Tras la presentación de "Una historia verdadera" en Cannes en mayo de 1999, sin esperar al estreno mundial en octubre y en vista de la muy buena acogida recibida por la película Lynch se puso manos a la obra en el proyecto que tenía en mente desde hacía años. Desechando, con buena visión, la idea de un spin-off sobre Audrey Horne, Lynch remodeló el argumento para hacerlo original: "Mulholland Drive" iba a ser su primer guion en solitario desde "Terciopelo Azul"
Para el apartado musical eligió, como no podía ser de otra forma, a Angelo Badalamenti, fiel colaborador suyo desde "Terciopelo Azul" y que acababa de firmar una magistral banda sonora para "Una historia verdadera", quizás (y sin el quizás) una de las partituras más emotivas creadas para la gran pantalla.
En una entrevista concedida algún tiempo después del estreno de la película Badalamenti habló sobre el proceso de creación que hubo de enfrentar. Algo tal vez poco conocido de la relación músico-director es que las líneas generales de la música se concebían antes de la realización de la película. El tema principal con el que se abren los créditos de Mulholland Drive fue compuesto incluso antes de la elección del casting (de hecho hay una anécdota muy sabrosa que comentaré cuando llegue el turno de Laura Elena Harring) Para el famoso tema de amor Lynch le pidió un tono romántico a lo música rusa del XIX, muy apreciable en el tercer movimiento de la suite que no se incluyó en la versión final pero sí en la banda sonora publicada más tarde. Lo último que Badalamenti compuso, ya con el proyecto retomado como película, fue la movida canción del prólogo y la música ambiental para ciertos momentos oscuros en los que Lynch le pidió bajos prolongados y distorsionados. El propio Lynch colaboró con su parte sobretodo en la sección de realidad de la película en colaboración con el ingeniero de sonido, John Neff.
Peter Deming fue el encargado de la fotografía al igual que lo había sido en "Carretera perdida" Para Mulholland Drive, cuenta Deming, Lynch tenía muy claros los colores y su utilización pero dejaba manga ancha en la iluminación llegado el momento de rodar. Así hay escenas que empiezan en un tono para acabar en otro según va cambiando el ánimo del protagonista; por ejemplo en la escena del sofá en la que Rita intenta recordar adonde se dirigía la luz que ilumina su rostro va haciéndose más tenue a medida que avanza la escena mientras la de Betty permanece estable y natural, como indicando que Rita está entrando en un estado de ensoñación.
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