, descansando en la cama antes de regresar al bar. 

La hora, todavía un tanto lejana, sin embargo se acercaba y supe que ya no podría dormitar más: el calor, aún a hora tan temprana, era insoportable. 

Dolorido por el cansancio de la falta de sueño acumulado abrí los ojos y agarré el teléfono. Busqué una de mis listas de Spotyfi, la puse en modo aleatorio y me quedé mirando al ventilador del techo. Me levanté, fui al salón y me rulé un cigarrillo.

Las aspas del ventilador del techo son perfectamente visibles; puedes seguir su movimiento. Hace años rompí la cuerda de las tres velocidades cuando estaba en la más lenta. El de pie, por contra, es imposible de seguir. Lo compré el invierno pasado en un chino amable que, sorprendido mientras caminábamos hacia la zona cerrada del almacén, me preguntó que para qué lo quería en tales fechas: "Para secar la ropa" Y así fue en un principio.

Tumbado en la cama, la almohada doblada sobre mi cabeza, miré como iban girando las cuatro aspas de madera del ventilador del techo con la música sonando cerca de mis riñones. Y entonces saltó aquella canción.

Y entonces ladeé la cabeza y, por un instante, te vi.

Vi tu pelo desparramado sobre la almohada y tu gran sonrisa blanca. 


Fue un buen mediodía en el bar. Hay muchos bares cerrados por vacaciones y se nota. Nosotros también cerramos un rato por la tarde.

El último cliente, amigo mío, se fue un tanto colocado para comer con su familia. Conozco pocos que sigan mi ritmo.


Entre las persianas bajadas del ventanal había un espacio de luz.


Y volví a verte.




sábado, 15 de julio de 2023

A IBÁÑEZ

 Filemón se había comprado un jarroncito chino. Muy contento por la adquisición volvía a casa con la idea de restregárselo por la cara a Mortadelo pero antes de llegar ocurría la primera de las tragedias sucedidas en apenas una página: sin quererlo ni darse cuenta, el calvo miserable destruía accidentalmente el delicado jarrón. Por tres o cuatro veces (no lo recuerdo ya) y a cual más indignante el pobre Filemón no conseguía alcanzar su pisito con el jarrón intacto. En la última, ya con los bolsillos del pantalón vueltos, la cabeza sobre el jarrón y no sabiendo que más hacer para protegerlo del ignominioso fatum en forma de calvo pelado cae un objeto sobre su cabeza (creo recordar que una maceta) y del golpe destruye por cuarta ocasión su tesoro. Arrebatado de furor y con colmillos salientes, como de vampiro, echando llamaradas hiroshímicas por la cabeza, corre escaleras arriba: "lo mato, lo mato, LO MAAATOOO!!!!!!" Y todo acababa como de costumbre, persiguiéndose el uno al otro por el desierto de Gobi, la Antártida o la Gran Muralla China. 

Me reí tanto que nuestra madre vino del salón a ver qué pasaba. Y yo, entonces niño, con lágrimas en los ojos, no podía ni hablar. Y aquella noche releí aquella historieta una y otra vez hasta hartarme. No podía soportar la risa en aquella viñeta de Filemón desatado. "¡Pero cállate ya! -gruñía mi hermano" Pero yo no podía. La última vez que mi madre se acercó a vernos lo hizo con una gran sonrisa de su hermosos labios.


Gracias, Maestro. 

viernes, 7 de julio de 2023

EX CAMARERO

 "Corazón salvaje" me dejó buen color en los ojos: la golférrima madre, el siempre correcto Harry Dean Stanton interpretando a Harry Dean Stanton (esa última mirada antes de su ejecución), el gran Dafoe y su Bobby Perú (tan superior al muy sobrevalorado Dennis Hopper de "Terciopelo azul"), incluso la pareja protagonista no lo hace mal; de hecho la mejor escena de la película es suya, esa en la que se encuentran con un accidente en la carretera.

"Carretera perdida" y Bill Pullman y Patricia Arquette. Hasta que no vi a esta creí que era su hermana, Rosanna, la de "mejora la felación" a cuenta de un piercing lingual en "Pulp Fiction" Recuerdo que al verla me desanimé en un primer momento. Un corto, cortísimo, primer momento. ¿Bill Pullman? ¿pero ese tío no es el de "Dos tontos muy tontos"? La primera parte del magnífico thriller avanza hasta desembocar en "una cosa de fantasmas", como dice el guardián de la prisión. Y entonces desaparece un buen Pullman y aparece Robert Loggia, ese grandísimo actor. Y después (casi hipnotizado tras el polvo en el desierto) uno ve como la historia termina como empezó, con la voz de Bowie doliéndose de estar hecho caldo mientras un coche avanza a toda velocidad entre las amarillas y entrecortadas líneas de una carretera perdida. No has entendido nada de lo ocurrido pero te gusta.

Reconozco que llegué hasta "Mulholland drive" con ciertas reservas. Realmente es dramático lo que están consiguiendo estos hijos de putas que mandan lo que no y lo que sí. Era la historia de dos chicas y no me apetecía nada perder el tiempo en rollos feministas, aún siendo la película del 2001 (¡qué curioso!) pero bueno...Salí del bar, llegué a casa, me cambié, le pegué al saco durante una hora, me duché, merendé algo, le eché de comer a la gata, fui al salón, bajé la persiana, corrí las cortinas y tras mirar durante un buen rato algunas otras opciones, ya con el sol caído tras el edificio de enfrente, vi que no quedaba otra más que hacer el esfuerzo y darle una oportunidad a esa película que no me apetecía ver. 

Sentado en el sillón, la botella de agua a mano, me rulé un cigarrillo, lo encendí, me incorporé y con la ayuda del ratón accioné el play de la dudosa imagen que veía en la pantalla del ordenador: era una especie de puto baile yanqui.

- Oh, Dios...

Y así empezó la película. Con el puto baile yanqui.

Con el puto baile yanki...


Dos horas y media más tarde, emocionado hasta casi soltar las lágrimas, busqué información en Internet acerca de lo que acababa de ver. Y entonces fue cuando lo entendí todo. 

En la vida, de pura pereza, muchas veces uno se dice que lo entiende todo sin entender nada. Yo mismo, en aquella memorable noche, me fui a dormir sin entender nada. No ya de lo visto, ni siquiera de la explicación. Con todo, y haciendo un gran esfuerzo para no verla otra vez a pesar de la hora, me fui a la cama.

Aquella noche fue la primera en la que me dormí con "Mulholland drive"


Ha pasado una semana larga desde entonces. En ella han habido días en las que la he visto dos veces. Sólo un día dejé de verla, un día después de una madrugada en la que desperté en estado de pánico. Yo estaba casi despierto y alguien estaba encima de mi queriéndome hacer daño. Y justo cuando iba a gritar, desperté.

Quizá llegué a gritar. Pero no llegué a oírme.


"Mulholland drive" es una historia de amor y de sueños rotos.



Y aquí lo dejo. Pronto cerraremos el bar. Antes cumpliré cincuenta años. Bukowski tenía los mismos cuando, desesperado, escribió "Cartero"


El camarero.


domingo, 2 de julio de 2023

LA LLORONA DE LOS ÁNGELES

 Se ha hecho algo en el pelo. Creo que el nombre es cardar, aunque no estoy nada seguro. No entiendo de peluquerías, tampoco de coches y motos, de tornillos y tuercas: cada vez que no me queda más remedio que apretar o desaflojar algo tengo que hacerlo en ambas direcciones. No lo recuerdo.

Pero estaba preciosa. Quizá sólo fuese su verdadero pelo.

No pude mirarla más que al dejar la primera ronda de cervezas. Ella sonrió y me dio las gracias. De vuelta a la barra decidí no mirarla en todo el tiempo que pasara en mi bar.

"No la mires, Kufisto, no la mires"

Y seguí tirando cañas mirando su espalda y el perfil de su rostro hablándole a la madre enferma. 

Pero no la miré las dos veces que volví a salir para atender a su padre. Ella sí. Pero hoy yo no podía soportarlo.


- Tienes mala cara, Kufisto -dijo, nada más entrar, un cliente.


Fue una noche mala. Habrán noches buenas y hay noches malas. 

Desperté del sueño no menos que cuatro veces. En la primera salí al salón y fumé el resto de un cigarrillo. En el sueño todo tendía a ir mal. En el sueño yo deseaba estar bien pero las cosas salían mal. Y me dormía otra vez, y soñaba otra vez y todo era semejante otra vez y nunca había descanso otra vez. Y así hasta que a eso de las seis y media de la mañana me despertaron los lastimeros maullidos de la gata tras la puerta.

Blasfemé; enfadado, salté de la cama y abrí la puerta del dormitorio decidido a darle una patada, pero ella lo sintió y salió escopetada para esconderse de mi. Miré en su dormitorio: el comedero y el bebedero no estaban vacíos. Fui al salón y subí la persiana del gran ventanal, quizá fuese eso. Volví a la cama. No se lamentó más. Miré el reloj. Apenas una hora para levantarme y ya estaba muerto.

Una larga ducha. Un buen afeitado. Las ojeras por los suelos y un poco de pomada en los eccemas.


Eché a andar. El mundo seguía siendo una mierda. El mundo siempre será una mierda.


Conecté un cable suelto al ordenador, "quizá sea este" La señal pasó al televisor y puse la película. Por unos minutos, hasta la simultánea venida del panadero y la churrera, volví a ver el inicio de la película con la que volví a acostarme ayer. Por un instante tuve ganas de bajar las persianas, cerrar el bar y ver la película de toda esta última semana en una buena pantalla con buen sonido cuadrafónico y no en mi puto ordenador de mierda. Mierda, mierda, mierda...


- Hola, Kufisto.
- Hola, Sonia.




viernes, 30 de junio de 2023

YO ESTABA BIEN

Yo venía de soñar y mi alma todavía estaba dentro del sueño cuando llegué al bar. Te vi nada más correr las cortinas de la puerta. Tú reías. Pasé a la barra, vacié los bolsillos y un mediodía más puse algo parecido a la música de mi sueño.

Mi hermano se fue. Entró un chico para sentarse con vosotras en una mesa. Se acercó a la barra y pidió una ronda de cervezas. Llevaba tatuajes en los antebrazos.

Cuando dejé la tuya, la especial acompañada de su tapa especial, me miraste fijamente, sonriendo, y dijiste gracias. Mantuve tu mirada sin ningún esfuerzo. En verdad no fue complicado. Mi alma todavía estaba atrapada en un sueño.

Sí, te recordaba de otros días en el bar. El camarero tiene memoria fotográfica. Entonces venías con otro tipo, uno a quien hace poco tiempo volví a ver en compañía de una elegante mujer, más o menos de tu edad, pero con las uñas de los pies muy bien pintadas. Lucía espléndidamente un vestido blanco con motivos rosas. Andaba sobre unos afilados tacones. También me sonrió dándome las gracias con los ojos. Yo la miraba cada vez que tenía que tirar una caña. Él, tu antiguo acompañante, tan educado como siempre, bebió un par de cervezas, lo recuerdo bien. Hablamos de algo mientras le tiraba la segunda. Es un hombre reservado.

- Me ha encantado tu arroz -me dijo ella.
- A eso te he traído -dijo él.
 

Sí, te recordaba. Y el recuerdo era mejor.

La música parecida a la del sueño seguía sonando en el bar. Y tú bebiste tanto como para alcanzar la escandalosa y constante carcajada compartida con tu amiga, aunque no por el chico de los brazos tatuados. 

Y entonces vi que te dormías, que caías en el pesado sueño negro de las luces encendidas. Tu amiga parecía muy preocupada. El chico de los brazos tatuados se acercó a la barra y pidió una botella de agua que no le cobré. Y cuando salí de lavar los platos no había nadie en vuestra mesa.


Ya era tarde. Todavía quedaba gente en el bar casi cerrado. Bajé las persianas y apagué el televisor. Cambié de música y esta vez puse la del sueño. Me senté en un taburete y encendí un cigarrillo. "Podéis fumar si queréis. Pero nos vamos"

Nadie más que yo encendió ningún cigarrillo. Me serví otra copa.

La gente continuaba hablando y riendo. Poco después se fueron, aunque no del todo. Con la llave echada oí que seguían tras la puerta. Yo ya había acabado del todo pero no quería verlos al salir, no quería encontrarlos en mi próximo sueño.

Otra copa. Otro cigarrillo. La gente nunca se acaba de ir.


Y todavía estaban allí, hablando y riendo detrás de la puerta, cuando me fui del bar con media botella de Johnnie Walker bajo el brazo.




jueves, 22 de junio de 2023

¿OS QUEDÁIS?

 Esos tipos hundidos en el mar, inhumados en una cápsula de titanio reforzado por los siglos de los siglos junto al objeto del último de sus deseos cumplidos


- ¿Queríais verme? ¡Ah, qué honor! En verdad os lo agradezco, en serio. Aquí sigo, solo, en el mismo sitio donde caí por primera y última vez. Pero eso fue hace mucho tiempo...Dejadme que os cuente.

Al principio todo estaba bien; tan bien que fui creado. Nadie crea nada si no está bien. Bueno...quizá sí, seguro que sí, pero sin amor no es lo mismo. Y conmigo hubo mucho amor.

¡Deberíais haberme visto mientras me construían! Yo ya estaba hecho por entero en la idea del ingeniero, tan sólo faltaba darme forma. Y a ello se puso con todo el amor del mundo.

Yo entré en el mar tan contento...No podríais imaginarlo. Sí, era como ser el señor del mundo, era como ser su segundo padre, que no es poco. Dentro de mi todo era alegría, esperanza y felicidad. Yo era casi tan perfecto como la idea que me creó. Casi.

Pero hubo un día en el que todo se torció. Yo no supe verlo en el momento, caí en ello más tarde, ya cuando hacía tiempo que dormitaba en este abismo, pero puedo aseguraros que sí que sentí una extraña sensación previa. Sí, la sentí. Pero me equivoqué. O no. Quizá fue que tan sólo pasó lo que tenía pasar.

Yo, tan joven, caí partido a la mitad hasta el fondo del mar mientras la gente se agarraba a mis restos para salvarse.

Yo supe que (por alguna razón que no podía entender) me dirigía al fondo del abismo. Y entonces, ¿para qué conservarme a mi mismo, entero, sin despedazarme todo lo que pudiera? 

Muchos se agarraron a mis restos mientras yo descendía hacia el abismo...


Y ahora vosotros estáis aquí.


Estoy tan solo...¿No queréis quedaros un rato conmigo? Sí, antes de vosotros han habido unos cuantos que vinieron a verme, pero pronto se fueron, no podían soportarlo. Y yo estoy tan solo y os quiero tanto...


Cuando yo estaba allí arriba y no aquí en el fondo, flotando a la orilla del mar, todo era tan...¿Os quedáis?

domingo, 18 de junio de 2023

LOS PUÑOS ESTÁN EN FORMA

 "Un santo decir sí"...

- Me voy, chicos.
- Adiós, Kufisto. 

El Chato acababa de pasarse al café a modo de preámbulo para la sesión de cubalibres; el Chungui, como siempre, permanecía fiel a la cerveza. Atropelladas conversaciones de barra de bar, horas enteras. Pasé la última con ellos, una vez recogido el bar. Nos reímos mucho. Una de las veces que salí afuera para fumar en compañía de la tercera parte del banco vimos pasar una extraña escena. Un límpido coche cargado de gente aparcó delante de nosotros, pero no del todo. Con todo el aparcamiento libre (unos treinta metros) no hizo sino avanzar y parar como quien duda. Oímos hablar a las muy arregladas mujeres del asiento trasero. El conductor, un chico joven, llevaba el coche dentro de la línea de aparcamiento. Y así fue, parando y al ralentí, hasta el final, justo cuando iba a detenerse ante el siguiente bloque de pisos. Y allí, en el último momento, una furgoneta se le adelantó para aparcar justo delante de sus narices, dejándoles casi sin sitio para hacerlo.

- Jajaja
- Joder

El tipo, un cincuentón gordo y grande de bestial aspecto, bajó de la C4, echó una breve mirada hacia atrás, (algo que imposibilitó cualquier idea de tocar el claxon) y con toda calma se dirigió hacia el 24 horas de la rumanilla cachonda mientras el coche matrícula M de azul eléctrico mantenía accionado el pedal del freno con la parte trasera fuera de la zona de aparcamiento.

- Jajaja
- Me cago en dios

Entonces fue que oímos un claxon como de carrera ciclista. Y en verdad se trataba de una bici, de una bici que pasaba por delante del bar y sobre la cual pedaleaba un cliente, uno que gracias a Dios no es sino circunstancial, un chaval, un mostrenco de unos treinta años, un pesado del alma, el clásico ejemplo de "lo que no debe ser" un cliente en un bar con profundo oleaje, ese que aún viéndote liado y concentrado cual resacoso adepto a Cthulhu pidiendo por la salvación de sus cañas no por ello deja de contarte a grandes voces sus aún más ininteligibles mierdas...

- Jojojo
- Esto es la hostia, Kufisto.
- Me encanta la vida. ¿Sabes? En los momentos de bajón me acuerdo de estas cosas.
- Mira, ya bajan los del coche.

Poco a poco fueron saliendo mujeres de él; algunas muy jóvenes y otras no tanto, pero todas bien arregladas y un tanto sofocadas. El chaval que conducía fue el último en apearse.

Mi amigo se fue. Sus hijos lo reclamaban para tomar algo en otro sitio.

- Ya son grandes y todavía me quieren, Kufisto. Es decir, quieren estar conmigo.
- Claro.

Pasamos adentro, apuró su segunda y última copa reglamentaria de pacharán, pagó, y despidiéndose de sus tres simpáticos amigos marchó hacia donde sus tres hijos estaban esperándole. 


Cargado con la bolsa de trabajo caminé por las calles desiertas bajo un cielo abrasador...O no, espera un momento. No. No hacía nada de calor. Recuerda que ya son diez años sin televisor en el piso y al menos veinte que no ves las noticias. No hacía frío pero tampoco calor. Durante toda la mañana, todos los días, ando escuchando sobre el calor.

- ¿Pero vosotros os acordáis del verano pasado? -digo cuando ya no puedo evitar callarme, rompiendo con ello una de la reglas de oro del buen camarero. Después de todo, ¿qué me va en ello? 

El del año pasado fue un infernal revival del de 2015, año que recuerdo porque lo pasé sin fumar y eso hace marca. Pero aún peor, pues empezó a mediados de mayo y se alargó hasta el mismo tiempo de agosto. Tres meses sin bajar de cuarenta grados durante el día y veinte a última hora de la madrugada. A piñón. Y esto ahora te lo comparan con los treinta que hizo en Marzo. Treinta grados aquí, en La Mancha, son un paseo militar. Pero nada, que hace mucho calor cuando ayer fue el único día que llegamos a 35.

Ya son cuatro los meses que ando este camino de diez minutos escasos. Quizá esta semana me devuelvan el coche. 

En todo este tiempo lo he tenido para ver que otros están peor que el mío. Y hoy, esta tarde, pasando otra vez ante el coche azul enjaulado tras la valla comunitaria de uno de los edificios del trayecto, no sé por qué, me he acordado de Von Braun y su cohete a la Luna.

Cuando él hizo eso mi padre todavía era novio de mi madre. Mi padre tenía un buen bar y mi madre, mucho más joven que él, trabajaba en una fábrica de guantes. Yo nacería pues con algún Apolo de esos elevándose más allá de las nubes en el año 73 de mi era. El año está claro, el día no tanto según mi DNI, pero esto era algo normal en aquel tiempo extraño. 

Von Braun era uno de aquellos nazis que se repartieron americanos y soviéticos. Le dieron casa, putas, tiempo y recursos ilimitados, tanto físicos como materiales. Las matemáticas son fórmulas y los materiales están subordinados a ellas. Von Braun tenía una buena retentiva para ello y entre polvo y polvo con putas premium diseñó un cohete en el que no iría. Cuantos murieron en los ensayos es algo que no viene a cuento. El cohete llegó a la Luna lunera y los axtronautas clavaron una bandera americana mientras HAL9000 andaba elucubrando el nivel de gilipollez.


El pueblo estaba desierto. Creo que ya lo he dicho y es verdad. No me crucé con nadie durante esos minutos. En la calle que lleva hasta mi piso tuve que ponerme la mano en el pecho a modo de pantalla ante el viento fresco. Uno piensa en Von Braun y suda sin necesidad.


Me duelen los hombros. Le he pegado tanto al saco y llevo tanto tiempo sin mi cohete que me duelen los hombros.


¿Y los puños, Kufisto?


Los puños están perfectos.