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viernes, 8 de julio de 2016

UN VIEJO VAGABUNDO

Ha dudado si entrar o no mientras sujetaba la cortinilla de la puerta. Yo estaba en el otro extremo de la barra, casi fuera, por lo que él no podía saber con certeza si yo era el camarero. Enseguida lo he calado. Y él, al final, se ha decidido a entrar con su gorrilla y su mochileja.

Se ha quedado junto a la entrada , sin querer aventurarse más allá, tal y como hacen los que temen a causa de las hostias que llevan encima.

- Hola -he dicho seriamente, como quien se imagina lo que viene después- ¿qué quieres?
- Una caña -ha respondido con voz apenas audible.

No le he preguntado si grande o pequeña. Se la he puesto de las últimas. Ni he pensado en ofrecerle un pincho. Y mientras lo hacía me he fijado un poco más en él, que no acababa de cogerle el tono al sitio.

- ¿El servicio?
- Allí detrás, la segunda puerta -he contestado aún de peor gana.

"Verás -me he dicho mientras se encaminaba indeciso hacia donde le había indicado-, ahora me echa una buena mierda, se asea, me apesta el puto water y me dice que no tiene dinero para pagarme la caña, como si lo viera...Eso te pasa por no pedirle el dinero antes, gilipollas"

Ha salido en tiempo de meada, sin dármelo para dudar siquiera un instante. Y se ha vuelto a su sitio de la misma manera que lo dejó.

Viendo que el otro cliente estaba rulándose un pito, el vagabundo se ha echado mano a su paquete de tabaco; ha sacado un cigarrillo y se lo ha puesto en la boca. "Verás -me he dicho-, ahora se lo enciende y ya tiene excusa para que lo eche a la puta calle" Pero no lo ha encendido, sino que ha seguido allí, en su sitio, como un pocero en una tienda de perfumes en los Campos Elíseos, como si estuviera esperando en cualquier momento la patada en el culo.

- ¿Cuanto es? -me ha dicho una vez que me ha pillado por su lado, tan cerca como para reclamar mi atención sin llamarla mucho.
- Uno veinte

Y ha sacado veinte céntimos y un billete de 20 euros

"Verás -me he dicho- como es más falso que Judas" Pero no lo era.


Y le he cobrado y poco después se ha ido con un tímido "adiós"


Y yo no me he sentido muy bien.